miércoles, 16 de septiembre de 2026

Segip lanza app para duplicar la cédula y tramitar certificados


El Segip Digital fue presentado este miércoles junto al programa “Marcando Huella por Bolivia” para ampliar el acceso a servicios de identificación y reducir desplazamientos y tiempos de espera.

La aplicación permitirá gestionar el duplicado de la cédula por extravío, robo o deterioro. El trámite incluye el pago mediante QR, la selección de una oficina para recoger el documento y el seguimiento del proceso.

El usuario recibirá una notificación cuando la cédula esté disponible. La normativa vigente contempla la emisión automatizada de documentos de reposición o duplicado, bajo determinadas condiciones y requisitos.

Certificación de datos

Otra función permitirá solicitar desde la plataforma la certificación de datos de la cédula, efectuar el pago y recibir un archivo PDF con medidas de seguridad para presentarlo ante la entidad correspondiente.

De acuerdo con el director general ejecutivo del Segip, Diego Tejerina, ambos servicios funcionarán las 24 horas, los siete días de la semana.

La digitalización se complementará con un despliegue territorial mediante “Marcando Huella por Bolivia”, que durante un año prevé llegar a los 335 municipios y ocho autonomías indígenas originarias campesinas.

Llegará a municipios

Las brigadas móviles llevarán servicios de identificación, cédulas físicas y digitales, licencias de conducir digitales y procesos de saneamiento de datos. El proyecto también contempla utilizar Starlink para mantener la conexión en zonas alejadas.

Las brigadas podrán resolver observaciones y actualizar información directamente en las localidades, con el propósito de evitar traslados hacia capitales departamentales.

Durante el recorrido, el Segip recopilará datos sobre trámites realizados, incluidos registros por primera vez, duplicados, cedulación de niños y cambios de domicilio.

La institución prevé presentar un informe al concluir el año, con los resultados del despliegue nacional.

Fuente: Enfoque News

De la tinta al algoritmo: un libro reconstruye la historia del periodismo cruceño


La historia del periodismo cruceño, desde las primeras publicaciones impresas hasta los medios digitales, es reconstruida en el libro Historia de la prensa cruceña: testigos leales de la tinta, el papel y la palabra, presentado por sus autores como un registro de parte de la memoria de la prensa regional.

Osvaldo Ramos Asturizaga explicó que la obra comienza con una mirada nacional para luego concentrarse en Santa Cruz y recorrer las distintas etapas de su prensa, desde La Estrella del Oriente hasta las plataformas digitales.

El libro reúne testimonios, fotografías y referencias a periodistas y medios que fueron parte de ese proceso. Entre las historias recuperadas está la de Ronald Leigue, quien comenzó como lustrabotas frente a La Crónica, luego trabajó como mensajero y llegó a ocupar la dirección de Deportes de El Mundo.

Una historia que también habla de cambios

Ramos Asturizaga sostuvo que la transformación tecnológica modificó las herramientas y las formas de hacer periodismo, pero no su esencia.

“Es lo que usted dice: aparece la inteligencia artificial, apareció el internet, pero lo que no cambia es la esencia del periodismo”, señaló durante la entrevista.

La obra también aborda la transición de los medios impresos hacia el entorno digital y las dificultades que implicó para periodistas y medios adaptarse a nuevas formas de producción y difusión de contenidos.

En la contraportada del libro se resume esa idea: “El periodismo cambia, su esencia permanece”, en referencia a la transformación de las herramientas, los soportes y los lenguajes.

Recuperar la memoria de la prensa cruceña

Para Ramos Asturizaga, uno de los objetivos del libro es contribuir a que las nuevas generaciones conozcan la historia de la prensa de Santa Cruz, una etapa que, según señaló, no siempre es abordada de manera amplia en la formación universitaria.

“En la universidad no nos la enseñan así en Santa Cruz, no cómo fue todo el proceso de la prensa cruceña. Nosotros no conocemos nuestra propia historia”, afirmó.

