sábado, 4 de julio de 2026

250 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos: fruto de Occidente


El 4 de julio de 2026 se cumplen 250 años de un documento que cambió la historia de la humanidad más que casi ningún otro: la Declaración de Independencia de Estados Unidos. La conmemoración, previsiblemente, se va a quedar corta. Se hablará de fuegos artificiales, de Filadelfia, de Jefferson, quizás de la guerra contra Gran Bretaña. Lo que casi nadie va a decir —porque casi nadie lo sabe, o porque a casi nadie le conviene saberlo— es que ese texto no es un invento exclusivamente anglosajón, y que su impacto no se limitó a las trece colonias. Fue, y sigue siendo, el acontecimiento más importante de todo el Hemisferio Occidental, y probablemente del mundo entero. Y fue, sobre todo, el punto en que confluyeron tradiciones de libertad individual que venían gestándose en distintos rincones de Occidente desde hacía siglos, y además con un protagonismo hispano que la historiografía dominante prefiere no subrayar.

Empecemos por lo evidente. Ningún otro experimento político en la historia ha producido un nivel de prosperidad, innovación y libertad individual comparable al de Estados Unidos en estos 250 años. Eso no es casualidad ni superioridad racial ni geográfica, sino el resultado directo de haber institucionalizado, mejor que nadie antes, un conjunto de principios —límite al poder, propiedad privada, imperio de la ley, soberanía popular— que tardaron siglos en madurar. El impacto de esa institucionalización no se quedó dentro de las fronteras norteamericanas. Se exportó, se imitó, se tradujo en constituciones de medio mundo, incluida la propia América Latina. Sin el 4 de julio de 1776 el siglo XX habría sido distinto, y probablemente mucho peor, para todo Occidente. Eso hay que decirlo sin complejos.

Ahora vayamos a lo que casi nadie dice. La Declaración de Independencia no nació de la nada ni es un producto exclusivamente anglosajón con algún condimento francés. Antes de Locke, antes de Smith, antes de Jefferson, hubo una escuela de pensamiento que llevaba dos siglos de ventaja: la Escuela de Salamanca. Entre sus pensadores se destacan Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Juan de Mariana, Luis de Molina, entre otros. No fueron teólogos oscurantistas haciendo filosofía de salón. Fueron los primeros en defender con rigor la propiedad privada como institución necesaria, la teoría subjetiva del valor —tres siglos antes de que la Escuela Austríaca la reivindicara como propia—, la legitimidad moral del comercio voluntario, y algo todavía más radical: el derecho de resistencia frente al tirano, incluido el tiranicidio, que Mariana desarrolló en De rege et regis institutione (1599) con una contundencia que ningún ilustrado escocés se atrevió a igualar.

Esas ideas no se quedaron en España. John Locke las heredó, las secularizó y les dio el giro individualista que las hizo aptas para la modernidad política. Y de Locke pasaron directamente a Filadelfia. Thomas Jefferson tenía la Historia General de España de Mariana en su biblioteca y la recomendaba a sus amigos; llegó a comprar ejemplares para James Madison. John Adams estudió De rege et regis institutione con atención. La igualdad natural de los hombres, la soberanía originaria del pueblo, el consentimiento como fuente del poder político, el derecho a resistir al tirano; todo eso que leemos en el preámbulo de la Declaración tiene una genealogía que pasa por Salamanca antes de pasar por Edimburgo. No es una curiosidad erudita, sino el dato que cambia la historia que nos contaron.

Y todavía hay más, porque la contribución hispana a la independencia americana no fue solo intelectual. Fue militar, logística y de sangre. Cuando España le declaró la guerra a Gran Bretaña en 1779, la causa americana llevaba cuatro años de estancamiento. Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, tomó Baton Rouge, Mobile y Pensacola entre 1779 y 1781, expulsó a los británicos del sur y le cerró a Cornwallis la retaguardia que necesitaba para abastecerse. Sin esas campañas, Yorktown —el momento que selló la independencia— habría sido, en el mejor de los casos, mucho más difícil. España aportó además préstamos, armas, uniformes y soldados venidos de Cuba, México y Puerto Rico. La independencia de Estados Unidos no fue una gesta exclusivamente anglosajona con ayuda ocasional española. Fue una empresa atlántica compartida, y el escudo de Gálvez —Yo solo— sigue siendo, sin que casi nadie lo sepa, el emblema oficial de Los Ángeles.

