En un país donde 8 de cada 10 mujeres trabajan en la informalidad, el éxito económico no depende sólo del esfuerzo individual, sino de un entorno que lo haga posible. Un proyecto liderado por ONU Mujeres Bolivia está demostrando que el progreso surge de una combinación estratégica: dotación de maquinaria moderna, formación técnica, acceso a mercados y, fundamentalmente, las bases para la creación de sistemas de cuidado.
En un taller de costura de Santa Cruz de la Sierra, el golpe rítmico de una troqueladora industrial marcó el fin de una etapa de agotamiento físico para Judith Ramos. Lo que empezó con medio metro de cuero y la técnica heredada de su papá, se ha convertido hoy en una microempresa que genera empleo para cinco familias. Para Judith, la máquina no es solo un activo; es capital de producción propio y la llave hacia un sueño que antes parecía inalcanzable: su casa propia.
Como Judith, 387 mujeres y sus familias en Bolivia están protagonizando un crecimiento tangible en su economía. Entre finales de 2023 y el primer trimestre de 2026, los resultados del proyecto "Fortalecimiento de Unidades Productivas lideradas por Mujeres aplicando el enfoque de género en Bolivia" —financiado por la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA) y ejecutado en coordinación con el Ministerio de Desarrollo Productivo, Rural y Agua— son contundentes: las productoras han logrado incrementar sus ingresos en un 95% en promedio y su producción en un 75%. No son datos estimados; son cifras recogidas en monitoreos de campo realizados en los mismos talleres productivos.
Resiliencia y tecnología: Motores de dignidad
Históricamente, el trabajo artesanal y manufacturero de las mujeres ha estado marcado por jornadas extenuantes, así como una producción y ganancias limitadas. En municipios como El Alto, Achacachi, Viacha, Santa Cruz de la Sierra, Warnes y Montero, el acceso a maquinaria especializada y moderna ha cambiado esta realidad. La tecnificación no solo ha permitido que las mujeres produzcan en condiciones dignas, sino que ha fortalecido su resiliencia frente a la crisis económica que atraviesa Bolivia.
"Antes producía 60 docenas al mes cortando el cuero a mano; trabajaba mucho y ganaba poco. Ahora elaboro 180 docenas y con las ganancias estoy haciendo construir mi casa", explica Judith. La tecnificación ha permitido que las mujeres dejen de producir para sobrevivir y comiencen a producir para invertir y competir.
Sin embargo, el alcance del proyecto se extiende mucho más allá de la entrega de maquinaria. En una estrategia de alcance masivo, 3.600 mujeres han fortalecido sus habilidades técnicas productivas y otras 3.150 han sido capacitadas en gestión empresarial, elevando la competitividad de sus negocios en un mercado cada vez más desafiante.
Este impacto integral ha sido posible gracias al trabajo en territorio de socios como la Fundación CODESPA, Visión Mundial y Educo.
La conquista de nuevos mercados y el salto digital
El proyecto también ha superado las barreras que impedían a las pequeñas productoras acceder a grandes plataformas comerciales. En 2025, una treintena de emprendedoras participó en la Feria Internacional de Santa Cruz (Fexpocruz), logrando ventas de hasta siete mil dólares, equivalente a aproximadamente 15 veces el salario mínimo nacional en Bolivia. “Estar ahí fue una oportunidad grande; no es fácil acceder a un espacio así por su elevado costo”, reflexiona la artesana Karina Fernández.
Asimismo, las productoras han dejado de ser espectadoras de la tecnología para apropiarse de ella. Mediante diagnósticos personalizados y formación en marketing digital, marcas locales han ganado presencia en redes sociales. “Comencé con transmisiones en vivo y mis ventas se incrementaron. La gente empezó a conocer mis productos y a realizar pedidos”, relata Mayra Nina, productora de flores artesanales.
El tiempo como recurso para su desarrollo
Uno de los resultados más estratégicos de esta intervención es la ganancia en la eficiencia del uso del tiempo. Los datos revelan que el 84 % de las mujeres que recibieron maquinaria reportaron ahorros significativos de tiempo; un recurso vital que han logrado redistribuir entre la producción, el mercadeo de sus productos y el cuidado de sí mismas y de sus hijas e hijos.
En Bolivia, el acceso a servicios de cuidado infantil económicos y de calidad es escaso; esta situación constituye una de las barreras invisibles para el desarrollo económico de las mujeres, quienes dedican todavía el doble de tiempo que los hombres a estas tareas. Para habilitar un entorno de corresponsabilidad, el proyecto fortaleció 34 centros de cuidado infantil municipales y comunitarios en los municipios de El Alto, Achacachi, Viacha, Santa Cruz de la Sierra, Warnes y Montero, transformando lugares precarios en espacios pedagógicos dignos y seguros.
Una innovación clave ha sido la dotación de equipamiento móvil para el cuidado en ferias comerciales. Esta solución permite que las madres emprendedoras concilien su rol productivo con la tranquilidad de saber a sus hijas e hijos en espacios de calidad.
Esta intervención física ha sido respaldada por un hito político: el impulso de tres políticas de cuidado (una nacional y dos municipales en El Alto y Santa Cruz de la Sierra) que se encaminan a su aprobación para institucionalizar este derecho. Asimismo, las acciones de sensibilización han alcanzado a 3.000 personas de manera presencial y a más de 217.000 mediante plataformas digitales, promoviendo una sociedad donde el cuidado es una responsabilidad compartida entre el Estado, el sector privado, las comunidades y las familias.
La experiencia boliviana muestra que el empoderamiento económico no es un concepto abstracto; es la intersección entre tecnología, maquinaria moderna, formación estratégica, acceso a mercados y un entorno que promueve la corresponsabilidad del trabajo de cuidados, donde las mujeres bolivianas no solo están rediseñando sus negocios; están reclamando su autonomía económica y el derecho a vivir una vida digna.
Fuente: Naciones Unidas Bolivia