Hace unos años, un niño que padecía autismo profundo consiguió hablar gracias a un pequeño robot llamado Aisoy, en cuyo desarrollo participó David Ríos Insua, del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT-CSIC). Ahora, aprovechando los últimos avances en inteligencia artificial y hardware, este matemático y el experto en IA Juan Antonio Rodríguez Aguilar, del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA-CSIC), han creado un robot social capaz de reconocer y expresar emociones, en el marco del proyecto Emorobcare. El objetivo de este dispositivo es apoyar a los profesionales que dirigen terapias para niños con trastorno del espectro autista (TEA), una afección que en España representa el 30 % del alumnado con necesidades educativas especiales.
«El robot está diseñado para interactuar con personas, es de bajo coste y tiene múltiples usos potenciales», explica Ríos Insua, codirector del proyecto junto con Rodríguez Aguilar. Emorobcare se comunica con el niño mediante juegos interactivos, habla expresiva y animaciones faciales, mientras el terapeuta guía y adapta la sesión. Equipado con cámaras, micrófonos, sensores de tacto y algoritmos de IA, detecta la dirección de la mirada, las expresiones faciales, el tono de la voz, los movimientos corporales y las respuestas del niño durante los juegos.
Fuente: Nat Geo
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