lunes, 5 de agosto de 2019

Madame Heller

Todo el que posea una mínima formación filosófica contemporánea, por más intermitente que ésta sea, no podrá poner en duda los alcances de la gran contribución hecha por Georg Lukács a la recuperación del pensamiento dialéctico, constitutivo del historicismo filosófico. Entre los ensayos que componen su densa y dilatada bibliografía, Historia y conciencia de clase, de 1923, y El joven Hegel, de 1948, guardan un sitial de honor. En ellos, el filósofo húngaro no sólo demuestra el uso y el abuso, la descarada manipulación y adulteración cometidas por el aparato ideológico ruso de las filosofías de Hegel y Marx -quizá uno de los mayores crímenes cometidos contra los rigores de la inteligencia-, sino que con ello motiva la fundamentación histórica y conceptual que dio origen, primero, a la fundación de la Escuela de Frankfurt y, más tarde, a la Escuela de Budapest. La primera, formada, entre otros, por Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse y Jürgen Habermas. La segunda, por Ferenc Fehér, György Márkus y, por supuesto, Agnes Heller, la recia y siempre irreverente Madame Heller, fallecida hace apenas unos días, que motiva las presentes líneas.

Los fundamentalismos se sustentan sobre imposturas. De hecho, son consustancialmente tramposos. Exigen el ciego cumplimiento de textos que previamente han manipulado y adulterado para luego convertirlos en “leyes” sagradas. Con harta frecuencia, la ortodoxia bolchevique calificó de “revisionista” el pensamiento propiamente dicho, es decir, al pensamiento en sentido enfático, al que solía condenar como herejía y blasfemia. Su estricta cotidianidad litúrgica, sensiblemente marcada por el bizantinismo, trastoca en doctrina todo lo que percibe. Su término opuesto correlativo es el positivismo. Ambos quieren todo fijo, todo quieto, todo puesto. De ahí su incomprensión absoluta del movimiento dialéctico como crítica de la razón histórica. Como afirmara en su momento el gran artísta plástico Carlos Cruz-Diez, recientemente fallecido: “Un dogma no es necesariamente una verdad ni corresponde al comportamiento de la sociedad. El dogma es una creencia, un supuesto que pretende volver estático e inamovible el pensar y sentir del individuo, que está en continua evolución”. Ni los unos ni los otros pueden llegar a aceptar la fuerza del spinozismo inmanente que, en su momento, Lukács -siguiendo también en esto a Hegel- debió ocultar, disimular, “bajo el lenguaje de Esopo”. Pero no así su aguda e impenitente pupila, Agnes Heller, la pensadora de las necesidades radicales y de la vida cotidiana, que supo hallar en Aristóteles, Spinoza, Hegel y Marx el proceso reconstructivo esencial -la mente heróica, la llamaba Vico- que le permitió comprender el espíritu de su tiempo y develar sus taras, insertas en los engranajes de la cotidianidad. Por eso mismo, se vio obligada a abandonar Hungría, emigrar a Australia y, más tarde, a Estados Unidos, donde ocupó la cátedra que había pertenecido a Hannah Arendt.

En todo caso, conviene observar que fue precisamente en virtud del espíritu disidente que siempre mantuvo encendido, como si se tratara de un faro de luz en medio de la bahía del lúgubre y menesteroso horizonte del presente, que pudo producir y hacer concrecer sus estudios sobre la vida cotidiana, la cual se va formando mediante las apropiaciones que hacen los individuos de los medios e instrumentos de socialización: el lenguaje, los “usos y costumbres”, la peculiar idiosincracia de una determinada formación social, de una cultura. Lo cotidiano, según Heller, está condicionado por elementos comunicativos básicos de intercambio que van conformando y definiendo la convivencia, cuyas características terminan por constituir los valores vivos del quehacer social, las llamadas “necesidades radicales”. En una expresión, los hombres son lo que hacen -o lo que no hacen- y, por eso mismo, recogen lo que siembran. Lo producido se objetiva, se sedimenta y se reproduce, transfigurándose en el conocimiento, los valores y la historia de la entera sociedad. La complexión dialéctica, la oposición de los términos sociales, políticos e históricos -el ser social como tal-, tiene sus nutrientes justo ahí, en la vida cotidiana.

