viernes, 3 de julio de 2026

Cómo funciona la tecnología microscópica detrás del gol anulado a Croacia


Cuando faltaba nada para que terminara el partido de dieciseisavos entre Croacia y Portugal, el defensor croata Josko Gvardiol empataba el partido y obligaba a la prórroga, pero entonces entró en escena el VAR (video assistance referee o árbitro asistente de video).

En medio de los festejos de los croatas y la cara de decepción del portugués Cristiano Ronaldo, quien poco antes había anotado su primer gol en una fase eliminatoria de la Copa del Mundo antes de ser sustituido, el árbitro noruego Espen Eskas anunció la revisión de la jugada por posible fuera de juego.

La gran incógnita era: ¿había desviado el croata Igor Matanovic la pelota durante la jugada previa? Si su cabeza había tocado el balón, existía fuera de juego; de lo contrario, el gol sería válido.

Eskas se dirigió al monitor y revisó una y otra vez las imágenes, que a primera vista parecían no ofrecer una conclusión clara. Sin embargo, un pico en la señal detectado por una tecnología similar al Snickometer (usado en deportes como el críquet) sugirió que hubo contacto, por lo que el gol fue anulado.

Fue prácticamente la última acción del partido que culminó con un 2 a 1 a favor de Portugal.

La decisión desató el caos: aficionados croatas enfurecidos lanzaron botellas de plástico al terreno de juego al ver cómo sus sueños mundialistas se desvanecían de la manera más cruel.

Para la leyenda croata de 40 años, Luka Modric, aquello supuso seguramente el final de su trayectoria en los Mundiales, mientras que el camino de Ronaldo continúa, apenas unas horas después de que su hermana calificara el torneo como su "último baile".

Fue un partido que lo tuvo todo. Entre goles anulados, un penal polémico, la expectación en torno a Ronaldo y la controversia del VAR, pero ¿cómo se determinó ese desvío en la cabeza de Matanovic?

Sensores en la pelota

El balón oficial Trionda, fabricado por Adidas para el Mundial de este año, incorpora un microchip capaz de detectar lo que ni el árbitro, ni los comentaristas de fútbol y ni siquiera las imágenes del VAR pudieron detectar en el segundo gol croata.

Esto permite transmitir datos precisos —como cada toque individual del balón con el botín o la mano— al VAR de forma inmediata y en tiempo real.

Pero esta no es la primera vez que se utiliza un microchip de estas características, aunque haya sido la de mayor repercusión: una tecnología similar ya estaba vigente en el Mundial de 2022 y en la Eurocopa de 2024.

Tras el partido, la Federación de Fútbol Internacional (FIFA) explicó en su cuenta de X la decisión detrás de la anulación del gol croata:

"Según los datos proporcionados por la tecnología de balón conectado integrada en el balón oficial del partido, se confirmó que el jugador croata n.º 20, Igor Matanovic, tocó el balón durante la jugada previa al gol contra Portugal, lo que permitió al árbitro determinar correctamente la posición de fuera de juego y anular el tanto.

"Los sensores IMU alojados en el balón Trionda son capaces de detectar cualquier contacto leve —información que se muestra a los espectadores durante la retransmisión mediante un gráfico similar a un latido del corazón— y proporcionan a los árbitros un nivel de datos sin precedentes para tomar decisiones rápidas y precisas".

En el programa matutino de BBC Radio 5 Live, Eric Goff, profesor de Ingeniería Deportiva en la Universidad de Purdue, explicó cómo la tecnología microscópica integrada en el balón provocó que se anulara el gol de Croacia:

"El sistema funciona mediante lo que se conoce como unidad de medición inercial (IMU, por sus siglas en inglés). Es un dispositivo de apenas unos gramos, pero está incrustado en uno de los cuatro paneles. Para evitar que el centro de masa del balón se desplace fuera de su posición central, se colocan masas de contrapeso en los otros paneles".

