martes, 28 de julio de 2026

Los dos ajustes invisibles que deciden si tu IA acierta o desvaría


ChatGPT, Gemini, Claude, DeepSeek y otras inteligencias artificiales (IA) parecen simples: escribimos, les entregamos nuestra petición o pregunta y recibimos una respuesta. No obstante, detrás de esta sencillez de uso hay dos parámetros que condicionan en gran medida la calidad de la respuesta que obtenemos. Y a menudo pasan inadvertidos.

La temperatura y la longitud de respuesta no podemos manipularlas directamente desde el chat convencional. De hecho, solo se tocan desde la API o utilizando herramientas avanzadas, pero la buena noticia es que podemos simular su efecto recurriendo al prompt adecuado.

La temperatura afecta a la creatividad de la respuesta. Y la longitud a cuánto se explaya el modelo de IA. Lo importante es que al combinarlas podemos transformar por completo el resultado de una misma pregunta.

Qué hacen realmente estos dos parámetros

Los modelos de lenguaje que utilizamos actualmente no "conocen" las respuestas a nuestras preguntas. En realidad calculan, expresado a grandes rasgos, palabra a palabra cuál es la siguiente más probable. Esto es todo. En este contexto la temperatura decide en qué medida se aparta el modelo de esa opción más probable.

Una temperatura baja (y por lo tanto cercana a 0) elige casi siempre lo previsible. Una alta, sin embargo, se permite opciones menos probables, con más variedad, pero también con más riesgo de desvíos. Sea como sea, no existe una temperatura "correcta": depende de la tarea. Para resumir un contrato, explicar un concepto o traducir un texto nos interesa que sea baja. Pero para buscar nombres, escribir un e-mail o proponer ideas nos interesa justo lo contrario.

Casi ninguna interfaz de las aplicaciones de IA nos deja tocar este parámetro directamente, pero podemos simular su efecto recurriendo a instrucciones explícitas.

Si escribimos en Claude o ChatGPT:

"Dame una respuesta muy conservadora y literal, sin especular ni añadir matices propios", le estamos pidiendo en la práctica un comportamiento equivalente a una temperatura baja.

Si en cambio escribimos:

"Sé todo lo original que puedas. Prefiero ideas poco convencionales, incluso arriesgadas, antes que las más obvias", el modelo se comportará de una forma mucho más parecida a como lo haría con la temperatura al máximo.

Con la longitud de respuesta ocurre algo parecido, aunque el mecanismo es distinto. El modelo genera texto hasta que decide parar o hasta que alcanza un límite de tokens fijado de antemano, y una respuesta más larga no equivale a una respuesta mejor. Casi nunca lo es.

Sin instrucciones la mayoría de los modelos tiende a extenderse con matices que no siempre necesitamos. En cambio, si buscamos un desarrollo en profundidad, una respuesta corta se quedará a medias. El problema no reside en el modelo: está en que no le hemos indicado cuánto espacio debe ocupar.

La solución es sencilla: basta incluir en el prompt una instrucción explícita de extensión, desde "respóndeme en una sola frase" hasta "desarróllalo con la máxima profundidad posible". Y los dos parámetros, además, se combinan: una temperatura baja y una respuesta corta dan respuestas quirúrgicas, ideales para lo técnico. Sin embargo, una temperatura alta y una longitud generosa habilitan una IA que se explaya y arriesga, perfecta para generar nuevas ideas.

Conocer ambos parámetros, aunque sea de una forma indirecta a través del itinerario que le marcamos al modelo en cada prompt, nos permite pedir exactamente lo que necesitamos en vez de conformarnos con lo que la IA entrega por defecto.

Fuente: Xataka

Jaime Dunn: la economía falla primero en sus valores y después en sus cifras


La economía no se explica únicamente a través de las cifras. Para el economista Jaime Dunn, los indicadores económicos son el resultado visible de decisiones tomadas por personas e instituciones, pero detrás de ellos existen factores menos tangibles que pueden fortalecer o debilitar el funcionamiento de un país.

