jueves, 13 de agosto de 2026

IA: menos reglas, más alianzas


La inteligencia artificial ya llegó a una dimensión que quizás hace un año era menos visible: la de los alineamientos globales. En ese marco, ¿es posible regular la IA? Europa aplazó su régimen de alto riesgo, Estados Unidos litiga contra sus propios estados mientras 24 países se vuelven sus aliados y 29 firman por China.

Según el informe del AI Economy Institute de Microsoft, en el segundo semestre de 2025, el 16,3% de la población mundial usó herramientas de IA generativa, mientras que en el semestre anterior la usó un 15,1%. La verdadera clave está en comprender las brechas: mientras la adopción en el Norte creció casi dos puntos en seis meses, en el Sur apenas subió uno. La distancia entre ambas regiones alcanza ya los 10,6 puntos porcentuales. La IA avanza sostenidamente, pero con más velocidad donde hubo inversión previa en infraestructura digital y formación tecnológica.

Y aunque no todo el mundo utilice aún esta herramienta, gran parte de la población mundial está alcanzada por decisiones tomadas con IA. ¿Cómo? La IA está omnipresente en productos y servicios cotidianos. Esto hace que cada persona sea impactada por la tecnología y, a la vez, que se diluya el margen que ciudadanos y gobiernos tienen para controlar ese acceso.

Del chatbot al agente

El imaginario colectivo recuerda la llegada de la IA generativa cuando se lanzó ChatGPT 3.5, en noviembre de 2022. Pero en cuatro años ha sucedido muchísimo. La IA pasó de ser un chatbot de texto básico a combinar distintas formas de comunicación (texto, audio, imágenes y video) y a desplegar agentes autónomos.

El segundo hito fue en enero de 2025, cuando llegó DeepSeek-R1, de una empresa china, y con ella un momento de crisis para Nvidia, una de las mayores empresas tecnológicas estadounidenses. Rompió un paradigma: las decenas de miles de chips avanzados no eran imprescindibles, la eficiencia podía venir del propio modelo. Al liberar su modelo con licencia abierta y ofrecer un chatbot gratuito, DeepSeek removió barreras financieras y técnicas de acceso. La competencia entre potencias dejó de ser solo por quién construye el mejor modelo, ahora es también por quién logra que el mundo adopte el suyo.

El tercer hito está en marcha: la interacción entre agentes de IA. Se trata de un sistema autónomo que además de responder preguntas, planifica y ejecuta acciones. Para hacerlo, se conecta con otros sistemas y con otros agentes. 

Según la Cloud Security Alliance, apenas el 17% de las organizaciones monitorea las interacciones entre agentes, mientras que el consorcio AIUC-1 encontró que el 80% ya observó comportamientos riesgosos de sus agentes como accesos no autorizados o exposición indebida de datos.

Aunque las regulaciones vigentes suponen supervisión humana, ese supuesto se volvió difícil de sostener. Sin registros de auditoría que permitan reconstruir qué hizo un agente, por qué y con quién, el problema es a la vez de seguridad y de cumplimiento.

Nuevas arquitecturas globales

El 2 de agosto debía comenzar la aplicación de las obligaciones para los sistemas de IA considerados de alto riesgo. Pero esa fecha fue postergada antes de llegar. El Reglamento publicado el 24 de julio trasladó a diciembre de 2027 las obligaciones para sistemas utilizados en ámbitos como biometría, contratación laboral, educación, acceso a servicios esenciales y administración de justicia, y a agosto de 2028 las correspondientes a sistemas integrados en productos regulados. El nuevo calendario entró en vigor seis días antes de la fecha originalmente prevista. El motivo no fue político sino administrativo: faltaban autoridades nacionales designadas y estándares armonizados. Faltaba capacidad.

Desde InnovaLab se mira con atención que se debilitó la obligación de alfabetización en IA. Pasó de exigir garantizar un nivel suficiente entre el personal a solo adoptar medidas para apoyarlo. Se pasó de una exigencia sobre los resultados a una sobre los esfuerzos. Mientras aplaza reglas, la UE acelera su infraestructura: el 30 de julio abrió la licitación de hasta siete «gigafábricas» de IA, con 10.000 millones de euros públicos y dieciocho Estados miembros comprando en conjunto.

Estados Unidos ha seguido con su modelo: atraer capital privado. Según el Índice de IA de Stanford, la inversión privada estadounidense en IA alcanzó 285.900 millones de dólares en 2025, 23 veces más que la inversión china. Aunque el propio informe advierte que esa comparación subestima el gasto público chino. 

Si el capital privado dirige las decisiones, la regulación pasa a ser un costo de entrada. Desde enero de 2025 la política federal se orientó a removerlo: se revocó el marco anterior, se condicionaron fondos a los estados con regulación gravosa y se creó capacidad de litigio para impugnar sus leyes de IA. No es que no haya reglas, pero la tensión es evidente: mientras muchos estados regulan, el nivel federal desregula.

Mientras las reglas se aplazan o se frenan, las alianzas se firman. En el encuentro de junio de 2026, Pax Silica, la iniciativa estadounidense para reducir dependencias en minerales críticos, semiconductores e infraestructura de IA, llegó a 24 firmantes, incluida la Unión Europea. Tres semanas más tarde, 29 países firmaron el acta fundacional de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), con sede en China. Enfatiza en el código abierto, la transferencia tecnológica, y 5.000 becas prometidas al “Sur global». No participa ni un miembro del G7 ni de la UE; entre los fundadores de la región aparecen Brasil, Cuba, Nicaragua y Venezuela.

América Latina: la norma y el insumo

En este contexto, Latinoamérica aparece en dos roles distintos. En legislación, hay actividad. Según el CELE, entre 2025 y 2026 se presentaron al menos 201 proyectos de ley sobre tecnologías digitales, aunque solo Perú y El Salvador tienen una ley específica vigente. Sin embargo, según el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial, los 19 países medidos captaron apenas el 1,12% de la inversión global en IA. A su vez sostiene que las estrategias nacionales de la región carecen de presupuesto, implementación y evaluación, lo que las convierte en declaraciones sin acción.

En el rol de proveedor, la región es central. El triángulo del litio concentra una gran parte de las reservas del mundo, y a él se suman otros minerales críticos concentrados en la región. Sin embargo, el poder y el crecimiento económico no están donde se extrae, sino en la refinación, el procesamiento y la manufactura avanzada. 

La advertencia es clara: las potencias tienen agendas explícitas. Los países de la región deben negociar no solamente la venta de materias primas, sino la construcción de capacidades locales, para construir un camino de desarrollo que nos incluya en la conversación global.

Para prevenir los efectos no deseados de una tecnología hay que conocerlos y hay que poder modificarla. La pregunta que queda no es si es posible regular la IA, sino qué estamos en condiciones de hacer cumplir.

Fuente: Dialogo Politico

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