miércoles, 26 de agosto de 2026

Comunidad de encuentro y reencuentro en torno a Adela Zamudio


Palabras de Valeria de Ugarte Torrico, coordinadora general de “Cien Años de Ausencia: Plataforma Cultural Viva hacia el Centenario del Fallecimiento de Adela Zamudio (1928–2028)”, iniciativa para conmemorar el centenario de la partida terrenal de nuestra insigne literata, educadora, periodista e intelectual.

Quiero sumarme a los saludos y agradecimientos de María de la Cruz.   

Es realmente hermoso ver a tanta gente reunida esta noche alrededor de Adela Zamudio y de un legado que queremos mantener vivo, poner en acción y volver a hacer presente.   

Y justamente desde ahí nace nuestra Plataforma Cultural Viva.   

¿Y qué es una Plataforma Cultural Viva?   

Es una plataforma de encuentro y articulación entre artistas, instituciones, investigadores, educadores, gestores, colectivos, empresa privada y la ciudadanía en general.   

Un espacio para compartir conocimientos, experiencias y capacidades, generar colaboraciones y nuevas iniciativas a través del arte y la cultura.   

Y en el centro de este encuentro está Adela Zamudio.   

Adela es nuestro eje convocante y convergente. Queremos poner en valor y mantener vigente su vida, su obra y su pensamiento, acercarlos a nuevas generaciones y seguir descubriendo todo aquello que todavía tiene para decirnos.   

Aunado a esto, buscamos que su legado sea también un punto de partida: para preguntarnos qué podemos hacer hoy con sus ideas, qué podemos crear a partir de ellas y cómo podemos hacer del arte y la cultura espacios de diálogo, participación, encuentro y transformación.   

Y aquí aparece para nosotros una palabra fundamental: comunidad.   

Las redes sociales son espacios maravillosos para convocar, compartir y mostrar al mundo lo que hacemos. También vamos a estar allí. Pero hay algo que las redes no pueden reemplazar: el encuentro.   

Una comunidad se construye estando juntos. Conversando. Mirándonos. Escuchándonos. Coincidiendo alrededor de un tema común.   

Por eso queremos generar espacios reales, físicos, donde podamos encontrarnos, convivir, conocernos y reconocernos; donde el arte y la cultura sean articuladores de comunidad.   

Queremos que un encuentro pueda convertirse en un reencuentro.   

Salir de una exposición, un concierto, una obra o una charla y quedarnos un rato más a conversar, conocer a alguien nuevo, reencontrarnos y hablar sobre lo que acabamos de vivir.   

Y que, en esas conversaciones, Adela vuelva a estar presente: que hablemos de ella, de sus ideas, de su obra y de su tiempo, pero que también surjan nuevas preguntas, nuevas conversaciones y nuevas ideas.  

Porque el arte no termina cuando termina el espectáculo. A veces, recién ahí comienza la conversación.   
Y es en esos momentos —cuando nos quedamos, cuando hablamos, cuando compartimos— que una comunidad empieza realmente a existir.   

Eso es también la Plataforma Cultural Viva: un espacio de encuentro entre quienes crean, investigan, producen y gestionan la cultura y quienes la reciben, la disfrutan y participan de ella.   

Nos encantaría que ustedes se conviertan en agentes activos de esta plataforma: que participen, propongan, creen, investiguen, aporten y generen vínculos.   

Y quiero decirles algo muy importante: todos quienes estamos aquí esta noche somos parte de esta Plataforma Cultural Viva.   

Lo es la Universidad Privada Abierta Latinoamericana, que hoy nos recibe; lo son los artistas que participan esta noche, los que participaron en nuestra activación y todos quienes se han sumado; lo son los investigadores, las instituciones, gestores, colectivos, empresas y los Consejos Municipal y Departamental de Culturas, cuyo apoyo desde el inicio ha sido fundamental y constante. Todos formamos la plataforma. No están simplemente colaborando con ella: son la plataforma.   

Y queremos que ustedes también se sientan parte de esta comunidad, de la Plataforma Cultural Viva “Cien Años de Ausencia”, camino al centenario del fallecimiento de Adela Zamudio.   

A partir de este lanzamiento comienza una agenda cultural permanente de actividades, encuentros, exposiciones, conciertos, charlas, presentaciones y muchas otras iniciativas. Allí iremos encontrándonos y reencontrándonos.   

Los invitamos a seguir las redes del Archivo Histórico Torrico Zamudio y las de los integrantes de la plataforma para conocer y acompañar esta agenda.   

Las redes serán nuestros espacios para convocarnos y mantenernos conectados, pero el reencuentro será siempre en el espacio físico.   

