viernes, 27 de febrero de 2026

La gran desigualdad del siglo XXI es entre quienes usan la IA para pensar mejor y quienes la usan para pensar menos


“La inteligencia artificial no piensa. Pero habla como si pensara.” Así comienza uno de los pasajes más incisivos de El Homo IA y la Nueva Desigualdad Cognitiva, donde Jorge Arias desmonta la ilusión contemporánea de atribuir comprensión a los sistemas automáticos. El libro se puede leer de manera gratuita hasta este lunes.

“Esa semejanza —más que cualquier avance técnico puntual— es lo que la vuelve culturalmente disruptiva. No es solo una herramienta más potente: es la primera tecnología que imita el lenguaje del juicio humano sin participar de la experiencia que lo hace posible.”

El libro traza una genealogía del conocimiento, desde la memoria viva de las comunidades cazadoras-recolectoras hasta el escenario actual de algoritmos que organizan y sintetizan información a escala global. Arias recorre la historia de las grandes “rupturas cognitivas” —la escritura, la imprenta, Internet, la IA— y analiza cómo cada una transformó la relación entre saber, poder y comunidad: “La historia del conocimiento no es una línea ascendente ni un relato de progreso continuo. Es una secuencia de terremotos cognitivos. Cada uno resolvió problemas urgentes de su tiempo y, al mismo tiempo, abrió nuevas grietas.”

Traza una metáfora estructural entre el conocimiento humano, la IA, las microgotas y el océano. En el mundo de las microgotas, el saber era experiencia encarnada, vinculada al cuerpo, a la voz y a la memoria de la comunidad: “El conocimiento no estaba escrito en ninguna parte: vivía en las personas. Saber era recordar.” El libro describe cómo la oralidad y la transmisión directa aseguraban un tipo de responsabilidad inmediata: “Transmitir un error no era difundir información incorrecta: era poner en riesgo una cosecha, una vida, una comunidad.” Arias señala que la lentitud no era un defecto, sino el mecanismo que garantizaba que el conocimiento se integrara a la persona: “Lo aprendido no quedaba en la superficie de la memoria: se hundía en los hábitos, en la forma de mirar, de hablar, de evaluar lo importante.”

La escritura, en cambio, permitió la acumulación y circulación del saber más allá de la experiencia individual, pero introdujo nuevas jerarquías: “Nació así la primera gran brecha cognitiva estructural: alfabetizados y no alfabetizados. Y con ella, una nueva figura de poder: el intérprete autorizado, capaz de decir qué significaba un texto que otros no podían leer.” La imprenta, según el autor, multiplicó y fragmentó el conocimiento: “Democratizar el acceso no es lo mismo que democratizar el entendimiento. El poder comienza a desplazarse del control del contenido al control de la interpretación.”

Internet y la inteligencia artificial llevan esta transformación al extremo. El acceso ilimitado a la información no garantiza comprensión: “La consecuencia fue paradójica. Nunca supimos tanto y nunca estuvimos tan desorientados socialmente… El exceso de información erosionó consensos básicos, multiplicó el aislamiento individualista, debilitó la conversación pública y desalentó la búsqueda de consensos.” Con la IA, el problema es aún más agudo: “La inteligencia artificial no creó conocimiento. Lo concentró. Extrajo billones de microgotas humanas —textos, imágenes, decisiones, errores— y las reorganizó en un mar inconmensurable, navegable, rápido y potencialmente eficaz. Por primera vez, el saber humano aparece ante nosotros como un todo operativo.”

La tesis central del libro se expresa con claridad: “La gran desigualdad emergente del siglo XXI no es solo económica y tecnológica. Es cognitiva. Entre quienes usan la IA para pensar mejor y quienes la usan para pensar menos. Entre quienes formulan preguntas y quienes sólo aceptan respuestas.” Esta brecha, advierte Arias, no siempre se percibe como tal, pues muchas veces se presenta como comodidad, eficiencia o incluso progreso.

El autor cuestiona la ilusión de neutralidad tecnológica y alerta sobre el desplazamiento de la responsabilidad: “El poder se vuelve invisible, incorporado en el diseño mismo de la arquitectura cognitiva. Se ejerce no prohibiendo el acceso, sino moldeando las preguntas que se nos ocurren hacer y las respuestas que consideraremos satisfactorias.” La democracia, en este contexto, corre el riesgo de vaciarse: “La democracia no desaparece. Se vuelve opaca. El ciudadano no está desinformado; está desalineado. Sabe que las decisiones importan, pero no logra conectar su comprensión con su capacidad de incidencia.”