Durante la segunda jornada del Foro Económico de la Mujer (FEM) 2026, realizada el 24 de julio en el Hotel Los Tajibos de Santa Cruz de la Sierra, Dunn planteó que la situación económica de Bolivia debe analizarse también desde esos elementos que no suelen aparecer en las estadísticas: la ética, la justicia, la responsabilidad, la confianza y el respeto a la ley.

Las raíces detrás de las cifras

Para explicar esa relación, el economista comparó la economía con un árbol. Los indicadores, señaló, muestran el tronco, las ramas y las hojas, pero las raíces que sostienen el conjunto están formadas por valores que no aparecen en los cálculos económicos.

“Las raíces para mí son la honestidad, el mérito, la responsabilidad, la palabra cumplida, el respeto a la propiedad, la familia, la fe, la confianza y la ley. Esas son las raíces de la economía”, afirmó Dunn.

Desde esa perspectiva, sostuvo que la economía no toma decisiones por sí misma. Son los gobernantes, jueces, empresarios, emprendedores, trabajadores y ciudadanos quienes deciden si se invierte, se ahorra, se gasta más de lo que se tiene o se bloquea, y esas acciones terminan reflejándose en los resultados económicos.

Por eso, consideró que la corrupción, la pérdida de confianza y el incumplimiento de las reglas no son asuntos ajenos a la economía, sino factores que terminan afectando su funcionamiento. En el mismo sentido, el respeto a la ley, la responsabilidad y el cumplimiento de la palabra pueden generar condiciones para la inversión y la actividad productiva.

“La economía es de personas y por eso yo digo que la economía no es más que la contabilidad moral de la conducta humana”, sostuvo el especialista.

La idea, resumió Dunn, es que los problemas económicos visibles pueden ser la consecuencia de un deterioro previo en los principios que sostienen las decisiones de una sociedad. “La economía falla primero en sus valores y después en sus cifras”, afirmó.

De la confianza a la inversión

Ese vínculo entre valores y resultados económicos también estuvo presente cuando Dunn se refirió a la justicia y la seguridad jurídica. En su exposición, sostuvo que una economía necesita reglas que se respeten y que la justicia es una condición para que exista seguridad jurídica, inversión, propiedad privada y empleo.

La confianza, en tanto, fue planteada como una condición para movilizar recursos hacia la economía formal. En una entrevista para Economy, al ser consultado sobre cómo aumentar el ingreso de divisas al país, Dunn mencionó las exportaciones, las remesas, la inversión extranjera y los dólares que los bolivianos mantienen fuera del sistema financiero.

La responsabilidad también alcanza al manejo de los recursos públicos

La misma lógica de responsabilidad que Dunn plantea para las decisiones individuales también la extiende al manejo de las finanzas del Estado. En su análisis, el gasto público no puede desligarse de sus efectos sobre la población, por lo que cualquier decisión fiscal debe considerar sus consecuencias para los ciudadanos.

Durante su exposición, el economista remarcó que los recursos estatales no pertenecen exclusivamente al Gobierno, sino a la sociedad en su conjunto. “El dinero público no es del Gobierno. Pertenece a cada uno de ustedes, a cada uno de nosotros”, afirmó.

En una entrevista con Economy, al referirse a la deuda externa, sostuvo que Bolivia debería priorizar una reducción del gasto antes de recurrir a un mayor endeudamiento. “Bolivia tiene un problema de gasto y eso no se soluciona necesariamente con más deuda”, señaló Dunn.

Para el economista, cualquier ajuste del tipo de cambio debe formar parte de una transformación económica más amplia, que incluya el equilibrio fiscal, una solución para las empresas estatales deficitarias y un Banco Central independiente, con reservas y suficientes dólares para respaldar sus operaciones.

