viernes, 13 de marzo de 2026

De los likes a los votos: influencers en el Congreso colombiano


Nombres como ‘Pechy Player’, ‘Señor Biter’, ‘Lalis’  o ‘El Comandante por la verdad’ pasaron de las redes sociales a pasacalles y carteles de campaña al Congreso colombiano. Se trata de los influencers que buscaron convertir sus likes en votos para el Senado en las elecciones del domingo pasado.

Cada partido, incluyendo a los tradicionales liberal y conservador, incluyó creadores de contenido en sus listas. La fórmula funcionó para muchos de ellos. De los aproximadamente 20 candidatos influencers, siete lograron llegar al Senado y otros cinco a la Cámara de Representantes. Por lo que, de los 286 puestos electos (103 escaños para el Senado de la República y 183 para la Cámara de Representantes ),12 son influenciadores.

El nuevo Congreso quedó conformado por una mezcla de políticos tradicionales, figuras emergentes y creadores de contenido que durante años construyeron audiencias en YouTube, TikTok o Instagram. Aunque el Pacto Histórico y el Centro Democrático tuvieron listas cerradas, incluyeron a estos influencers. En el caso del partido de gobierno, estos habían sido elegidos en una votación interna en 2025. Al margen, el Pacto Histórico fue el gran ganador en el Senado, pero ningún partido de manera independiente logró una mayoría absoluta.

La multiplicación de los creadores de contenidos

Aunque muchos de los que se lanzaron no lograron llegar al Congreso, el número de candidatos influencers aumentó frente a las elecciones de 2022. Ese año irrumpió con fuerza el fenómeno con la elección de Jonathan Ferney Pulido Hernández, conocido como Jota Pe Hernández, youtuber político que obtuvo la votación más alta de su partido, la Alianza Verde con 189.291 votos. Sus videos —en los que criticaba el clientelismo y comentaba la coyuntura política— se convirtieron en su principal plataforma electoral.

En ese mismo Congreso también llegaron figuras con fuerte presencia digital como María Fernanda Carrascal, Catherine Juvinao, Ariel Ávila o Susana Boreal, que, aunque tenían trayectorias distintas, también utilizaron las redes sociales como herramienta central de comunicación política.

Cuatro años después, el fenómeno se amplificó.

Influencers: ¿outsiders o políticos con redes?

Una de las primeras dificultades para analizar este fenómeno es que no todos los llamados influencers son iguales.

El profesor Juan Pablo Milanese, de la Universidad Icesi, propone distinguir entre dos categorías. Por un lado, están quienes ya tenían trayectoria política o académica y usaron las redes sociales como plataforma para amplificar sus ideas. Por otro, los creadores de contenido que construyeron su notoriedad en las redes sociales y luego decidieron saltar directamente a la arena electoral.

Esa diferencia es clave porque explica por qué algunos lograron traducir su presencia digital en capital político mientras otros no. “El influencer busca el like, que muchas veces se consigue con el escándalo o cruzando el umbral del ridículo. Eso no siempre se traduce en deliberación política”, advierte Milanese.

En realidad, el uso de figuras populares para atraer votantes no es nuevo. Décadas atrás los partidos incluían deportistas, artistas o presentadores de televisión en sus listas. La diferencia ahora es que la arena donde se construye esa notoriedad es digital.

Las redes sociales permiten construir comunidades políticas en tiempo real y sin intermediarios. Pero también premian los mensajes emocionales, el enfrentamiento y la viralidad. En ese sentido, también llama la atención el tipo de influencers que logró un escaño. Son figuras que a través de mensajes emocionales realizaron control al gobierno Petro o a gobiernos locales. En otros casos, como la lista de creadores de contenido del Pacto Histórico, defendieron la labor del presidente durante estos años.

El control al poder

Uno de los casos más llamativos es el de Luis Carlos Rúa Sánchez, conocido como El Elefante Blanco. Durante años recorrió el país denunciando obras públicas inconclusas mientras vestía un disfraz de elefante, símbolo del despilfarro estatal. Esa estrategia de veeduría digital le permitió construir una audiencia amplia que terminó traduciéndose en más de 120.000 votos. 

