El trabajo remoto dejó de ser una medida excepcional impulsada por la pandemia para consolidarse como una modalidad cada vez más estable dentro del mercado laboral boliviano. Sin embargo, su expansión todavía enfrenta obstáculos relacionados con la informalidad, la desigualdad tecnológica y la falta de regulación específica. Así lo establece el “II Estudio sobre la demanda de empleo remoto en Bolivia”, elaborado por el Observatorio Nacional del Trabajo (ONT) de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
La investigación, desarrollada entre agosto y octubre de 2025, evidencia que el teletrabajo atraviesa una etapa de estabilización y transición hacia modelos híbridos, donde la presencialidad y la virtualidad comienzan a complementarse en distintas actividades económicas.
“Los cambios principales tienen que ver con una estabilización relativa como modalidad complementaria dentro del mercado laboral. También con un ajuste organizacional y una racionalización del uso del teletrabajo”, explica Mauricio Rojas, investigador asociado del Observatorio Nacional del Trabajo.
El estudio, realizado mediante técnicas de minería de datos, procesamiento de lenguaje natural e inteligencia artificial, analizó cientos de ofertas laborales publicadas en plataformas digitales como LinkedIn, Computrabajo y Bumeran para identificar tendencias, perfiles requeridos y sectores con mayor demanda de empleo remoto.
Uno de los hallazgos centrales es que las empresas comenzaron a formalizar con mayor claridad las condiciones del teletrabajo. Horarios, productos entregables, modalidades híbridas y mecanismos de supervisión aparecen ahora de forma más explícita en las convocatorias laborales.
“Esto ha llevado hacia una transición que nos permite pensar que el empleo remoto se ha convertido en una modalidad híbrida que se desarrolla cada vez con más fuerza”, sostiene Rojas. Según el investigador, la participación del empleo remoto en las ofertas analizadas pasó del 17% al 22,1% en el último periodo evaluado.
La investigación muestra además que el trabajo remoto en Bolivia se concentra principalmente en actividades intensivas en conocimiento y servicios digitales. Educación virtual, desarrollo de software, consultorías profesionales, servicios tecnológicos, ventas digitales y diseño multimedia lideran actualmente la demanda.
“El empleo remoto está exigiendo cada vez más una tecnificación, es decir, perfiles profesionales y técnicos también a nivel de maestría”, señala Rojas.
La transformación digital también modificó las competencias más valoradas por las empresas. El informe identifica un aumento en la demanda de habilidades técnicas relacionadas con análisis de datos, programación, plataformas digitales e idiomas, especialmente inglés.
“Es un tipo de empleo que demanda un capital humano bastante especializado, ya sea técnico o profesional”, explica el investigador. Entre las competencias técnicas más requeridas aparecen el manejo avanzado de Excel, herramientas de análisis de datos y programación.
Sin embargo, el estudio concluye que las habilidades blandas continúan siendo determinantes para acceder y mantenerse en entornos virtuales de trabajo. Responsabilidad, liderazgo, productividad, trabajo en equipo y orientación al cliente aparecen entre las capacidades más solicitadas.
“La virtualización del trabajo no le resta importancia al componente humano, sino más bien hay que pensar en fortalecerlo y protegerlo”, enfatiza Rojas.
El informe del Observatorio Nacional del Trabajo también advierte que el crecimiento del empleo remoto no ocurre de manera homogénea en el país. Las oportunidades continúan concentrándose en áreas urbanas con mayor conectividad y acceso tecnológico, mientras las regiones rurales mantienen fuertes limitaciones de infraestructura digital.
“Hay algunos problemas estructurales que tienen que ver con la distribución de la demanda de empleo remoto a nivel nacional”, advierte el investigador.
La investigación identifica además un problema persistente de informalidad. Aunque algunas empresas comenzaron a establecer reglas más claras sobre horarios y productos entregables, todavía existen vacíos relacionados con seguridad social, derechos laborales y compensación de gastos operativos.
“Hay una baja aplicación de la normativa en cuanto a condiciones laborales y el empleo remoto todavía se desarrolla en un contexto de alta informalidad”, sostiene Rojas.
Frente a este escenario, el estudio plantea la necesidad de fortalecer políticas públicas orientadas a mejorar capacidades digitales, ampliar la conectividad y generar marcos regulatorios específicos para el teletrabajo.
Entre las recomendaciones destacan la formación en competencias digitales y habilidades blandas, el fortalecimiento de la enseñanza de idiomas orientados al mercado laboral y el diseño de políticas para impulsar la exportación de servicios digitales desde Bolivia.
“Es importante fortalecer la adopción de un enfoque de competencias alineado con estándares internacionales”, afirma Rojas.
A nivel regional, organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la CEPAL coinciden en que el teletrabajo continuará expandiéndose en América Latina, especialmente en actividades vinculadas a la economía digital y servicios globales. No obstante, advierten que el desafío principal será evitar que la virtualización del empleo profundice las desigualdades existentes.
Fuente: Unifranz