sábado, 4 de abril de 2026

Simplificando, que es gerundio


Tengo que reconocer que, en la conversación coloquial, soy una gran defensora del uso del gerundio. En parte, porque me ha parecido siempre una forma verbal simpática y directa. Las órdenes, por ejemplo, suenan mucho más sutiles, menos dolorosas. Un ¡Andando!, o, incluso un ¡Venga, subiendo a lavarse los dientes y en cinco minutos todos en la cama! reconozco que lo he recibido siempre como una propuesta cariñosa, mucho menos antipática que su alternativa imperativa. De alguna manera, el gerundio me confirma que estamos en un contexto informal, expresivo, de confianza. No quiero decir con esto que el gerundio siempre sea de buen tono, pero por alguna razón me parece menos agresivo que otras construcciones. Otro contexto en el que me gusta mucho el gerundio es el de los pies de foto o los títulos de obras de arte. Un cuadro con el título Mujer peinándose, una obra de teatro llamada Esperando a Godot, una escultura titulada Montserrat gritando o una fotografía con el pie de foto Miliciano muriendo me provoca siempre la sensación de inmediatez, de que yo participo de algún modo en ese acto, aunque solo sea porque está ocurriendo ante mis ojos. 

Pero es que, además, el gerundio tiene muchísimos usos. En la conversación coloquial, con él puedes criticar (claro, tú siempre durmiendo), mostrar asombro (¿Javi llegando tarde? Esto tengo que verlo) o simplemente comenzar una conversación (¿Qué tal? ¿paseando con los abuelos?) y en todos esos contextos, al usar un gerundio, es como si dijeras: te hablo así porque te tengo confianza, porque este contexto es distendido. Eso por no hablar de cuando usamos los gerundios junto a otros verbos. Con ellos podemos marcar casi cualquier relación semántica: puede ser causa (Me fui, creyendo que ya no vendría), condición (Teniendo coche, el lugar está muy bien), tiempo (Esto ocurrió gobernando Felipe II), modo (Lo consiguió trabajando duro), etc. Cualquiera de estas oraciones podría parafrasearse con una oración subordinada (Me fui porque creía que ya no vendría, Si tienes coche, el lugar está muy bien, etc.), pero el gerundio le concede un aire distinto, más natural, quizá; más directo, seguro.

Por todo esto que os he ido diciendo, puedo afirmar públicamente que soy muy partidaria del uso del gerundio. Y, sin embargo, entiendo perfectamente todos los recelos que despierta. 

¿A qué recelos me refiero? Basta con ojear cualquier guía de estilo, en especial, claro está, las de lenguaje claro, para encontrar recomendaciones que limitan el uso del gerundio. Correctores, traductores, expertos en comunicación digital, profesores de escritura creativa, gramáticos prescriptivos… Todos y todas las profesionales de la lengua escrita están de acuerdo en dos cosas: en el abuso que en ciertos contextos se hace del gerundio y en el flaco favor que este abuso hace al texto como elemento comunicativo o artístico. Así es, por mucho que el objetivo sea construir textos más elaborados, con un lenguaje más elevado, lo que se consigue es precisamente lo contrario: textos farragosos que no funcionan.

La psicolingüística lleva décadas encontrando en el laboratorio que los consejos de los profesionales del lenguaje tienen su razón de ser. Y es que los textos en los que se abusa de los gerundios presentan una mayor carga cognitiva (nos cansan más). En concreto, presentan tiempos de lecturas más largos y, cuando se analizan con la técnica del eye-tracker, se encuentran más movimientos hacia atrás (o regresiones). Esto es, los lectores, al encontrar un exceso de gerundios, dudan más de cómo interpretar el texto, lo releen y como consecuencia requieren más tiempo. Pero hay más, porque no es solo que vayamos a ser más lentos, sino que se ha encontrado que el resultado final es una peor comprensión. La razón que presentan los psicolingüistas es doble: por un lado, parece que los eventos imperfectos expresados por medio del gerundio resultan más complejos cognitivamente, precisamente por presentarse en su desarrollo, por no ser eventos cerrados; por otro, las construcciones de gerundio son altamente ambiguas y obligan al lector a tomar decisiones que a veces no son sencillas. 

Una vez más, como vemos, el problema no reside en el uso del gerundio, que es muy recomendable en los contextos adecuados, sino en su abuso. Porque, como se suele decir, lo poco gusta y lo mucho enfada. Haced caso a los profesionales y ya sabéis, simplificando, que es gerundio.

Fuente: Letras Libres

viernes, 3 de abril de 2026

¿La IA escribe mejor que yo?


