martes, 18 de agosto de 2026

Presentación de Cien Años de Ausencia


Quiero invitarlos a algo muy especial:

Este martes 25 de agosto, a las 19:00, presentamos en la UPAL – Campus Túpac Amaru el lanzamiento de:

CIEN AÑOS DE AUSENCIA
Plataforma Cultural Viva hacia el Centenario del Fallecimiento de Adela Zamudio (1928–2028).

Es una iniciativa del Archivo Histórico Torrico Zamudio que comienza un recorrido de dos años hacia 2028, articulando cultura, patrimonio, investigación, literatura, educación, música, danza, artes escénicas y participación ciudadana alrededor del pensamiento y legado de Adela Zamudio.

Y será una noche muy especial.

“Un Tributo a Adela”, a cargo del Grupo de Artes Escénicas Deja Vu, dirigido por Gunter Revollo, con Raúl Nogales en poesía performática, Johany Lavayen al micrófono y Roughy Biancco en la trompeta.

Tendremos además una intervención especial de Katia Escalera, mezzosoprano boliviana de reconocida trayectoria internacional.

Podremos recorrer “La Ruta Inmortal de la Esperanza”, muestra interactiva de Andrea Muckled Ludewig  y Valeria de Ugarte Torrico.

Y cerraremos con un brindis junto a Bastardo Wines, aliado y vino oficial de “Cien Años de Ausencia”.

📅 Martes 25 de agosto
🕖 19:00
📍 UPAL – Campus Túpac Amaru

Entrada libre y abierta al público

IMPORTANTE: La entrada es gratuita, pero necesitamos registrar tu asistencia.

Para confirmar tu presencia, escanea el código QR de la invitación y completa el formulario de asistencia.

Me encantará encontrarnos para comenzar juntos este recorrido hacia el centenario de Adela Zamudio.

Una voz cambió una época.
Miles cambian el presente.

Vibra su eco.
Adela vive a través de tu voz.

Fuente: TZ

Nicaragua bajo acecho perpetuo: La dictadura toca cada vida, cada día


Es de noche en Managua, un mayo de 2017. Falta un año todavía para que pase lo peor. 34 grados, nula brisa. En el salón del fondo, donde llega el ruido de la calle, comienza una charla literaria. De pronto, dos camiones se paran enfrente y empiezan a pitar. No tiene sentido. Nadie los espera, nadie los requiere aquí. Por supuesto, el ruido irrumpe en la actividad. Es adrede.

Ocho años después, una noche lluviosa en San José se anima con la cháchara de grandes amigas nicaragüenses. Hace tiempo no se ven: viven dispersas entre Costa Rica, México, Estados Unidos, Colombia, España... La noche transita entre la intensa alegría nica, desbordada y visceral, y la nostalgia al final de las botellas de vino: “¡A ver cuándo nos vemos otra vez!“.

Allá en Nicaragua trabajan en artes, diseño, publicidad. Algunas se expresaban sin reservas sobre la situación política en su país, otras eran más discretas. Todas tuvieron que irse. Por aquellos días coincidió un encuentro de artistas: el afiche no decía dónde ni quiénes, y todas pidieron que no se tomaran fotos. Ni en un espacio cultural de Costa Rica pueden aventurarse: nunca se sabe quién escucha, quién ve, quién está cerca.

Lo peor ocurrió en abril de 2018, cuando la última gran protesta ciudadana en Nicaragua fue reprimida brutalmente por el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que degeneró pronto en una dictadura total. Ya llevaban una década en el poder, pero faltaba más.

El penúltimo paso hacia la autocracia absoluta vino en julio pasado, cuando anunciaron que prohibirían a partidos opositores participar en las elecciones. Ni las protestas de Naciones Unidas ni de la OEA los ha movido un centímetro.

Nicaragua, otra vez, sufre una dictadura.

Día a día, paso a paso

En abril de 2022, el cantautor Josué Monroy limpiaba su casa cuando de pronto escuchó golpes en los portones y un gran alboroto. Era la policía, dijo a Confidencial esta semana. “Entraron por el techo, por todos lados, habían hecho anillo de seguridad”, relata en un video. A su exnovia la agarraron del cuello. Lo arrestaron. Desde setiembre de ese año vive en Barcelona.

¿Qué hizo Monroy? Con la opacidad del régimen, es imposible saber pero da igual: le dieron un documento con confesiones preparadas y se le informó de que estaría preso 10 años. Él dice a Confidencial que la razón es, simplemente, su música. Ese año había lanzado su tema En el ojo del huracán, reclamo contra la represión de abril de 2018.

La violencia desatada aquel año dejó más de 300 muertos, aunque, de nuevo, sería difícil saber la extensión de la tragedia ante la dificultad de obtener información del gobierno orteguista. “La represión en Nicaragua no deja a nadie a salvo”, denunció Ana Piquer, directora para las Américas de Amnistía Internacional (AI), desde 2024.