¿Por qué importa todo esto en 2026, y no solo como anécdota histórica? Porque la conclusión correcta no es que Estados Unidos le deba algo a España, ni que haya que reescribir la historia para repartir méritos como en una premiación. La conclusión correcta, y mucho más potente, es que Estados Unidos se convirtió en el crisol donde confluyeron las tradiciones de libertad individual de todo el Hemisferio Occidental: la hispana, con su reflexión sobre los límites morales del poder; la anglosajona, con su imperio de la ley y su genio institucional; y la francesa, con Cantillon y Turgot afinando la teoría del valor y de la función empresarial antes de que Smith lo sistematizara todo en 1776. Estados Unidos no inventó la libertad occidental. La recibió de varias tradiciones a la vez, y tuvo el mérito —que nadie le puede quitar— de traducirla en instituciones que perduraron.

Esto tiene una implicación que en Hispanoamérica seguimos sin asumir con la naturalidad que merece, pues no somos espectadores de la gesta de 1776. Somos, en buena medida, coautores intelectuales y militares de ella. La libertad que se institucionalizó en Filadelfia tiene raíces hispanas tan profundas como las anglosajonas, y celebrar el 4 de julio sin reconocerlo es aceptar, una vez más, la Leyenda Negra que nos enseñaron a internalizar, la idea de que lo único que aportamos a Occidente fue el atraso, mientras los anglosajones aportaban el progreso. Es mentira, y es una mentira costosa, porque nos priva de la autoestima necesaria para reconocernos herederos legítimos de la misma tradición que hoy se celebra en Washington.

Y aquí está lo verdaderamente urgente del aniversario. Occidente —entendido no como un bloque étnico ni como propiedad de un solo país, sino como esa conversación intelectual compartida entre España, Inglaterra, Francia y América— está siendo cuestionado hoy con una agresividad que no tiene precedentes recientes, y no principalmente desde afuera, sino desde adentro, desde las universidades, las instituciones y los discursos públicos de las propias sociedades que esa tradición construyó. La erosión no avanza con ejércitos, sino con narrativa, con culpa retroactiva, con la pretensión de que reconocer los logros de esa civilización equivale a blanquear sus errores. Es simplemente falso. Se puede —se debe— reconocer la esclavitud como el pecado original de la fundación americana, y al mismo tiempo reconocer sin complejos que ningún otro proyecto político ha sido capaz de corregirse a sí mismo con la consistencia con que lo hizo Estados Unidos.

Esa es la tradición espontánea conjunta que tenemos en Occidente, y que deberíamos reivindicar precisamente porque está siendo atacada como nunca antes, la de la limitación del poder, la propiedad privada, el comercio voluntario, la dignidad individual como fundamento de todo orden político. No son patrimonio exclusivamente anglosajón, sino también nuestro, de Hispanoamérica, porque salieron en parte de nuestra propia tradición intelectual antes de cristalizarse en Filadelfia. Si esos valores se deterioran o se destruyen —y se están deteriorando, no hace falta exagerar para verlo— el costo no lo va a pagar solo Estados Unidos, sino todo el hemisferio, y probablemente el mundo entero, porque no existe hoy una alternativa institucional remotamente comparable que pueda sostener la prosperidad y la libertad que esa tradición hizo posible.

A los 250 años de 1776, lo que toca no es nostalgia ni hagiografía. Toca reconocer, sin complejos, que Estados Unidos es el fruto institucional mejor logrado de una tradición que es nuestra tanto como suya, y defenderla con la misma convicción intelectual con la que Vitoria, Mariana, Locke y Jefferson la construyeron. Varios países, una sola nación. Esa nación cumple 250 años. Y todavía tenemos mucho que perder si dejamos que se la sigan apropiando quienes solo quieren destruirla.

Fuente: El Cato

viernes, 3 de julio de 2026

Senado aprueba en grande la ley de acceso a la información pública, que busca transparentar los datos del Estado


El pleno de la Cámara de Senadores aprobó el jueves, en su estación en grande, el proyecto de “Ley de Acceso a la Información Pública”, una norma con la cual se busca transparentar la información del Gobierno, las gobernaciones y las alcaldías del país, además de las reparticiones que funcionan con recursos del Estado.

