jueves, 8 de julio de 2021

“Obedecer la ciencia” y la aversión al riesgo


En marzo discutí lo que describí como una tendencia positiva en la discusión de la política del COVID-19: el New York Times citó a un experto en enfermedades infecciosas acerca de la norma de seis pies de distanciamiento social que admitió que “Hay riesgo a seis pies, hay riesgo a tres pies, hay riesgo a nueve pies. Siempre hay riesgo”. Agregó: “La pregunta es ¿cuán grande el riesgo? Y, ¿a qué debes renunciar a cambio de reducirlo?” Su caracterización del problema de decisión es exactamente correcta pero no parece reconocer que el cálculo de los beneficios y desventajas no es una cuestión científica o médica. 

La última discusión política es acerca del uso de mascarillas en exteriores. David Leonhardt cuestionó en mayo el respaldo continuo de los Centros de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) al uso de mascarillas en exteriores. El fundamento detrás de esta recomendación es una representación de la literatura como que esta concluye que “menos de un 10 por ciento” de la transmisión del COVID-19 ocurre en exteriores. 

Leonhardt juega el papel de observador de la literatura y concluye que muchos de los casos de transmisión en exteriores en la literatura provienen de Singapur y están probablemente mal categorizados. El autor de un estudio clasificó “el lugar de trabajo, los lugares de cuidados médicos, la educación, los eventos sociales, los viajes, el catering, el ocio y las compras” como casos en exteriores. Pero incluso con esta clasificación los casos de transmisión en exteriores eran menos de 1 por ciento. Pero un estudio de Singapur sugirió que la porción de transmisión de COVID-19 que sucede en exteriores era cerca al 10 por ciento aún cuando muchos de esos casos involucraban a los trabajadores de construcción de Singapur, quienes probablemente lo transmitieron estando en espacios cerrados. 

La directora de los CDC compareció en el senado para defender el número de 10 por ciento, que provino de un estudio publicado en el Journal of Infectious Diseases. En su testimonio, la directora utilizó el término “meta-análisis”, como si la cifra de 10 por ciento era el punto estimado del promedio de una revisión estadística de todos los estudios existentes. Pero el autor del estudio, en una entrevista con Leonhardt, dijo que el estudio no era un meta-análisis. Era una “revisión sistemática”, una narrativa en lugar de un resumen estadístico de la literatura. 

La mayoría de los estudios en la revisión encontraron que la porción estaba por debajo de 1 por ciento. Pero había un estudio que sugería que la porción de transmisión de COVID-19 que se daba en exteriores era cercana a 10 por ciento. Por esta razón los autores utilizaron la frase “menos de 10 por ciento” en el estudio. 

Leonhardt provee una descripción más completa y profunda de la literatura que la directora de los CDC y critica a los CDC por no comprender que la aversión al riesgo es algo separado de la ciencia. “Decirle a la gente que use una mascarilla en exteriores todo el verano es un ejemplo de precaución extrema —como permanecer fuera del océano para evitar los tiburones— que parece tener más costos que beneficios”. “Los funcionarios de los CDC han actuado como si la precaución extrema no tiene desventajas. Todo tiene desventajas. Y es el trabajo de los expertos científicos y de los funcionarios de salud pública ayudar al resto de nosotros a pensar de manera clara acerca de los beneficios y costos de nuestras decisiones”.

Hace un año la narrativa era “solo obedezca a la ciencia”. Ahora eso tampoco está precisamente en lo correcto. Las personas con una tolerancia muy baja de riesgo puede que quieran tomar muy en serio el cálculo de un riesgo de transmisión de 10 por ciento en exteriores. Los CDC deberían diseminar la información, pero no nos deberían de decir qué hacer.

Fuente: El Cato

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