Arias sostiene que el desafío contemporáneo es reconstruir la relación entre juicio, comprensión y decisión colectiva. “Formar ciudadanos hoy no significa enseñarles a programar ni exigirles que comprendan los detalles técnicos de sistemas cada vez más complejos. Significa algo más exigente y, al mismo tiempo, más democrático: desarrollar la capacidad de interrogar resultados, no solo de aceptarlos.”

El cierre del libro apela a la voz de la tía Marta, que pregunta: “Decime una cosa: ¿la gente se reconoce ahí adentro?" La tía Marta funciona como conciencia crítica y recordatorio: “Porque al final, todo esto —la tecnología, la política, la democracia— sirve o no sirve según si la gente siente que tiene alguna palabra en lo que pasa. No una palabra técnica. Una palabra propia.” La anécdota, sencilla y perspicaz, resume el argumento de Arias: el sentido democrático y humano de la tecnología solo se realiza cuando las personas se reconocen en las decisiones que las afectan.

Fuente: Infobae

Tigo es reconocida por Ookla con el premio a la red fija más rápida de Bolivia


La empresa de telecomunicaciones Tigo fue distinguida por Ookla, —firma líder global en inteligencia de conectividad— con el reconocimiento a la “Red Fija más rápida de Bolivia”, otorgado a partir de los resultados obtenidos en la plataforma Speedtest, utilizada por millones de usuarios para evaluar su conexión.

Este galardón se basa en el análisis de miles de pruebas reales realizadas por usuarios en sus hogares, en distintos momentos del día, lo que permite evaluar el rendimiento de las redes en condiciones cotidianas. La medición se determina mediante el Speed Score, indicador que integra velocidades de descarga y carga para clasificar el desempeño de cada proveedor.

Ookla, referente mundial en medición de velocidad y calidad de internet, utiliza datos de Speedtest Intelligence®, sustentados en millones de pruebas voluntarias para analizar rendimiento, latencia y consistencia de red, bajo metodologías imparciales y basadas en evidencia.

“Para nosotros, este reconocimiento no es un trofeo, sino una señal que nos motiva e impulsa a continuar trabajando en la mejora de la experiencia de conectividad. El resultado refleja una inversión sostenida en infraestructura, innovación y optimización permanente de la red fija. Que Ookla a través de su Speedtest, posicione a Tigo como la red fija más rápida de Bolivia valida el compromiso de la empresa de ofrecer no solo velocidad, sino también calidad y cobertura para los hogares del país”, afirmó María Laura Mendoza, gerente de Marca y Comunicación de Tigo.

Este logro se vincula al fortalecimiento continuo de la infraestructura tecnológica de la empresa, orientada a ofrecer conexiones estables, rápidas y adaptadas a las necesidades de los hogares bolivianos, junto con una propuesta integral de servicios que incluye internet fijo, internet móvil, soluciones Cloud, billetera móvil y entretenimiento.

Según Mendoza, Tigo cuenta actualmente con una red de fibra óptica superior a los 23.000 Km, con presencia en los nueve departamentos y con servicio de internet móvil 4G en el 100% de las capitales de municipios del país, consolidándose como una de las principales opciones de conectividad para los usuarios en Bolivia.

Asimismo, la compañía destaca que sus planes de internet hogar permiten a los clientes optimizar su inversión mediante ofertas combinadas con servicios móviles, televisión en alta definición y soluciones digitales para el hogar, ampliando así la experiencia de conectividad.

Sobre Tigo

Telefónica Celular de Bolivia S.A. (Telecel S.A.) es una filial del grupo empresarial Millicom, proveedor líder de servicios de cable y móviles dedicado a mercados emergentes en América Latina. Nuestra misión es construir autopistas digitales, que conectan personas, mejoran vidas y desarrollan nuestras comunidades. En Bolivia, Telecel opera desde 1991 y ofrece telefonía e Internet móvil de alta velocidad, Internet fijo ilimitado, Televisión por suscripción, contenido de entretenimiento, servicios de billetera móvil y servicios corporativos. En síntesis, ya sea dentro o fuera del hogar, nuestra cobertura acompaña a los bolivianos en todo momento respondiendo a sus diversas necesidades. Nuestra política ha estado enfocada en democratizar el acceso a la tecnología digital en toda Bolivia. Además, a través de inversiones permanentes ampliamos y diversificamos nuestra infraestructura, jugamos un rol dinamizador en la economía y aportamos al crecimiento del país.