Un “shock de justicia” para reconstruir​

Desde su lectura, el deterioro de los principios y el debilitamiento institucional terminan teniendo consecuencias económicas. Por ello, Dunn sostuvo que la reconstrucción del país no puede limitarse a medidas financieras y planteó la necesidad de fortalecer la justicia y las instituciones.

En ese marco, afirmó que el Estado está afectado por un sistema de colusión, corrupción y redes que dificultan el funcionamiento institucional, por lo que consideró que Bolivia necesita primero un “shock de justicia”.

El planteamiento conecta con la idea central de su exposición: las cifras económicas son el resultado visible de decisiones y conductas que se construyen en un entorno institucional y social. Por ello, al referirse a la recuperación del país, Dunn sostuvo que el cambio no puede limitarse a los indicadores.

“Bolivia no necesita solo un cambio económico. Necesita una restauración moral. Los países no se levantan solo con cifras, se levantan con valores”, sostuvo el especialista.

Fuente: Economy

lunes, 27 de julio de 2026

¿Para qué se usan los datos personales que recogen los videojuegos?


Los videojuegos dejaron de ser hace tiempo un simple pasatiempo para convertirse en una industria cultural muy poderosa, en la que millones de jugadores interactúan, compiten y comparten experiencias. Pero, detrás de cada partida, cada logro desbloqueado o cada compra dentro del juego, hay algo más: nuestros datos personales.

Desde el nombre de usuario hasta el comportamiento en el juego, pasando por la ubicación o los hábitos de consumo, la industria del videojuego recoge, analiza y, en ocasiones, comparte con terceros información que puede ser muy sensible.

Un ecosistema con muchos actores y responsabilidades

El tratamiento de datos personales en los videojuegos afecta a un ecosistema amplio y diverso: cada actor tiene un papel distinto, desde los proveedores de hardware (fabricantes de consolas, de tarjetas gráficas o de periféricos específicos para el juego) o de tecnología para el desarrollo (bibliotecas, middleware –software intermediario para la gestión de datos–, kits de desarrollo de software, interfaces de programación de aplicaciones o API, paquetes de código, motores) hasta los editores que financian, comercializan, distribuyen y, en ocasiones, “producen” los juegos.

También se incluyen aquí los storefronts, plataformas online de distribución donde los jugadores compran o descargan juegos. Actúan como intermediarias entre editores, plataformas de hardware y consumidores finales.

Cada uno de estos actores tiene la obligación de cumplir con la normativa de protección de datos, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en el caso de la Unión Europea. Sin embargo, la complejidad del sector y de las relaciones entre los diferentes actores participantes, más la globalización de los servicios, hacen que no siempre sea fácil garantizar que todos los eslabones de la cadena actúen con la debida responsabilidad.

¿Qué se hace con los datos personales?

No todos los juegos tratan los mismos datos personales con la misma finalidad o de la misma manera. No es lo mismo un juego offline y de un solo jugador, como un clásico de rol para consola, que un Massively Multiplayer Online (MMO) o un juego online gratuito –free to play–. En el primer caso, es posible que el único dato que se almacene sea el progreso en la partida y que, además, se guarde localmente en el dispositivo. Sin embargo, en los juegos en línea, especialmente aquellos con modelos de negocio basados en microtransacciones o publicidad, el volumen y la variedad de datos personales que se recogen aumentan exponencialmente.

Su tratamiento abarca numerosas actividades, pero hay tres fundamentales que se repiten en casi todos los casos. La primera es la creación y mantenimiento de cuentas. Para acceder a la mayoría de los juegos en línea, es necesario crear una cuenta, lo que implica proporcionar datos como el correo electrónico, el nombre de usuario o, en algunos casos, información de pago. Estos datos se utilizan para identificar al usuario, gestionar su perfil y permitirle acceder a sus progresos desde diferentes dispositivos.

