miércoles, 10 de junio de 2026

El filólogo que sin querer dividió el idioma: así nació la palabra Ordenador


La historia lleva décadas circulando en foros de lingüística y en conversaciones de bar. La recupera ahora Gemini en un hilo que se ha hecho viral este mes, pero merece una lectura más despacio. Porque detrás del término que escribes en tus facturas de Hacienda o en el seguro del hogar hay un documento extraordinario que combina burocracia corporativa, latín eclesiástico y una decisión de marca que IBM regaló al mundo gratis.

¿Por qué IBM no sabía cómo llamar a su máquina?

En la primavera de 1955, la filial francesa de IBM se preparaba para producir sus primeras máquinas electrónicas de tratamiento de datos en su planta de Corbeil-Essonnes, a unos 30 kilómetros al sur de París. El modelo en cuestión era el IBM 650, uno de los primeros ordenadores comerciales de la historia, que pesaba más de novecientos kilos y ocupaba el espacio de un par de armarios roperos.

El problema era el nombre. En Estados Unidos la máquina se llamaba simplemente computer —término que hasta entonces se reservaba a las máquinas científicas de cálculo numérico— y su traducción directa al francés era calculatrice o calculateur. Para la dirección de IBM Francia eso era inaceptable: calculadora era demasiado limitado, demasiado aritmético. La máquina hacía mucho más que sumar columnas de cifras.

Fue François Girard, responsable del servicio de publicidad de la planta, quien tuvo la idea de pedir ayuda a alguien de confianza: su antiguo profesor de literatura de la Sorbona, el latinista Jacques Perret. Girard preparó un dossier con brochures de las máquinas y se lo mandó a su ex-profesor acompañado de una carta firmada por Christian de Waldner, presidente de IBM Francia. La petición era sencilla: proponga usted un término en francés para esta cosa.

La carta que partió el idioma en dos

Lo que Perret devolvió el 16 de abril de 1955 era una carta breve, precisa y con opciones. El filólogo sugería varios candidatos: ordinatrice d’éléments complexes, sélecto-ordinateur, électro-ordinatrice… y uno que destacaba sobre los demás: ordinateur.

La propuesta venía acompañada de una advertencia que hoy resulta deliciosa. Perret avisaba de que ordinateur era un término que aparecía en el diccionario Littré como adjetivo teológico para referirse a Dios como el «ordenador del mundo», el que pone orden en el caos. También se usaba en el contexto de la ordenación de sacerdotes. El inconveniente, escribía, era que ordination designaba una ceremonia religiosa, aunque «los dos campos de significación —religión y contabilidad— son tan lejanos» que el problema quizá era menor.

Por si acaso, Perret recomendaba el femenino: ordinatrice électronique, que «tendría la ventaja de separar aún más la máquina del vocabulario de la teología». IBM se quedó con la versión masculina simplificada. Más limpia, más comercial, más fácil de decir.

En esa carta están tres cosas que vale la pena subrayar. Primero, Perret sabía exactamente lo que estaba haciendo desde el punto de vista lingüístico: el término no era nuevo sino recuperado del latín ordinator, que tiene más de dos mil años. Segundo, el consejo fue gratuito —ni contrato, ni honorarios, ni patente—. Tercero, IBM tomó nota rápido: en semanas el término estaba circulando en los materiales de la empresa y en poco tiempo lo había adoptado el público en general. Llevo dos décadas escribiendo sobre tecnología y pocas veces me he encontrado con un origen de nombre tan bien documentado y al mismo tiempo tan desconocido para el gran público.

¿Por qué España adoptó el término y América Latina no?

Aquí entra la geopolítica cultural de los años cincuenta, que es tan aburrida de explicar como inevitable de entender.

IBM France no registró el término ordinateur como marca. Lo regaló. Eso significa que cualquier país podía tomarlo, traducirlo o ignorarlo según le pareciera. España lo adoptó como ordenador a través de un mecanismo sencillo: la influencia tecnológica y comercial que llegaba desde Francia en aquella época era mayor que la anglosajona directa. Los ingenieros y técnicos españoles leían documentación francesa, importaban maquinaria francesa, y cuando necesitaron un término para la nueva máquina cogieron el que ya tenían al lado.

En América Latina, la ecuación era diferente. La influencia cultural y comercial de Estados Unidos era —y sigue siendo— predominante. El término computer se tradujo directamente como computadora o computador, dependiendo del país. No hay ninguna decisión académica que lo explique: fue el efecto gravitacional de la proximidad económica con el inglés.