Los hombres no son “el hombre”. La humanidad, los derechos, las creencias religiosas y morales, políticas o económicas, no son un punto de partida sino un resultado de su propio hacer y rehacer, de su producir y reproducir-se. Los llamados valores universales son, pues, consecuencia de la producción y reproducción cotidianas. Es indispensable, en tal sentido, la adecuación de los particulares con su especificidad, de los individuos con el espíritu de su pueblo y de su tiempo. El “yo” particular se constituye y desarrolla a partir de su adecuación con el “nosotros”. Se nace dentro de ciertas y determinadas relaciones sociales ya existentes, en un país, una ciudad, un vecindario y una familia que no se han escogido. El individuo se ve obligado a aprender, a interiorizar, el entorno que lo rodea, tanto las relaciones objetuales con las que se encuentra como los signos, las formas, que estas contienen. El individuo se va moldeando al entorno, se va integrando a sus relaciones, al modo de vida que ahora comparte con sus familiares, con sus vecinos, y comienza a reproducirlas. La sociedad le enseña a vivir en y para la cotidianidad. En ella crece hasta madurar, una vez que ha desarrollado plenamente las capacidades y conocimientos de lo cotidiano. Ahora es un yo. Pero su yo ha sido mediado por el nosotros, de manera que el yo es una construcción social, y por eso mismo, sus necesidades, por más específicas que sean, siempre estarán condicionadas por el espíritu de su pueblo y de su tiempo.

Un niño que nace en una sociedad severamente empobrecida, con un cuerpo de relaciones sociales basada en la sospecha y el miedo, el odio y la agresión, con un lenguaje cada vez más pobre y limitado, carente de instituciones sólidas, sin alimentación, salud, seguridad, cultura y educación, es un niño que con toda certeza reproducirá las relaciones dentro de las cuales se ha formado. Es “Coqui”, el violento y sanguinario, el hombre del malandraje y la mediocridad, el pobre de cuerpo y alma. Diría Agnes Heller que ese no es precisamente el “hombre nuevo”, sino más bien el hombre que ha sido condenado a la condición de las bestias, que ha vuelto al salvajismo del estado de naturaleza, a la prehistoria de la humanidad.

Agnes Heller no rompió con Marx. Rompió con el marxismo manoseado, empobrecido, canonizado, que muy poco tiene que ver con Marx. Si le hubiesen preguntado por el narcorégimen de terror que ha secuestrado y saqueado a Venezuela, seguramente hubiese pronunciado por la necesidad radical de superarlo a fin de poder cambiar la vida y de reivindicar la racionalidad por encima del instinto criminal. La historia de la filosofía tenga a Madame Heller en su gloria.

Fuente: Microfilosofia

sábado, 3 de agosto de 2019

One Free Press Coalition publica sexta lista de los 10 casos más urgentes de libertad de prensa a nivel mundial

La One Free Press Coalition, un grupo de editores que utilizan su alcance global y plataformas sociales para destacar a los periodistas bajo ataque en todo el mundo, emitió este jueves la sexta lista mensual de los "10 más urgentes" casos de periodistas cuyas libertades de prensa están siendo suprimidas o cuyos casos buscan justicia.

El número uno en la lista sigue siendo Jamal Khashoggi, el asesinado columnista de The Washington Post, cuyo caso aún no ha visto justicia a través de una investigación criminal independiente.

De Latinoamérica, en esta ocasión figura solo un periodista; se trata del mexicano Juan Pardinas, quien ha sido víctima de amenazas luego de que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, criticara públicamente al periódico Reforma, donde trabaja como editor jefe.

Cabe señalar que la lista apunta a destacar cinco casos de nuevos periodistas cada mes, mientras mantiene a otros cinco profesionales cuyos casos continúan demandando atención.

En ese marco, la sexta lista "10 más urgentes" incluye a los siguientes periodistas, clasificado en orden de urgencia:

1 - Jamal Khashoggi, columnista del Washington Post que fue brutalmente asesinado en el consulado de Arabia Saudita en Estambul. Meses después del crimen, y a pesar de los hallazgos de la ONU y la CIA que apuntan a la participación del príncipe heredero saudita, no ha habido una investigación criminal independiente. Los llamados para que la Casa Blanca publique informes de inteligencia tampoco han recibido respuesta.

