domingo, 17 de mayo de 2026

Basta de agresiones a los periodistas


Le preguntaron al filósofo Diógenes ¿cuál era lo más hermoso en la vida?. Es la libertad de expresión, respondió. Y su vida fue un canto a la libertad. Decía y hacía lo que quería. Despertaba odios, pasiones y amores.

La libertad de expresión es un derecho humano, al igual que la vida y es tan necesario a estas alturas, que la necesitamos, así como el agua y el aire para vivir el día a día.

Con el auge y el gran poder que tienen las redes sociales en todas sus extensiones ha hecho que la libertad de expresión sea un arma que tenemos los ciudadanos y la ejercemos a cada instante, siendo en esta dinámica el principal objeto de la libre expresión el actual estado caótico y violento que vive el país.

Malestar, ira, denuncias, pedidos, indignación son parte de la batería de comentarios, fotos, videos que se puede apreciar y leer en el Facebook, Twitter, WhatsApp, etc. La gente está movilizada y no tiene límites para ello.

Así se expresa la gente, los ciudadanos de la democracia, mientras otros se expresan a plan de dinamitazos y agresiones contra quien se cruza en sus caminos. Como lo están  haciendo los mineros y cocaleros del Chapare: vulnerando los derechos humanos de millones de bolivianos.

En el centro de las tormentas están los periodistas, que son los vehículos de esas libertades y del derecho a la libertad de prensa. En cada conflicto que se genera y se desarrolla en este país intenso, dinámico, que le ponen dosis de alta violencia ciertos grupos sindicales, los periodistas son los principales afectados por la rabia y el enojo de quienes bloquean o marchan.

Es que arrastran el odio que implantó el MAS contra el ejercicio del periodismo: Los enemigos son mis principales enemigos, repetía de forma permanente el ex presidente, Evo Morales, y marcó la cancha del poder hacia los periodistas.

De ahí que en estos bloqueos violentos e ilegales, varios periodistas han tenido que sufrir gritos, agresiones, insultos y pateaduras. Como si ellos fueran los enemigos, los que están contra los bloqueadores o los que les darán las soluciones a sus demandas exorbitantes, como el pedido de renuncia del presidente Rodrigo Paz.

Esas agresiones no son recientes. En la mayoría de los bloqueos o protestas sociales y cívicas de magnitud, los hombres y mujeres de la prensa, son el objetivo del enojo, del malestar de los sectores y descargan contra ellos sus insultos, patadas, puñetes, gozando luego de impunidad.
Los agresores a los periodistas nunca fueron sancionados, ni enjuiciados, ni enviados a las cárceles. El poder de sus sindicatos o gremios corporativos evita que los procesos avancen. Es una herida abierta de la democracia y una deuda pendiente hacia los periodistas de Bolivia.

Recordarles a estos grupos violentos que el hombre y mujer de la prensa es un trabajador, que tiene familias, gana poco, se esfuerza, lucha cada día y no es un sujeto que pregona la violencia, aunque algunos periodistas se alimentan de la polarización y del enfrentamiento, pero son los pocos.

El periodismo responsable, ético, comprometido tiene un camino y objetivos claros, contundentes y nobles.

No se puede ser neutral contra la injusticia, contra la corrupción, contra el abuso de poder, contra el hambre, contra la pobreza, contra la intolerancia, contra las violaciones a los derechos humanos, contra la impostura, contra las dictaduras.

Hay que tomar partido por los derechos humanos, por la vida, por la integridad, por la justicia, por la libertad, por la dignidad, por la salud.

Es una militancia por todo lo que construye, por todo lo que engrandece a una sociedad y a sus integrantes, y por todo lo que dignifica.

La prensa no es para servir a ningún poder político, ni empresarial, ni sectorial. La prensa es la artillería del pensamiento (Bolívar), no la artillería de las mentiras, de las manipulaciones, de las tergiversaciones, del servilismo, del odio, del racismo, de creerse dueños de la verdad, ni tampoco para lucrar a costa de la información y de la verdad.

