martes, 28 de julio de 2026

Las vulneraciones a las libertades aumentaron y migraron al entorno digital durante el año electoral


En 2025, las vulneraciones a las libertades fundamentales y a los derechos aumentaron en áreas sensibles y mutaron. Mientras los casos vinculados a la institucionalidad democrática descendieron respecto a 2024, crecieron los ataques contra la libertad de prensa, la libertad de expresión y el entorno digital. El fenómeno estuvo estrechamente ligado al proceso electoral, que trasladó buena parte de los ataques desde las calles hacia las redes sociales y otros espacios virtuales.

Esa es una de las principales conclusiones del Informe sobre Libertades Fundamentales e Institucionalidad Democrática en Bolivia 2025, presentado este martes por el Observatorio de Derechos Humanos de la Red UNITAS, que analiza la situación de siete derechos y libertades fundamentales a partir del monitoreo sistemático de casos ocurridos en el país.

De acuerdo con el reporte, un total de 619 casos fueron registrados el año pasado, siendo el Estado el actor que más vulneró los derechos humanos, entre ellos, el ejecutivo nacional, la policía y el òrgano judicial.

Los casos relacionados con vulneración a la institucionalidad democrática representan el 53,5% del total, cuatro puntos menos que en 2024 cuando llegó a 57,4%. Sin embargo, las condiciones para ejercer plenamente los derechos no son, en general, las mejores.

El informe identifica una transformación en las dinámicas de vulneración de derechos. Si bien las afectaciones a la institucionalidad democrática descendieron en comparación con 2024, crecieron las vulneraciones a la libertad de expresión en un 35,3%, a la libertad de prensa en un 7,3% (con ataques a 161 periodistas) y al entorno digital en un 42,5%, tendencia que el Observatorio relaciona con el clima preelectoral y electoral.

«La conflictividad política ha trasladado gran parte de sus expresiones al ámbito digital, una situación exacerbada por el clima electoral que convirtió a las redes sociales en un terreno de confrontación directa», señala el informe al analizar las vulneraciones registradas en internet. Añade que el entorno virtual dejó de ser un espacio neutral para convertirse en un escenario donde la estigmatización y la deslegitimación alcanzan mayor difusión y menor costo político para quienes las ejercen.

El reporte sostiene que esta transformación también explica el incremento de las agresiones contra periodistas y medios de comunicación, así como contra personas que ejercen su derecho a expresarse. Según el documento, la denominada «guerra sucia» electoral no se limitó a actos presenciales, sino que se desplegó simultáneamente en plataformas digitales mediante campañas de desprestigio, ataques y discursos de deslegitimación.

Patricia Flores, presidenta del Círculo de Mujeres Periodistas, invitada a comentar el informe durante la presentación, expuso que “hubo una suerte de erosión de los derechos humanos, lo cual se complejiza por diversos factores: cuando las mujeres ejercen el periodismo son blanco recurrente de ataques misóginos y esto se reproduce en el espacio digital. En ese entorno, quienes cubren la noticia se exponen aún más a la violencia”, dijo.

Cambio en la naturaleza de las vulneraciones

Más que una reducción general de la conflictividad, el Observatorio advierte un cambio en la forma en que esta se manifiesta. Mientras las vulneraciones relacionadas con la institucionalidad democrática disminuyeron respecto al año anterior, persistieron las presiones sobre derechos esenciales para el funcionamiento democrático, como la libertad de prensa y la libertad de expresión, en un contexto marcado por la competencia política y la polarización.

En el caso de la libertad de prensa, el informe señala que el incremento responde principalmente a la presión ejercida sobre periodistas y medios durante la cobertura del proceso electoral y de los conflictos sociales asociados. 

“Al ser 2025 un año de conflictividad tan acentuado, nos preocupó el nivel de vulneración en contra de las y los periodistas. Y lamentablemente, el Estado, desde sus órganos, muestra la inacción para proteger los derechos. Nos evidencia que transitamos en terrenos erosionados por la vulneración de derechos y con la precariedad laboral, algo que responde a los efectos de políticas que estigmatizan a quienes hacen información. Se buscó anular el periodismo, las voces interpeladoras y se optó por copar los medios públicos”, dijo Flores.