Como ha reiterado AI, líderes indígenas, periodistas, defensores de derechos humanos y otras personas consideradas una amenaza para el gobierno enfrentan prisión, exilio o desaparición. La entidad denunció que las autoridades mantienen un clima de temor en el que cualquier expresión de disenso puede acarrear severas represalias.

No hay sector que no haya sido tocado por la represión. Este julio, el gobierno de Nicaragua anuló los permisos de trabajo a 2.000 abogados sin explicación. De acuerdo con La Prensa, los nombres de los juristas afectados fueron eliminados del registro de la Corte Suprema de Justicia en los últimos días, lo que los deja sin posibilidades de seguir ejerciendo su profesión.

Alejandro Martínez Cuenca, exsandinista y el mayor empresario cigarrero del país, fue acosado como muchas otras figuras del sector de negocios: le embargaron La Joya de Nicaragua (la primera fábrica de puros premium de Nicaragua).

Empresas, universidades, todas despojadas de terrenos y de personería jurídica. Incontables personas hechas apátridas. También la Iglesia Católica, así como toda organización no gubernamental, comunitaria o social.

El líder indígena Brooklyn Rivera murió poco después de que, tras meses de tensión, su familia supiera finalmente dónde se encontraba.

Roberto Samcam murió en Moravia. Joao Maldonado fue atacado en Curridabat. Se sabe que en Costa Rica hay espías por todas partes. Revisión de libros, documentos y maletas en la frontera; llamadas de números desconocidos; la lista sería interminable.

El problema es que la lista debe elaborarse desde el exilio, pues tampoco queda prensa independiente dentro del país.

Fuente: La Nacion

UMSA rescata danzas folklóricas mediante la investigación académica


Detrás de los pasos, la música y los trajes que cada año llenan de color las calles de La Paz hay también libros, testimonios, memoria oral e investigación. Más de 70 fraternidades y talleres culturales de la UMSA estudian las danzas que representan en una entrada folklórica que hoy integra y visibiliza expresiones de distintas regiones de Bolivia.

Fernando Cajías, reconocido historiador y fundador de la Entrada Universitaria, recuerda que todo comenzó en 1988 con ocho grupos. Casi cuatro décadas después, la presencia estudiantil creció hasta superar las 70 fraternidades, pero también se amplió la geografía cultural con la incorporación de expresiones de Tarija, Potosí, Chuquisaca, Oruro, la Amazonía y distintas comunidades del país.

“Hay una integración cultural a través de esta entrada que no solo conecta La Paz, sino el folklore de varias regiones del país. No se trata de rescatar danzas, porque las comunidades nunca dejaron de practicarlas, sino de contribuir a visibilizarlas. Algunas permanecen profundamente ligadas a sus lugares de origen y en la entrada de la UMSA encuentran una oportunidad para ser conocidas por más personas”, señaló Cajías.

Esa relación también llega a la música y a sus propios portadores. Por ejemplo, conjuntos de comunidades afrobolivianas acompañan la saya de los estudiantes; sicuris de Italaque participan junto a la Facultad de Agronomía; y moseños de la provincia Aroma acompañan a la moseñada de la Carrera de Lingüística.

La investigación permite, además, comprender qué historia se está llevando a las calles. Maya Méndez, estudiante de Nutrición, explicó que la “Rueda Chapaca” está vinculada con la cosecha de la vid y que algunos de sus movimientos evocan el pisado de la uva. La fraternidad trabaja con instructores oriundos de Tarija para conservar las características de la danza.

Desde la sede universitaria de Viacha (La Paz), estudiantes de Ingeniería Agroindustrial investigaron la danza “Kallawaya” como representación del caminar de los médicos naturistas itinerantes que llevaban conocimientos de medicina tradicional entre comunidades. Y en Estadística, el estudio sobre la danza “Potolos” encontró un desafío adicional: existen pocos registros escritos sobre su origen y una parte importante de su historia permanece en testimonios transmitidos en los límites de las regiones de Potosí y Chuquisaca. La mirada cambia incluso según la formación de quien investiga.

Mateo Vargas, estudiante de Sociología e integrante de los Mineritos, explicó la danza desde la historia económica y social del país, el trabajo minero y la figura de la palliri, lo que refleja cómo los conocimientos aprendidos en las aulas también ayudan a interpretar el folklore.

Para Cajías, allí está parte del valor de esta experiencia, los jóvenes ya no participan únicamente como intérpretes, sino también como investigadores de las expresiones culturales que llevan a la Entrada Folklórica de la UMSA. Este lunes, los estudiantes expusieron y defendieron sus monografías ante jurados evaluadores, presentando los resultados de sus investigaciones sobre el origen, la historia y el significado de las danzas que representarán.

Fuente: Qamasa