“Todos los ciudadanos bolivianos tienen derecho a acceder a la información pública de manera transparente y sin trabas”, afirmó el senador José Roca, quien destacó el derecho de la ciudadanía a conocer la gestión de los recursos y la administración pública.

En su criterio, “es el derecho que tienen todos los bolivianos a acceder a información sin mayor trámite posible” y “se demuestra la transparencia de los entes del Estado, de los gobiernos municipales y que muchos no tienen esa información porque no les conviene”.

El legislador explicó que “hay un montón de amparos” constitucionales en los cuales se pide al Estado transparentar la información. En ese marco, comentó que en la región solo Venezuela, Cuba y Bolivia no cuentan con una norma de este tipo.

Se trata de una iniciativa orientada a garantizar el ejercicio pleno del derecho de acceso a la información, fortalecer la transparencia en la gestión pública y establecer mecanismos que faciliten el acceso de la ciudadanía a la información generada por las instituciones del Estado, señala un boletín institucional.

En la sesión se planteó una moción de aplazamiento, pero esta fue rechazada. En ese marco, se acordó que la consideración en detalle del proyecto de ley se retome en la próxima sesión ordinaria, tras el receso parlamentario, cuando se analicen sus artículos.

Comisión

El informe presentado por la Comisión de Constitución, Derechos Humanos, Legislación y Sistema Electoral recomendó la aprobación del proyecto e incorporó dos disposiciones destinadas a fortalecer su implementación.

Entre ellas, la creación de un “órgano garante externo, autónomo e independiente, con personalidad jurídica, presupuesto propio y potestad sancionatoria”.

Además, se añadió en el documento una disposición que ordena al Órgano Ejecutivo implementar un sistema estandarizado de gestión y archivo documental en las entidades públicas, como condición para la plena operatividad de la futura ley.

El proyecto establece como objeto garantizar el ejercicio pleno del derecho de acceso a la información, tanto de manera individual como colectiva, promoviendo la transparencia de la gestión institucional, informó el Senado.

Asimismo, “dispone su aplicación a entidades e instituciones públicas, empresas públicas, universidades públicas y otras instancias con participación estatal”.

Además, se incorporan “principios como la accesibilidad, la gratuidad, la presunción de publicidad, la transparencia, la no discriminación, la responsabilidad y la facilitación para el acceso a la información pública”.

Fuente: Unitel

Cómo funciona la tecnología microscópica detrás del gol anulado a Croacia


Cuando faltaba nada para que terminara el partido de dieciseisavos entre Croacia y Portugal, el defensor croata Josko Gvardiol empataba el partido y obligaba a la prórroga, pero entonces entró en escena el VAR (video assistance referee o árbitro asistente de video).

En medio de los festejos de los croatas y la cara de decepción del portugués Cristiano Ronaldo, quien poco antes había anotado su primer gol en una fase eliminatoria de la Copa del Mundo antes de ser sustituido, el árbitro noruego Espen Eskas anunció la revisión de la jugada por posible fuera de juego.

La gran incógnita era: ¿había desviado el croata Igor Matanovic la pelota durante la jugada previa? Si su cabeza había tocado el balón, existía fuera de juego; de lo contrario, el gol sería válido.

Eskas se dirigió al monitor y revisó una y otra vez las imágenes, que a primera vista parecían no ofrecer una conclusión clara. Sin embargo, un pico en la señal detectado por una tecnología similar al Snickometer (usado en deportes como el críquet) sugirió que hubo contacto, por lo que el gol fue anulado.

Fue prácticamente la última acción del partido que culminó con un 2 a 1 a favor de Portugal.

La decisión desató el caos: aficionados croatas enfurecidos lanzaron botellas de plástico al terreno de juego al ver cómo sus sueños mundialistas se desvanecían de la manera más cruel.

Para la leyenda croata de 40 años, Luka Modric, aquello supuso seguramente el final de su trayectoria en los Mundiales, mientras que el camino de Ronaldo continúa, apenas unas horas después de que su hermana calificara el torneo como su "último baile".

