sábado, 29 de diciembre de 2018

Microplástico, palabra del año 2018 para la Fundéu BBVA


Microplástico, la voz que designa los pequeños fragmentos de plástico que se han convertido en una de las principales amenazas para el medioambiente y la salud de los seres humanos, ha sido elegida palabra del año 2018 por la Fundéu BBVA.

Esta es la sexta ocasión en la que la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia Efe y BBVA, da a conocer su palabra del año, escogida entre aquellos términos que han estado presentes en mayor o menor medida en la actualidad informativa durante los últimos meses y tienen, además, interés desde el punto de vista lingüístico.

Tras elegir escrache en 2013, selfi en 2014, refugiado en 2015, populismo en 2016 y aporofobia en 2017, el equipo de la Fundación ha optado en esta ocasión por microplástico, un término que pone el acento en la toma de conciencia en torno a uno de los grandes problemas medioambientales a los que se enfrenta la humanidad.

Los microplásticos son pequeños fragmentos de plástico (menores de cinco milímetros) que o bien se fabricaron ya con ese tamaño para ser empleados en productos de limpieza e higiene, o bien se han fragmentado de un plástico mayor (bolsas de la compra, envases de todo tipo…) durante su proceso de descomposición.

Su presencia en la arena de las playas, en los organismos de los animales, en la sal marina que consumimos y hasta en el agua que bebemos ha hecho saltar las alarmas y ha obligado a poner en marcha medidas para reducir el consumo de los plásticos de un solo uso, responsables en buena parte del problema.

Desde el punto de vista lingüístico, la Fundéu le dedicó una de sus recomendaciones diarias a este término, que, aunque no aparece aún en la mayoría de los diccionarios de español, está bien formado a partir del elemento compositivo micro- y el sustantivo plástico.

En esa recomendación, la Fundación recordaba que, como sucede en general con las palabras formadas con elementos compositivos, estos se escriben unidos a la voz a la que acompañan, sin dejar en medio un espacio ni intercalar un guion (no micro plástico ni micro-plástico).

«Cuando hace unas semanas empezamos el proceso para elegir las doce candidatas a palabra del año 2018, nos encontramos con que, sin pretenderlo, la mayoría de los términos que nos parecían más adecuados para definir de algún modo el año que acaba eran del ámbito social (mena, los nadie, micromachismo) o del medioambiental (microplástico, descarbonizar, hibridar…)», explica el director general de la Fundéu BBVA, Joaquín Muller.

«Creemos que esa selección muestra de algún modo el perfil de un año en el que, además de las grandes cuestiones políticas y económicas, todos estamos volviendo nuestra mirada a otros asuntos de enorme trascendencia que a veces quedan eclipsados por otros grandes titulares en los medios de comunicación», añade.

Si se repasan las recomendaciones emitidas por la Fundación del Español Urgente, inspiradas en la mayoría de las ocasiones por las dudas y las consultas de los profesionales de los medios, se encuentran decenas de términos relacionados con el medioambiente: ecocidio, alargascencia, ecoimpostura o ecopostureo, espigar, esmog, Hora del Planeta…»

«Así que no es raro que entre las candidatas a palabra del año hubiera varias de ese ámbito ni que la finalmente elegida haya sido microplástico», asegura Muller.

Antes de dar a conocer la decisión definitiva, la Fundación publicó una relación de doce palabras finalistas en la que, además de las citadas (microplástico, descabonizar, hibridar, mena, los nadie y micromachismo), figuraban voces como VAR, sobreturismo, procrastinar, arancel, dataísmo y nacionalpopulismo.

Fuente: Fundeu BBVA

jueves, 27 de diciembre de 2018

¿Qué ha sido de la clase media?

Nuestras sociedades occidentales se basan en un pacto económico implícito en tres actos: por el trabajo ascendemos en la escala social, la mayoría se une a una amplia clase media y los hijos vivirán mejor que los padres. Es, a grandes rasgos, lo que ha ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial gracias a la economía de mercado y al libre intercambio. La democracia política, que se ha impuesto como norma en nuestro mundo occidental, ha acompañado esta evolución económica. Todos los excesos han desaparecido, el exceso de pobreza, el exceso de riqueza y el exceso en las posturas partidistas. Pues bien, debemos plantearnos seriamente que esta normalidad política y económica está en vías de desaparición.

Esto resulta evidente en la distribución de los ingresos en Estados Unidos y también en Europa. En todas partes asistimos a la aparición de una clase de superricos en el vértice de la pirámide; en todas partes comprobamos que hay una nueva pobreza que afecta a casi un 10% de la población. Y entre estos dos extremos, la clase media tiende a disminuir y a fragmentarse. Los más cualificados, con un título (casi una cuarta parte de la población), ganan cada vez más, mientras que los otros se quedan estancados. Encontramos una explicación única respaldada por los trabajos estadísticos (entre otros) de la economista estadounidense James Heckman, y del francés Pierre-André Chiappori. Podemos resumir esos trabajos como sigue: en las economías occidentales el trabajo industrial ha desaparecido casi por completo debido a automatización de la producción, a los intercambios internacionales y a la dominación china. Ya solo quedan empleos muy cualificados o empleos de servicios poco cualificados. Para los trabajos muy cualificados las empresas buscan titulados de alto nivel, hombres y mujeres; ahora bien, cada vez hay menos personas cualificadas y más empleos disponibles, lo que ha hecho que aumenten los salarios. Las remuneraciones de los ejecutivos superiores y los investigadores se disparan y dejan tras de sí a la masa de no cualificados. Los superasalariados, al menos bilingües y mundializados, se benefician de una «prima a la educación», college premium en inglés. La enseñanza superior se ha convertido para todos en la inversión más rentable. Pero observamos la existencia de un fenómeno preocupante: en todas partes los más instruidos son los hijos de padres instruidos, el padre y la madre. Un niño tiene más posibilidades de realizar unos estudios brillantes si tiene un padre y una madre con un título de enseñanza superior. Y también se observa una tendencia que se afirma desde hace unos veinte años: que los padres instruidos dedican cada vez más tiempo a las actividades de estimulación de sus hijos. Se constituye así una clase «supermedia», cualificada y hereditaria, mientras que en el resto de la sociedad la movilidad social disminuye.