El periodista destacó que la publicación recoge referencias a periódicos, portadas, testimonios y acontecimientos que forman parte de la historia regional, además de las trayectorias de distintos profesionales de la comunicación.

La elaboración del libro contó también con la participación de más de una decena de estudiantes que colaboraron en el proceso de investigación.

Ramos Asturizaga, autor de 18 libros, explicó que esta nueva publicación surgió después de años de trabajo y de su interés por registrar distintas historias vinculadas al periodismo.

Un mensaje sobre la libertad de expresión

Consultado sobre el mensaje central de la obra, el periodista señaló que está relacionado con la defensa del derecho a la expresión y con la responsabilidad de mantener los principios del periodismo.

“Tenemos que defender la parte del derecho de expresión y, frente a los abusos que hay, mantenerse siempre firme con la esencia de la verdad”, sostuvo.

El libro fue escrito junto a Roberto Méndez, presidente de la Asociación de Periodistas de Bolivia, y se encuentra en circulación en Santa Cruz. Los autores también dejaron ejemplares en Ateneo y realizan la presentación y entrega personalmente.

Fuente: Asuntos Centrales

martes, 15 de septiembre de 2026

Por qué los empresarios deberían leer novelas


Hay una escena que se repite en aeropuertos, oficinas y salas de consejo. Un empresario abre su portafolio y saca un libro. Casi siempre es sobre estrategia, liderazgo, inteligencia artificial, productividad, negociación o la biografía de otro empresario exitoso.

La elección tiene sentido: ya que el tiempo es escaso, ¿por qué desperdiciarlo leyendo una historia inventada? Creo exactamente lo contrario. En la era de la inteligencia artificial, los empresarios deberían leer más novelas, no menos.

La razón es paradójica. Estamos entrando en un mundo en el que la información será abundante y barata. Un ejecutivo puede pedir a un modelo de inteligencia artificial que resuma en segundos prácticamente cualquier libro de negocios, compare estrategias, analice competidores, construya escenarios y proponga alternativas.

Pero las decisiones empresariales realmente difíciles nunca han consistido solo en procesar información: consisten en comprender personas. ¿Qué quiere realmente mi socio? ¿Por qué un ejecutivo brillante está tomando una mala decisión? ¿Cuándo la lealtad se convierte en complacencia; cuándo la perseverancia en obstinación? ¿Por qué una organización inteligente se niega a reconocer una realidad evidente? ¿Qué hará una persona cuando tenga que elegir entre ambición, amistad, dinero y principios?

Ninguna hoja de cálculo responde fácilmente esas preguntas. Una buena novela, sí.

El empresario como personaje

Pensé en esto cuando leí Drayton and Mackenzie, la novela de Alexander Starritt publicada en 2025. El Financial Times la incluyó entre los candidatos a su Business Book of the Year. Fue algo excepcional: era la primera obra de ficción incluida en esa lista desde 2010.

James Drayton y Roland Mackenzie se conocen en Oxford. Son inteligentes, ambiciosos y muy diferentes. Después pasan por McKinsey y terminan intentando construir una empresa de energía mareomotriz. A su alrededor ocurren la crisis financiera, transformaciones tecnológicas, cambios en el capitalismo y la transición energética. Pero la verdadera historia está en otro lugar: amistad, ambición, dinero, ego, éxito, fracaso y las decisiones que terminan definiendo una vida.

Un crítico la describió como una combinación entre Dickens y La gran apuesta. Lo interesante es que Starritt no escribió un manual de emprendimiento. Precisamente por eso puede enseñar cosas que un manual difícilmente enseña.

Los protagonistas descubren que ser inteligente no significa necesariamente tener buen juicio, que analizar el problema de otro es muy diferente de asumir la responsabilidad de resolver uno propio, que las relaciones constituyen una forma de capital y que el contexto histórico puede determinar tanto el éxito como el talento individual.

