miércoles, 22 de julio de 2026

Nace MapBiomas Alerta, el portal de monitoreo satelital que conecta a Bolivia con la vigilancia global de los bosques


Bolivia dio un paso decisivo en la vigilancia de sus bosques con el lanzamiento oficial de MapBiomas Alerta, una herramienta que permitirá identificar, validar y difundir de manera oportuna las alertas de pérdida de cobertura vegetal (deforestación) y otros cambios en los ecosistemas del país, mediante el análisis de imágenes satelitales de alta resolución. El lanzamiento de la plataforma se realizó en la ciudad de Santa Cruz, en un evento que reunió a autoridades, diversos representantes de organizaciones, sectores académicos y los representantes que componen la red global MapBiomas, entre las que se encuentra la Fundación Tierra. 

“Este lanzamiento ha sido posible gracias al compromiso, la confianza y la generosidad de las organizaciones y especialistas que han compartido conocimiento, metodologías y tiempo par a construir una iniciativa al servicio del país. Mapbiomas nos demuestra que cuando trabajamos juntos y ponemos nuestras capacidades al servicio de un propósito común podemos generar informaci´n de gran valor para comprender y cuidar mejor nuestro país”, destacó Natalia Calderón, directora ejecutiva de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), que es parte de la red. 

MapBiomas Bolivia es una iniciativa colaborativa impulsada por una red en constante crecimiento de ONGs, universidades e institutos de investigación. La red reúne expertos en ecosistemas, uso del suelo, recursos hídricos, teledetección, SIG y tecnologías de datos para revelar las transformaciones territoriales del país a través de la ciencia, con precisión, agilidad y calidad.

El equipo colaborativo está conformado por especialistas de la FAN, la Fundación TIERRA, Conservación Amazónica (ACEAA), Wildlife Conservation Society (WCS), la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado (MHNNKM), la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM), el Instituto de Investigaciones Socio – Económica (IISEC). Para la consolidación del Mapbiomas Alerta Bolivia también se contó con el apoyo institucional de la Fundación Avina.

Chiaki Kingo, representante de dicha organización, destacó que la iniciativa es una herramienta tecnológica potente que permite acceder a imágenes satelitales, información de referencia espacial, fuentes de información fidedignas y también nos permite ver, analizar transformaciones en el territorio.

“Pero su importancia mayor no está únicamente en la información y la tecnología (…). Mapbiomas no es solamente una plataforma que produce información para los países, es también una red que construye capacidades en los países, en Bolivia. Una red que conecta tecnología, ciencia, conocimiento territorial pertinente para nosotras y nosotros los bolivianos”, afirmó. 

La iniciativa original de Mapbiomas nació en 2015 en Brasil con el objetivo de construir no solo un mapa de cobertura y uso del suelo, sino series históricas completas. Dos años después, en 2017, la red se expandió a escala regional hacia la Amazonía y el Gran Chaco americano. El siguiente salto llegó a Asia, con la primera colección de datos en Indonesia, y hacia 2023-2024 la cobertura ya alcanzaba prácticamente toda Sudamérica. Entre 2024 y 2025, MapBiomas llegó a África, con las primeras capacitaciones realizadas en la República Democrática del Congo.

Saúl Cuéllar, gerente de proyectos de la FAN, explicó que, actualmente, la red agrupa a más de 200 instituciones y 700 profesionales en 17 países, organizados en al menos 20 redes temáticas —cobertura y uso, glaciares, agua, fuego, entre otras— y se encuentra en distintas etapas de expansión en Sudamérica, las Guyanas, Centroamérica, México, África (Angola, Kenia, Tanzania) y Asia (Indonesia e India).

MapBiomas Bolivia

Sobre el caso boliviano, el expositor detalló que MapBiomas Bolivia ya cuenta con productos de cobertura y uso de suelo, y de agua, próximos a lanzar su cuarta colección, además de avanzar en los módulos de MapBiomas Fuego y, desde ayer, MapBiomas Alerta. El proyecto se sostiene actualmente sobre seis instituciones y más de 25 profesionales, y se prepara además para la segunda edición del Premio MapBiomas.

De cara al segundo semestre, el equipo boliviano se propone fortalecer el Monitor de Fuego para generar datos con actualización mensual, en línea con el estándar que ya opera en otros países de la red. El lanzamiento de MapBiomas Alerta —con actualizaciones cada dos o tres semanas, según el país— posiciona a Bolivia junto a Brasil, Perú, Indonesia y Colombia como una de las naciones que ya cuentan con este sistema de monitoreo oportuno de la deforestación.