Según indicó Goff, este dispositivo permite recopilar datos del balón a una frecuencia de 500 hercios, es decir, 500 veces por segundo. En la práctica, esto significa que, en el instante en que el botín entra en contacto con el balón, se registra una marca temporal con una precisión de dos milisegundos.

"Además, hay una docena de cámaras situadas sobre el estadio que graban a los 22 jugadores en el campo 50 veces por segundo. Gracias a ello, es posible determinar con exactitud —dentro de ese margen de dos milisegundos— dónde se encontraban los jugadores en el terreno de juego en el momento del contacto", dijo el académico y añadió:

"En el caso de Croacia, al parecer el balón estaba en contacto con el jugador croata y se detectó una ligera variación en el movimiento fuera de esa estrecha ventana de dos milisegundos".

Para Groff, sería importante que la FIFA hiciera públicos los datos del balón en ese instante concreto, "para mostrar el pico de aceleración (aunque fuera leve) que se produjo al entrar en contacto con dicho jugador".

Repercusiones de la decisión

En la rueda de prensa posterior al partido, el seleccionador de Croacia, Zlatko Dalic, evitó profundizar en los detalles del gol anulado pero tuvo palabras duras contra los árbitros y la tecnología.

"No haré muchos comentarios al respecto (la anulación), pero diré que el arbitraje fue muy malo. No nos señalaron faltas ni jugadas a balón parado que debieron haberse pitado, aunque eso no es motivo para justificar la derrota. El arbitraje fue pésimo".

Con respecto al VAR tampoco se anduvo con rodeos:

"El VAR mata las emociones, mata todo lo que llevas dentro. Hemos ido demasiado lejos con el VAR", sentenció Dalic.

El seleccionador de Portugal, Roberto Martínez, se mostró más conciliador.

"Es una lástima que uno de los dos equipos tuviera que perder, pero no se trata de una decisión mala ni de una cuestión de suerte. Fue un momento claro: los balones llevan ahora un chip y el sensor indica que el balón fue tocado".

Fuente: BBC

jueves, 2 de julio de 2026

La opacidad también es catástrofe


Los terremotos no distinguen entre democracias y dictaduras. No preguntan por ideologías cuando liberan bruscamente su energía. El choque de las placas tectónicas causa destrucción y punto. Las consecuencias de los desastres naturales y su manejo sí diferencian entre países con gobiernos abiertos ante las tragedias y regímenes cuya primera reacción es la opacidad, porque sienten una amenaza política.

Lamentablemente, esto último se ha visto en Venezuela tras el doble terremoto: un intento por priorizar la narrativa oficial, no la urgencia por salvar vidas.

Mientras las imágenes y reportes de periodistas venezolanos y medios internacionales daban cuenta de edificios de varios pisos viniéndose abajo y personas aterrorizadas clamando por ayuda —principalmente en el estado La Guaira—, los primeros datos comunicados por el régimen —encabezado por Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela; su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional; y Diosdado Cabello, temido ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores— pretendieron relativizar la tragedia del miércoles 24 de junio. Esta fue provocada por un sismo “precursor” de 7,2 grados y, 39 segundos después, por otro de magnitud 7,5.

Tomando como parámetro crucial las 48 horas posteriores a la catástrofe, la cifra de muertos con la que el régimen cerró el jueves 25 fue de 188 y el viernes la elevó a 920, pero el número de desaparecidos marcó un salto sideral de 157 el jueves a 50.000 al día siguiente. La experiencia en el oficio y el conocimiento de la realidad de su país hicieron que el periodista venezolano Juan Vicente Gómez —con quien conversé precisamente esos días desde el programa Encontrados— lanzara la alerta sobre la opacidad con la que el chavismo —Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez— ha manejado y administra este tipo de terribles circunstancias.

