sábado, 24 de octubre de 2026

Bolivia registra 154 startups, pero el financiamiento y el acceso al mercado frenan su crecimiento


Bolivia mantiene una base de 154 startups, prácticamente la misma cantidad que hace siete años, cuando comenzó a elaborarse el Mapeo del Ecosistema de Tecnología Digital en Bolivia (Mapeo TIC). Y es que este dato refleja que el ecosistema está en constante movimiento: durante el último año se identificaron 48 nuevos emprendimientos, mientras que 49 de los registrados en 2025 dejaron de operar o no pudieron ser localizados.

Los datos corresponden a la octava edición del Mapeo TIC Bolivia 2026, elaborada por Funda-Pró, Fundación Emprender Futuro, Aceleratec —iniciativa de Solydes y la Universidad Privada Boliviana—, BIM Asset Management, Conexión y la Universidad Católica Boliviana. El estudio contó también con la participación de la Cámara Boliviana Fintech, la Cámara Boliviana de Blockchain, BOCAP y Google, a través de GreenCloud.

El panorama revela una de las principales paradojas del emprendimiento tecnológico boliviano: el ecosistema ha desarrollado una red más amplia de apoyo, con incubadoras, aceleradoras e inversionistas, pero todavía enfrenta dificultades para convertir ese avance en un mayor número de empresas capaces de consolidarse y escalar.

El informe registra actualmente 11 incubadoras, cuatro aceleradoras y nueve inversionistas formales. En la medición inicial había tres incubadoras y ningún inversionista formal.

Un ecosistema que se renueva, pero no termina de crecer

De las 154 startups identificadas en 2026, 63 tienen su sede en Santa Cruz, 52 en La Paz —incluido El Alto— y 31 en Cochabamba. En conjunto, estos tres departamentos concentran la mayor parte de la actividad tecnológica del país, aunque Cochabamba gana protagonismo al pasar de 22 emprendimientos registrados en 2025 a 31 en la última medición.

Santa Cruz continúa como el principal departamento por número de startups, con aproximadamente el 41% del total nacional, seguido por La Paz, con cerca del 34%, y Cochabamba, con el 20%.

La composición sectorial también muestra dónde se concentra la actividad emprendedora. El software como servicio (SaaS) reúne 29 startups, equivalentes al 18,8% del total; las fintech suman 28 (18,2%), y el comercio electrónico y los marketplaces alcanzan 24 (15,6%).

A estos segmentos se agregan emprendimientos vinculados con transporte y movilidad, salud digital y educación. También aparecen verticales emergentes, como legaltech, agrotech, tecnología para recursos humanos, ciudades inteligentes, climatech, robótica e internet de las cosas.

Precisamente, las fintech, el software como servicio y las nuevas categorías tecnológicas concentran buena parte de los emprendimientos incorporados al registro de 2026. De las 48 nuevas startups identificadas, 11 corresponden al segmento fintech, 10 al SaaS y 15 a distintas verticales emergentes.

La diversificación sugiere que el emprendimiento digital boliviano no se limita a desarrollar aplicaciones para consumidores, sino que comienza a explorar soluciones para empresas, sectores productivos y necesidades especializadas.

No obstante, el número de emprendimientos identificados no equivale a la cantidad de empresas consolidadas ni permite afirmar que todas mantienen operaciones comerciales activas. La salida de casi un tercio de las startups del registro anterior evidencia la dificultad de sostener y dar continuidad a estos negocios.

El capital sigue siendo una barrera

El acceso al financiamiento constituye uno de los principales obstáculos para el desarrollo de las startups bolivianas. De las 73 empresas que respondieron la encuesta del Mapeo TIC 2026, el 41% declaró no haber captado financiamiento externo. Además, el monto mediano de capital conseguido fue de apenas $us 3.000, una cifra que contrasta con el promedio de aproximadamente $us 149.500 y refleja la concentración de los recursos en un grupo reducido de emprendimientos.

En efecto, cinco startups concentran el 63% de los más de $us 10 millones en financiamiento reportados por las empresas de la muestra. En el extremo opuesto, una proporción importante continúa dependiendo de recursos propios para sostener sus operaciones.

El 65,8% de las startups encuestadas mencionó la inversión propia como fuente de financiamiento. En cambio, solo el 8,2% reportó haber recurrido a fondos de capital de riesgo o venture capital, por debajo del 14% registrado en 2025.

La brecha también se observa en el acceso a inversiones intermedias, necesarias para pasar de una etapa inicial a otra de expansión. Según el informe, solo entre el 5% y el 7% de las startups accede a rondas de entre $us 200.000 y $us 1 millón, un segmento que el estudio identifica como uno de los principales vacíos del mercado de capital emprendedor.

La dificultad no se limita a conseguir dinero para comenzar. El reto consiste en disponer de recursos suficientes para contratar personal especializado, fortalecer las operaciones, desarrollar canales comerciales y ampliar la cartera de clientes.

El informe también advierte que el financiamiento, por sí solo, no garantiza mayores ingresos. En el análisis de las 73 startups, la antigüedad y el tamaño del equipo mostraron una relación más estrecha con los ingresos que el capital captado. Esto apunta a la importancia de construir capacidades operativas y modelos de negocio sostenibles, además de acceder a inversión.

De desarrollar tecnología a conseguir clientes

El financiamiento no es el único desafío. La conexión con el mercado aparece como otra de las principales dificultades para el crecimiento de las startups bolivianas.

Por primera vez, el Mapeo TIC incorporó entrevistas a 12 grandes empresas de los sectores industrial, comercial, de servicios, financiero y agropecuario, con el objetivo de identificar sus necesidades tecnológicas y las condiciones que exigen para contratar soluciones desarrolladas por emprendimientos locales.

Los resultados muestran una oportunidad de negocio todavía poco aprovechada: dos de cada tres empresas entrevistadas prevén contratar innovación externa en los siguientes seis meses. Sin embargo, la mitad no había mantenido vínculos con startups durante los tres años anteriores.

La distancia entre ambas partes es significativa. Mientras las startups identifican el marketing, las ventas y la comercialización como sus principales necesidades para crecer, las empresas buscan proveedores confiables, equipos con capacidad de respuesta, soporte técnico y soluciones que resuelvan problemas operativos concretos.

El 47% de las startups encuestadas señaló las ventas y el marketing entre sus necesidades para escalar. En cuanto al talento, los perfiles más difíciles de encontrar son los desarrolladores, mencionados por el 34%, y los profesionales comerciales especializados en ventas entre empresas (B2B), con el 33%.

La dificultad, por tanto, no reside exclusivamente en crear un producto tecnológico. También implica demostrar que funciona, adaptarlo a los requerimientos de cada industria, garantizar su mantenimiento y construir relaciones comerciales duraderas.

Para las empresas, contratar a una startup puede representar una oportunidad de innovación, pero también supone evaluar riesgos relacionados con su continuidad, experiencia y capacidad de respuesta. Para los emprendimientos, superar estas barreras exige fortalecer sus procesos, profesionalizar sus equipos y especializar sus soluciones.

El estudio concluye que los obstáculos son sistémicos: intervienen tanto las capacidades de las startups como las prácticas de contratación empresarial, la formación del talento, la regulación y las condiciones del mercado.

Fuente: Economy

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