En los meses previos a las elecciones generales de agosto pasado se armó por primera vez en la historia de este país una coalición de organizaciones para combatir las noticias falsas, y se presentó un programa de inteligencia artificial (IA) para monitorear redes sociales e identificar contenido que afecte a la democracia.
“Tenemos una relación fluida con las verificadoras. Es la primera vez que estamos trabajando con una coalición que ve el componente de la desinformación y lo hace a través de un sistema denominado eMonitor+”, dijo a mediados de este año Omar Hugo Santa Cruz, director nacional del Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático (SIFDE), entidad dependiente del Órgano Electoral.
Durante los comicios que cambiaron el rumbo político de Bolivia la mirada de la comunidad internacional estuvo puesta en este país sudamericano, gobernado durante 20 años por una izquierda con tintes prorroguistas. En 2019 el país pasó por unas elecciones conflictivas cuyos resultados no se han podido corroborar.
La sombra del “fraude electoral”, la desconfianza en el Órgano Electoral, la guerra sucia entre políticos, y la desinformación que surge de uno y otro bando, inspiró a unas 22 organizaciones a unirse en la denominada Coalición Nacional Contra la Desinformación Electoral (CNCDE).
La misma fue parte de una iniciativa del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) —agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)—, que desarrolló un sistema para monitorear hasta 1.000 cuentas en redes sociales y detectar discursos de odio y contenido desinformativo.
El software fue presentado a fines del 2024 en Bolivia, con miras a ser utilizado en las elecciones generales del 2025.
“eMonitor+ ha sido implementado en más de 10 países, incluyendo Túnez, Líbano, Mozambique, Perú, Libia, Honduras, Chile, Ecuador y Panamá. En todos los casos, su fin es monitorear redes sociales, detectar discursos de odio y desinformación, apoyar la verificación colaborativa y fortalecer los procesos democráticos”, comentó Alessandra Rossi, asesora principal del Proyecto de Asistencia Electoral de Bolivia, quien en los días previos a los comicios andaba ajetreada en su oficina emplazada en la zona Sur de La Paz.
Ella explicó que el eMonitor+ fue “operado técnicamente por el PNUD” y que algunas organizaciones de la coalición tuvieron acceso al mismo, entre ellas la Fundación Internet Bolivia, Bolivia Verifica y Chequea Bolivia. Sin embargo, desde las verificadoras, señalaron que el acceso se suspendió. Asimismo, desde Fundación Internet Bolivia explicaron que nunca se utilizó el software.
Según Santa Cruz, del SIFDE, el eMonitor+ no es el único sistema que puede ser utilizado para combatir la desinformación. En sus oficinas también utilizaron uno mucho más antiguo llamado Videoma Monitor, el cual les permitió revisar canales de televisión y radio, además de otras plataformas, y transcribir el contenido.
Fuentes conocedoras de la cooperación internacional señalaron que se encontraron deficiencias en el sistema; sin embargo, desde el PNUD se ha resaltado su efectividad en los países donde se lo aplicó: más de 10.000 publicaciones en línea verificadas con el eMonitor+; más de 2 millones de piezas de contenido mapeadas, y más de 100 fact-checkers que lo utilizan diariamente.
Asimismo, el PNUD informó que se contrataron tres consultores para utilizar el sistema directamente.
Mientras tanto, las dos organizaciones que lidian diariamente contra los bulos (noticia falsa propagada con algún fin), y que forman parte de la mencionada coalición, realizaron un trabajo intenso en el periodo de campaña electoral.
Las verificadoras en su interminable lucha
A unas cuadras de las oficinas del SIFDE, en la misma zona de Sopocachi, se encuentra el centro de operaciones de una de las verificadoras que forman parte de la coalición: Bolivia Verifica. En una casa amarilla donde también se encuentra la Fundación Para el Periodismo, trabaja Marcelo Blanco, un fact-checker que ha perfeccionado sus habilidades para combatir la desinformación en este medio digital.
Después de pasar por un proceso de capacitación en técnicas básicas de verificación de noticias, Marcelo se especializó en Inteligencia Artificial (IA), pero el aprendizaje nunca se detiene. Cada vez hay más herramientas para identificar y exponer bulos, pero también para crearlos. El surgimiento de la inteligencia artificial ha diversificado aún más el abanico de posibilidades.
