lunes, 17 de agosto de 2026

La resistencia cultural de Ucrania frente al bibliocidio ruso


Una densa columna de humo negro se elevaba hace unos días sobre la periferia industrial de Járkov, en el noreste de Ucrania. Lo que ardía no era un objetivo militar, ni un nudo ferroviario, ni una central eléctrica: eran toneladas y toneladas de papel. Un misil ruso acababa de reventar el techo de la imprenta Factor-Druk en Járkov, ciudad de donde sale el 80% de los libros ucranianos.

Solo el pasado mes de julio, la ofensiva militar rusa contra varias imprentas de Járkov convirtió en cenizas más de 1,5 millones de libros ucranianos. Se calcula que desde el inicio en febrero de 2022 de la guerra, más de 200 millones de libros ucranianos y casi un millar de bibliotecas han sido destruidos, según datos del Comisionado para la Protección de la Lengua Materna de Ucrania.

No se trata de daños colaterales, sino de un “bibliocidio” premeditado y sistemático. Según editores, intelectuales y el propio Ministerio de Cultura ucraniano, los ataques rusos responden a una estrategia deliberada de “etnocidio cultural” destinada a tratar de silenciar la lengua y la memoria de una nación.

“Claro que no es casual que hayan bombardeado imprentas y editoriales en Járkov, buscan crear un vacío intelectual. Esta lucha es sobre la civilización y sobre quiénes somos. El plan de los rusos era llenar el mercado de libros rusos, de películas rusas, de música rusa, porque si tienes tu espacio lleno de la cultura de otros, pierdes la tuya. Ese era su plan, pero no les ha funcionado”, subraya Mykyta Moskaliuk, director del Festival Internacional de Literatura “Frontera”, un bastión de resistencia cultural que el fin de semana del 25 y 26 de julio reunió en la localidad de Lutsk a casi 3.000 personas para defender la identidad ucraniana y promover la literatura en esa lengua frente al intento de borrado ruso.

El Kremlin lleva tiempo ejecutando una política de desmantelamiento de la identidad ucraniana bajo la premisa de negar la existencia misma de Ucrania como nación independiente. La cultura ucraniana es percibida por Moscú como un importante núcleo de la resistencia geopolítica y por ello considera prioritaria su erradicación.

“Lo primero que hacen los rusos en los territorios ocupados es quemar los libros en ucraniano y eliminar de las escuelas las asignaturas en ucraniano para sustituirlas por clases en ruso. Eso revela lo importante que es para ellos la guerra cultural”, sentencia Tetiana Honchenko, responsable del exitoso blog Nepozbuvnyi knyhochytun (algo así como Lectura de libros inolvidable) y una de las asistentes al festival Frontera. “Más que físicamente, que también, los rusos buscan aniquilarnos culturalmente. Si siguiéramos leyendo libros en ruso y hablando en ruso, creo que Moscú no habría empezado esta guerra, se habrían conformado con mantenernos dependientes de ellos a través de la colonización cultural como hacen con Bielorrusia. Pero para nosotros es fundamental mantener nuestra identidad, seguir sintiéndonos ucranianos. Es por nuestra cultura por lo que estamos luchando”, subraya.

Son varias las tácticas a las que tradicionalmente ha recurrido Moscú para tratar de aplastar a la cultura ucraniana. “Durante años, compraban los derechos de publicación en ucraniano de libros y los guardaban en un cajón. Pagaban para asegurarse de que esos libros no fueran editados en ucraniano”, nos explica Iryna Baturevych de Chytomo.com, la web de literatura más importante de Ucrania. Y si algún sello local conseguía traducir un libro al ucraniano, las grandes editoriales de Moscú inundaban entonces el mercado con millones de ejemplares en ruso de ese mismo título a precios extremadamente bajos, precios con los que las pequeñas imprentas ucranianas no podían competir. Por no hablar de que las grandes editoriales rusas controlaban las principales redes de distribución en suelo ucraniano, bloqueando de forma sistemática el acceso a los escaparates de los pocos títulos impresos del idioma local.

Rusia sigue aplicando con precisión quirúrgica el “bibliocidio” en los territorios ucranianos que ocupa, destruyendo libros en ucraniano bajo el pretexto de ser “material extremista”. Y no solo destruyen las palabras escritas en ucraniano; también se elimina físicamente a quienes las redactan. La agresión rusa ya se ha cobrado la vida de 350 artistas y creadores culturales, entre los que se encuentran el poeta Maksym Kryvtsov, muerto a los 33 años en combate en el frente, o la escritora y activista Victoria Amelina, asesinada por un misil ruso mientras cenaba en una pizzería en Kramatorsk, en el Donbás.

Pero los ucranianos no solo resisten a los ataques rusos contra su identidad, sino que han hecho de la defensa de su cultura toda una trinchera. No es casualidad que, a raíz de la invasión rusa, la venta de libros en ucraniano se haya disparado, mientras numerosos autores renunciaban a cobrar sus derechos para inyectar liquidez en el sector.

“Cuando comenzó la invasión rusa, se registró un boom superfuerte del mercado editorial ucraniano. En 2023-24 el auge fue gigantesco; la gente tenía hambre de leer en ucraniano a escritores modernos, a los clásicos, todo, y se lanzó a comprar libros. Ante una situación extrema como es una invasión, la gente quiso buscar en sus raíces, entender quiénes somos, de dónde venimos”, explica Tetiana Honchenko.

Imagen: Pragmatika

Fuente: Los Tiempos

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