lunes, 16 de febrero de 2026

Biología programable


Durante décadas, la ciencia genética ha vivido con una paradoja incómoda: solo entendemos con relativa claridad cerca del 2% del genoma humano, mientras que el 98% restante ha sido, en la práctica, como un manual escrito en un idioma que nadie sabe leer. Ahí están las instrucciones que indican cuándo se activa o se apaga un gen, con qué intensidad funciona, cómo responden las células y por qué pequeñas variaciones pueden elevar o reducir el riesgo de enfermedad. Hoy, gracias a nuevos modelos de inteligencia artificial capaces de empezar a descifrar ese idioma, comenzamos a traducir la mayor parte del código biológico que nos gobierna.

AlphaGenome –un modelo desarrollado por Google DeepMind, el laboratorio de investigación avanzada de Google– avanza rumbo a esa frontera. Su ambición es hacer el ADN más legible: analizar tramos largos de la secuencia genética y anticipar qué efectos puede tener el cambio de una sola letra en regiones que, hasta hace poco, eran una caja negra. En lugar de dejar la variante en la categoría de “no sabemos”, el modelo intenta convertirla en una hipótesis verificable: si ese ajuste puede alterar el funcionamiento de una célula, modificar la actividad de un gen en un tejido específico o inclinar la balanza hacia un mayor o menor riesgo de enfermedad.

Por primera vez estamos cerca de tener un “traductor” del ADN. Durante años, los científicos veían cambios genéticos en las personas –una letra distinta aquí, otra allá– y no podían saber con certeza si eran inofensivos o si estaban en el origen de un problema. AlphaGenome intenta hacer lo contrario: cuando detecta un cambio, propone una explicación entendible de lo que podría provocar en el cuerpo. En términos coloquiales, sería como pasar de ver una falla eléctrica en un edificio sin saber de dónde viene, a contar con un sistema que te dice: “este interruptor está afectando este cuarto en específico y así está alterando el funcionamiento del edificio entero”. En medicina, eso significa transformar datos sueltos en una hipótesis clara que se puede comprobar y, con suerte, corregir.

El siguiente salto parece inevitable: cuando puedes leer y entender con claridad, también puedes empezar a reescribir y corregir. Hoy ya existen herramientas para editar ADN en células vivas, pero el gran límite ha sido saber exactamente qué tocar y qué no para evitar daños. Un “traductor” como AlphaGenome conduciría hacia un mundo donde la edición genética sea más precisa y más segura: corregir mutaciones en un órgano específico o prevenir enfermedades hereditarias. En el borde de lo legal y de lo deseable, intervenir embriones para evitar padecimientos graves o, en un extremo distópico, intentar “optimizar” a los seres humanos para hacerlos más inteligentes, fuertes o longevos.

Si los científicos logran que esto funcione bien, en el corto y mediano plazo la medicina podría cambiar de tres maneras muy concretas. Muchísima gente vive con síntomas raros o con estudios insuficientes. Con esta tecnología, el médico podría decir con más fundamento si una variación genética importa o no, y qué órgano o tejido hay que intervenir. Segundo: prevención real. En lugar de esperar a que la enfermedad aparezca, se podrían identificar riesgos antes y actuar con tiempo, con seguimiento personalizado y tratamientos más tempranos. Tercero: terapias más precisas. No significa que mañana cualquier persona pueda ser “editada” como si fuera un software, pero sí lleva en una dirección: editar el ADN de forma más selectiva, desarrollar tratamientos localizados (por ejemplo, en un órgano específico) que corrigen o compensan un error sin tocar lo demás.

A largo plazo, quizá en la próxima década, el “chequeo anual” se convertirá en una reliquia, porque el cuerpo empezará a hablar todos los días a través de una computadora: una pulsera, un anillo o un parche en la piel que miden señales básicas; análisis de sangre cada cierto tiempo con solo una gota; y, detrás, un modelo de inteligencia artificial que cruza esas señales con tu genoma para decirte no solo cómo estás, sino hacia dónde vas, dando mensajes concretos del tipo: “estás bajo de vitamina D”, “traes el cortisol alto: estás acumulando estrés”, “te sientes cansado porque llevas semanas durmiendo mal”, “tu inflamación basal subió: revisa dieta y ejercicio”, “este medicamento te conviene más que este otro”. La salud se volverá menos un evento y más un proceso continuo: una conversación cotidiana con tu propio cuerpo, mediada por sensores, datos y un traductor que aprende tus límites, tus riesgos y tus puntos débiles. En el mejor escenario, eso significa vivir más años con buena calidad de vida. En el peor, significa que alguien más –una empresa, una aseguradora, un empleador– querrá escuchar esa conversación también.

En treinta o cuarenta años, el cuerpo humano se entenderá menos como un organismo “cerrado” y más como una arquitectura viva: una mezcla entre biología y tecnología, entre mantenimiento, evolución y diseño. Una parte creciente de nuestra salud dependerá de intervenciones que alargan la vida útil de los órganos, de reparaciones internas cada vez más finas –incluidos nanodispositivos o microdispositivos que circulan, detectan señales químicas y liberan tratamientos con precisión milimétrica– y, cuando ya no haya vuelta atrás, de reemplazos: órganos criopreservados o impresos en tres dimensiones con tejido humano y, en algunos casos, reforzados con componentes tecnológicos. La longevidad dejará de ser una apuesta contra el tiempo y dependerá más del mantenimiento: prevenir fallas, corregir desajustes y sustituir piezas cuando el desgaste sea demasiado.