Hace días que quiero hablar de la escritura en la era de la IA. Como casi todos los oficios creativos, escribir también está en su proceso de duelo por un pasado que no volverá. Los programadores ya están en la última etapa (aceptación) pero los que nos dedicamos a escribir estamos aún en la tercera: la negociación. Ya pasamos la negación y la ira y nos queda aún la depresión.

Aunque no todos los duelos son iguales, este artículo de principios de marzo titulado “La capacidad humana con la que no puede la IA” es un caso claro de negación: la IA nunca sabrá escribir, al menos no profesionalmente. Este es básicamente su argumento en dos párrafos:

‌Lo que aprendí es que los modelos de lenguaje están construidos de forma que van en contra de la buena escritura; están diseñados para ser unos "pelotas del profesor" que siempre tienen la respuesta correcta en la punta de la lengua. En muchos sentidos han avanzado un montón desde el GPT-2, pero por el camino perdieron algo que los hacía más sueltos e interesantes.

‌*

La investigación en IA es una ciencia empírica: la gente puede comprobar cuándo algo funciona y ajustar cuando no. Pero el arte se resiste a reglas y números. No existe ninguna medición objetiva que demuestre si Pablo Neruda es mejor que Gabriela Mistral. Los escritores novatos aprenden de las convenciones; los grandes las inventan. Un modelo entrenado para imitar el gusto solo puede llegar hasta cierto punto.

Esto es ciertamente importante y lo he dicho aquí varias veces: al usar la IA, programar o dibujar son distintos de escribir. El código debe solo funcionar y, como el dibujo, es algo que solo unos pocos sabían hacer bien. Tenías que ser profesional para programar o dibujar y ganarte la vida. Pero escribir es algo que todos sabemos hacer desde que tenemos 10 años. Pero ganarte la vida escribiendo requiere otros trucos. Es más como la fotografía: todos sabemos hacer una foto, incluso alguna vez de casualidad podemos hacer una buena foto. Pero no sabemos hacer siempre fotos profesionales. Hay situaciones que un fotógrafo amateur no sabrá resolver. Ahora la IA puede ayudar al fotógrafo y al escritor no profesional, pero sigue habiendo un límite. El problema es cuál.

‌Ese artículo viene a decir que el olfato y estilo de un buen escritor es especial y un modelo de lenguaje que tiende a unificar no podrá dominarlo. Pero no es tan fácil. Por al menos tres motivos:

a/ la escritura está hecha de muchas palabras y frases. Hace unos días en "La cena de los idiotés", de la cadena Ser, el escritor y compañero de EL PAÍS Manuel Jabois hizo esta confesión. Es un poco largo pero merece la pena para detectar su tono. (Por algún motivo para Jabois la IA es femenina):

‌Hay un momento en el que tú estás preguntándole cosas [a ChatGPT], documentándote, pidiéndole por favor que contraste porque se le va mucho la olla y que te mande los links de donde lo saca, y luego ella siempre te está preguntando, ¿quieres que te arme un párrafo?¿Quieres que te elabore una pregunta? Y la cosa es decir que no.

‌En mi última novela hablé con ella y te va diciendo ‘ah, esto no se entiende, esto tal y cual’ Y siempre acaba con esa pregunta. Y una vez para una escena en que había que limpiar una mancha que no salía, le pedí productos químicos, ese tipo de cosas que consultas: ¿qué qué qué tipo de armamento de higiene hay para poder quitar una mancha?" Y te da una lista y dice, ‘¿quieres que te lo ponga yo en un párrafo?’

Y Jabois cedió y dijo que sí. Al final del párrafo ChatGPT escribió una frase tipo "ahora vas a hablar". A Jabois le encantó y lo metió en su novela: “Llamé a mi editor y le dije: ‘No vuelvo a preguntarle nada porque escribe mejor que yo’. O sea, hay momentos en los que se le ocurren cosas mejores de las que se me ocurren a mí”.

‌“Confesión” es la palabra justa para todo esto. Jabois estaba incómodo. Tenía que admitir que su asistente tenía buenas ocurrencias. Era algo delicado para su orgullo. Para evitar saber sus límites humanos, su opción era no preguntarle más.

Es claramente una opción muy humana. Pero es solo temporal. Es una fase del duelo. Los textos de Jabois seguirán siendo de él aunque escoja una frase escrita por la IA. La escritura no es solo dar con una frase, que es una buena combinación de un puñado de palabras. Eso es muy importante. Pero luego hay que seguir escribiendo algo con sentido. La IA juntará muchas de esas palabras tan bien o mejor que muchos humanos. Pero la petición inicial y la decisión posterior será aún del humano. El problema es, claro, dónde ponemos el límite. Una vez le damos las riendas de nuestras frases todo es bajada y le podemos dar voz en TODAS nuestras frases. Es un peligro también muy humano. 