En esa línea, el experto en derechos humanos, Carlos Zárate también llamó la atención sobre la debilidad del Estado al proteger los derechos fundamentales y cuidar la institucionalidad democrática.

“Los mecanismos de protección deben venir del Estado. El Estado no solo vulnera derechos por falta de acción, sino por omisión. En 2025 hemos visto que se documentaron 619 vulneraciones, 331 corresponden a la categoría de institucionalidad democrática, no se trata solo de restricciones a derechos, sino del debilitamiento de las entidades encargadas de proteger esos derechos. Por tanto la democracia sufre un doble atentado”, manifestó.

El documento concluye que los ataques ya no constituyen hechos aislados, sino que revelan una hostilidad sostenida hacia el ejercicio periodístico proveniente de diversos actores políticos y sociales.

Zárate también reflexionó sobre la urgente necesidad de la separación de poderes. “Es vital para la calidad de la democracia. La intromisión de unos poderes en otros ha generado una justicia selectiva, de allí que tenemos a defensores criminalizados, llevados a procesos judiciales. El fortalecimiento de la institucionalidad pasa por la autonomía y la independencia de poderes”.

Las redes, un nuevo territorio de disputa

Uno de los hallazgos que más llama la atención del informe es el crecimiento de las vulneraciones registradas en el entorno digital.

El Observatorio documenta un incremento del 42,5% respecto a 2024 y sostiene que las redes sociales se consolidaron como un nuevo espacio de confrontación política, donde confluyeron campañas de estigmatización, desinformación, utilización indebida de recursos públicos y ataques dirigidos contra periodistas, activistas, medios de comunicación y personas defensoras de derechos humanos.

Para el Observatorio, esta evolución demuestra que las amenazas a las libertades fundamentales ya no se expresan únicamente mediante restricciones o agresiones físicas, sino también a través de mecanismos digitales que amplifican el hostigamiento y afectan el debate público en un contexto democrático.

Durante su intervención, Mila Reynolds, directora ejecutiva de UNITAS hizo énfasis en que no existen derechos humanos plenos sin instituciones que los garanticen, y tampoco existen instituciones sólidas sin libertades fundamentales plenamente vigentes.

“Me refiero a libertades que, a primera vista, podrían parecer distintas entre sí —la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad de reunión pacífica y la libertad de asociación—, pero que en realidad no son compartimentos separados. Son piezas de un mismo engranaje democrático. Y como todo engranaje, cuando una pieza falla, arrastra inevitablemente a las demás. No se puede debilitar la libertad de prensa sin que ello afecte, tarde o temprano, el derecho de la ciudadanía a la información y, con ello, la calidad misma de nuestra democracia”, señaló.

El informe fue elaborado por el Observatorio de Derechos Humanos de la Red UNITAS, que desde 2017 monitorea y documenta vulneraciones a las libertades fundamentales y a la institucionalidad democrática mediante una metodología basada en estándares internacionales, con verificación de casos provenientes de denuncias, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil. Su propósito es aportar evidencia para el diseño de políticas públicas y fortalecer la protección de los derechos humanos en Bolivia.

Fuente: Sumando Voces

Los dos ajustes invisibles que deciden si tu IA acierta o desvaría


ChatGPT, Gemini, Claude, DeepSeek y otras inteligencias artificiales (IA) parecen simples: escribimos, les entregamos nuestra petición o pregunta y recibimos una respuesta. No obstante, detrás de esta sencillez de uso hay dos parámetros que condicionan en gran medida la calidad de la respuesta que obtenemos. Y a menudo pasan inadvertidos.

La temperatura y la longitud de respuesta no podemos manipularlas directamente desde el chat convencional. De hecho, solo se tocan desde la API o utilizando herramientas avanzadas, pero la buena noticia es que podemos simular su efecto recurriendo al prompt adecuado.

