jueves, 23 de septiembre de 2021

Dibujar a golpe de tecla en una vieja máquina de escribir


Para muchas personas son ya objetos de coleccionista que sirven, además, de elemento decorativo. Pero para James Cook, un artista británico afincado en el condado de Essex, las máquinas de escribir son sus herramientas de trabajo ya que con ellas crea sus obras a golpe de tecla y signo tipográfico.

Tac-tac-tac. Tac-tac-tac-tac. Tac-tac.

Hace siete años, mientras estudiaba Bellas Artes, leyó un artículo sobre un artista llamado Paul Smith, que hacía arte con máquinas de escribir desde que tenía 11 años. Smith padecía una parálisis cerebral que le impedía usar las manos y aprendió a utilizar estas máquinas para dar rienda suelta a su creatividad. Cook quedó impresionado por su trabajo y quiso probar él mismo la experiencia. ¿Podría él también dibujar con una de aquellas Olivettis que se podían ver aún en los mercadillos de antigüedades? La respuesta fue un rotundo sí.

Pronto descubrió que no servía cualquier máquina de escribir antigua. «Compré una Brother Electric de 1991 y descubrí que era una completa pérdida de dinero», explica Cook. En general, afirma, las que son totalmente manuales funcionan mucho mejor que las eléctricas de principios de los 90. Aunque en todas ellas hay que sujetar el carro con las manos para que no avance y poder crear las distintas formas y líneas. Si sale a trabajar fuera de casa, se lleva máquinas portátiles como la SiverReed 200 Typewriter de 1971 y la Oliver Courier de 1953, y deja las más pesadas, como las de formato A3, en su estudio.

En principio, cualquier caracter es válido para formar un dibujo. Cuando empezó en esto del typicition, la vieja máquina de escribir que utilizaba tenía teclas que se atascaban, «así que el estilo de mi trabajo y la elección de las teclas que utilizo vienen de mi experiencia con mi primera máquina de escribir, que compré en 2014. Utilizo caracteres específicos en función del tema que tengo delante. Por ejemplo, utilizaré / para las inclinaciones de los tejados. Desgraciadamente, ese no fue un carácter tipográfico popular hasta mediados de los años 60 y, por lo tanto, tengo muchas máquinas de escribir [tiene una colección de más de 30] con una puntuación limitada. En este caso, para dibujar la inclinación del tejado de un edificio que va en dirección contraria, a veces tengo que utilizar la letra L en su lugar. (¡Espero que tenga sentido!)».

Tac-tac-tac-tac. Tac-tac. Tac-tac-tac.

Los edificios son los temas favoritos de Cook. No es de extrañar: además de su formación en Bellas Artes, ha realizado un posgrado de Arquitectura. Pero también hace retratos, sobre todo, por encargo. «Me han permitido salir de mi zona de confort y aprender nuevas habilidades que, de otro modo, me habría resistido a hacer con un lápiz o un bolígrafo estándar sobre el papel», comenta. Pero la cabra tira al monte, como dice el refrán, y a este joven artista el gusto por los cottages, los edificios históricos de estilo gótico, isabelino, tudor y neoclásico, así como las construcciones singulares le viene de serie. Si el dibujo es pequeño, un A4, puede terminarlo en tres o cuatro días. Aunque ha habido encargos que le han llevado hasta un mes.

Tac-tac-tac-tac-tac…

El golpeteo de las teclas de la máquina de escribir marca el ritmo de la construcción del dibujo, como si de un albañil se tratara. Los ladrillos están compuestos de un sinfín de caracteres: -, l, H…

Tac-tac.

Las @ sombrean los rostros. «Si estoy dibujando la cara de alguien, siempre empiezo por los ojos y suelo utilizar los () para dibujar la curvatura de las pupilas. Esto se rellena con la @ y un 0 es el hueco blanco que permite el brillo del ojo». Y entre trazo y trazo, el artista aprovecha para ocultar algún mensaje, una frase que exige acercar y afinar mucho la vista para poder ser descubierto.

Tac-tac-tac-tac-tac.

Cook empieza a bocetar sus creaciones muy suavemente sobre el papel. De esta manera, puede hacer ajustes en las proporciones según va avanzando con el dibujo. «Dependiendo de la complejidad, escribo a lápiz una silueta para asegurarme de que no escribo demasiado y me quedo sin espacio», concreta un poco más sobre su proceso de trabajo.

Como a toda máquina, hay que saber controlarla y domarla, si es preciso. Él ha aprendido a sujetar el carro e impedir el movimiento lineal natural en estos artefactos, pudiendo incluso poder dar marcha atrás y volver a escribir sobre el texto existente más de una vez. «Esto te permite definir las zonas más oscuras del dibujo. También puedes variar la oscuridad y la claridad según la intensidad con la que presiones las teclas sobre el papel. Es importante tener una imagen mental de las partes del dibujo que no requieren tinta en absoluto, ya que actuarán como puntos destacados», detalla.

Pero lo que más le ha costado en todo su aprendizaje es aceptar los errores. Para el espectador normal es probable que pasen desapercibidos, sin embargo, para él, una letra o un número fuera de lugar destacan a gritos del resto de la composición. «Afortunadamente, con las tipografías a mayor escala, esos errores se mezclan con el resto de la obra. Por desgracia, he descubierto que no hay “accidentes felices” en el arte de las máquinas de escribir. A diferencia de la pintura, esos accidentes no se pueden mezclar fácilmente con otras letras o números, y me niego a taparlos con tippex».

Tac-tac-tac. Tac-tac-tac-tac. Tac-tac.

«Mi forma de entender el arte no es solo un trabajo, sino una terapia a la que se puede volver y explorar la naturaleza cuando más se necesita», concluye. Tras el confinamiento, Cook optó por salir de su estudio y dibujar al aire libre con alguna de sus máquinas de escribir portátiles.

«Creo que vivimos en una época en la que hay tanta incertidumbre que no hace más que provocar estrés a todo el mundo, también a los niños y adolescentes en las escuelas. El arte es la única fuente de terapia y medio para comunicarse y comprometerse con la gente, y no debería ponerse en peligro», protesta ante los recortes que el gobierno británico ha aprobado en la financiación de las escuelas de arte y diseño, mientras imprime los últimos caracteres que terminan su trabajo.

Tac-Tac. Tac.

El teclado de su Olympia SG3 A3 de 1973 vuelve a quedar en silencio. El dibujo está terminado.

Fuente: Yorokobu

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