El resultado es la paradoja lingüística que conocemos: dos mundos que hablan el mismo idioma usan palabras distintas para referirse a exactamente la misma cosa. Y ambas son legítimas. La RAE recoge ordenador como el término preferido en España y acepta computador y computadora como variantes válidas —algo que puedes comprobar en el repaso que hicimos a las palabras de tecnología que la RAE ha ido incorporando a lo largo de los años, donde este tipo de dobles denominaciones son más comunes de lo que parece.

Lo que nadie esperaba en 1955 es que setenta años después una IA llamada Gemini —nombrada por los humanos, como todo lo demás— recuperaría esta historia para generar contenido editorial. La relación entre inteligencia artificial y lenguaje es cada vez más estrecha: los experimentos con ChatGPT y palabras inventadas revelan que los modelos de lenguaje internalizan las reglas implícitas del idioma mejor de lo que creíamos, aunque con límites claros. El hecho de que Perret inventara ordinateur recurriendo a un término en desuso —recuperado del latín, con carga semántica religiosa— es exactamente el tipo de decisión creativa que los modelos actuales no replicarían: demasiado oblicua, demasiado culturalmente densa.

Mi valoración

Lo que más me convence de esta historia es que sea tan poco conocida siendo tan relevante. Llevamos cubriendo el sector tecnológico desde 2005 —más de 80.000 artículos publicados en wwwhatsnew.com— y el nombre que ponemos a las cosas nos ha parecido siempre secundario frente al objeto en sí. La historia de Perret demuestra que el naming de un producto puede condicionar la identidad lingüística de millones de personas durante décadas.

Lo que más me preocupa es la rapidez con la que este tipo de historias se reformatea y viraliza a través de las IAs generativas. El hilo de Gemini que ha circulado esta semana es correcto en lo esencial, pero simplifica el contexto y convierte una anécdota con matices en un relato de cinco actos limpios. La realidad es algo más turbia: hay versiones distintas sobre quién exactamente fue el interlocutor de Perret en IBM, y la carta no se hizo pública hasta 1990, cuando fue descubierta por Alain Pesson y publicada el 23 de abril de 1990 en el diario Les Échos bajo el título «Le mot ordinateur a trente-cinq ans». Treinta y cinco años de espera para una historia que debería haberse contado mucho antes.

Lo más estructuralmente significativo es lo que revela sobre la cadena de transmisión del conocimiento tecnológico: en 1955, una empresa tecnológica global necesitó recurrir a un filólogo clásico para nombrar su producto. En 2025, una IA recupera ese episodio para generar contenido. El círculo tiene una simetría incómoda. Perret era un humano que ordenaba el caos del lenguaje; Gemini es una máquina que usa el lenguaje para generar orden. Ambos, curiosamente, haciendo el mismo trabajo para IBM.

Mi predicción: en los próximos años veremos más artículos de cultura tech con este perfil —origen de nombres, decisiones de branding históricas, accidentes lingüísticos con consecuencias a largo plazo— generados total o parcialmente por IAs. El problema no es que existan, sino distinguir cuáles añaden contexto real y cuáles solo reformatean. Este artículo intenta ser de los primeros. Que lo consiga, lo juzgas tú.

Imagen: Profesional Review

Fuente: wwwhatsnew.com

martes, 9 de junio de 2026

Sitio web para verificar el estado de vuelos


Para verificar el estado de tu vuelo de forma rápida y mantenerte informado en tiempo real, el Ministerio de Obras Públicas, Servicios y Vivienda recordó que hay un sitio web https://mivuelo.att.gob.bo/  Boliviana de Aviación lamentó algunos retrasos debido a la alta demanda de envío de carga y escasez de combustible en La Paz.

“En las últimas semanas hemos recibido un alto volumen de solicitudes de carga, lo que ha incrementado los tiempos necesarios para los procesos de estiba y desestiba de las aeronaves. A ello se suman situaciones operativas propias de la naturaleza de la actividad aeronáutica, que requieren una gestión cuidadosa para garantizar la seguridad y continuidad de nuestras operaciones”, explicó en un comunicado la empresa estatal.

BoA indicó, que, adicionalmente, la ciudad de La Paz atraviesa una situación de escasez de combustible, lo que los obliga a realizar gestiones de abastecimiento en otras estaciones, “extendiendo los tiempos habituales de operación”.