Fuente: Asuntos Centrales

jueves, 26 de febrero de 2026

Estrategia país de CAF Bolivia 2025 - 2030 (fragmento)


Este fragmento forma parte fundamental de la "Estrategia País CAF Bolivia 2025-2030", el documento marco que define la hoja de ruta de cooperación técnica y financiera entre el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y el Estado Plurinacional de Bolivia para el próximo quinquenio.

En el contexto de un compromiso de financiamiento histórico que alcanza los USD 3.100 millones, esta sección detalla el Eje de Transformación Digital e Innovación, uno de los pilares estratégicos diseñados para modernizar la estructura económica y social del país. Mientras que el documento íntegro aborda áreas macroeconómicas, infraestructura vial y sostenibilidad ambiental, los seis puntos aquí presentados constituyen la propuesta operativa para cerrar la brecha digital en Bolivia.

Proyectos sugeridos en agenda digital y servicios al ciudadano

1. Infraestructura y conectividad: Priorizar inversiones en conectividad universal, cofinanciando la expansión de fibra óptica y redes 4G/5G en zonas periurbanas y rurales (por ejemplo, segunda fase de PRONTIS para comunidades de menos de 50 habitantes). Impulsar el programa “Internet para Todos” y brindar asistencia técnica en la licitación 5G. Aprovechar la apertura satelital LEO negociando condiciones favorables y financiando terminales para escuelas, postas y telecentros rurales. Fortalecer capacidades del regulador (ATT) y de ENTEL, incluyendo un plan de negocios robusto para el satélite Túpac Katari.

2. Transformación digital del Estado: Apoyar la implementación acelerada de la Agenda Digital 2030 con asistencia técnica para fortalecer institucionalidad. CAF puede respaldar la creación de un Observatorio de Transformación Digital, financiar una plataforma de interoperabilidad robusta y promover la digitalización integral de trámites prioritarios (identidad, registro civil, permisos), tomando como referencia experiencias regionales.

3. Servicios al ciudadano y gobierno digital: Identificar y digitalizar trámites de alto impacto (certificados personales, pago de impuestos, beneficios sociales) con desarrollo end-to-end que incluya reingeniería de procesos, simplificación normativa y campañas de adopción. Ampliar la Plataforma de Interoperabilidad a municipios y gobiernos subnacionales. Acompañar implementación del Plan de Datos Abiertos (DS 5340/2023). Asesorar en el marco normativo de gobierno digital, impulsando aprobación de la Ley de Justicia Digital y actualizaciones para notificaciones electrónicas y validez legal de documentos digitales.

4. Institucionalidad y gobernanza: Asesorar en la elaboración de una Ley de Transformación Digital que eleve a rango legal a AGETIC y defina roles institucionales (oficiales digitales por ministerio). Promover un Comité Nacional de Ciberseguridad multi-actor y una estrategia nacional. Contribuir a establecer marco de gobernanza de datos abiertos y compartidos. Financiar un Consejo Consultivo de Transformación Digital con participación de los sectores académicos, privados y la sociedad civil. Desarrollar un “paquete legislativo digital”, incluyendo una Ley de Gobierno Digital, ajustes al Código Penal para delitos informáticos, y normativas sectoriales (telemedicina, educación en línea, identidad digital). Acompañar la elaboración de guías éticas y regulatorias para IA, basadas en las recomendaciones de UNESCO.

5. Ciberseguridad: Apoyar la formulación participativa de una Estrategia Nacional de Ciberseguridad, designando una Autoridad Nacional, priorizando sectores críticos y estableciendo un plan quinquenal. Cofinanciar un Centro Nacional de Operaciones de Seguridad (SOC) con monitoreo 24/7. Patrocinar una Academia Nacional de Ciberseguridad en alianza con universidades. Asistir en la elaboración de un anteproyecto de Ley de Ciberseguridad y Protección de Infraestructuras Críticas. Organizar simulacros de ciberataques y campañas de higiene cibernética.

6. Talento y habilidades digitales: Apoyar la integración de habilidades digitales en educación formal, incorporando contenidos de alfabetización digital desde la educación primaria, formación docente en TIC e infraestructura acorde (laboratorios, conectividad escuelas rurales). Impulsar el proyecto emblemático “Escuela Digital Bolivia”. Respaldar programas de capacitación laboral (coding bootcamps y certificaciones en oficios digitales) para jóvenes y mujeres. Patrocinar la ampliación de RobóTICas a escala nacional. Crear Centro de Innovación y Formación en IA y Ciencia de Datos en universidades públicas. Impulsar programas de alfabetización digital comunitaria en telecentros para comunidades rurales e indígenas.