Fragmento de la publicación de la Fundación Milenio: "Análisis No. 37. Bolivia y Rusia, relaciones asimétricas y alineamiento geopolítico" (septiembre del 2024), "estudio sobre las relaciones boliviano-rusas y la agenda bilateral que abarca diversos campos, desde temas diplomáticos y geopolíticos hasta cuestiones de comercio, inversiones y la participación de empresas rusas en la economía de Bolivia", referido a la influencia rusa en la opinión pública boliviana:
Medios de comunicación y tendencias
Entre febrero de 2022 y junio de 2024 se registran más de un centenar de notas de prensa, en versión digital e impresa, relativas a la agenda bilateral ruso-boliviana. Obviamente, para el período, existe un predominio de la información sobre la guerra en Ucrania (20 notas), que hace referencia a la posición asumida por el gobierno y también por los líderes de la oposición sobre este hecho.
Las notas subrayan la discrepancia existente entre el respaldo diplomático del gobierno en foros internacionales a la argumentación de Moscú, y los cuestionamientos de los opositores que salieron en defensa de la soberanía ucraniana y exigieron, sin respuesta, un pronunciamiento oficial de condena.
La invasión u operación especial rusa fue el eje de la controversia internacional que permitió a Bolivia consolidar un acercamiento estratégico con el Kremlin. Más allá de la orientación ideológica del gobierno de Putin, radicalmente diferente a la de los países que defienden el socialismo del siglo XXI, la posibilidad de construir alianzas a partir de la identificación de un adversario común –Estados Unidos– fue determinante para convertir al líder ruso, desde la óptica de la política exterior boliviana, en un referente clave para un cambio de fondo en el orden mundial.
Eso, además del apoyo o la neutralidad de la diplomacia boliviana que se manifestó en diferentes foros internacionales, algo que seguramente tuvo un valor particular para Putin en su esfuerzo por demostrar que lo de Ucrania era más defensa que agresión.
A partir del conflicto en Europa del este (febrero de 2022) la información sobre Rusia cobró importancia en la agenda mediática por lo menos durante un trimestre (febrero-abril), para luego disminuir hasta casi ser irrelevante a fines de ese año.
En 2023, las referencias a la guerra no desaparecieron, pero hubo mayor cantidad de notas sobre el litio, las relaciones bilaterales y la cooperación energética, entre otras. Por primera vez, la agenda reflejada mostró una interesante diversificación temática.
En 2024, sobre todo por el viaje del presidente Luis Arce a la cumbre de San Petersburgo, el número de noticias registrado alcanza un pico de 46 en los primeros seis meses del año, que reúnen tanto la información previa a la visita, como aquella que se generó en Rusia y la que se difundió posteriormente, sobre todo relacionada con los resultados obtenidos por Bolivia.
La supuesta cooperación rusa para la provisión de combustible –diesel– figura en un lugar relevante, sobre todo por la controversia que se generó y las contradictorias versiones del gobierno a propósito de la llegada de un buque con más de 300 mil litros de diésel al puerto de Arica. En el período aparecieron también notas sobre las eventuales consecuencias a las que se exponía Bolivia por las sanciones existentes para las importaciones de hidrocarburos desde Rusia.
La segunda gráfica muestra que, de las 100 notas registradas, las relativas a la guerra suman 20 y, en conjunto, las vinculadas a la relación bilateral, que incluyen hidrocarburos y litio, representan más de la mitad. Se ratifica que existe una suerte de salto informativo hacia nuevas áreas o temáticas de interés común y un mayor interés de los medios por una agenda que solía pasar desapercibida.
Posiblemente, salvo en coyunturas críticas como la de una Guerra, Rusia no tenga la relevancia de otros países y/o potencias en la agenda informativa de los medios bolivianos, pero de lo que no hay duda es de que, por lo menos en las últimas dos décadas, y fruto de la evolución de las relaciones con Bolivia, Moscú está menos lejos en el radar mediático boliviano.
La mayoría de las notas publicadas y que tienen como tema a Rusia en el primer semestre de 2024 pueden calificarse como de orientación negativa –bombardeos, amenazas, atentados, prohibiciones, ataques– (17). Las positivas llegan a 15 y las neutras a 8. Si la suma de las notas no llega a 100 es porque algunas se repiten. Entre las noticias de perfil favorable, figuran sobre todo las relativas a la visita del presidente Luis Arce a Rusia.
La ofensiva mediática rusa
Más que nunca, las batallas internacionales también se libran en los medios tradicionales de información, pero sobre todo en las redes sociales. Ninguna potencia global es ajena a la necesidad de disputar el "espacio" informativo para influir y crear corrientes de opinión a favor o en contra de temas controversiales. Esto se vio de manera muy clara durante las escaramuzas que libraron Estados Unidos y China a raíz del supuesto espionaje realizado a través de la gigante asiática de las telecomunicaciones, Huawei.