A la historia del Elefante blanco se le suma la de Daniel Briceño, miembro  del Centro Democrático, quien ganó su curul a la Cámara de Representantes de Bogotá con 262 mil votos. Fue el congresista más votado, incluyendo a los candidatos al Senado. Briceño se convirtió en la red social X en un influenciador que denunciaba sobre contratación y clientelismo en el gobierno de Gustavo Petro. 

¿Qué significa esto para la democracia?

La llegada de influencers al Congreso no es, en sí misma, una anomalía institucional. En Colombia, para ser congresista basta con ser ciudadano colombiano y cumplir una edad mínima. El sistema representativo parte de la idea de que cualquier sector de la sociedad puede llegar al poder político.

Sin embargo, el fenómeno plantea varios desafíos. Uno de ellos es la curva de aprendizaje legislativo. Según Beatriz Gil, directora de Congreso Visible de la Universidad de los Andes, muchos congresistas primerizos —no solo influencers— llegan con entusiasmo y numerosas iniciativas, pero deben aprender rápidamente cómo funcionan los procedimientos internos, los tiempos legislativos y las dinámicas de negociación política.

En ese proceso, la conformación de las Unidades de Trabajo Legislativo (UTL) se vuelve crucial. Un buen equipo de asesores puede orientar al congresista sobre la viabilidad de un proyecto de ley, las estrategias para construir apoyos o los canales institucionales adecuados para resolver un problema público.

Pero el fenómeno también plantea preguntas sobre la calidad del liderazgo político. Para María Auxiliadora González Malabet, investigadora de Valor Público y profesora de la Universidad EAFIT, es importante distinguir entre visibilidad y liderazgo político. “Los influencers son líderes de opinión, pero eso no necesariamente se traduce en liderazgo para ejercer un cargo público”, señala.

Según la académica, el auge de estas candidaturas está relacionado con la polarización política, la desinformación y el debilitamiento de los partidos. En ese contexto, cualquier voz que se perciba como disruptiva o antiestablecimiento puede convertirse rápidamente en referente para amplios sectores del electorado. El riesgo, advierte, es que algunos lleguen a cargos de representación sin la preparación suficiente para el ejercicio legislativo.

¿Ocurre solo en Colombia?

Aunque el uso político de las redes sociales y el poder de los influencers en la política es global, el salto de estos directamente a cargos de elección popular es particularmente visible en Colombia.

Para Milanese, una de las razones es la debilidad organizativa de los partidos políticos. En contextos donde las estructuras partidistas son frágiles, los partidos buscan candidatos con visibilidad pública que puedan atraer votos o amplificar sus listas.

Además, la alta penetración de internet y teléfonos móviles en el país ha cambiado la forma en la que muchos ciudadanos se informan, incluyendo los temas de política. Para una parte creciente del electorado —especialmente jóvenes— las redes sociales son la principal fuente de información política.

El fenómeno, sin embargo, no se replica de la misma manera en otros países de la región. En Argentina o Brasil existen influencers políticos que apoyan campañas o gobiernos, pero rara vez ocupan cargos legislativos.

Un caso reciente en América Latina es el de Robert Johsan Barrantes Camacho, conocido como Robert Junior, influencer y productor audiovisual que fue electo diputado en Costa Rica en 2026 por el partido Pueblo Soberano, convirtiéndose en el primer legislador influencer del país.

El ejemplo sugiere que la tendencia podría expandirse, pero Colombia sigue siendo uno de los países donde el fenómeno ha alcanzado mayor escala.

Fuente: Dialogo Politico

jueves, 12 de marzo de 2026

Investigadores de la Universidad de Rice usan químicos eternos para extraer litio de salmueras con 99% de pureza


Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) suelen aparecer en titulares por motivos poco alentadores. Persisten durante décadas en el medio ambiente, contaminan acuíferos y resultan extremadamente difíciles de degradar. No es casualidad que se las conozca como “químicos eternos”.

