miércoles, 11 de febrero de 2026

Ministerio de Relaciones Exteriores presenta modernización y estandarización de salvoconductos y visas


El Ministerio de Relaciones Exteriores, a través del Viceministerio de Gestión Consular e Institucional, en el marco de su agenda de modernización institucional y fortalecimiento de la seguridad documental, realizó la presentación de la “Modernización y Estandarización del Formato de Salvoconducto y Visas Bolivianas”.

La actualización de estos instrumentos responde al objetivo de reforzar la seguridad documental, la trazabilidad y la verificación de autenticidad, mediante un formato más claro, uniforme y alineado con estándares internacionales, que facilita su reconocimiento en puntos de control y reduce riesgos de falsificación o uso indebido.

Como parte central de esta modernización, los nuevos formatos incorporan mecanismos modernos de verificación, lo que permite la validación ágil y segura de la información del documento. En el caso del salvoconducto, se implementa la verificación mediante QR/URL; y, para las visas, se integra la verificación de la Zona de Lectura Mecánica (MRZ) y el código de barras bidimensional PDF417, fortaleciendo la confirmación de autenticidad e integridad del documento.

Asimismo, el Viceministro de Gestión Consular e Institucional, embajador Héctor Huanca, destacó que la modernización de las visas permite al Estado boliviano cumplir con lo establecido por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), reforzando la seguridad y la lectura estandarizada del documento.

El proceso de implementación contempla la emisión institucional por sistema, el uso uniforme del formato, la socialización y capacitación a los actores involucrados, así como un período de transición con coexistencia temporal de los formatos anteriores, conforme a los lineamientos aprobados.

Mediante esta iniciativa, el Ministerio de Relaciones Exteriores reafirma su compromiso con una gestión consular moderna, confiable y orientada al servicio, tanto de ciudadanas y ciudadanos extranjeros, mediante la emisión de visas, como de nuestras connacionales a través de salvoconductos, a través de documentos que fortalecen la seguridad y la eficiencia operativa en fronteras y aeropuertos, en coordinación con las instituciones competentes, cumpliendo el compromiso de llevar a Bolivia al mundo y traer el mundo a Bolivia con seriedad y responsabilidad.

Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores

Hay una poderosa razón por la que los universitarios ya no leen


En 2011, impartí una clase universitaria sobre el significado y el valor del trabajo. Era una clase de educación general, del tipo que los estudiantes dicen que tienen que “quitarse de en medio” antes de pasar a sus asignaturas principales. Pocos de los alumnos eran ávidos lectores, y muchos tenían trabajos que limitaban su tiempo de estudio.

Les asigné nueve libros. Sabía que era mucho pedir, pero los alumnos lo hicieron muy bien. La mayoría superó con buenas notas sus pruebas de lectura sobre Walden de Henry David Thoreau y La República de Platón. En clase, con los pupitres en círculo, mantuvimos animados debates.

Después de 13 años que incluyeron una pandemia y la llegada de la inteligencia artificial generativa, aquella lista de lecturas parece no solo ambiciosa, sino absurda. No he asignado un libro entero en cuatro años.

En todo el país, los profesores universitarios reportan un fuerte descenso en la disposición y capacidad de los estudiantes para leer por su cuenta. Para adaptarse, los instructores están asignando menos lecturas y dando a los alumnos tiempo en clase para completarlas.

Es tentador lamentar la muerte de una vía fiable de aprendizaje e incluso de placer; pero empiezo a pensar que los alumnos que no leen responden racionalmente a la visión de la vida profesional que les vende nuestra sociedad. En esa visión, la productividad no depende del trabajo, y un sueldo tiene poco que ver con el talento o el esfuerzo. Durante décadas, se ha dicho a los estudiantes que la universidad trata de la preparación profesional y poco más. Y la tarea de descifrar el argumento de un autor no preparará a los estudiantes para prosperar en una economía que parece funcionar a base de vibras.