En cualquier país que se asume como democrático, el primer deber de un gobierno frente a una emergencia consiste en informar con rapidez, precisión y transparencia. No se trata únicamente de un principio ético, sino de una obligación de protección civil. Cada dato sobre personas fallecidas, desaparecidas, heridas y rescatadas; carreteras destruidas; hospitales colapsados; servicios básicos interrumpidos, o zonas de riesgo de nuevos eventos adversos, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. La información es, entonces, un recurso humanitario.

En cambio, la información oficial en Venezuela, en el primer tramo, fue confusa e insuficiente no solo sobre los elementos mencionados, sino también en cuanto a las capacidades estatales de respuesta. No hubo claridad y Juan Vicente Gómez explicó algunas razones. En 27 años de tiranía chavista, el sistema de salud ha sido abandonado y el esquema de atención de emergencias por desastres naturales, desmantelado.

A ello se suma el éxodo de ocho millones de venezolanos, entre ellos una incalculable cantidad de médicos, enfermeras, bomberos, militares, ingenieros y rescatistas, que observan impotentes, desde lugares lejanos, la devastación en su país.

Ver al inescrupuloso Jorge Rodríguez en calidad de vocero oficial dejó claro que la opacidad también es una catástrofe. Verlo justificar, informar con inexactitud y callar sobre los trágicos antecedentes en La Guaira puso al descubierto que la prioridad del régimen es la preservación de la imagen del poder. Reconocer la magnitud de la calamidad hubiera implicado admitir debilidades institucionales, años de abandono de la infraestructura pública, precariedad en los sistemas de emergencia y limitaciones presupuestarias.

Juan Vicente Gómez recordó en nuestras conversaciones en formato streaming el deslave que se produjo en esa misma región costera en diciembre de 1999, cuando era estado Vargas: un desastre natural que se saldó con alrededor de 15.000 muertes, 75.000 damnificados y recomendaciones específicas de que no se debían encarar soluciones habitacionales con la edificación de complejos de edificios, por lo deleznable de los terrenos. Sin embargo, la demagogia de la tiranía chavista se impuso y se construyeron centenares de ellos.

Los hermanos Rodríguez le pusieron un peligroso lazo a la opacidad tras los dos potentes terremotos y más de 300 réplicas, al restringir el acceso a la zona cero y al estado La Guaira. Sabían que la ausencia de información verificable también dificulta la solidaridad internacional. Los países que decidieron brindar apoyo, los organismos multilaterales y las organizaciones humanitarias requieren diagnósticos confiables para desplegar asistencia. Sin ellos, cualquier esfuerzo llega tarde, resulta insuficiente o simplemente no se materializa. La opacidad también es una catástrofe y termina castigando a quienes más ayuda necesitan.

Imagen: UnoTv

Fuente: Enfoque News

miércoles, 1 de julio de 2026

San Pedro Nuevo fundía campanas coloniales allá por los años 1780


¿Sabías que en plena selva del Beni se fundieron algunas de las campanas más imponentes y melódicas de toda la región?

Estas fotos que les comparto hoy no son de un templo cualquiera. Es la hermosa iglesia de San Pedro Nuevo, Beni, Bolivia , un lugar mágico que en la época de las Misiones de Moxos se convirtió en el centro artístico y de fundición más importante de la zona.

¡Caminar por aquí y contemplar estos bronces es como tocar la historia con las manos!

Aquí, en este pueblo que ya lleva 329 años de historia desde su fundación, el pueblo Canichana plasmó todo su talento, su fe y su identidad, conocidos por su gran fortaleza, los maestros artesanos de esta tierra demostraron una destreza increíble al forjar estas campanas monumentales. Dice la tradición que incluso añadían pequeñas porciones de oro para darles ese brillo especial y una resonancia celestial que se escuchaba a kilómetros de distancia.

Hoy, el templo de San Pedro Nuevo es un orgullo y un tesoro de nuestra cultura. Cada vez que estas campanas doblan, su sonido nos recuerda la riqueza de nuestras tradiciones, el valor de nuestra identidad y el alma de un pueblo noble y talentoso.

Fuente: Qamasa