Lo malo es que no todos los juegos son transparentes sobre qué datos recogen durante el registro y con qué finalidad. Algunos solicitan permisos excesivos, como el acceso a la lista de contactos del teléfono o a la ubicación en segundo plano.

Objetivo: monitorizar al jugador

Otra actividad común es la telemetría, es decir, la recolección de datos en tiempo real sobre el uso del juego. Esto incluye desde monitorización técnica (como el rendimiento del dispositivo o los errores del software) hasta datos de comportamiento (como las acciones del jugador, el tiempo de juego o las interacciones sociales).

Esta monitorización puede tener diferentes finalidades: equilibrar la dificultad, diseñar niveles más atractivos, ofrecer recompensas y misiones adaptadas a las preferencias de cada jugador, etc.

El problema surge cuando el tratamiento de datos va más allá de lo necesario o proporcionado, o cuando no se informa claramente al usuario sobre ello. Por ejemplo, algunos juegos recogen datos biométricos (como el ritmo cardíaco o neurodatos a través de wearables) sin que el usuario sea consciente de las implicaciones de compartir esta información.

En la misma línea, en los modelos free-to-play, la telemetría puede ayudar a identificar a los jugadores con mayor probabilidad de realizar compras dentro del juego (se les conoce como “ballenas” o “whales”). Esto permite dirigirles ofertas específicas e, incluso, explotar sus vulnerabilidades o sesgos.

Información que se deduce mientras jugamos

Los datos de los jugadores también se registran para hacer inferencias de comportamiento. Mediante técnicas de análisis predictivo, muchas veces basadas en inteligencia artificial, diferentes actores del ecosistema pueden extraer conclusiones sobre los jugadores, que van más allá de los datos explícitos que estos han proporcionado.

Por ejemplo, un juego puede clasificar a los usuarios en función de su habilidad, personalidad o su estado emocional, y utilizar esos perfiles para personalizar la experiencia o mejorar los emparejamientos. Pero también para venderlos a terceros.

Para hacernos una idea, se puede inferir que un usuario es menor de edad basándose en su patrón de juego o en las compras que realiza, incluso si este ha proporcionado una fecha de nacimiento falsa.

O se puede detectar que alguien tiene tendencias adictivas y, en lugar de alertarle, utilizar esta información para mantenerle enganchado con recompensas variables (un mecanismo similar al de las máquinas tragaperras).

Las amenazas: lo que puede salir mal

Como se puede observar, el tratamiento de datos personales en este contexto no está exento de riesgos. Para empezar, los juegos en línea son un objetivo frecuente de ciberataques. Si un adversario logra acceder a las bases de datos de una plataforma, puede robar información sensible, como contraseñas, direcciones de correo electrónico, datos de pago o datos biométricos.

Pero existen otras muchas amenazas que, probablemente, no sean tan obvias. Una de ellas es la vinculación. Aunque muchos juegos evitan la utilización de identificadores explícitos o directos, existen datos como la dirección IP o el comportamiento en el juego (por ejemplo, un patrón único de juego, como un estilo de movimiento o un ritmo de disparos) que pueden ser suficiente, por ellos mismos o mediante combinación de patrones, para asociar diferentes sesiones de juego, cuentas o transacciones a una misma persona.

Esto es especialmente preocupante porque se puede obtener un perfil para cada jugador. Este puede usarse a modo de huella digital única e intransferible, para rastrearle o vigilarle en el juego o en otros entornos digitales.

La vinculación también puede facilitar la identificación, de manera que se llegue a conocer la identidad real de un jugador. Así, el doxing (divulgación pública de información privada) es un riesgo real en comunidades de jugadores. Datos como nombres de usuario, direcciones IP o conversaciones en chats pueden filtrarse o usarse para acosar, extorsionar o discriminar a una persona. Así, en juegos multijugador, donde la interacción social es clave, la exposición de datos personales puede tener consecuencias graves, como el robo de identidad o el riesgo para la integridad física.