La temperatura afecta a la creatividad de la respuesta. Y la longitud a cuánto se explaya el modelo de IA. Lo importante es que al combinarlas podemos transformar por completo el resultado de una misma pregunta.

Qué hacen realmente estos dos parámetros

Los modelos de lenguaje que utilizamos actualmente no "conocen" las respuestas a nuestras preguntas. En realidad calculan, expresado a grandes rasgos, palabra a palabra cuál es la siguiente más probable. Esto es todo. En este contexto la temperatura decide en qué medida se aparta el modelo de esa opción más probable.

Una temperatura baja (y por lo tanto cercana a 0) elige casi siempre lo previsible. Una alta, sin embargo, se permite opciones menos probables, con más variedad, pero también con más riesgo de desvíos. Sea como sea, no existe una temperatura "correcta": depende de la tarea. Para resumir un contrato, explicar un concepto o traducir un texto nos interesa que sea baja. Pero para buscar nombres, escribir un e-mail o proponer ideas nos interesa justo lo contrario.

Casi ninguna interfaz de las aplicaciones de IA nos deja tocar este parámetro directamente, pero podemos simular su efecto recurriendo a instrucciones explícitas.

Si escribimos en Claude o ChatGPT:

"Dame una respuesta muy conservadora y literal, sin especular ni añadir matices propios", le estamos pidiendo en la práctica un comportamiento equivalente a una temperatura baja.

Si en cambio escribimos:

"Sé todo lo original que puedas. Prefiero ideas poco convencionales, incluso arriesgadas, antes que las más obvias", el modelo se comportará de una forma mucho más parecida a como lo haría con la temperatura al máximo.

Con la longitud de respuesta ocurre algo parecido, aunque el mecanismo es distinto. El modelo genera texto hasta que decide parar o hasta que alcanza un límite de tokens fijado de antemano, y una respuesta más larga no equivale a una respuesta mejor. Casi nunca lo es.

Sin instrucciones la mayoría de los modelos tiende a extenderse con matices que no siempre necesitamos. En cambio, si buscamos un desarrollo en profundidad, una respuesta corta se quedará a medias. El problema no reside en el modelo: está en que no le hemos indicado cuánto espacio debe ocupar.

La solución es sencilla: basta incluir en el prompt una instrucción explícita de extensión, desde "respóndeme en una sola frase" hasta "desarróllalo con la máxima profundidad posible". Y los dos parámetros, además, se combinan: una temperatura baja y una respuesta corta dan respuestas quirúrgicas, ideales para lo técnico. Sin embargo, una temperatura alta y una longitud generosa habilitan una IA que se explaya y arriesga, perfecta para generar nuevas ideas.

Conocer ambos parámetros, aunque sea de una forma indirecta a través del itinerario que le marcamos al modelo en cada prompt, nos permite pedir exactamente lo que necesitamos en vez de conformarnos con lo que la IA entrega por defecto.

Fuente: Xataka

Jaime Dunn: la economía falla primero en sus valores y después en sus cifras


La economía no se explica únicamente a través de las cifras. Para el economista Jaime Dunn, los indicadores económicos son el resultado visible de decisiones tomadas por personas e instituciones, pero detrás de ellos existen factores menos tangibles que pueden fortalecer o debilitar el funcionamiento de un país.

Durante la segunda jornada del Foro Económico de la Mujer (FEM) 2026, realizada el 24 de julio en el Hotel Los Tajibos de Santa Cruz de la Sierra, Dunn planteó que la situación económica de Bolivia debe analizarse también desde esos elementos que no suelen aparecer en las estadísticas: la ética, la justicia, la responsabilidad, la confianza y el respeto a la ley.

Las raíces detrás de las cifras

Para explicar esa relación, el economista comparó la economía con un árbol. Los indicadores, señaló, muestran el tronco, las ramas y las hojas, pero las raíces que sostienen el conjunto están formadas por valores que no aparecen en los cálculos económicos.

