jueves, 12 de febrero de 2026

Gobierno impulsa Ciudadanía Digital para reducir trámites


El Gobierno boliviano lanzó este miércoles el programa Ciudadanía Digital, diseñado para reducir el uso de papel, eliminar fotocopias y simplificar los trámites burocráticos. La iniciativa busca modernizar el Estado y agilizar los procesos para los ciudadanos.

El acto contó con la presencia del ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, y representantes de la Agetic, quienes firmaron un convenio con seis universidades para beneficiar a unos 300.000 estudiantes universitarios en una primera etapa.

“La Ciudadanía Digital permite que los ciudadanos tengan menos trámites y tiempos perdidos, además de impulsar la formalidad que nuestro país necesita”, dijo Lupo durante la presentación.

Fin del Estado tranca

Lupo recordó que, en gestiones anteriores, los trámites eran excesivamente burocráticos, lo que restaba tiempo y dignidad a la ciudadanía. Como símbolo de la transformación, entregó un fólder color crema al presidente Rodrigo Paz Pereira, quien lo rompió durante el acto para marcar el fin del llamado Estado tranca.

El programa promueve la firma electrónica, el buzón digital y la validación biométrica en tiempo real, de modo que el Estado no requiera documentos que ya posee. Según Lupo, esto permitirá agilizar procesos y eliminar intermediarios.

Universitarios como primeros beneficiarios

El convenio incluye universidades públicas y privadas del país. En esta primera fase, los estudiantes universitarios recibirán los beneficios de la Ciudadanía Digital. El Gobierno proyecta que para diciembre de 2026 se registren 2 millones de ciudadanos digitales en todo el territorio nacional.

Desde la Agetic destacaron que la reducción de fotocopias también tendrá un efecto positivo en el medio ambiente al disminuir el consumo de papel. Paz Pereira señaló que Bolivia cuenta con grandes capacidades tecnológicas. La Ciudadanía Digital busca aprovecharlas para facilitar la vida de los ciudadanos y modernizar la gestión pública de manera eficiente.

Fuente: Enfoque News

miércoles, 11 de febrero de 2026

Ministerio de Relaciones Exteriores presenta modernización y estandarización de salvoconductos y visas


El Ministerio de Relaciones Exteriores, a través del Viceministerio de Gestión Consular e Institucional, en el marco de su agenda de modernización institucional y fortalecimiento de la seguridad documental, realizó la presentación de la “Modernización y Estandarización del Formato de Salvoconducto y Visas Bolivianas”.

La actualización de estos instrumentos responde al objetivo de reforzar la seguridad documental, la trazabilidad y la verificación de autenticidad, mediante un formato más claro, uniforme y alineado con estándares internacionales, que facilita su reconocimiento en puntos de control y reduce riesgos de falsificación o uso indebido.

Como parte central de esta modernización, los nuevos formatos incorporan mecanismos modernos de verificación, lo que permite la validación ágil y segura de la información del documento. En el caso del salvoconducto, se implementa la verificación mediante QR/URL; y, para las visas, se integra la verificación de la Zona de Lectura Mecánica (MRZ) y el código de barras bidimensional PDF417, fortaleciendo la confirmación de autenticidad e integridad del documento.

Asimismo, el Viceministro de Gestión Consular e Institucional, embajador Héctor Huanca, destacó que la modernización de las visas permite al Estado boliviano cumplir con lo establecido por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), reforzando la seguridad y la lectura estandarizada del documento.

El proceso de implementación contempla la emisión institucional por sistema, el uso uniforme del formato, la socialización y capacitación a los actores involucrados, así como un período de transición con coexistencia temporal de los formatos anteriores, conforme a los lineamientos aprobados.

Mediante esta iniciativa, el Ministerio de Relaciones Exteriores reafirma su compromiso con una gestión consular moderna, confiable y orientada al servicio, tanto de ciudadanas y ciudadanos extranjeros, mediante la emisión de visas, como de nuestras connacionales a través de salvoconductos, a través de documentos que fortalecen la seguridad y la eficiencia operativa en fronteras y aeropuertos, en coordinación con las instituciones competentes, cumpliendo el compromiso de llevar a Bolivia al mundo y traer el mundo a Bolivia con seriedad y responsabilidad.

Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores

Hay una poderosa razón por la que los universitarios ya no leen


En 2011, impartí una clase universitaria sobre el significado y el valor del trabajo. Era una clase de educación general, del tipo que los estudiantes dicen que tienen que “quitarse de en medio” antes de pasar a sus asignaturas principales. Pocos de los alumnos eran ávidos lectores, y muchos tenían trabajos que limitaban su tiempo de estudio.

Les asigné nueve libros. Sabía que era mucho pedir, pero los alumnos lo hicieron muy bien. La mayoría superó con buenas notas sus pruebas de lectura sobre Walden de Henry David Thoreau y La República de Platón. En clase, con los pupitres en círculo, mantuvimos animados debates.