Y mientras esta agenda ya está sucediendo, avanzamos hacia 2028, cuando celebraremos el centenario del fallecimiento de Adela Zamudio con una semana intensa de celebración, arte y actividades en torno a su vida, su obra y su legado.   

Pero la celebración no comienza en 2028. Comienza hoy.   

Comienza con este encuentro y con todos los encuentros y reencuentros que vendrán.   

Porque una Plataforma Cultural Viva está verdaderamente viva cuando las personas que la integran se encuentran, generan vínculos y se convierten en protagonistas de lo que juntos podemos construir.   

Muchísimas gracias, y espero que disfruten esta noche tanto como nosotros disfrutamos planificarla.

Fuente: AHTZ

Granjas de bots: cuánto cuesta fabricar influencia digital en Bolivia


Una granja de bots puede parecer, a primera vista, una habitación llena de celulares conectados y trabajando al mismo tiempo. Pero detrás de esa imagen hay algo más parecido a una pequeña empresa con equipos, conectividad, cuentas, software, personas que administran los perfiles, producción de contenidos y, en operaciones más sofisticadas, dinero para publicidad y segmentación.

En Bolivia, el tema volvió a cobrar relevancia luego de que la Fiscalía encontrara una “mini granja de bots” durante los allanamientos relacionados con el consultor argentino Fernando Cerimedo, vinculado al presidente Rodrigo Paz. El hallazgo se produjo junto con más de $us 40.000 en efectivo, según reportes de prensa.

Aunque la investigación todavía debe determinar qué función cumplía esa infraestructura y quién la operaba, el caso pone sobre la mesa una pregunta que va más allá de la política: ¿cuánto cuesta fabricar artificialmente una conversación en redes sociales?

No existe una tarifa única

Hablar de “el costo de una granja de bots” puede ser engañoso porque existen diferentes niveles de operación.

Una estructura pequeña puede limitarse a varios teléfonos y cuentas manejadas por una o más personas. En el otro extremo están las operaciones coordinadas que utilizan cientos o miles de cuentas, automatización, bases de datos, producción de contenidos y equipos especializados.

Investigaciones académicas sobre las llamadas click farms muestran que el negocio puede funcionar incluso sin una gran infraestructura tecnológica con trabajadores que utilizan celulares, conexiones móviles y múltiples cuentas pueden producir artificialmente seguidores, comentarios, likes y visualizaciones.

Como referencia internacional, existen servicios que alquilan infraestructura basada en dispositivos por alrededor de $us 25 por equipo, mientras que operaciones más grandes pueden manejar decenas de teléfonos simultáneamente. Estas cifras no representan el costo de montar una operación política completa y tampoco son una cotización para Bolivia, pero ayudan a entender que la barrera de entrada puede ser relativamente baja.

¿Y cuánto podría costar en Bolivia?

El contexto boliviano cambia la ecuación. El primer gasto es el hardware. Un reporte publicado en agosto de 2026 sobre el mercado de celulares en La Paz señala que los equipos básicos, que antes podían costar entre Bs 650 y Bs 700, ahora se venden aproximadamente en entre Bs 1.200 y Bs 1.300, debido, entre otros factores, al comportamiento del dólar y al aumento de los costos internacionales.

Eso significa que 20 teléfonos básicos representarían alrededor de Bs 24.000 a Bs 26.000 solamente en equipos, tomando esos precios como referencia. Una operación de mayor tamaño puede multiplicar rápidamente esa inversión.

A eso hay que sumar conectividad, electricidad, mantenimiento, cuentas, almacenamiento, producción de contenido y trabajo humano.

Por ejemplo, Entel ofrece actualmente planes móviles desde Bs 90 mensuales por 15 GB y planes con datos ilimitados desde Bs 145, mientras que sus planes de datos para dispositivos llegan hasta Bs 3.000 mensuales por 440 GB.

Pero una granja no necesariamente necesita una línea individual para cada teléfono. Precisamente por eso existen diferentes modelos técnicos y operativos, lo que hace imposible establecer un precio estándar.

El verdadero costo está en las personas

Aquí aparece una parte que suele perderse cuando se habla de “bots” porque no todo lo que parece automatizado necesariamente lo está.

Las investigaciones sobre click farms en Brasil muestran que existen trabajadores que manejan numerosas cuentas y realizan manualmente acciones como seguir, comentar, compartir o dar “me gusta”. Algunos llegan a administrar hasta 200 perfiles y utilizan varios dispositivos.

Es decir, detrás de una cuenta aparentemente falsa puede existir una persona haciendo un trabajo repetitivo.

En Bolivia, el salario mínimo nacional actual es de Bs 3.300, por lo que incorporar personal de manera permanente también representa un costo que debe entrar en cualquier cálculo económico de una operación organizada.