“Quiero creer que no, pero en algún momento el contenido con IA puede sobrepasar a los métodos de verificación”, dijo Marcelo, quien conoce de cerca cómo la manipulación con inteligencia artificial de imágenes, sonido y videos se va perfeccionado hasta alcanzar niveles donde distinguir lo verdadero de lo falso se hace casi imposible.
A principios de junio, Bolivia Verifica se dio a la tarea de comprobar la veracidad de un audio en el que se escuchaba al expresidente Evo Morales fraguar el cerco a ciudades para presionar su inscripción como candidato. Enviaron el audio al Grupo de Respuesta Rápida de Deepfakes de WITNESS, una iniciativa de expertos y empresas para detectar contenido falso generado por IA. La conclusión: el audio sí corresponde a Morales.
En diciembre de este año, Blanco reportó que Bolivia lideró en contenidos desinformativos creados con IA durante el periodo electoral, por encima de países como Argentina, Venezuela y Estados Unidos.
Entre las tecnologías convencionales para identificar desinformación están las herramientas de búsqueda reversa de imágenes, de videos, análisis forenses de fotografías, búsquedas específicas en Google y en redes sociales.
También se hace uso de técnicas OSINT (Open Source Intelligence), esto es reunir la mayor cantidad de elementos de fuentes abiertas, la mayoría de las cuales están en la web, con el propósito de encontrar una evasiva verdad.
Enid López, verificadora desde hace seis años en Chequea Bolivia, recientemente utilizó técnicas OSINT en el mismo caso del audio de Evo promoviendo el cerco a ciudades para dejarlas sin alimentación. Lo hizo para detectar que el número de celular involucrado evidentemente correspondía al del expresidente Evo Morales.
López sostuvo que, en el marco de la coalición contra la desinformación, se mantuvo una coordinación fluida con el SIFDE. El personal de esta institución pública incluso participó en talleres sobre alfabetización mediática. Sin embargo, posteriormente no se utilizó el eMonitor+ para trabajos relacionados con las elecciones generales.
“Al principio sí nos capacitaron en el uso del sistema y colaboramos un poco. Hicimos una prueba piloto en las elecciones judiciales, pero actualmente no estamos accediendo a la herramienta”, dijo López a principios de julio.
Blanco, de Bolivia Verifica, coincidió al manifestar que se tuvo acceso al sistema, pero luego se cortó: “Hasta el momento no nos restablecieron el servicio, pese a nuestros intentos de que lo hagan. Y de momento está así”.
Con relación a las técnicas OSINT, Blanco recordó que hay medios extranjeros, como Bellingcat, que han perfeccionado y promovido su uso. “Hacen cosas extraordinarias”, dijo Blanco, como apuntar a los responsables de la caída de un avión con base en imágenes posteadas en redes sociales e interceptación de llamadas telefónicas, o rastrear a espías rusos involucrados en envenenamientos a opositores del régimen.
“Lo que nosotros aspiramos es llegar a este punto, pero siempre falta tiempo y recursos”, dijo Blanco.
Un nuevo jugador: TikTok
La desinformación no es un fenómeno que surgió con las nuevas tecnologías. Siempre existió y podríamos referirnos a ella de distintas maneras. Pero sin duda las características de las nuevas tecnologías y plataformas de comunicación han alterado la difusión de la misma de una manera social y tecnológica nunca antes vista.
La aparición y popularización de la plataforma china TikTok, que rivaliza y en algunos casos destronó a Facebook, agrega un nuevo escenario, dijo la experta en leyes y nuevas tecnologías, Laura Zerain.
Ella afirmó que Meta, compañía que aglutina a Facebook, Instagram, WhatsApp y otras, mantiene políticas más estrictas que TikTok. No hace mucho Meta suspendió la cuenta de la radio cocalera afín a Evo Morales, Kawsachun Coca, aunque después volvió a ser habilitada. Más antes, a principios del 2023, se deshabilitaron las cuentas de 1.600 perfiles vinculados con el gobierno del MAS.
“TikTok se ha consolidado como una de las plataformas donde circulan contenidos desinformativos de manera rápida y viral, sobre todo mediante formatos breves y de alto impacto emocional”, coincidió Alessandra Rossi, del PNUD.