La mayor parte de los esfuerzos científicos se han centrado en eliminarlas o neutralizarlas. Sin embargo, un equipo de investigadores de Rice University, liderado por el químico James Tour y el investigador Yi Cheng, ha planteado un enfoque diferente: aprovechar esas moléculas problemáticas como herramienta para recuperar litio a partir de salmueras altamente salinas.

El trabajo, publicado en la revista Nature Water, propone un proceso que transforma un residuo ambiental complicado en un recurso útil dentro de la cadena de suministro de las baterías recargables, clave para la transición energética.

Cómo funciona el proceso

El método no utiliza PFAS directamente presentes en la naturaleza, sino aquellos que ya han sido retirados del medio ambiente. En concreto, los investigadores trabajaron con PFAS capturados mediante carbón activado granular (GAC), un material ampliamente utilizado en sistemas de filtración para eliminar contaminantes del agua.

Cuando el carbón activado absorbe PFAS, se convierte en un residuo difícil de gestionar. En lugar de considerarlo un punto final del proceso de descontaminación, el equipo decidió utilizar ese material saturado como reactivo químico.

El procedimiento consiste en mezclar ese carbón activado cargado de PFAS con salmueras que contienen múltiples sales. En esas soluciones, el litio se encuentra como catión positivo dentro de distintos compuestos disueltos.

Los PFAS, por su parte, contienen átomos de flúor firmemente unidos dentro de su estructura molecular. La clave del método consiste en liberar ese flúor para que se combine con el litio presente en la salmuera y forme fluoruro de litio, un compuesto muy valioso en la industria de las baterías.

Calor extremo para liberar el flúor

Para romper esos enlaces químicos tan resistentes, los investigadores aplicaron un sistema de calentamiento electrotermal ultrarrápido, conocido como Flash Joule heating.

La mezcla se somete a temperaturas superiores a 1.000 °C durante intervalos muy breves y posteriormente se enfría rápidamente. Estas condiciones extremas permiten que el flúor contenido en los PFAS se libere y reaccione con metales presentes en la salmuera, como litio, calcio o magnesio.

Tras esa reacción se obtiene una mezcla de sales fluoradas. Entre ellas aparecen fluoruro de litio, fluoruro de calcio y fluoruro de magnesio, además de residuos sólidos que ya no contienen flúor y resultan menos problemáticos desde el punto de vista ambiental.

Un paso posterior de lavado elimina impurezas como cloruro de sodio o cloruro de potasio, sales comunes en las salmueras naturales.

Separación rápida y litio de alta pureza

La separación final se basa en una propiedad física sencilla: el punto de ebullición de cada compuesto.

El fluoruro de litio hierve a 1.676 °C, mientras que los fluoruros de calcio y magnesio lo hacen a temperaturas bastante más altas, de 2.260 °C y 2.533 °C, respectivamente.

Al calentar la mezcla entre 1.676 y 2.260 °C, el fluoruro de litio se evapora rápidamente mientras los otros compuestos permanecen sólidos. Ese vapor se captura y se condensa, obteniendo un material con aproximadamente un 99 % de pureza.

El proceso permitió recuperar alrededor del 82 % del litio disponible en forma de fluoruro de litio.

Pruebas en baterías reales

Para comprobar su utilidad práctica, el compuesto obtenido se integró en electrolitos para baterías de ion-litio, uno de los componentes más sensibles de estas tecnologías.

Los ensayos mostraron mejor estabilidad electroquímica y buen rendimiento, lo que confirma que el material recuperado tiene calidad suficiente para aplicaciones energéticas.

Este aspecto es relevante porque la demanda de litio sigue creciendo de forma acelerada. Vehículos eléctricos, almacenamiento de energías renovables y dispositivos electrónicos dependen cada vez más de este metal.

Hoy gran parte del litio mundial procede de salmueras en regiones como el llamado “triángulo del litio” de Sudamérica —Chile, Argentina y Bolivia— o de explotaciones mineras en Australia. Ambos métodos tienen impactos ambientales, especialmente relacionados con uso intensivo de agua, alteración de salares y consumo energético.

