martes, 9 de marzo de 2021

CORD-19: Buscador semántico de información científica para hacer frente a la pandemia


Vivimos una pandemia de origen y alcance sin determinar que requiere de grandes esfuerzos para frenar sus efectos. La coordinación de científicos, políticos y ciudadanía, con el apoyo de muchas empresas tecnológicas, es un hecho singular que afecta positivamente a la investigación científica en un espacio muy breve de tiempo, generando herramientas de búsqueda basadas, muchas de ellas, en tecnologías semánticas.

La descripción de la documentación científica, la normalización terminológica vía tesauros y facetas, la minería de datos y el desarrollo de sistemas interoperables han permitido, en un tiempo récord, generar una amplia variedad de fuentes de información alrededor del coronavirus (artículos, casos clínicos, datos epidemiológicos, evidencias o patentes).

La reacción en cadena de editoriales, universidades, centros de investigación y empresas tecnológicas ha propiciado una diseminación de la información científica sobre la covid-19, paralela al ritmo de contagio del propio virus, que algunos autores califican de “revolución”.

Buscadores de información

Revistas biomédicas como New England Journal of Medicine, Lancet, Nature, Science o British Medical Journal han publicado abundante material bibliográfico en abierto. Además, las editoriales han creado espacios de información con búsquedas predefinidas por los principales tópicos (Cambridge Core Coronavirus Free Access Collection, EBSCO Covid-19, Elsevier Coronavirus Research Repository, etc.).

Por otra parte, los repositorios temáticos ofrecen artículos y ‘preprints’. Entre ellos podemos encontrar MedRxiv, Biorxiv o Pubmed. Esta última, por ejemplo, ha añadido publicaciones relacionadas diariamente desde principios de enero, con un pico de 300 artículos en un solo día.

Las grandes plataformas bibliográficas y los buscadores académicos también permiten acceder a los documentos mediante búsquedas predeterminadas, filtros y conjuntos de datos estructurados (Dimensions, Kaggle, Google Dataset Search, Semantic Scholar, etc.). También están involucrados el buscador de patentes Lens (patentes) y el de casos clínicos, Kahun.

Las autoridades sanitarias, universidades, sociedades científicas y centros de investigación han desarrollado servicios informativos: National Institutes of Health, Centers for Disease Control and Prevention, Organización Mundial de la Salud y el Centro de Recursos de Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins, el punto informativo más conocido.

La emergencia informativa no solo recae en el ámbito científico, sino también en el político y social. Ello propicia una enorme proliferación de datos de distinto tipo, estructura, formato y cobertura, saturando su localización y gestión.

¿Cuántos tipos de buscadores existen?

Es preciso diferenciar entre ellos. Podemos encontrar los estadísticos (epidemiológicos), terminológicos (semánticos) y bibliográficos. Los primeros se nutren de las series estadísticas aportadas por las administraciones e instituciones sanitarias. Esta información no suele disponerse en formatos y estructuras limpias para su reutilización. Además, necesita del desarrollo de herramientas de visualización y actualización para la toma de decisiones y para su difusión en medios de comunicación.

Para ello suelen utilizarse infografías y visualizaciones de datos, donde destacan ‘Information is beautiful’ y el mapa de la Universidad Johns Hopkins, enlazado a más de 200 000 sitios web y referente de los medios de comunicación.

Por su parte, los conjuntos de datos terminológicos son fundamentales en la gestión de información. Por ejemplo, hay distintos lenguajes controlados, como MESH o DeCS, que poseen un valor equiparable a la propia producción científica porque aumentan la precisión al recuperar información.

Al mismo tiempo, los conjuntos de datos bibliográficos recogen datos estructurados de investigación y agregan contenido desde otras fuentes. Además, es la base para el desarrollo de buscadores basados en conceptos y mapas de relaciones.

Sin embargo, la sobrecarga informativa producida por la vasta producción científica es más un problema que una ayuda si no se dispone de sistemas de recuperación de información adecuados. Los buscadores web convencionales no sirven para cribar la información útil.

Por ello, ha rebrotado la importancia de la descripción documental en estos conjuntos de datos y se apuesta claramente por la inteligencia artificial (IA) y la minería de datos, poniéndose a disposición de los investigadores prototipos que no habían tenido suficiente audiencia e interés hasta ahora.

Se precisa un nuevo paradigma para recuperar información que filtre entre la inmensa plétora de resultados. El reto es tremendo por el volumen y por trabajar al unísono con artículos revisados, ‘preprints’ y una heterogénea colección de fuentes oficiales. Es un verdadero desafío para la recuperación de información y, además, hay una gran urgencia en disponer de la misma.

CORD-19: Recopilación de datos sobre SARS-CoV-2

Por eso, en respuesta a esta gran cantidad de datos, el Instituto Allen y la Oficina de Política de Ciencia y Tecnología de Estados Unidos pusieron en marcha un recurso de libre acceso para la comunidad investigadora, llamado CORD-19, que engloba datos de investigación abierta sobre covid-19. Cuenta con 280 000 artículos académicos, incluyendo más de 150 000 con texto completo, sobre covid-19, SARS-CoV-2 y coronavirus relacionados.