Proyectada a medio siglo de distancia, esa lógica conduce hacia una humanidad cada vez más “mixta”. El reemplazo no será solo un “repuesto biológico”, sino una integración biohíbrida: órganos en los que tejido vivo y componentes mecánicos trabajen como un solo sistema. No solo un corazón artificial, sino un corazón con tejido vivo integrado y partes tecnológicas que optimizan el bombeo; sensores que corrigen en tiempo real; módulos que se calibran y se actualizan. El cuerpo se vuelve un sistema con refacciones: primero se prolonga la vida del tejido; luego se repara desde dentro; después se reemplaza y, finalmente, se mejora con piezas que combinan lo vivo y lo diseñado tecnológicamente.

Si este futuro se vuelve técnicamente posible, el dilema central ya no será biológico, sino político y económico: quién puede acceder, cuánto cuesta y bajo qué reglas. ¿Estos avances estarán al alcance de todos, financiados como infraestructura pública, o quedarán como un privilegio de élites? ¿Los seguros médicos pagarán por anticiparse –porque prevenir resulta más barato que tratar– o lo clasificarán como “mejora” y lo dejarán fuera? ¿Qué países podrán construir toda la cadena –edición genética, biofabricación, dispositivos internos– y cuáles dependerán de importarla, tarde y caro?

En un mundo tensionado por la rivalidad entre Estados Unidos y China, la longevidad también podría convertirse en una carrera estratégica: tan simbólica como la espacial del siglo pasado y tan determinante como la competencia actual por los semiconductores. No implicaría solo prestigio científico, sino poder: productividad, ventaja demográfica, resiliencia económica, capacidad militar. Y si millones de personas comienzan a vivir más –y a envejecer más lento–, ¿habrá suficiente agua, energía, alimentos, vivienda para todos? ¿Qué pasará con el empleo, las pensiones, la estructura familiar, la idea misma de una vida con principio, mediana edad y vejez?

El futuro que se asoma no exige solo más ciencia, sino un nuevo contrato social. El problema es que ese contrato se va formando en tiempo real, y la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad de crear reglas, instituciones y salvaguardas. En la práctica, las reglas siempre irán detrás de la tecnología y no delante. Y cuando la longevidad deje de ser una lotería biológica y empiece a parecerse a un servicio, la pregunta decisiva será incómoda y simple: ¿quién podrá comprar años y quién no?

Fuente: Letras Libres

domingo, 15 de febrero de 2026

Pagos, contratos y transparencia, los temas clave del Bolivia Blockchain Week


Desde el pago ágil de importaciones hasta la internacionalización de micro y pequeñas empresas en cuestión de minutos, la dimensión práctica de la tecnología blockchain será un elemento transversal a los ejes del Bolivia Blockchain Week 2026, un evento con alcance regional y el más grande de su tipo en un país marcado por la falta de dólares.

El ecosistema Web3 tiene una nueva cita obligatoria en Latinoamérica. El próximo 27 y 28 de febrero de 2026, la ciudad de Santa Cruz de la Sierra será la sede del Bolivia Blockchain Week 2026, el evento más importante de Blockchain, Crypto & Trading del país. Tras el éxito de su primera edición, este encuentro regresa para fortalecer una comunidad que ha convertido a Bolivia en uno de los mercados de mayor adopción cripto en el último año.

El encuentro contará con más de 50 speakers, 100 alianzas estratégicas y más de 4.000 asistentes durante dos días de intensa agenda académica y sesiones de networking.

En esta edición estarán presentes compañías líderes en la industria como Binance (Gold Sponsor), Tether (Title Digital Sponsor), Kucoin (Trading Battle Sponsor), Banexcoin (Bronze and Growth Sponsor), Mandioca (Gold Sponsor), VitaWallet (Silver Sponsor), Bitgo (Welcome Drink Sponsor) y otros grandes jugadores en la región.

El evento en Bolivia se realizará en el Hotel Marriot de Santa Cruz y, además de contar con entradas gratuitas, ofrece una agenda de contenidos diversos que abarcan cripto, trading, adopción, infraestructura blockchain, regulación, Web3 y educación financiera. El circuito se desarrolla junto a alianzas con comunidades locales e internacionales, con dinámicas pensadas para facilitar encuentros entre audiencias retail, KOLs, builders y tomadores de decisión del sector B2C, B2B Y B2G.

Organizado por LATAM Blockchain Events, la organización detrás de la reconocida Perú Blockchain Conference, el Bolivia Blockchain Week 2026 marca el inicio de un ambicioso circuito regional que incluirá paradas en México y Perú.