Y enfrentan una verdad que muchos emprendedores descubren demasiado tarde: uno crea una empresa, pero después la empresa comienza a crearlo a uno. Crece. Aparecen inversionistas, empleados, compromisos, incentivos y responsabilidades. La libertad inicial del fundador se transforma gradualmente en institución. Eso no se aprende bien en una gráfica. Se entiende mejor acompañando a un personaje.

Las estructuras y la vida

Los libros de negocios son útiles porque simplifican. Las novelas son útiles porque complican. Un libro de liderazgo puede decirnos cuáles son las cinco características de un gran líder. Una novela presenta a un personaje inteligente, generoso, ambicioso, inseguro, valiente, vanidoso y contradictorio, todo al mismo tiempo. Es decir, presenta a un ser humano. Y las empresas están llenas de ellos.

El pensamiento de negocios busca patrones. La literatura encuentra excepciones. Los gerentes preguntan: ¿cuál es la mejor práctica? Los escritores preguntan: ¿qué ocurre cuando una persona razonable, enfrentada a circunstancias extraordinarias, hace exactamente lo contrario de lo que esperábamos? Por eso la novela puede convertirse en un extraordinario simulador de decisiones humanas.

El peligro de confundir éxito con mérito

Otra lectura extraordinaria para un empresario es Flesh, de David Szalay, ganador del Booker Prize 2025. Su protagonista, István, comienza como un adolescente aislado en Hungría y termina desplazándose, casi arrastrado por las circunstancias, hacia el mundo de los extraordinariamente ricos en Londres. La novela recorre dinero, poder, movilidad social, deseo, masculinidad y clase. El ascenso social ocurre en buena medida accidentalmente.

Ahí existe una lección empresarial. Nos gusta explicar retrospectivamente el éxito como resultado de talento, estrategia y esfuerzo. Naturalmente importan. Pero también existen oportunidad, contexto, relaciones, coyuntura y suerte.

En Flesh, el protagonista es impulsado por fuerzas que muchas veces no comprende ni controla. Szalay quería escribir, entre otras cosas, sobre las divisiones culturales y económicas de la Europa contemporánea.

Para un empresario, reconocer el papel de las circunstancias no disminuye el mérito. Aumenta la humildad. Y la humildad es una herramienta estratégica porque permite distinguir entre dos afirmaciones muy diferentes: “Funcionó porque soy brillante.” “Funcionó. Ahora necesito comprender por qué.” La primera alimenta el ego. La segunda produce aprendizaje.

Cuando las organizaciones dejan de ver

Leer novelas también puede enseñarnos a detectar la distancia entre la realidad y la narrativa que construimos sobre ella. Nussaibah Younis, en Fundamentally, utiliza la sátira alrededor de la intervención internacional en Iraq para explorar burocracia, poder, buenas intenciones y las contradicciones de las instituciones. El tema trasciende al gobierno.

Todas las organizaciones desarrollan lenguajes internos: presentaciones, acrónimos, indicadores, procedimientos. Narrativas acerca de sí mismas. Gradualmente puede ocurrir algo peligroso: la organización empieza a comprender mejor sus propios procesos que el mundo exterior.

Eso también sucede en las empresas. El cliente cambió, pero nuestros indicadores todavía son buenos. El competidor inventó algo nuevo, pero nuestro presupuesto anual sigue intacto. La tecnología transformó la industria, pero seguimos celebrando que cumplimos el plan.

La literatura nos recuerda que los seres humanos somos extraordinariamente capaces de construir narrativas que nos protegen de realidades incómodas.

El mayordomo que todo CEO debería conocer

Y si tuviera que recomendar una novela ya clásica a todo director general, escogería Los restos del día, de Kazuo Ishiguro. Stevens, el mayordomo inglés que protagoniza la novela, ha dedicado su vida al servicio de Lord Darlington. Su identidad se construye alrededor de disciplina, profesionalismo, dignidad y lealtad. Pero su compromiso con servir impecablemente termina debilitando su capacidad para cuestionar a quien sirve. Confunde profesionalismo con obediencia y lealtad con renuncia al juicio propio.