En estos tiempos de bloqueos, violencias, auge de las redes sociales, IA más que nunca necesitamos de periodistas militantes de la vida, la democracia.

Precisamente con grandes esfuerzos y riesgos el ejercicio del periodismo se ha desarrollado

Pero como los periodistas son seres humanos de temple, así como el acero, vienen asumiendo los retos con dignidad y altura, muchos dedicándose a otras actividades que no sean periodísticas; otros han emergido en las redes sociales con sus plataformas digitales de prensa, donde la competencia es intensa, fuerte y a veces desleal, porque algunos periodistas se arrodillan ante el poder para conseguir jugosos contratos publicitarios.

Es evidente que son otros tiempos duros, difíciles; pero hay algo esencial que queda y es el motor del periodista: su pertenencia por el periodismo, su amor y pasión por la información y su convicción de que se es periodista para siempre.

Y su lucha siempre debe estar llena de convicciones. Ser militantes, a través de la información, de la democracia y de los derechos humanos.

Imagen: IFEX

Fuente: Asuntos Centrales

sábado, 16 de mayo de 2026

UMSS, sede del COCHATECH, el hackathon más grande de Bolivia


La Universidad Mayor de San Simón (UMSS) vive intensas jornadas de innovación y tecnología con el inicio del COCHATECH, evento que reúne a estudiantes universitarios representantes de San Simón para desarrollar soluciones tecnológicas en tiempo récord.

🏕️ Los representantes de San Simón trabajan y acampan en el nuevo edificio de la Facultad de Ciencias Económicas, enfrentando desafíos en equipos multidisciplinarios donde la creatividad, programación y trabajo colaborativo fueron protagonistas.

👨‍💻 La UMSS cuenta con alrededor de 250 participantes, demostrando el talento, compromiso y capacidad innovadora de sus estudiantes en uno de los eventos tecnológicos más importantes de Bolivia.

El COCHATECH convertirá a la universidad en un espacio de creatividad, desarrollo tecnológico y construcción de nuevas ideas para el futuro.

Fuente: UMSS

Tecnología, mercados y cuidados: la ruta del liderazgo económico de las mujeres bolivianas


En un país donde 8 de cada 10 mujeres trabajan en la informalidad, el éxito económico no depende sólo del esfuerzo individual, sino de un entorno que lo haga posible. Un proyecto liderado por ONU Mujeres Bolivia está demostrando que el progreso surge de una combinación estratégica: dotación de maquinaria moderna, formación técnica, acceso a mercados y, fundamentalmente, las bases para la creación de sistemas de cuidado.

En un taller de costura de Santa Cruz de la Sierra, el golpe rítmico de una troqueladora industrial marcó el fin de una etapa de agotamiento físico para Judith Ramos. Lo que empezó con medio metro de cuero y la técnica heredada de su papá, se ha convertido hoy en una microempresa que genera empleo para cinco familias. Para Judith, la máquina no es solo un activo; es capital de producción propio y la llave hacia un sueño que antes parecía inalcanzable: su casa propia.

Como Judith, 387 mujeres y sus familias en Bolivia están protagonizando un crecimiento tangible en su economía. Entre finales de 2023 y el primer trimestre de 2026, los resultados del proyecto "Fortalecimiento de Unidades Productivas lideradas por Mujeres aplicando el enfoque de género en Bolivia" —financiado por la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA) y ejecutado en coordinación con el Ministerio de Desarrollo Productivo, Rural y Agua— son contundentes: las productoras han logrado incrementar sus ingresos en un 95% en promedio y su producción en un 75%. No son datos estimados; son cifras recogidas en monitoreos de campo realizados en los mismos talleres productivos.

Resiliencia y tecnología: Motores de dignidad

Históricamente, el trabajo artesanal y manufacturero de las mujeres ha estado marcado por jornadas extenuantes, así como una producción y ganancias limitadas. En municipios como El Alto, Achacachi, Viacha, Santa Cruz de la Sierra, Warnes y Montero, el acceso a maquinaria especializada y moderna ha cambiado esta realidad. La tecnificación no solo ha permitido que las mujeres produzcan en condiciones dignas, sino que ha fortalecido su resiliencia frente a la crisis económica que atraviesa Bolivia.