“Las raíces para mí son la honestidad, el mérito, la responsabilidad, la palabra cumplida, el respeto a la propiedad, la familia, la fe, la confianza y la ley. Esas son las raíces de la economía”, afirmó Dunn.

Desde esa perspectiva, sostuvo que la economía no toma decisiones por sí misma. Son los gobernantes, jueces, empresarios, emprendedores, trabajadores y ciudadanos quienes deciden si se invierte, se ahorra, se gasta más de lo que se tiene o se bloquea, y esas acciones terminan reflejándose en los resultados económicos.

Por eso, consideró que la corrupción, la pérdida de confianza y el incumplimiento de las reglas no son asuntos ajenos a la economía, sino factores que terminan afectando su funcionamiento. En el mismo sentido, el respeto a la ley, la responsabilidad y el cumplimiento de la palabra pueden generar condiciones para la inversión y la actividad productiva.

“La economía es de personas y por eso yo digo que la economía no es más que la contabilidad moral de la conducta humana”, sostuvo el especialista.

La idea, resumió Dunn, es que los problemas económicos visibles pueden ser la consecuencia de un deterioro previo en los principios que sostienen las decisiones de una sociedad. “La economía falla primero en sus valores y después en sus cifras”, afirmó.

De la confianza a la inversión

Ese vínculo entre valores y resultados económicos también estuvo presente cuando Dunn se refirió a la justicia y la seguridad jurídica. En su exposición, sostuvo que una economía necesita reglas que se respeten y que la justicia es una condición para que exista seguridad jurídica, inversión, propiedad privada y empleo.

La confianza, en tanto, fue planteada como una condición para movilizar recursos hacia la economía formal. En una entrevista para Economy, al ser consultado sobre cómo aumentar el ingreso de divisas al país, Dunn mencionó las exportaciones, las remesas, la inversión extranjera y los dólares que los bolivianos mantienen fuera del sistema financiero.

La responsabilidad también alcanza al manejo de los recursos públicos

La misma lógica de responsabilidad que Dunn plantea para las decisiones individuales también la extiende al manejo de las finanzas del Estado. En su análisis, el gasto público no puede desligarse de sus efectos sobre la población, por lo que cualquier decisión fiscal debe considerar sus consecuencias para los ciudadanos.

Durante su exposición, el economista remarcó que los recursos estatales no pertenecen exclusivamente al Gobierno, sino a la sociedad en su conjunto. “El dinero público no es del Gobierno. Pertenece a cada uno de ustedes, a cada uno de nosotros”, afirmó.

En una entrevista con Economy, al referirse a la deuda externa, sostuvo que Bolivia debería priorizar una reducción del gasto antes de recurrir a un mayor endeudamiento. “Bolivia tiene un problema de gasto y eso no se soluciona necesariamente con más deuda”, señaló Dunn.

Para el economista, cualquier ajuste del tipo de cambio debe formar parte de una transformación económica más amplia, que incluya el equilibrio fiscal, una solución para las empresas estatales deficitarias y un Banco Central independiente, con reservas y suficientes dólares para respaldar sus operaciones.

Un “shock de justicia” para reconstruir​

Desde su lectura, el deterioro de los principios y el debilitamiento institucional terminan teniendo consecuencias económicas. Por ello, Dunn sostuvo que la reconstrucción del país no puede limitarse a medidas financieras y planteó la necesidad de fortalecer la justicia y las instituciones.

En ese marco, afirmó que el Estado está afectado por un sistema de colusión, corrupción y redes que dificultan el funcionamiento institucional, por lo que consideró que Bolivia necesita primero un “shock de justicia”.

El planteamiento conecta con la idea central de su exposición: las cifras económicas son el resultado visible de decisiones y conductas que se construyen en un entorno institucional y social. Por ello, al referirse a la recuperación del país, Dunn sostuvo que el cambio no puede limitarse a los indicadores.

“Bolivia no necesita solo un cambio económico. Necesita una restauración moral. Los países no se levantan solo con cifras, se levantan con valores”, sostuvo el especialista.

Fuente: Economy