Los organizadores hicieron con un llamado a instituciones, técnicos y ciudadanía a sumarse a la red como co-creadores de mapas, desarrolladores de herramientas o integrantes de los grupos de trabajo temáticos, reafirmando que la información ambiental abierta es, ante todo, un bien público que solo cobra sentido cuando se traduce en decisiones y en acciones concretas para la conservación de los bosques.

Visita el portal en esta dirección: https://bolivia.alerta.mapbiomas.org/

Fuente: Fundación Tierra

La IA funciona, ¿pero cuál es su sentido?


La modernidad creyó haber encontrado una ecuación estable: más conocimiento significaba más poder, y más poder prometía mayor libertad. Durante siglos, esa alianza entre saber técnico y emancipación humana sostuvo la legitimidad del progreso. La técnica no era solo un instrumento, era un medio orientado hacia fines compartidos, al menos en el plano de las declaraciones. Pero hoy esa ecuación comienza a resquebrajarse. No porque la tecnología haya dejado de avanzar, sino porque el vínculo entre poder y sentido se debilitó. Podemos hacer cada vez más cosas, pero resulta menos evidente para qué las hacemos. La inteligencia artificial se inscribe precisamente en esa fisura.

Con frecuencia la IA se presenta como el punto culminante del desarrollo técnico: sistemas capaces de aprender, optimizar y anticipar con una eficacia sin precedentes. Sin embargo, lo decisivo no es su sofisticación, sino el tipo de racionalidad que consolida. Cuando la eficacia se convierte en criterio suficiente, la pregunta por los fines se vuelve secundaria, incómoda o directamente irrelevante.

Es en este marco donde adquiere especial relieve el diagnóstico de José María Lasalle en Civilización artificial (2024). Su tesis no se limita a advertir sobre riesgos tecnológicos o regulatorios. Lo que identifica es un desplazamiento más profundo: la consolidación de un nihilismo funcional, en el que los valores dejan de orientar la acción colectiva frente al imperativo de la eficiencia.

El nihilismo como normalidad

Según Lasalle el nihilismo actual no adopta la forma dramática de la negación de todos los valores. Se instala de manera más discreta: los fines no desaparecen, pero dejan de orientar la acción colectiva. Lo decisivo pasa a ser el rendimiento y la maximización de resultados.

La inteligencia artificial encarna de manera paradigmática esta lógica. Aprende, clasifica y predice con una eficacia creciente. Funciona. Y ese funcionamiento tiende a convertirse en su principal fuente de legitimidad. El problema no reside en sus errores —que pueden ser corregidos—, sino en su éxito sin dirección explícita.

La amenaza no es una rebelión de las máquinas, sino una adaptación progresiva de la sociedad a criterios maquínicos. Allí donde todo es cuantificable, lo que no se deja medir pierde relevancia pública. El riesgo no es el caos, sino un orden perfectamente administrado en el que la pregunta por el sentido ha sido desplazada.

El dilema fáustico

Lasalle describe esta situación como un dilema fáustico. Por primera vez, la humanidad se descubre capaz de producir entidades que imitan procesos cognitivos tradicionalmente asociados a lo humano. La cuestión no es solo técnica, sino antropológica. ¿Qué significa ser humano cuando fabricamos sistemas que aprenden y deciden?

La modernidad había fundado la dignidad humana en la capacidad de pensar por uno mismo y de responder moralmente por las propias acciones. Kant convirtió la autonomía en el núcleo de esa dignidad. Sin embargo, cuando externalizamos decisiones en sistemas, que operan con mayor velocidad y precisión, la tentación es confiar en el cálculo porque reduce la incertidumbre.

El desplazamiento no se produce mediante imposición, sino por comodidad. Si la máquina anticipa mejor, dejamos que anticipe; si optimiza mejor, dejamos que optimice. La delegación técnica puede volverse, casi sin advertirlo, renuncia a la orientación.

Geopolítica del nihilismo

Este proceso no es neutral. La carrera global por la inteligencia artificial enfrenta modelos de poder que, pese a sus diferencias ideológicas, comparten un trasfondo semejante. Por un lado, el modelo de mercado impulsado por grandes plataformas tecnológicas que conciben la IA como instrumento para maximizar beneficios y anticipar comportamientos. Por otro, el modelo autoritario que utiliza la IA como herramienta de vigilancia y gestión social.