Este recurso se puso en marcha el 16 de marzo de 2020 y participaron también la Biblioteca Nacional de Medicina (NLM), la iniciativa Chan Zuckerberg, Microsoft Research Asia y el contenedor de datos Kaggle, coordinado por el Centro de Seguridad y Tecnologías Emergentes de la Universidad de Georgetown.

CORD-19 agrega información semanalmente desde los repositorios PubMed, MedRxiv y OMS. Además, existe una gran sinergia entre CORD-19 y el buscador semántico académico Semantic Scholar, por lo que permite la descarga del conjunto de datos. Es, sin duda alguna, el referente informativo para los investigadores durante esta pandemia, ya que Google Scholar no ha llevado a cabo algo parecido.

El esfuerzo desarrollado por la comunidad científica no tiene precedentes en volumen de su producción y en la velocidad de su transmisión. El volumen de información a manejar es ingente, el ‘big data’ ayuda a los virólogos y a otros expertos en el manejo de la información estadística y en la identificación de posibles patrones de comportamiento de la pandemia.

Información científica clasificada

A partir de CORD-19, hemos identificado más de 40 fuentes (13 conjuntos de datos y 27 buscadores) sobre la pandemia que podemos clasificar en tres categorías:
  • Buscadores convencionales. Similares a los sistemas de búsqueda de las plataformas bibliográficas. Estos alinean la respuesta según la relevancia, con filtrado de documentos por fuente (Elsevier, biorxiv, WHO/OMS, etc.), revista, autor y fecha de publicación. También localizan información por términos o por frase exacta.
  • “Visualizadores” de la información. Además de la búsqueda convencional localizan documentos gracias a tesauros, frecuencia de uso, proximidad de términos en las frases y expresiones regulares. Suelen complementarse con herramientas de visualización de las asociaciones entre estos conceptos (genes, productos químicos, fármacos, mutaciones, líneas celulares, especies y enfermedades). También muestran los resultados mediante nubes de etiquetas.
  • Inteligencia artificial. Son herramientas de última generación que aplican modelos de redes neuronales para mejorar la calidad de la información recuperada. Pretenden ayudar a la toma de decisiones basadas en evidencias y en generación de ideas. También es posible la navegación por facetas y otros sistemas se apoyan en la idea del ‘chatbot’. Hay sistemas que aplican el modelado de temas para descubrir ideas subyacentes. Otros sistemas entregan como respuesta informes con asociaciones entre conceptos, filtrado por fuentes, edad de los pacientes, género, tipo de publicaciones, características del trastorno, tratamientos aplicados y resultados, palabras clave más relacionadas con el concepto, fechas de publicación y autores más influyentes en el campo de la consulta.
Es muy significativo, y digno de elogio, el esfuerzo de empresas e instituciones que han desarrollado servicios de consulta y los han puesto a disposición de la comunidad científica.

Resulta claro que la lucha contra la pandemia ha disparado el uso de buscadores semánticos por la necesidad de filtrar los resultados de las búsquedas por tres razones. La primera es la enorme producción científica que puede “infoxicar”, algo consustancial al tiempo presente. La segunda es la necesidad de recuperar por facetas o conceptos más que por coincidencia de términos. La última es la imposibilidad material de emplear el impacto como referencia para elegir un artículo.

Queda ahora verificar si este avance de la tecnología de búsqueda semántica se va a quedar circunscrito a la lucha contra la pandemia o si se va a ampliar a otros sistemas de información. Lo lógico (y deseable) es que así sea.

Fuente: The Conversation

lunes, 8 de marzo de 2021

Una calculadora de la probabilidad de que se automatice tu trabajo en el futuro con robots o inteligencias artificiales


Si quieres un trabajo seguro para el futuro, elige profesiones como dentista o las relacionadas con psicología/psiquiatría. Las profesiones peor pagadas que tienen más riesgo de cara a que sean automatizadas o reemplazadas por robots e inteligencias artificiales están en áreas como el telemarketing y la grabación de datos. Pero incluso hay otras muy bien pagadas como operación de centrales nucleares con bastante riesgo de automatización.

Esto es así al menos en Estados Unidos y según los datos del informe The Future of Employment: How susceptible are jobs to computerisation? que son con los que se ha alimentado WillRobotsTakeMyJob.com, una web donde eliges el tipo trabajo y te muestra esa probabilidad (de 0 a 100%) en función del crecimiento de cada sector, datos de encuestas y de diversos factores.

Con esta información, entre las profesiones más buscadas está la programación informática que queda ahí-ahí a medio camino (48% de riesgo) y las relacionadas con contabilidad y auditorías que lo tienen bastante más complicado (94%). En cambio la abogacía parece quedar exenta de problemas: sólo hay una probabilidad del 4% de que un robot reemplace a los servidores de la ley.