Después de 13 años que incluyeron una pandemia y la llegada de la inteligencia artificial generativa, aquella lista de lecturas parece no solo ambiciosa, sino absurda. No he asignado un libro entero en cuatro años.

En todo el país, los profesores universitarios reportan un fuerte descenso en la disposición y capacidad de los estudiantes para leer por su cuenta. Para adaptarse, los instructores están asignando menos lecturas y dando a los alumnos tiempo en clase para completarlas.

Es tentador lamentar la muerte de una vía fiable de aprendizaje e incluso de placer; pero empiezo a pensar que los alumnos que no leen responden racionalmente a la visión de la vida profesional que les vende nuestra sociedad. En esa visión, la productividad no depende del trabajo, y un sueldo tiene poco que ver con el talento o el esfuerzo. Durante décadas, se ha dicho a los estudiantes que la universidad trata de la preparación profesional y poco más. Y la tarea de descifrar el argumento de un autor no preparará a los estudiantes para prosperar en una economía que parece funcionar a base de vibras.

Los recientes anuncios de Apple Intelligence, una función de inteligencia artificial, dejan clara esta visión. En uno, la actriz Bella Ramsey utiliza la inteligencia artificial para encubrir el hecho de que no ha leído la propuesta que le envió su agente por correo electrónico. Funciona, y parece que el proyecto está en marcha. ¿En realidad es bueno el proyecto? No importa. Las vibras lo resolverán.

Incluso en las representaciones aparentemente verídicas de la vida laboral que ven los estudiantes, como los videos de “un día en mi vida” que fueron populares en TikTok hace un par de años, el trabajo intelectual parece opcional y los puestos corporativos de nivel básico parecen una serie de reuniones en azoteas, almuerzos gratuitos y horas felices de trabajo en equipo: menos un trabajo que un estilo de vida. Y, por supuesto, el trabajo de estilo de vida definitivo es ser un influente, una tentadora perspectiva que parece estar siempre a una sola publicación viral de distancia.

Los estudiantes universitarios más visibles son los grandes atletas, quienes hoy en día pueden ganar dinero —en algunos casos, millones de dólares— mediante acuerdos de patrocinio. Pero por mucho que estos estudiantes se esfuercen, sus ganancias no son oficialmente por su trabajo en el campo, sino por su comerciabilidad fuera de él.

Cuando los estudiantes se gradúan, los trabajos que más desean son los que ellos llaman con orgullo “campos para venderse” de las finanzas, la consultoría y la tecnología. Para los de fuera, estas industrias son abstractas y opacas, y se basan en la fanfarronería y la jerga. Sin embargo, una cosa es cierta: ahí es donde está el dinero.

En definitiva, parece como si el éxito no fuera fruto del conocimiento y la habilidad, sino de la suerte, la propaganda y el acceso a las empresas adecuadas. Si esa es la economía en la que los estudiantes creen que están entrando, ¿por qué deberían esforzarse en leer? De hecho, ¿cómo les preparará cualquier esfuerzo escolar para carreras en las que, aparentemente, no se recompensa el esfuerzo?

Ante todo esto, es fácil perder la fe en el aprendizaje humanístico. Las propias universidades ofrecen poco consuelo. Promueven constantemente la idea de que un título tiene que ver con el poder adquisitivo por encima de todo lo demás. Adoptan la cultura de los influentes y probablemente se benefician de fenómenos virales como Bama Rush. Desde luego, no ahuyentan a los reclutadores corporativos.

Pero la enseñanza es una profesión inherentemente esperanzadora, y por mucho que los estudiantes me preocupen, también me dan esperanza. A menudo veo a mis alumnos de escritura ir más allá de lo que es fácil o racional. Se entusiasman con sus proyectos de investigación; a veces incluso se plantean si utilizar un punto o un punto y coma para separar dos frases.

El hecho es que no todos los alumnos pretenden navegar en las vibras. Algunos quieren hacer un trabajo que genere algo más que dinero. Algunos licenciados en finanzas también. Y otros, Dios los bendiga, solo quieren aprender lo que puedan y preocuparse del trabajo después.

Depende de los estudiantes decidir si se resisten a la inercia intelectual. Lo único que puedo hacer es demostrar que merece la pena leer, hacer una pausa, pensar, revisar, releer, debatir y volver a revisar. Puedo, en el tiempo que los alumnos están conmigo, ofrecerles oportunidades de desafiar sus incentivos y ver qué ocurre.

Tengo que volver a asignar libros. Nueve son demasiados. ¿Pero uno? Pueden leer uno. El próximo semestre, lo harán.

Imagen: Niña leyendo de Jean Honoré Fragonard

Fuente: Infobae