Sin pruebas muy contundentes, pero con profusión de noticias al respecto, Estados Unidos no solo vetó las operaciones de la empresa y estableció sanciones que fueron acompañadas por algunos de sus aliados, sino que alimentó las sospechas sobre el uso de la tecnología 5G cuyos fines, supuestamente, iban mucho más allá de mejorar la rapidez de la comunicación entre las personas. El cruce de espadas se manifiesta en diversas circunstancias e incluso llegó a influir sobre las tendencias del voto en las elecciones estadounidenses y, aparentemente, favorecer la victoria de Donald Trump en 2016. Y todo eso, presuntamente, desde los cuarteles tecnológicos rusos.
Lo que está en juego es la verdad y en menor medida la razón: ¿quién dice la verdad?, ¿quién tiene la razón? La perspectiva desde la que occidente observa la guerra en Ucrania es obviamente muy distinta a la que se maneja desde las agencias de noticias en Moscú. De este lado, se trató de una invasión que forma parte de los planes de expansión rusos. Del otro, fue una operación especial destinada a impedir que continuara el avance de la OTAN hasta la frontera misma de Rusia. De las víctimas, ni hablar. Las macabras cifras varían de un extremo a otro.
Sucede lo mismo con la guerra en la franja de Gaza. Desde el mundo árabe la lectura del conflicto y el balance rutinario de sus consecuencias es ciertamente diferente al que se tiene a partir de las fuentes incluidas por la perspectiva israelí. La objetividad, que no la neutralidad, suele ser la gran sacrificada en la lógica informativa frente a este tipo de hechos.
Que China o Rusia hayan decidido impulsar campañas informativas más agresivas para posicionar discursos y narrativas alternativas a las de occidente no debería llamar la atención, porque eso equivale a cuestionar el contenido y orientación de las cadenas informativas estadounidenses y europeas que también forman parte de una suerte de aparato de divulgación ideológica y cultural de los estados.
De Rusia y China se sabía muy poco en Bolivia, salvo las referencias o estereotipos habituales, pero ahora se sabe mucho más. El presidente Xi ya no es un total desconocido y mucho menos Vladimir Putin. No se ignora, tampoco, la fortaleza de la economía y la tecnología chinas o el potencial militar ruso. Y eso no solo por la versión occidental de lo que son ambas potencias, sino sobre todo por la gestión informativa que se impulsa desde Beijing o Moscú.
Y ahí es donde entran en juego agencias como TASS y Sputnik, que en Bolivia por ejemplo son cada vez más requeridas, aunque en la Unión Europea hayan sido prohibidas supuestamente por desinformar. De hecho, en los primeros siete meses del año 2024, fueron publicadas 67 notas de este origen en los tres periódicos regionales de más importancia –La Razón, Los Tiempos y El Deber–, en periódicos digitales –Erbol y Urgente– y también en canales de televisión como Unitel.
En su mayoría, las notas refieren las actividades y declaraciones del presidente ruso, Vladimir Putin, a propósito de temas de interés internacional, la posición rusa respecto a la guerra en Ucrania, las relaciones con Corea del Norte e Irán, y un despliegue especial relativo a la visita del presidente Luis Arce en junio de 2024.
A diferencia de los medios privados o relativamente independientes, los estatales, como ABI, Ahora el Pueblo y especialmente La Época, utilizan con más frecuencia y en mayor cantidad la información generada por las agencias rusas. En 2022, por ejemplo, La Época registra 248 notas de esas fuentes, mientras que en el mismo año la Agencia Boliviana de Información (ABI) solo consignó 11.
En 2023, La Época difunde 92 notas, de las cuales 55 corresponden a Rusia Today, 37 a Sputnik y 7 a TASS. ABI, en cambio solo publica 3 notas y el periódico Ahora el Pueblo 11. En 2024, La Época recoge 101 notas de las tres agencias, ABI 5 y Ahora el Pueblo 19.
Los temas
La mayor parte de los temas en la agenda de los medios rusos difundida en Bolivia corresponde a noticias de América Latina, seguidos de las relaciones bilaterales, economía, guerra en Ucrania, Estados Unidos, conflicto en Gaza, Brics y Litio.
Del total de notas difundidas (400), 333 son directamente de la agencia y sin realizar ediciones, mientras que en los 66 restantes solo se cita a la fuente informativa de manera indirecta. El mayor número de notas difundidas es de la agencia Sputnik.
Fuente: Milenio