Fue un partido que lo tuvo todo. Entre goles anulados, un penal polémico, la expectación en torno a Ronaldo y la controversia del VAR, pero ¿cómo se determinó ese desvío en la cabeza de Matanovic?

Sensores en la pelota

El balón oficial Trionda, fabricado por Adidas para el Mundial de este año, incorpora un microchip capaz de detectar lo que ni el árbitro, ni los comentaristas de fútbol y ni siquiera las imágenes del VAR pudieron detectar en el segundo gol croata.

Esto permite transmitir datos precisos —como cada toque individual del balón con el botín o la mano— al VAR de forma inmediata y en tiempo real.

Pero esta no es la primera vez que se utiliza un microchip de estas características, aunque haya sido la de mayor repercusión: una tecnología similar ya estaba vigente en el Mundial de 2022 y en la Eurocopa de 2024.

Tras el partido, la Federación de Fútbol Internacional (FIFA) explicó en su cuenta de X la decisión detrás de la anulación del gol croata:

"Según los datos proporcionados por la tecnología de balón conectado integrada en el balón oficial del partido, se confirmó que el jugador croata n.º 20, Igor Matanovic, tocó el balón durante la jugada previa al gol contra Portugal, lo que permitió al árbitro determinar correctamente la posición de fuera de juego y anular el tanto.

"Los sensores IMU alojados en el balón Trionda son capaces de detectar cualquier contacto leve —información que se muestra a los espectadores durante la retransmisión mediante un gráfico similar a un latido del corazón— y proporcionan a los árbitros un nivel de datos sin precedentes para tomar decisiones rápidas y precisas".

En el programa matutino de BBC Radio 5 Live, Eric Goff, profesor de Ingeniería Deportiva en la Universidad de Purdue, explicó cómo la tecnología microscópica integrada en el balón provocó que se anulara el gol de Croacia:

"El sistema funciona mediante lo que se conoce como unidad de medición inercial (IMU, por sus siglas en inglés). Es un dispositivo de apenas unos gramos, pero está incrustado en uno de los cuatro paneles. Para evitar que el centro de masa del balón se desplace fuera de su posición central, se colocan masas de contrapeso en los otros paneles".

Según indicó Goff, este dispositivo permite recopilar datos del balón a una frecuencia de 500 hercios, es decir, 500 veces por segundo. En la práctica, esto significa que, en el instante en que el botín entra en contacto con el balón, se registra una marca temporal con una precisión de dos milisegundos.

"Además, hay una docena de cámaras situadas sobre el estadio que graban a los 22 jugadores en el campo 50 veces por segundo. Gracias a ello, es posible determinar con exactitud —dentro de ese margen de dos milisegundos— dónde se encontraban los jugadores en el terreno de juego en el momento del contacto", dijo el académico y añadió:

"En el caso de Croacia, al parecer el balón estaba en contacto con el jugador croata y se detectó una ligera variación en el movimiento fuera de esa estrecha ventana de dos milisegundos".

Para Groff, sería importante que la FIFA hiciera públicos los datos del balón en ese instante concreto, "para mostrar el pico de aceleración (aunque fuera leve) que se produjo al entrar en contacto con dicho jugador".

Repercusiones de la decisión

En la rueda de prensa posterior al partido, el seleccionador de Croacia, Zlatko Dalic, evitó profundizar en los detalles del gol anulado pero tuvo palabras duras contra los árbitros y la tecnología.

"No haré muchos comentarios al respecto (la anulación), pero diré que el arbitraje fue muy malo. No nos señalaron faltas ni jugadas a balón parado que debieron haberse pitado, aunque eso no es motivo para justificar la derrota. El arbitraje fue pésimo".

Con respecto al VAR tampoco se anduvo con rodeos:

"El VAR mata las emociones, mata todo lo que llevas dentro. Hemos ido demasiado lejos con el VAR", sentenció Dalic.

El seleccionador de Portugal, Roberto Martínez, se mostró más conciliador.

"Es una lástima que uno de los dos equipos tuviera que perder, pero no se trata de una decisión mala ni de una cuestión de suerte. Fue un momento claro: los balones llevan ahora un chip y el sensor indica que el balón fue tocado".

Fuente: BBC