"Ya no solo somos eventos: somos un puente entre las empresas cripto y el ecosistema local de cada país de Latinoamérica. Impulsamos fuertemente la adopción de las criptomonedas, trading y el desarrollo blockchain. Creemos firmemente que, con nuestra trayectoria, experiencia y liderazgo, podemos potenciar con profesionalismo y empatía el crecimiento del ecosistema Web3 en la región", señaló Bryan Aguilar, CEO y General Manager de LATAM Blockchain Events

Bolivia, un mercado en plena expansión

El país vive un “boom” cripto sin precedentes reconocido por el mismo Banco Central de Bolivia (BCB). Los últimos datos sobre el sector proporcionados por el ente emisor indican que el volumen de transacciones bolivianas creció de 46,5 millones de dólares en el primer semestre de 2024 a 294 millones en similar periodo de 2025 en el caso de la plataforma Binance. Es decir, se multiplicó más de seis veces en apenas 12 meses.

El BCB también informó –con base en un estudio del Gafilat– que más de 250.000 bolivianos (6% de la población con ingreso formal) poseen activos virtuales por un valor mayor a los 1.000 millones de dólares.

Este fenómeno no responde únicamente a un entusiasmo tecnológico, sino a una necesidad pragmática frente a la coyuntura económica. Expertos señalan que el uso de criptomonedas como Bitcoin y USDT se ha convertido en un "salvavidas" para empresas y ciudadanos ante la escasez de divisas y la crisis del dólar. La adopción ha permeado todos los estratos: desde pagos internacionales de pyme hasta operaciones privadas de mayor escala, así como su adopción por parte de la población como herramienta de resguardo de valor frente a la depreciación.

A este escenario se suma el respaldo gubernamental. El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, ha manifestado su interés en utilizar la tecnología blockchain y los criptoactivos como herramientas para transparentar la gestión pública y evitar la corrupción.

Con la habilitación de las operaciones de activos digitales por parte del BCB en 2024 y un marco legal que ha pasado de la prohibición a la regulación activa, el país se posiciona como un laboratorio de adopción en tiempo real. Asistir al Bolivia Blockchain Week significa conectarse con el epicentro de esta aceleración económica y social.

Un estudio de la plataforma de análisis de mercado DemandSage proyecta que para 2026 el porcentaje de usuarios de criptomonedas en Sudamérica alcanzará el 16% de la población, lo que representa 68,5 millones de personas. Y señalan que la cantidad de personas que poseen criptomonedas aumentará de 420 millones en 2023 a 559 millones este año (+33%).

Esta acelerada adopción de esta tecnología se refleja en el hecho de que el 6% de los comercios del mundo aceptan ya activos digitales como forma de pago, lo que sugiere un movimiento creciente hacia un uso transaccional real. Esto también está pasando en Bolivia con varios comercios, incluyendo a las pequeñas y medianas empresas exportadoras, que pueden recibir el pago por sus productos casi instantáneamente, de manera directa y con una comisión muy baja.

La tecnología blockchain no es una herramienta de uso limitado al sector financiero, al comercio exterior mayorista y a la gestión del Estado; también se usa en la educación, en servicios digitales e incluso en trabajos de trazabilidad en el agro. Entre sus beneficios están la reducción de costos financieros, el aumento de la seguridad y de la confianza en operaciones internacionales, la disminución de intermediarios, el acceso a financiamiento alternativo y la mejora de la transparencia, eficiencia operativa, trazabilidad y automatización mediante contratos inteligentes.

Fuente: Vision 360

sábado, 14 de febrero de 2026

YPFB habilitará canal de WhatsApp para registrar casos de fallas en vehículos por gasolina


Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) anunció que habilitará un canal de WhatsApp para registrar casos presuntamente vinculados al uso de gasolina desestabilizada que habrían generado fallas en vehículos automotores.

“Ante los recientes reportes sobre posibles fallas en algunos vehículos automotores, y dando inicio a la presentación de soluciones con los sistemas de registro, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) tiene a bien informar a la población que, en primera instancia, ha decidido habilitar un canal de comunicación (WhatsApp) para registrar estos casos”, dice el comunicado de YPFB.

La estatal afirmó que el sistema estará disponible desde el 24 de febrero. El canal de comunicación (WhatsApp), con asistente virtual, denominado Sistema de Registro y Evaluación de Contingencias (SREC), se regirá bajo los siguientes parámetros:
  • Finalidad: Recolección de datos de vehículos automotores con posibles daños.
  • Gestión de datos: El registro de información en el SREC se utilizará para validar la información y cruzarla con registros como SOAT, B-SISA, SEGIP y otros.
  • Evaluación y estudio: Cada caso será considerado para determinar la causa y el alcance del posible daño reportado en el vehículo automotor.
YPFB detalló que al momento de registrar su información en el SREC, las personas deben adjuntar de manera digital la documentación que acredite la propiedad del vehículo automotor (RUAT), así como la documentación simplificada requerida.

YPFB aclaró que la información proporcionada con la habilitación del SREC no constituye ni implica la asunción de responsabilidad sobre todos los casos que puedan ser registrados, ya que los mismos serán revisados y contrastados por peritos especializados, bajo parámetros técnicos y legales.

Fuente: Urgente