Esta plataforma se ha convertido en la más usada en Bolivia, aunque no por ello se debe desestimar el alcance de Facebook y WhatsApp. No obstante, monitorear el contenido en TikTok es mucho más difícil. “La dificultar para monitorear TikTok no radica en una falta de reconocimiento sobre su importancia, sino en las propias restricciones y configuraciones de esa plataforma”, añadió Rossi, quien reconoció que el eMonitor+, por ejemplo, aún no alcanza a esta red, y sólo se limita a Facebook, Instagram, X (antes Twitter), YouTube y sitios web de noticias.
La desinformación no sólo podría estar en contenidos elaborados de forma malintencionada. Para Zerain, los propios algoritmos de las redes sociales crean burbujas que impiden ver más allá del círculo próximo de cada individuo. Tus gustos, la gente que sigues, el contenido que frecuentas, etcétera, guían las matemáticas de las plataformas para mostrarte más de lo mismo y alejarte de versiones alternas.
“La gente ya no está en redes sociales, sino en redes de contenido que te aíslan de tu entorno. Eso también puede ser desinformación porque te quedas con una parcialidad”, dijo Zerain.
¿Cuál es la mejor estrategia?
Eliana Quiroz, especialista en desinformación en la Fundación Internet Bolivia, ha profundizado en el conocimiento académico de esta temática. Desde esa perspectiva penetra en una de las limitaciones más importantes del fact-checking: los bulos suelen ser más virales que los desmentidos, las noticias falsas se propagan con mayor facilidad y rapidez que las alertas de falsedad. Las primeras están diseñadas para llegar a las emociones de la gente, despertar el morbo, y a veces resulta más entretenido creer una mentira atractiva que asumir una inapetente verdad.
Por supuesto que esta es una realidad global. En su libro sobre el autoritarismo en Filipinas publicado en 2022, la periodista y Premio Nobel de la Paz, Maria Ressa, resaltaba con preocupación la eficiencia de las redes de propaganda para reescribir la historia: “La difusión de una mentira es mucho mayor que la verificación de los hechos que le sigue, y para cuando la mentira es desmentida, quienes la creen a menudo se niegan a cambiar de opinión, lo que refleja el impacto de las redes sociales en el comportamiento en otras partes del mundo”.
Por ello, para combatir la desinformación, es pertinente considerar otras estrategias útiles además de la verificación de noticias. La “alfabetización digital” es una de ellas. Se trata de capacitar, enseñar a las personas, a identificar elementos para reconocer si una noticia es verdadera o falsa; aun así la coraza del conocimiento no es infalible, afirmó Quiroz.
Otras organizaciones han considerado apoyar a medios digitales para exponer los bulos. Otros consideran que se debe trabajar en la regulación y moderación del contenido de plataformas sociales. Algunos más creen que la mejor receta es combinar todas estas estrategias en la guerra contra lo falso.
Quiroz cree que se debe poner la mirada “en el mercado”: en los que ofrecen el servicio de desinformar a cambio de dinero. Esto podría lograrse a través de disclaimers o métodos de transparencia de las redes sociales que permitan identificar a los actores detrás de las acciones y campañas desinformativas: quiénes contratan a quiénes. Esto a la vez permitiría regular a las empresas y a los actores pagados para que se hagan responsables por el contenido falso y sea mucho más fácil identificarlos.
Puede que los resultados de la lucha contra la desinformación no sean fácilmente identificables. Hay quienes creen que uno de los logros más importantes e interesantes, además de exponer los bulos, está en encontrar tendencias para explicar comportamientos, actitudes, creencias; y a partir de allí anticipar lo que pueda ocurrir en determinados contextos.
Herramientas como el eMonitor+ pueden colaborar en esta tarea, al rastrear contenidos bajo ciertas características de una manera humanamente imposible, con el apoyo de una tecnología que parece de ciencia ficción, como es la IA.
“¿De qué te sirve identificar cuentas aisladas si no tienes tendencias?”, dijo Wilmer Machaca, sociólogo, ingeniero en sistemas, e investigador en la Fundación Internet Bolivia.
Fuente: La Nube
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