Ambos reducen la política a administración eficiente. La legitimidad se apoya en la capacidad predictiva y en la gestión del riesgo. La diferencia radica en quién controla la infraestructura, no en el tipo de racionalidad que la orienta.

En este contexto, la concentración de datos y de poder tecnológico genera nuevas asimetrías globales. La soberanía ya no depende solo del territorio, sino de la capacidad de procesar información y entrenar sistemas a gran escala. Las democracias enfrentan así un desafío que no es únicamente regulatorio, sino estructural.

La respuesta humanista

Lasalle no propone una retirada nostálgica ni una moratoria tecnológica. Tampoco sugiere competir con la máquina en el terreno de la velocidad o del cálculo. Su apuesta es más exigente: recuperar la pregunta por el sentido como criterio rector de la acción política y cultural.

Aquí adquiere relevancia la noción de sabiduría. No se trata de acumulación de información ni de eficiencia operativa, sino de capacidad de discernimiento. La sabiduría implica reconocer límites, ponderar consecuencias, asumir responsabilidad. No optimiza funciones, orienta decisiones.

La inteligencia artificial puede y debe ocupar el lugar de la técnica: gestionar complejidad, asistir procesos, ampliar capacidades. Pero la dirección de la civilización no puede delegarse en sistemas que carecen de experiencia moral, memoria biográfica y conciencia del límite. Gobernar la inteligencia artificial no significa dominarla técnicamente, sino subordinarla a fines explícitamente humanos.

Una decisión en curso

La civilización artificial no es un destino cerrado, ya que es un proceso en marcha. La cuestión es si aceptaremos que la lógica de la eficiencia se convierta en el criterio último de organización social o si seremos capaces de sostener espacios donde la pregunta por el sentido siga teniendo primacía.

No se trata de demonizar la técnica ni de idealizar un pasado pretecnológico. Se trata de algo más elemental: decidir qué lugar ocupa en nuestra vida colectiva y qué no estamos dispuestos a delegar. Una sociedad puede ser altamente sofisticada y, al mismo tiempo, profundamente desorientada.

Una civilización puede perder poder y sobrevivir, pero lo que no puede perder sin transformarse radicalmente, es la conciencia de sus fines, su sentido. Si la inteligencia artificial se convierte en el criterio último de organización social, no habremos creado una herramienta más eficaz, sino que habremos redefinido silenciosamente lo que entendemos por humanidad.

Fuente: Dialogo Politico

martes, 21 de julio de 2026

Creadores digitales en lenguas originarias


En una época donde las pantallas y las redes sociales definen gran parte de nuestra cotidianidad, las lenguas originarias encuentran en el entorno digital un nuevo espacio de resistencia, dinamismo y vitalidad. Creadores digitales en lenguas originarias es un mapa parlante e interactivo que visibiliza, reconoce y conecta a quienes generan contenido en quechua y aimara desde distintos rincones de Bolivia.


¿Cómo funciona este espacio?

Vista del mapa: un mapa geográfico de Bolivia con marcadores en dos colores que diferencian las iniciativas en quechua (lila) y en aimara (cyan). Al hacer clic sobre cualquier ubicación se despliega la ficha del creador o activista: su fotografía y nombre, la lengua que promueve, el tipo de contenido que realiza (comedia, cultural, educativo o mixto), una breve descripción de su labor y enlaces directos a todas sus redes sociales.

Vista de catálogo: un formato de tarjetas informativas, con buscador y filtros por lengua y departamento, para explorar la diversidad de proyectos de un solo vistazo.

Filtros estratégicos: permiten filtrar la información en tiempo real, tanto en el mapa como en el catálogo, por tipo de contenido y lengua. Así, un docente puede llevar recursos frescos, interactivos y culturalmente significativos directamente al aula.

¿Por qué es importante?

Crear contenido en lenguas originarias implica nadar a contracorriente frente a algoritmos y plataformas diseñadas en lenguas mayoritarias. Este espacio rinde un merecido reconocimiento a estos creadores, los agrupa en una comunidad digital visible, ofrece a maestras y maestros un recurso pedagógico realista y abre a cualquier persona un directorio vivo, gratuito y en constante actualización. El quechua y el aimara no pertenecen al pasado: habitan el presente y se proyectan hacia el futuro.

Fuente: Lab Tecnosocial