¿Cuántas organizaciones conocen a Stevens? El ejecutivo que sabe que una estrategia está equivocada, pero guarda silencio. El asesor que dice al director general lo que quiere escuchar. El equipo que racionaliza una decisión porque cuestionarla significaría cuestionar al líder.

La novela plantea una de las preguntas más importantes de la vida institucional: ¿en qué momento la lealtad deja de ser una virtud? Ningún curso de compliance puede contestarla con la profundidad de Ishiguro.

La ventaja de habitar otras mentes

Pero existe una razón todavía más importante para leer ficción. Una novela nos obliga a entrar temporalmente en la mente de alguien que no somos nosotros. Un migrante. Una mujer. Un adversario. Un fracasado. Un multimillonario. Un empleado. Un criminal. Un político. Un niño. Alguien de otro siglo o de otra cultura.

Durante algunas horas vemos el mundo desde sus ojos. Para un líder empresarial, esa capacidad es invaluable. Porque dirigir significa constantemente interpretar perspectivas diferentes: clientes, trabajadores, proveedores, inversionistas, reguladores, comunidades, competidores.

La empatía no significa estar de acuerdo. Significa comprender suficientemente bien al otro para anticipar cómo percibirá una decisión. Eso es también estrategia.

Literatura en la era de la IA

Aquí aparece la gran paradoja. Cuanto mejor sea la inteligencia artificial, mayor puede ser el valor de leer literatura. La IA podrá resumir Drayton and Mackenzie. Podrá enumerar diez lecciones de Flesh. Podrá explicar el dilema moral de Stevens en treinta segundos.

Pero leer una novela no consiste solamente en obtener sus conclusiones. Consiste en vivir temporalmente dentro del problema. Sentir cómo una decisión aparentemente pequeña conduce a otra. Observar cómo un personaje racionaliza sus errores. Descubrir información cuando el autor decide revelarla. Equivocarnos sobre las intenciones de alguien. Cambiar nuestra opinión.

El resumen entrega conocimiento. La experiencia desarrolla juicio. Y ahí está el punto. En un mundo donde todos los ejecutivos tendrán acceso a extraordinaria capacidad analítica, las ventajas más escasas serán cada vez más humanas: imaginación, curiosidad, empatía, capacidad para tolerar ambigüedad, comprender motivaciones y ejercer buen juicio.

Una hora diferente

Por eso propondría un pequeño cambio en la educación de empresarios. Además de estrategia, finanzas, tecnología y liderazgo, deberíamos leer a Shakespeare, Tolstói, García Márquez, Ishiguro y las mejores novelas contemporáneas.

No para buscar en cada una “cinco lecciones para el CEO”. Eso destruiría precisamente aquello que las hace valiosas. Hay que leerlas como literatura. Permitir que nos incomoden. Que presenten personajes que no podamos clasificar fácilmente. Que terminen sin una respuesta clara. Porque la vida empresarial también funciona así.

Las decisiones verdaderamente importantes llegan con información incompleta, intereses contradictorios y consecuencias que sólo entenderemos años después. Un algoritmo puede ayudarnos a decidir. Una novela puede ayudarnos a convertirnos en la persona que decide.

Ésa es la razón por la que los empresarios deberían leer ficción. Los libros de negocios enseñan modelos. Las novelas enseñan personas. Los primeros nos ayudan a comprender cómo deberían funcionar las organizaciones. Las segundas nos recuerdan cómo funcionan realmente los seres humanos.

Y mientras más inteligente se vuelva la tecnología, esa diferencia será más importante. La inteligencia artificial podrá enseñarnos prácticamente todo lo que sabemos sobre los negocios. La literatura seguirá enseñándonos algo mucho más difícil: lo que todavía no entendemos sobre nosotros mismos.

Fuente: Letras Libres