Datos erróneos y patrones de diseño adictivos

Por otro lado, los datos recogidos en los juegos y las inferencias realizadas a partir de ellos no siempre son exactos o correctos. Por ejemplo, un juego puede clasificar erróneamente a un usuario como “con tendencias adictivas”, basándose en patrones de juego atípicos (como sesiones largas durante un fin de semana, por ejemplo). O como “tramposo”, tras la recogida de información de ciertos eventos. Estos errores no solo afectan a la experiencia del usuario, sino que pueden tener consecuencias legales si se toman decisiones automatizadas (como la exclusión de un jugador), basadas en datos o inferencias incorrectos, tanto dentro como fuera del juego.

Asimismo, hay que tener en cuenta el engaño o manipulación a través del uso de ciertos patrones de diseño en los interfaces o de mecánicas de juego específicas, como los sistemas cosméticos –para modificar la apariencia del personaje–, skins –aspecto visual alternativo– o personalización de avatares. Estas amenazas pueden llevar a los jugadores a tomar decisiones que de otro modo evitarían, mediante la explotación de sus vulnerabilidades psicológicas y sesgos cognitivos.

De igual manera, muchos juegos están diseñados para maximizar el tiempo de juego, la obtención de datos personales o el gasto (por ejemplo, a través de las cajas de botín o los pases de batalla). Esto puede tener un impacto mayor en los más jóvenes, al conducirles a realizar compras no autorizadas o a desarrollar conductas adictivas.

¿Qué se puede hacer?

Aunque la obligación recae en los responsables de los diferentes tratamientos de datos personales, las personas que juegan también pueden tomar medidas para proteger sus derechos:
  • Leer las políticas de privacidad y la información que se proporciona. Aunque, a veces, puedan ser largas y complejas, es importante entender qué datos personales se tratan y para qué. Si algo no nos convence, consideremos no utilizar ese servicio. Seamos críticos: ¿de verdad tenemos que conectar el juego con nuestras redes sociales? ¿O activar ese chat de voz?
  • Ajustar la configuración de privacidad. Muchos juegos y plataformas permiten limitar la recolección de datos o desactivar ciertas funciones de telemetría e inferencia. Revisemos estas opciones al empezar a jugar y elijamos las que mejor se adapten a nuestras preferencias.
  • Usar contraseñas seguras y autenticación en dos pasos. Esto reducirá el riesgo de que nuestra cuenta sea “secuestrada” y de que suplanten nuestra identidad.
  • Tener cautela con los datos que compartimos. Es mejor no proporcionar información sensible (como dirección física, datos de pago, biometría), a menos que sea absolutamente necesario. De nuevo, cuestionemos la información que se nos ofrece y no demos a “Aceptar” ciegamente.
  • Educación y concienciación. Podemos hablar con otros jugadores, especialmente con los más jóvenes, sobre la importancia de la privacidad y los riesgos asociados al uso de videojuegos. También es útil leer las recomendaciones de las autoridades de protección de datos personales o de otras instituciones de confianza (educativas, del sector de la salud, comunidades profesionales de juego, etc.).
Jugadores conscientes de sus derechos

Los videojuegos son una forma de entretenimiento, arte y socialización que ha transformado la cultura moderna. Pero, como en cualquier otro ámbito digital, el uso de datos personales conlleva riesgos que no deben subestimarse. La industria tiene la responsabilidad proactiva de garantizar que estos datos se traten de manera ética, transparente y, obviamente, conforme a la ley.

Los jugadores, por su parte, deben ser conscientes de sus derechos y tomar medidas para proteger su privacidad. El objetivo no es demonizar el tratamiento de datos personales, sino asegurar que se haga de manera que el sector pueda desarrollar su actividad económica e innovar, mientras se proporciona a los jugadores una excelente experiencia de juego sin comprometer sus derechos fundamentales. Y usted, ¿ha revisado alguna vez qué datos recoge su juego favorito?.

Fuente: Almendron