Por eso se investiga activamente en métodos de extracción directa de litio (DLE), capaces de recuperar el metal con menor impacto. El proceso desarrollado por el equipo de Rice se sitúa dentro de esta línea de innovación.

Potencial

Si esta tecnología se escala industrialmente, podría contribuir a varios retos ambientales simultáneamente.

Por un lado, permitiría valorizar residuos contaminantes, reduciendo la carga ambiental asociada al tratamiento de PFAS. Esto es especialmente relevante en sectores como aeropuertos, bases militares o instalaciones industriales, donde las espumas contra incendios han generado grandes volúmenes de contaminación.

Por otro lado, podría diversificar las fuentes de litio, disminuyendo la presión sobre ecosistemas sensibles como los salares de alta montaña.

En un contexto de electrificación global, encontrar métodos más eficientes para obtener litio resulta crucial. Baterías para movilidad eléctrica, almacenamiento de energía solar y eólica, o redes inteligentes dependen de una cadena de suministro cada vez más sostenible.

Tecnologías como esta apuntan hacia una idea interesante: resolver dos problemas ambientales a la vez. Un contaminante persistente convertido en herramienta química para obtener un metal estratégico.

No es una solución definitiva, pero sí un ejemplo de cómo la innovación en química y materiales puede replantear la forma en que se gestionan los residuos y los recursos en un mundo que intenta avanzar hacia una economía baja en carbono.

Fuente: Ecoinventos

Ola de encuestas falsas inunda las redes antes de las elecciones subnacionales


Nuestro equipo detectó 15 encuestas falsas que circulan en redes sociales antes de las próximas Elecciones Subnacionales 2026 a desarrollarse el 22 de marzo. Estas fueron identificadas mediante el monitoreo diario que se realiza para detectar desinformación que esté afectando la integridad de la información que se consume en redes sociales. ChequeaBolivia explica cómo reconocer encuestas falsas y cuáles están circulando.

Las encuestas falsas buscan influenciar por quién votar con el efecto “arrastre”

La difusión de encuestas falsas busca engañar a la gente con resultados manipulados para convencerla de votar por quien supuestamente esté ganando.

A este efecto se le conoce como efecto arrastre o “bandwagon”. Es un sesgo, es decir, un atajo mental que puede engañar. Consiste en “apostar por el caballo ganador”. En el ámbito electoral, una investigación explicó que muchas personas votan por quien creen que tiene más posibilidades de ganar, conforme la verificadora española Maldita.es. 

¿Cómo reconocer una encuesta falsa en Bolivia?

Se recomienda prestar atención a los siguientes detalles para reconocer una encuesta no confiable o falsa. 

Muchas veces una encuesta falsa intenta imitar a un medio de comunicación o a una entidad que en realidad no la publicó. También se pueden alterar los resultados reales cambiando las cifras originales mediante montajes.

Por eso es importante verificar si la encuesta es “original”, es decir, revisar si fue publicada en los canales oficiales, como las redes sociales o páginas web de estas entidades.

En nuestro país, las encuestas electorales están reglamentadas por el Tribunal Supremo Electoral (TSE). En resumen, no se puede publicar una encuesta en cualquier momento, sin aclarar cómo se hizo (ficha técnica). El TSE también habilita a las empresas que pueden realizar y difundir encuestas.

Para revisar estos y otros datos en el contexto de las Elecciones Subnacionales 2026, se debe verificar si la encuesta fue difundida dentro del periodo permitido establecido en el calendario electoral, si cumple con todos los requisitos del reglamento y si la entidad está habilitada en la lista oficial.

Otro consejo es observar cómo se hizo la encuesta. Muchas cuentas comparten resultados que provienen de metodologías débiles. Por ejemplo, encuestas que miden votos mediante reacciones en redes sociales o que son difundidas por cuentas afines a candidatos y benefician al mismo candidato. Hay resultados en los que no aparecen todos los candidatos, excluyendo a otros postulantes. Incluso hay casos en los que los porcentajes ni siquiera suman 100.

Fuente: Chequea Bolivia