“Ante esta situación, recomendamos a nuestros pasajeros presentarse en el aeropuerto con la debida anticipación, a fin de facilitar los procesos previos al viaje y contribuir a una operación más ordenada”, instó la aerolínea estatal.

Fuente: ATT

El Centro de la Cultura Plurinacional digitaliza más de cuatro décadas de historia del Colegio Nacional Florida


En un esfuerzo sin precedentes por salvaguardar el patrimonio documental de la región, el Centro de la Cultura Plurinacional (CCP-Santa Cruz) —a través de su Biblioteca «Isaac Sandoval Rodríguez»— en alianza estratégica con el emblemático Colegio Nacional Florida, ha culminado con éxito el proyecto de digitalización denominado «Tinta y Memoria: Cuadernos Históricos del Colegio Nacional Florida (1904–1950)». Esta iniciativa de rescate archivístico fue presentada de manera oficial ante el público e investigadores en la 27.ª Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra 2026.

El proyecto tuvo como propósito central resguardar el patrimonio documental, preservar la historia educativa de Santa Cruz y garantizar el acceso irrestricto de las futuras generaciones a estas fuentes primarias, bajo la premisa de que los documentos históricos son testimonios vivos de la memoria colectiva.

Un desafío técnico en tiempo récord

El cuerpo archivístico intervenido estuvo compuesto por 37 cuadernos históricos de notas que abarcan más de cuatro décadas de historia institucional. Tras rigurosas pruebas metodológicas para identificar el sistema de captura más eficiente y respetuoso con la integridad del papel, el equipo liderado por la investigadora Viviana Marzluf Cruz, ejecutó las tareas en un tiempo récord.

El proceso dio inicio el 18 de marzo de 2026 y concluyó formalmente el 12 de mayo del mismo año, logrando la digitalización exacta de 7.282 páginas. Antes de proceder al registro digital, cada tomo fue sometido a una minuciosa conservación preventiva que incluyó la limpieza hoja por hoja, manipulación cuidadosa y el uso estricto de elementos de bioseguridad como guantes y barbijos para evitar la degradación de los manuscritos originales.

Hallazgos e impacto historiográfico

La documentación recuperada, que contiene actas de exámenes, calificaciones, nóminas de estudiantes y registros administrativos, arroja importantes luces sobre la evolución del sistema educativo boliviano y las mallas curriculares de hace más de un siglo, cuando se impartían materias como Idioma Nacional, Aritmética y Contabilidad, Historia Natural, Filosofía o Francés.

Entre los hallazgos más disruptivos para la historiografía local se encuentra el registro de nombres femeninos en las listas de alumnos entre los años 1916 y 1921. Este descubrimiento abre una veta inédita de investigación sobre la temprana inclusión de las mujeres en las aulas del Colegio Nacional Florida, un espacio tradicionalmente asociado a la educación masculina en dicha época.

Asimismo, las páginas rescatadas resguardan el paso formativo de los grandes nombres que posteriormente construyeron la sociedad e identidad cruceña y boliviana. En los cuadernos figuran los registros académicos y notas de estudiantes que luego se convirtieron en figuras de la historia, tales como Enrique Finot, Cástulo Chávez, Dionisio Foianini, Melchor Pinto Parada, Raúl Otero Reiche, Manfredo Kempff Mercado, Pedro Rivero Mercado y Gilberto Parada, entre otros.

Resultados y accesibilidad

El proyecto de digitalización “Tinta y Memoria” impulsado por Fernando Figueroa, Director del CCP-Santa Cruz, consolida un triple beneficio para el ámbito cultural:
  • Proteger y Conservar: Evita el deterioro del soporte físico original al restringir su manipulación directa.
  • Difundir: Acerca la historia social y pedagógica de la región a la comunidad civil.
  • Investigar: Democratiza el acceso técnico para historiadores, sociólogos y educadores que busquen analizar las raíces del desarrollo intelectual en el Oriente boliviano.
Con la entrega oficial de los 37 tomos completamente indexados en formato digital, el Centro de la Cultura Plurinacional Santa Cruz, dependiente de la Fundación del Banco Central de Bolivia, reafirma su compromiso con la democratización de la cultura y la memoria histórica, recordando que el patrimonio documental nos pertenece a todas y todos.

Fuente: Periodista Virtual