Tan interesante como la propia web es su página de rankings, donde se pueden ver los trabajos con más/menos riesgo según diferentes criterios: mejor pagados, peor pagados, etcétera. El estudio concluye que más o menos el 47% de las profesiones están «en riesgo» y que esto sería bastante extrapolable de Estados Unidos al resto del mundo. Así si estás en el grupo de personas que piensa a medio-largo plazo, ya sabes… se viene una buena en los próximos años.

Fuente: Microsiervos

domingo, 7 de marzo de 2021

El ineludible poder de las metáforas para moldear la forma en la que vemos el mundo


¿Has estado entre la espada y la pared? ¿En un callejón sin salida? ¿Te has sentido bajo la lupa y la situación te tenía echando chispas?

Nuestro discurso cotidiano está plagado de metáforas.

Como dijo el poeta Paul Muldoon, "el impulso de encontrar la semejanza entre cosas diferentes es muy básico para nosotros".

Pero las metáforas no son solo para poetas. Dan forma a nuestras creencias, actitudes y acciones de formas que ni siquiera notamos.

Pero ¿qué es exactamente una metáfora?

Rompamos el hielo

En su forma más simple, una metáfora es X igual a Y. A veces se indica explícitamente.

Pero a menudo las metáforas son más difíciles de desentrañar.

La novela de 1925 de F. Scott Fitzgerald "El gran Gatsby", por ejemplo, famosamente termina diciendo:

"Y así seguimos adelante, botes contra la corriente, empujados incesantemente hacia el pasado".

A primera vista, estamos hablando de remeros que luchan contra el tirón de la corriente.

Pero la imagen se confunde con el tiempo, el pasado, el poder de la nostalgia.

Muchos piensan que las mejores metáforas aportan color y significado a lo cotidiano.

El autor James Geary dice que: "Al mezclar lo extranjero con lo familiar, lo maravilloso con lo mundano, las metáforas hacen que el mundo arda y hormiguee".

Pero no todos son fanáticos.

El filósofo Thomas Hobbes comparó el uso de metáforas con "vagar entre innumerables absurdos".

Lo que, por supuesto, es una metáfora.

Si intentamos expresar algo abstracto, las metáforas son difíciles de evitar.

Toma el desamor

Se nos rompe el corazón. Se te parte el alma. Te la pasas en las nubes. Tu vida es un calvario...

Algunas metáforas se han vuelto tan familiares que casi se sienten literales.

Está loco por ella. Sientes mariposas en el estómago. Y sobre todo, la tradicional: el tiempo es dinero.

¿Qué dice sobre nuestra sociedad que equiparemos tiempo y dinero de esa manera?

Y hablando de eso, si te pones a pensar, la forma en la que pensamos sobre el tiempo es metafórica.

Somos viajeros en un camino, con el futuro por delante y el pasado detrás.

El lingüista estadounidense George Lakoff llamó a estas metáforas orientacionales.

Toma la idea de arriba y abajo.

Lo bueno tiende a estar arriba, lo malo, abajo.

A veces tienes el ánimo por los suelos y de repente tu corazón salta de felicidad; tocas el cielo con las manos pero luego caes en la depresión.

Lakoff también ayudó a desarrollar la idea del marco político.

Las palabras que elegimos afectan la forma en que percibimos y tratamos los problemas sociales y ayudan a decidir qué se convierte en sentido común aceptado públicamente.

Y las metáforas juegan un papel muy importante en eso.

Toma por ejemplo la tan mentada batalla o lucha contra el cáncer.

Quizás se creó con buenas intenciones, pero un estudio de 2019 indicó que metáforas militares como esa pueden socavar el tratamiento del cáncer, haciendo que las personas se sientan fatalistas sobre sus posibilidades e incluso culpando implícitamente a quienes no sobreviven.

Al fin y al cabo, una batalla se gana o se pierde y, en este caso, el "perdedor" es un ser querido al que "lo venció el cáncer".

El crimen es otra área llena de metáforas

Tenemos olas de crimen. El inframundo criminal. Delitos cometidos a sangre fría.

Pero ¿qué efecto pueden tener realmente las metáforas?

En 2011, un estudio de Stanford le dio a un grupo un panfleto que describía el crimen como una bestia salvaje que se alimenta de una ciudad.

Un segundo grupo recibió un folleto diferente que describía el crimen como un virus que plaga a la población.

Cuando se preguntó cómo abordar el problema, el primer grupo tenía un 20% más de probabilidades de respaldar una vigilancia más estricta que el segundo.

Así que las metáforas que elegimos tienen consecuencias.

No solo en nuestras creencias, sino también potencialmente por nuestras leyes, nuestra política y nuestro trato mutuo.

Lakoff y su coautor Mark Johnson lo expresaron diciendo: "La gente que llega a imponer sus metáforas en la cultura puede definir lo que consideramos cierto".

En otras palabras (más metafóricas): el conocimiento (de las metáforas) es poder.

Fuente: BBC