2 - Azory Gwanda, periodista independiente que investiga misteriosos asesinatos en zonas rurales de Tanzania, desaparecido desde 2017. El ministro de Relaciones Exteriores de ese país, Palamagamba Kabudi, dijo que Gwanda había desaparecido y muerto, pero después se ha retractado en medio de solicitudes de aclaración.

3 - Juan Pardinas, editor en jefe del periódico mexicano Reforma. Recibió un aluvión de acosos y amenazas en línea después de que el presidente Andrés Manuel López Obrador criticara al periódico en abril último. López Obrador reconoció las amenazas contra Pardinas y dijo que su gobierno había ofrecido medidas de protección al periodista.

4 - Paul Chouta, el reportero web de Camerún fue arrestado en mayo, se le negó la libertad bajo fianza y fue acusado de difamación y difusión de noticias falsas. El editor de Chouta dijo que sospecha que el caso fue en represalia por informes críticos. Su caso se retrasó hasta el 13 de agosto y permanece en una prisión de máxima seguridad.

5 - Azimjon Askarov, un periodista galardonado, de etnia uzbeka, ha pasado nueve años en prisión debido a cargos falsos por informar sobre violaciones de derechos humanos. A pesar de la persistente condena internacional y los llamados a su liberación, un tribunal de Kirguistán que había revisado su caso a la luz de una nueva legislación, dictaminó cumplir su cadena perpetua el 30 de julio.

6 - Ayşe Nazlı Ilıcak, comentarista turca del periódico opositor Özgür Düşünce y Can Erzincan TV, fue arrestada y sentenciada en febrero de 2018 a cadena perpetua, sin libertad condicional, por tratar de revocar la constitución a través de su periodismo. En Turquía, que ha sido el principal carcelero de periodistas durante tres años seguidos, las condenas a cadena perpetua sin libertad condicional equivalen a 30 años en régimen de aislamiento, con visitas limitadas.

7 - Marzieh Amiri, una reportera de economía del periódico Shargh Daily con sede en Teherán, fue arrestada por las autoridades iraníes mientras cubría las manifestaciones del Primero de Mayo, y su familia ha tenido un contacto limitado con ella desde entonces. Las autoridades acusaron a Amiri de cometer delitos contra la seguridad nacional, sin dar más detalles.

8 - Jones Abiri, periodista y editor en jefe de Weekly Source, fue arrestado de nuevo por cargos bajo la ley de delitos cibernéticos de Nigeria, la ley antisabotaje y la ley de prevención del terrorismo por delitos presuntamente cometidos en 2016. Los cargos son los mismos que un tribunal desestimó después de que estuvo detenido sin acceso a su familia o un abogado, de 2016 a 2018.

9 - Aasif Sultan, reportero del Kashmir Narrator, fue arrestado por cargos "antiestatales" y cumplirá un año en prisión el 27 de agosto. Ha sido interrogado repetidamente por la policía, exigiendo que revele sus fuentes.

10 - Truong Duy Nhat, un blogger de Radio Free Asia (RFA) financiado por el Congreso de Estados Unidos, desapareció en enero en Bangkok, donde había solicitado el estatus de refugiado. El blogger vietnamita se encuentra recluido sin cargos en un centro de detención en Hanoi.

Con la publicación de la sexta edición de la lista, la One Free Press Coalition celebró la liberación del bloguero mauritano Mohamed Cheikh Ould Mohamed, quien apareció en la lista de los "10 más urgentes" en marzo de este año.

"Estamos comprometidos con la lucha por la justicia para todas las libertades de prensa y los derechos humanos fundamentales de los periodistas en todo el mundo", dijo Randall Lane, director de Contenido de Forbes. "La Coalición está dedicada en su misión de llamar la atención y el interés público continuo a estos casos, hasta que los veamos resueltos".

Resulta relevante señalar que One Free Press Coalition está asociado con el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) y la International Women's Media Foundation (IWMF), que son fundamentales para ayudar a identificar los casos más urgentes de la lista, y que se actualiza y publica el primer día de cada mes.