Los recientes anuncios de Apple Intelligence, una función de inteligencia artificial, dejan clara esta visión. En uno, la actriz Bella Ramsey utiliza la inteligencia artificial para encubrir el hecho de que no ha leído la propuesta que le envió su agente por correo electrónico. Funciona, y parece que el proyecto está en marcha. ¿En realidad es bueno el proyecto? No importa. Las vibras lo resolverán.

Incluso en las representaciones aparentemente verídicas de la vida laboral que ven los estudiantes, como los videos de “un día en mi vida” que fueron populares en TikTok hace un par de años, el trabajo intelectual parece opcional y los puestos corporativos de nivel básico parecen una serie de reuniones en azoteas, almuerzos gratuitos y horas felices de trabajo en equipo: menos un trabajo que un estilo de vida. Y, por supuesto, el trabajo de estilo de vida definitivo es ser un influente, una tentadora perspectiva que parece estar siempre a una sola publicación viral de distancia.

Los estudiantes universitarios más visibles son los grandes atletas, quienes hoy en día pueden ganar dinero —en algunos casos, millones de dólares— mediante acuerdos de patrocinio. Pero por mucho que estos estudiantes se esfuercen, sus ganancias no son oficialmente por su trabajo en el campo, sino por su comerciabilidad fuera de él.

Cuando los estudiantes se gradúan, los trabajos que más desean son los que ellos llaman con orgullo “campos para venderse” de las finanzas, la consultoría y la tecnología. Para los de fuera, estas industrias son abstractas y opacas, y se basan en la fanfarronería y la jerga. Sin embargo, una cosa es cierta: ahí es donde está el dinero.

En definitiva, parece como si el éxito no fuera fruto del conocimiento y la habilidad, sino de la suerte, la propaganda y el acceso a las empresas adecuadas. Si esa es la economía en la que los estudiantes creen que están entrando, ¿por qué deberían esforzarse en leer? De hecho, ¿cómo les preparará cualquier esfuerzo escolar para carreras en las que, aparentemente, no se recompensa el esfuerzo?

Ante todo esto, es fácil perder la fe en el aprendizaje humanístico. Las propias universidades ofrecen poco consuelo. Promueven constantemente la idea de que un título tiene que ver con el poder adquisitivo por encima de todo lo demás. Adoptan la cultura de los influentes y probablemente se benefician de fenómenos virales como Bama Rush. Desde luego, no ahuyentan a los reclutadores corporativos.

Pero la enseñanza es una profesión inherentemente esperanzadora, y por mucho que los estudiantes me preocupen, también me dan esperanza. A menudo veo a mis alumnos de escritura ir más allá de lo que es fácil o racional. Se entusiasman con sus proyectos de investigación; a veces incluso se plantean si utilizar un punto o un punto y coma para separar dos frases.

El hecho es que no todos los alumnos pretenden navegar en las vibras. Algunos quieren hacer un trabajo que genere algo más que dinero. Algunos licenciados en finanzas también. Y otros, Dios los bendiga, solo quieren aprender lo que puedan y preocuparse del trabajo después.

Depende de los estudiantes decidir si se resisten a la inercia intelectual. Lo único que puedo hacer es demostrar que merece la pena leer, hacer una pausa, pensar, revisar, releer, debatir y volver a revisar. Puedo, en el tiempo que los alumnos están conmigo, ofrecerles oportunidades de desafiar sus incentivos y ver qué ocurre.

Tengo que volver a asignar libros. Nueve son demasiados. ¿Pero uno? Pueden leer uno. El próximo semestre, lo harán.

Imagen: Niña leyendo de Jean Honoré Fragonard

Fuente: Infobae

martes, 10 de febrero de 2026

Transformación digital: el verdadero antídoto contra la burocracia y la corrupción


Hace poco más de dos décadas, el mundo inició un profundo proceso de transformación digital. Hoy, sus beneficios son innegables: simplificación de trámites, ahorro de tiempo y recursos, y niveles de eficiencia que hasta hace pocos años parecían inalcanzables.