‌b/ escribir no siempre es ganar el Nobel. Los periodistas y los escritores creemos que nuestros textos son únicos, irrepetibles. Quizá algún día suelto. Pero la inmensa mayoría no. La obra completa es única. Pero no un párrafo. Habrá muchas veces donde la IA puede realmente ayudar.

‌En el artículo que he citado antes un experto dice a la periodista: "Las primeras buenas historias de casi todo el mundo son autobiográficas. A lo mejor necesitas un modelo que viva de verdad, que pueda casi palmarla”. No todos los escritores tienen una docena de grandes historias dentro. Por ahora el uso de IA en medios se castiga cuando se acerca al plagio: esta semana el NY Times "terminó su colaboración con un periodista autónomo por su uso de IA en la reseña de un libro". Casi cada semana podría traer un caso igual ya.

Será interesante ver cómo lidiamos con qué aceptamos que es IA y qué no. Por ahora la IA debe solo rozar el texto final. Veremos si se mantiene esa línea roja. 

‌c/ la escritura tiene varias fases. Este es mi problema principal al usar la IA para mi trabajo. Aquí en la newsletter escribo más para pensar y los artículos del periódico son para contar algo nuevo o lo que otra gente dice o hace. Uso la IA para transcribir, traducir, buscar gente que sepa de algo o aclarar algún concepto nuevo. Pero no para escribir: aún no he sabido crear prompts que sean más breves que el párrafo que debo escribir.

‌Esta newsletter por ejemplo sale mientras la escribo. Sé vagamente el tema, pero no sabía que iba a tener estos tres puntos hasta que llegué justo al párrafo anterior donde los empecé. Claro que podría haber hablado con Claude o ChatGPT sobre qué decir de la escritura. Pero su punto de partida habría sido distinto y afinarlo me habría llevado más horas que las que me lleva escribir.

‌Con los artículos es algo parecido. Aparte de lo que va saliendo, tengo que escribir estos días sobre Telegram, la Kings League o los coches autónomos. Podría pedirle algún resumen o dato pero no me aportaría tanto. También podría darle acceso a las transcripciones de mis entrevistas y decirle que monte algo con tal enfoque. Aquí es donde entra la duda moral. Mi problema no es tanto que fuera mejor que yo (que también), sino que acabaría cambiando menos de lo que debería porque ya estaría escrito. O no. No lo sé. Es probable que vaya evolucionando conforme avance en mis fases del duelo.

Imagen: Amit Chaudhuri

Fuente: El Pais

Entra en vigencia Sistema Roma–Argo en La Paz


El Fiscal Departamental de La Paz, Luis Carlos Torrez, informó que, en coordinación con el Tribunal Departamental de Justicia de La Paz, se puso en vigencia el Sistema ROMA-ARGO (Arraigo y Georreferenciación de Obligaciones Cautelares), una herramienta tecnología del Ministerio Público, que permitirá el control, monitoreo y seguimiento de los imputados con detención domiciliaria o medidas sustitutivas, permitiendo descongestionar las cárceles y modernizar la justicia para dar una respuesta efectiva a las partes procesales.

“Su funcionamiento se basa en el monitoreo digital en el tiempo real y en la validación biométrica, garantizando que los imputados, cumplan con su permanencia en el domicilio establecido por la autoridad jurisdiccional, es importante destacar que esta herramienta tecnológica no es aplicable en delitos de alta gravedad, manteniendo así el equilibrio entre la innovación tecnológica y la seguridad jurídica. El control de este sistema se realiza de manera coordinada, entre el Ministerio Público, el Órgano Judicial, Régimen Penitenciario y la Policía Boliviana en favor de la sociedad”, dijo Torrez.

A su turno, la Magistrada del Tribunal Supremo de Justicia por el Departamento de La Paz (TSJ), Fanny Coaquira, destacó que esta novedosa herramienta de control fue desarrollada por el Ministerio Público de Bolivia y representa un cambio importante en el sistema penitenciario a nivel nacional.

Asimismo, se realizó una socialización y capacitación del sistema ROMA-ARGO a los jueces y vocales del Tribunal Departamental de Justicia de La Paz, donde el Fiscal Departamental de La Paz, aclaró que el sistema no será aplicado en hechos de delitos graves como Feminicidios, Infanticidios, Asesinatos, Homicidios, Parricidios, delitos sexuales contra niños, niñas o adolescentes, de corrupción pública o de narcotráfico.

La vigencia se da en el marco del convenio interinstitucional, firmado por las más máximas autoridades del Ministerio Público y el Tribunal Supremo de Justicia, dónde se prevé el uso de esta herramienta en las decisiones judiciales, durante las audiencias de medidas cautelares y otras.

Fuente: Visor 21