"Antes producía 60 docenas al mes cortando el cuero a mano; trabajaba mucho y ganaba poco. Ahora elaboro 180 docenas y con las ganancias estoy haciendo construir mi casa", explica Judith. La tecnificación ha permitido que las mujeres dejen de producir para sobrevivir y comiencen a producir para invertir y competir.

Sin embargo, el alcance del proyecto se extiende mucho más allá de la entrega de maquinaria. En una estrategia de alcance masivo, 3.600 mujeres han fortalecido sus habilidades técnicas productivas y otras 3.150 han sido capacitadas en gestión empresarial, elevando la competitividad de sus negocios en un mercado cada vez más desafiante.

Este impacto integral ha sido posible gracias al trabajo en territorio de socios como la Fundación CODESPA, Visión Mundial y Educo.

La conquista de nuevos mercados y el salto digital

El proyecto también ha superado las barreras que impedían a las pequeñas productoras acceder a grandes plataformas comerciales. En 2025, una treintena de emprendedoras participó en la Feria Internacional de Santa Cruz (Fexpocruz), logrando ventas de hasta siete mil dólares, equivalente a aproximadamente 15 veces el salario mínimo nacional en Bolivia. “Estar ahí fue una oportunidad grande; no es fácil acceder a un espacio así por su elevado costo”, reflexiona la artesana Karina Fernández.

Asimismo, las productoras han dejado de ser espectadoras de la tecnología para apropiarse de ella. Mediante diagnósticos personalizados y formación en marketing digital, marcas locales han ganado presencia en redes sociales. “Comencé con transmisiones en vivo y mis ventas se incrementaron. La gente empezó a conocer mis productos y a realizar pedidos”, relata Mayra Nina, productora de flores artesanales.

El tiempo como recurso para su desarrollo

Uno de los resultados más estratégicos de esta intervención es la ganancia en la eficiencia del uso del tiempo. Los datos revelan que el 84 % de las mujeres que recibieron maquinaria reportaron ahorros significativos de tiempo; un recurso vital que han logrado redistribuir entre la producción, el mercadeo de sus productos y el cuidado de sí mismas y de sus hijas e hijos.

En Bolivia, el acceso a servicios de cuidado infantil económicos y de calidad es escaso; esta situación constituye una de las barreras invisibles para el desarrollo económico de las mujeres, quienes dedican todavía el doble de tiempo que los hombres a estas tareas. Para habilitar un entorno de corresponsabilidad, el proyecto fortaleció 34 centros de cuidado infantil municipales y comunitarios en los municipios de El Alto, Achacachi, Viacha, Santa Cruz de la Sierra, Warnes y Montero, transformando lugares precarios en espacios pedagógicos dignos y seguros.

Una innovación clave ha sido la dotación de equipamiento móvil para el cuidado en ferias comerciales. Esta solución permite que las madres emprendedoras concilien su rol productivo con la tranquilidad de saber a sus hijas e hijos en espacios de calidad.

Esta intervención física ha sido respaldada por un hito político: el impulso de tres políticas de cuidado (una nacional y dos municipales en El Alto y Santa Cruz de la Sierra) que se encaminan a su aprobación para institucionalizar este derecho. Asimismo, las acciones de sensibilización han alcanzado a 3.000 personas de manera presencial y a más de 217.000 mediante plataformas digitales, promoviendo una sociedad donde el cuidado es una responsabilidad compartida entre el Estado, el sector privado, las comunidades y las familias.

La experiencia boliviana muestra que el empoderamiento económico no es un concepto abstracto; es la intersección entre tecnología, maquinaria moderna, formación estratégica, acceso a mercados y un entorno que promueve la corresponsabilidad del trabajo de cuidados, donde las mujeres bolivianas no solo están rediseñando sus negocios; están reclamando su autonomía económica y el derecho a vivir una vida digna.

Fuente: Naciones Unidas Bolivia