Como todo cambio estructural, la transformación digital conlleva riesgos y desafíos. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que dichos riesgos pueden ser gestionados y que los desafíos han sido, precisamente, el motor de la innovación tecnológica, permitiendo construir sistemas cada vez más seguros, confiables y eficientes.

Desde hace un poco más de quince años vengo sosteniendo que esta transformación debe ser aplicada, con carácter prioritario, en los Entes Gestores de Salud (comúnmente llamadas Cajas de Salud), en el Ministerio de Trabajo y en la Gestora Pública, que desde hace casi tres años administra el Sistema Integral de Pensiones.

En el caso de las Cajas de Salud, resulta inadmisible que asegurados y beneficiarios se vean obligados a hacer fila desde las tres o cuatro de la madrugada, o incluso tener que dormir desde la noche anterior, con el único objetivo de obtener una ficha que, en el mejor de los casos, solo marca el inicio de un verdadero vía crucis de trámites, filas y esperas interminables.

La situación no es mejor para los empleadores. Para cumplir con obligaciones básicas, como el pago de aportes, la programación de exámenes pre y post ocupacionales, la afiliación y baja de trabajadores, la comunicación de cambios societarios o las solicitudes de reembolso por bajas médicas, seguimos obligados a realizar trámites presenciales, presentando documentos físicos acompañados de las infaltables fotocopias, como si estuviéramos anclados en el siglo pasado.

Si hablamos de la plataforma digital del Ministerio de Trabajo, que en teoría debería servir para obtener fichas para el visado de finiquitos, contratos y otros trámites, la realidad es aún más preocupante. Conseguir una ficha se ha convertido en una cuestión de suerte: los usuarios deben conectarse desde las seis de la mañana y, con mucho esfuerzo, pueden lograrlo después de tres o cuatro días. Sin embargo, si por las fallas de la propia plataforma el trámite no se presenta dentro del plazo, la consecuencia es una multa, sin que la institución asuma responsabilidad alguna. Cabe preguntarse, entonces, si esta ineficiencia es simple incapacidad o si el sistema está diseñado precisamente para eso.

No solo somos el país de las filas, sino también el de las fotocopias y de la complicación innecesaria. Lo más grave es que ninguna institución pública asume responsabilidad por sus propias deficiencias. Por el contrario, muchas veces pareciera que el objetivo es obstaculizar la gestión del ciudadano. El caso de la Gestora Pública es ilustrativo: se rechazan fotocopias de documentos de identidad cuando estas provienen de una impresión legible de una fotografía tomada con el celular, ignorando por completo la interoperabilidad, que justamente sirve para verificar la autenticidad de documentación e información.

Esta forma de administrar no es neutra: genera contingencias, especialmente económicas, que luego se traducen en sanciones y multas elevadísimas, muchas veces no por incumplimientos reales, sino por interpretaciones sesgadas o por errores que las propias instituciones dejan pasar durante años, para recién “detectarlos” cuando ya es imposible subsanarlos.

Por ello, no me cansaré de insistir en la necesidad urgente de que el Estado implemente verdaderas plataformas digitales integradas. Esto no solo aliviaría la carga de asegurados, beneficiarios y empleadores, sino que permitiría a las propias instituciones realizar un seguimiento oportuno y eficiente de las obligaciones, dentro de plazos razonables que no deberían superar los 30 días calendario, y no después de años de silencio administrativo.

Este cambio debe ir acompañado, además, de una eliminación real de la injerencia política y de un proceso serio de institucionalización de cargos, donde primen el conocimiento, la experiencia, la calidad, la calidez y el criterio técnico. Las instituciones deben convertirse en facilitadoras y no en entes meramente coercitivos. Es imprescindible una reingeniería profunda del personal, empezando por las Cajas de Salud, donde es evidente la desproporción entre el personal administrativo y el personal médico.

Finalmente, este proceso solo será posible con la participación de los actores principales: empleadores, asegurados y beneficiarios. No avanzar hacia la transformación digital solo garantiza que la burocracia, y con ella, la corrupción, continúen campantes en instituciones públicas que parecen devotas de las eternas filas y las infaltables fotocopias.

Fuente: Negocios Press