Y cuanto más grande es la operación, mayor es la necesidad de administración porque alguien debe definir los contenidos, coordinar las cuentas, monitorear resultados y reaccionar cuando las plataformas eliminan perfiles.

De los celulares a la industria de la influencia

Una granja de bots no necesariamente busca solamente conseguir seguidores. Su verdadero valor está en fabricar apariencia de popularidad o consenso.

Una publicación puede recibir cientos de comentarios coordinados; una etiqueta puede aparentar ser tendencia; una cuenta puede adquirir rápidamente seguidores; y una narrativa puede repetirse hasta instalarse en la conversación pública.

En las campañas políticas, esta dinámica puede utilizarse para atacar adversarios, amplificar mensajes, instalar rumores, desacreditar instituciones o generar la impresión de que existe un respaldo ciudadano mayor al real.

Bolivia ya tiene antecedentes documentados. En las elecciones de 2019, ChequeaBolivia identificó 34 páginas y 110 cuentas falsas que promovieron una campaña a favor del voto blanco. Los perfiles fueron creados de manera masiva y tuvieron un periodo de actividad intensa antes de desaparecer prácticamente de forma abrupta después de la elección.

El fenómeno volvió a aparecer con fuerza durante las elecciones generales de 2025. Un análisis de ProBox y Bolivia Verifica examinó alrededor de 12.000 publicaciones y más de 200 contenidos identificados como desinformación durante el periodo electoral, desde mayo hasta octubre. El estudio concluyó que las narrativas falsas, los contenidos manipulados y los ataques coordinados tuvieron un papel central en la campaña.

La nueva generación ya no necesita cientos de celulares

La tecnología también está cambiando el negocio. La inteligencia artificial permite producir textos, imágenes, audios y videos a una velocidad que hace algunos años habría requerido un equipo mucho más grande.

En junio de 2025, ChequeaBolivia identificó 14 contenidos generados con IA dentro de su monitoreo electoral. Para septiembre, el número registrado en su seguimiento había subido a 21 contenidos.

Eso modifica la estructura de costos. Antes, fabricar cientos de mensajes requería muchas horas de trabajo humano. Ahora, una parte de esa producción puede automatizarse. El gasto se desplaza entonces hacia herramientas digitales, administración, distribución y, sobre todo, hacia la capacidad de conseguir que esos contenidos lleguen a personas reales.

Por eso, una granja de bots moderna puede ser menos visible y más sofisticada que la clásica habitación llena de teléfonos.

¿Quiénes intervienen?

En una operación organizada pueden aparecer varios actores:
  • Financiadores o clientes: quienes pagan por conseguir determinados resultados.
  • Estrategas digitales: diseñan las narrativas y objetivos.
  • Administradores: coordinan cuentas, contenidos y actividad.
  • Creadores de contenido: producen textos, memes, videos, imágenes o material generado con IA.
  • Operadores humanos: manejan cuentas y realizan acciones en redes.
  • Proveedores tecnológicos: ofrecen herramientas de automatización, infraestructura o servicios digitales.
  • Plataformas: Facebook, Instagram, TikTok, X, YouTube y otras, que intentan detectar y eliminar comportamientos coordinados e inauténticos.
La investigación académica sobre click farms en Brasil y Colombia también muestra la existencia de mercados paralelos de cuentas, seguidores, comentarios y otros servicios de interacción artificial.

Bolivia ya conoce el fenómeno

Meta documentó en 2020 una operación de comportamiento inauténtico coordinado que afectaba a Bolivia, Venezuela y México. La compañía eliminó 46 cuentas de Facebook, 41 páginas y 24 cuentas de Instagram vinculadas a esa red. Según Meta, la operación había gastado aproximadamente $us 3,6 millones en publicidad, principalmente en dólares, y algunas cuentas se presentaban como medios independientes u organizaciones cívicas.

El dato es importante porque demuestra que la manipulación digital puede convertirse en un negocio de millones de dólares cuando escala y combina cuentas falsas, publicidad y segmentación.

Y también muestra algo más: no siempre la infraestructura está físicamente en Bolivia ni quienes la financian tienen que estar en el país.

El problema económico: pagar por una audiencia que no existe

Desde la mirada económica, el mayor riesgo de una granja de bots no es solamente político, también afecta el valor de los datos.

Una empresa puede creer que tiene miles de seguidores, millones de reproducciones o una comunidad altamente activa cuando una parte de esas métricas fue fabricada.

Eso puede distorsionar decisiones de inversión, contratación de publicidad, valoración de influencers y medición de campañas.

En otras palabras, los bots pueden crear una burbuja de demanda artificial.

El negocio funciona mientras alguien esté dispuesto a pagar por esa apariencia.

Por eso, más que preguntar cuánto cuesta comprar 100 o 1.000 cuentas, la pregunta económica relevante es otra: ¿cuánto vale para un cliente conseguir que una mentira parezca popular?