Esta evolución económica explica en buena medida el advenimiento del llamado populismo. Aquellos que, en nuestras sociedades, acusan la pérdida de movilidad social, el retroceso de sus esperanzas económicas, la brecha entre cualificados y no cualificados, se vuelven hacia partidos políticos que prometen soluciones instantáneas. Estos partidos cuestionan la innovación, los intercambios y las élites, acusaciones que no son infundadas, pero que no constituyen ni análisis ni soluciones. Si existe una solución, es decir, una esperanza de recuperar la movilidad social para el conjunto de la clase media, esta pasa necesariamente por la educación primaria, a la edad más temprana posible. De esta manera se puede colmar algo la distancia entre los niños nacidos en familias privilegiadas y los demás. Hay que señalar, de paso, lo que dice Heckman: que el auténtico capital de hoy día ya no es como antes, el capital económico, sino el capital humano, el título. La acumulación tradicional del capital económico solo afecta al 0,1% de la población, mientras que el capital humano, que garantiza unos ingresos satisfactorios durante toda la vida, es la auténtica fortuna moderna.

Invertir en la educación primaria es, por lo tanto, necesario en una lógica igualitaria y para una sociedad en busca de democracia. En todas partes se habla vagamente de ello, pero nunca se propone como una prioridad; sin duda, es más fácil repartir culpas que plantear soluciones concretas pero a largo plazo. Y de todas formas, queda por gestionar el corto plazo, es decir, la nueva pobreza. Ahí se enfrentan dos modelos, o antimodelos: en Estados Unidos, donde las prestaciones sociales son modestas, los pobres trabajan y siguen siendo pobres, pero gracias al trabajo, sin embargo, se incorporan a la sociedad; en Europa, por el contrario, la mayoría de los pobres siguen sin trabajar, porque se mantienen gracias a las prestaciones sociales. No sé si esta situación es más moral o no que en Estados Unidos, pero está claro que en Europa el paro favorece la reproducción de la pobreza.

De modo que no propondremos aquí soluciones inmediatas, sino que desearemos que los conocimientos adquiridos por la ciencia económica y la sociología se popularicen más y que sirvan de base al debate político. No es útil para los miembros más desfavorecidos de la sociedad que a su pobreza económica se añada la debilidad de un discurso político no informado.

Fuente: Almendron

Drones, aliados efectivos en la respuesta ante desastres

Respuestas inmediatas, efectivas y de bajo costo, esas son las principales ventajas del uso de drones en la gestión de riesgos, una práctica que es muy común en el mundo pero relativamente nueva en Bolivia. Con esta tecnología, el país se prepara para no sólo para la atender de los desastres, sino para su prevención.

“El uso de drones en la gestión de riesgos data de hace unos 10 años, primero fue en el campo militar y hace unos cinco años se usa para temas humanitarios. En Bolivia la experiencia es más nueva. Es por eso que queremos crear nuevas oportunidades con esta tecnología”, dijo el oficial de la Unidad de suministros del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Luis Ayllón.

Entre el 10 y el 15 de diciembre, en coordinación con el Viceministerio de Defensa Civil, 40 miembros de 16 instituciones gubernamentales, nacionales e internacionales, fueron capacitados en el uso de drones para la preparación y respuesta a emergencias. Por cinco días compartieron las experiencias de siete expertos internacionales del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas y la ONG Hope y del Cluster de Telecomunicaciones en Emergencias.

Explicaron que el tiempo y el costo son dos cosas muy útiles al momento de intervenir tanto en el pre como en el posdesastre. Dichos factores facilitan las acciones de atención a los afectados de una emergencia ya que estos artefactos son capaces de mapear zonas amplias con mayor precisión y a menor costo que las imágenes satelitales.

En un vuelo de 15 minutos, un dron pueden mostrarnos un conteo de viviendas afectadas, de terrenos estables o inestables y puntos de acceso o de evacuación entre otros. Actualmente, los grupos de rescate realizan esta intervención prácticamente a ciegas.

“Creemos que en el país se puede trabajar en el tema de prevención. Con un mapeo previo podemos determinar zonas de inundación, suelos inestables y con los programas adecuados podemos reconocer incluso sectores de estrés hídrico en cultivos”, dijo Ayllón.

Para estas tareas los participantes pilotaron 20 drones con la capacidad de producir mapas 2D, 3D, uso de cámaras multiespectrales. Estos artefactos fueron sobrevolados de forma exitosa en una serie de cultivos de Oruro afectados por la helada.

En Bolivia se prepara una reglamentación para regular el uso civil de estos dispositivos. Se prevé el registro obligatorio tanto de los drones mayores a 250 gramos como de los pilotos, aunque aún no se ha hablado de las licencias para estos.

Fuente: Onu en Bolivia