La One Free Press Coalition contiene 36 miembros internacionales prominentes que incluyen a: AméricaEconomía; The Associated Press; Bloomberg News; The Boston Globe; BuzzFeed; CNN Money Switzerland; Corriere Della Sera; De Standaard; Deutsche Welle; Estadão; EURACTIV; The Financial Times; Forbes; Fortune; HuffPost; India Today; Insider Inc.; Le Temps; Middle East Broadcasting Networks; NHK; Office of Cuba Broadcasting; Quartz; Radio Free Asia; Radio Free Europe and Radio Liberty; Republik; Reuters; The Straits Times; Süddeutsche Zeitung; TIME; TV Azteca; Voice of America; The Washington Post; WIRED; and Yahoo News.

Fuente: AmericaEconomia

jueves, 1 de agosto de 2019

¿Es agresivo usar punto final en un mensaje de WhatsApp?

"Suena bien."

¿Cómo te sentirías si invitaras a un amigo a cenar y te respondiera con este mensaje, incluido el punto final?

¿Preocupado? ¿Ofendido? ¿O simplemente no le darías mayor importancia?

Y si la respuesta fuera más bien así:

"suena bien"

O incluso:

"¡Suena bien!"

La lingüista de internet Gretchen McCulloch dice que cada vez más personas consideran groseros los mensajes con un punto final, algo que tiene que ver con la forma en la que utilizamos aplicaciones de mensajería instantánea como WhatsApp y Facebook Messenger.

"Si eres joven y estás escribiendo a alguien, por defecto mandarás un mensaje por idea", dice McCulloch.

"Así que, como lo más normal es usar los mínimos caracteres necesarios, cualquier otro símbolo adicional puede dar lugar a una interpretación distinta", sostiene ella.

Un estudio realizado en 2015 por la Universidad de Binghamton, de Estados Unidos, en el que participaron 126 estudiantes, descubrió que los mensajes de texto que terminaban con punto final eran percibidos como menos sinceros que el mismo mensaje sin el punto.

En cualquier tipo de comunicación humana, el punto final generalmente va acompañado de una bajada de la voz para indicar que es el final de una oración. Y además tiene connotaciones de formalidad o seriedad, explica McCulloch.

Poner un punto final en un mensaje de WhatsApp "puede estar bien, si el mensaje es serio", asegura.

"El problema surge cuando recibes o envías un mensaje positivo con la seriedad del punto final. Es la yuxtaposición de esas dos cosas la que crea esa sensación de un mensaje pasivo-agresivo".

Entonces, ¿cómo podemos saber si alguien está realmente molesto o simplemente está usando un punto final en el sentido tradicional?

Erika Darics, profesora de lingüística en la Universidad de Aston, en Birmingham (Inglaterra), dice que todo tiene que ver con el contexto.

"Si tú y tus amigos normalmente no usan puntos al final de una oración en un grupo de WhatsApp y luego alguien lo hace, probablemente esté tratando de decir algo sobre cómo se siente", dice Darics.

Esta profesora cree que la edad de alguien y la frecuencia con la que usa una aplicación de mensajería también pueden afectar la forma en que usa la puntuación.

Por ejemplo, es más probable que una persona joven envíe mensajes de una sola oración sin un punto final.

¿Pereza o creatividad lingüística?

El uso de la gramática informal y la jerga en las aplicaciones de mensajería puede llevar también a simplificar la comunicación y hacer que las personas a la hora de escribir sean más vagas.

Pero McCulloch señala que el uso de jerga o deletrear incorrectamente en realidad requiere un esfuerzo adicional en la era del autocorrector y el texto predictivo.

La mensajería online también obliga a las personas a desarrollar nuevas formas de transmitir emoción y significado sin el uso del lenguaje corporal o el tono de voz.

Para McCulloch, tras años viviendo en la era de internet, al final "hemos encontrado muchas formas de transmitir ironía y otros significados".

Por ejemplo, el emoji de la cara al revés se puede usar sarcásticamente.

"Los emojis aumentan la conciencia del lenguaje y pueden ayudarnos a comprender las sutilezas en otros tipos de comunicación, como la política o la propaganda", dice Darics.

Imagen: Periodico Correo

Fuente: BBC