En Bolivia, donde las redes sociales tienen cada vez más peso en la política, los negocios y la formación de opinión, esa respuesta puede ser mucho más importante que el precio de los celulares que están detrás de una granja de bots.

Fuente: Activos Bolivia

martes, 25 de agosto de 2026

Qué es Farmear Aura y cómo funcionan las batallas presenciales de jóvenes


El fenómeno de “farmear aura” se ha consolidado como una de las tendencias sociales más visibles entre jóvenes de América Latina, impulsando competencias en las que la presencia y la creatividad definen el prestigio personal tanto en redes sociales como en espacios públicos.

La expansión de este concepto ha transformado la manera en que la generación Z entiende y compite por el reconocimiento social, desplazando el foco de las habilidades tradicionales hacia la construcción de una imagen creativa e influyente.

Hoy “farmear aura” no solo es parte del vocabulario digital, sino que se ha convertido en una práctica presencial capaz de congregar a cientos de adolescentes en plazas y calles. La viralidad y el impacto público de estas batallas explican por qué la tendencia sigue creciendo y redefiniendo las reglas del juego social.

El origen de “farmear aura”: videojuegos y carisma digital

El término nace de la fusión de dos elementos centrales en la experiencia juvenil contemporánea. Por un lado, “farmear” viene del verbo inglés “to farm”, habitual en videojuegos como League of Legends, Honor of Kings y Pokémon Unite, donde repetir acciones otorga recursos para mejorar el rendimiento del personaje.

Por otro, “aura” en redes sociales refiere a los atributos simbólicos que una persona proyecta: carisma, seguridad, estilo y magnetismo, construyendo una presencia que trasciende el espacio físico y digital.

La combinación de ambos conceptos da lugar a una expresión que sintetiza la búsqueda de acciones, gestos o actitudes capaces de incrementar simbólicamente el carisma y la admiración percibida por otros. Así, “farmear aura” describe situaciones en las que una persona acumula “puntos” de prestigio mediante su actitud, ya sea en la vida cotidiana o en plataformas sociales.

Cómo son las batallas de aura

El auge de “farmear aura” se aceleró gracias a plataformas como TikTok, Instagram y X. Los usuarios rápidamente adaptaron el término para crear memes y comentarios donde se asignan “+1000 de aura” o “perdió aura” a quienes destacan o fallan en público. Cada interacción puede sumar o restar “puntos de aura”, generando una competencia simbólica y colectiva.

Frases ingeniosas, poses desafiantes y movimientos inesperados suelen interpretarse como formas de ganar aura, mientras que situaciones incómodas o errores restan prestigio digital.

El proceso de valoración es visible y colectivo: la viralización, las reacciones y los comentarios amplifican el impacto de cada gesto, consolidando una lógica de competencia social que transforma las interacciones cotidianas.

A partir de 2026, la tendencia de “farmear aura” se trasladó del entorno digital a las calles y plazas de ciudades sudamericanas, especialmente en Argentina y Brasil. Surgieron las batallas presenciales de aura, eventos donde jóvenes compiten en duelos de presencia y carisma ante decenas de espectadores.

Dos participantes se enfrentan, buscando proyectar la mayor seguridad y magnetismo posibles a través de gestos, poses y movimientos, mientras el público actúa como juez espontáneo.

La dinámica es simple: ambos deben mantener la compostura, evitar reír y sostener su personaje frente a la audiencia. El vencedor se decide por la reacción colectiva, que se traduce en aplausos, vítores y gritos.

En ocasiones, las competencias incluyen jueces, rondas eliminatorias y premios, pero el eje central es la capacidad de sostener una imagen segura y magnética, más allá de la destreza física.

Repertorio de gestos y poses: creatividad en tiempo real

El éxito en las batallas de “farmear aura” depende de la creatividad individual. Entre los gestos más representativos destaca el “six-seven”, que consiste en levantar ambas palmas y moverlas alternadamente, un guiño a la cultura del rap y memes deportivos.

También se popularizan las poses “sigma”, miradas fijas, referencias a celebraciones de Lionel Messi, la técnica facial del “mewing” y las “aura walk”, caminatas calculadas para impresionar.

Cada participante reinventa estos códigos, adaptándolos a su personalidad para captar la atención y construir reputación en tiempo real. El carisma se convierte en la principal herramienta para sobresalir y ganar respeto en estos duelos, donde la imagen y la actitud pesan más que cualquier otra habilidad.

“Farmear aura” ha redefinido la competencia social entre jóvenes, integrando códigos de videojuegos, cultura pop y redes sociales en un juego colectivo donde la creatividad y la presencia mandan.

Fuente: Infobae