lunes, 19 de agosto de 2019

IEM, el primer ordenador con esclerosis múltiple

Se llama IEM y muestra los síntomas visibles e invisibles de una de las enfermedades más dañinas. Cuenta con el apoyo de la Asociación Española de Esclerosis Múltiple (Aedem-Cocemfe), la Fundación Llorente y Cuenca (LLYC), el laboratorio Sanofi e Impossible CP, encargada del desarrollo físico de la máquina.

La esclerosis múltiple (EM) es una de las enfermedades más comunes del sistema nervioso central. De origen desconocido, es autoinmune, crónica y neurodegenerativa. Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), en nuestro país afecta a unas 47.000 personas. A nivel mundial, la cifra asciende a 2 millones de enfermos.

Diferentes estudios, sin embargo, reflejan la falta de conocimiento de la sociedad sobre ella. De ahí que la Aedem-Cocemfe considere necesaria la puesta en marcha de campañas con un claro objetivo: aumentar la visibilidad y la conciencia sobre la EM y sus síntomas, pues solo así se podrá avanzar y ofrecer a los afectados una mejor calidad de vida.

En este contexto, surge el primer ordenador con esclerosis múltiple del mundo. Sus creadores lo han bautizado IEM. “Con esta idea, además de luchar contra el desconocimiento, y hacer ruido mediático con algo que fuese noticia, quisimos generar esa empatía que muchas veces, fruto de esta falta de conocimiento, no se tiene con los enfermos”, explican Carlota Jiménez y Julio Alonso, consultores y voluntarios de la Fundación LLYC. También son hijos de afectados por la enfermedad.

¿Por qué un ordenador?

Ambos recuerdan que cuando sus padres fueron diagnosticados, se lo trataron de explicar con la metáfora de los cables pelados: cuando la electricidad trata de viajar a través de ellos, la señal no llega a su destino. Esto es lo que sucede cuando la EM degenera las vainas de mielina del organismo, un material graso con tres funcionalidades: recubrir las neuronas, aislar los nervios y permitir la transmisión de los impulsos eléctricos desde y hasta el cerebro con rapidez.

“Quisimos hacer algo real y tangible que ayudase a entender y ‘sentir’ los síntomas visibles e invisibles de la patología. Como estamos rodeados de ordenadores, el reto fue trasladar estos síntomas a algo tan conocido y cercano”, argumentan Jiménez y Alonso. Por su parte, Celia Oreja-Guevara, jefa de sección de Neurología del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid que ha colaborado en el proyecto, manifiesta: “Todo lo que está en el cerebro es muy difícil de explicar. Tener un ordenador que simula los distintos síntomas me encantó desde el primer momento que me lo contaron”.

¿Cómo es este ordenador y qué característica posee? Lo apuntan Jiménez y Alonso: «El IEM ha sido creado con sus cables ‘pelados’. Este defecto hace que la máquina reproduzca los mismos síntomas que provoca la enfermedad a través de los errores más habituales que un usuario puede encontrarse en estos dispositivos”.

Entre esta diversidad de síntomas destacan, por ejemplo, los problemas visuales, que son muchos y variados. Así, hay ocasiones en las que el IEM muestra la mitad de la visión bloqueada o en negro. También las imágenes se vuelven borrosas. Otro de los síntomas que refleja es la fatiga. Se hace “a través del ratón, el elemento utilizado para hacer prácticamente cualquier tarea, que pierde velocidad a medida que se usa”, añaden los dos consultores y voluntarios de la Fundación LLYC.

Esta máquina es capaz, por otra parte, de recrear fallos vinculados al sonido o la pérdida de movilidad en las extremidades. En este caso, la mitad de la pantalla se queda paralizada. “Los espasmos también son síntomas habituales en afectados y en el IEM hacer clic o controlar un documento se vuelve complicado” puntualizan.

Las reacciones

La acogida de la iniciativa ha sido muy positiva y el impacto que ha producido en las personas afectadas conmovedor. Gerardo García, presidente de la Aedem-Cofemce, ha dicho: “El IEM representa una forma gráfica de cómo demostrar qué es lo que nos pasa a los afectados. Es muy difícil decirle a la gente qué es lo que te ocurre y no es fácil reconocer que te es complicado moverte rápido o pensar más rápido de lo que te están diciendo. Son muchas cosas y un ordenador demuestra todo eso”.

Por su parte, Yolanda Forniés, afectada por la enfermedad y madre de Carlota Jiménez, concluye: “Si a todos nos pone nerviosos cuando falla el ordenador, imagínate cuando es tu propio cuerpo. Esta iniciativa me encanta porque ayuda a la comprensión de una enfermedad que muy poca gente conoce”.

Fuente: Nobbot

domingo, 18 de agosto de 2019

Por qué la información puede ser tan adictiva como el alcohol o la comida

Es posible que sepas perfectamente sobre la dependencia del alcohol, las drogas, la cafeína o incluso el chocolate. Pero, ¿qué pasa con la emoción asociada a una carga de información? Para nuestro cerebro, la información puede actuar como los bocadillos, el dinero o las drogas, según una nueva investigación.

Eso significa que tendemos a buscar golpes de información sin importar necesariamente si serán útiles o no, al igual que podríamos comer algo cuando no tenemos hambre. Como ejemplo, podemos pensar en todas esas veces en que revisamos el teléfono cuando no esperamos ningún mensaje.

El trabajo, publicado en PNAS, ofrece información importante sobre cómo funciona la adicción digital en el cerebro, ya sea haciendo clic en titulares cuestionables o encontrándose etiquetado en las fotos de redes sociales de otra persona.

«Para el cerebro, la información es su propia recompensa, más allá de si es útil», dice el neuroeconomista Ming Hsu, de la Haas School of Business de la Universidad de California, Berkeley, EEUU.

«Y así como al cerebro le gustan las calorías vacías de la comida chatarra, puede sobrevalorar la información aunque no sea útil, lo que algunos pueden llamar curiosidad ociosa», señala Hsu.

Junto con su colega de la UC Berkeley, el neurocientífico Kenji Kobayashi, Hsu analizó escáneres cerebrales fMRI de 37 voluntarios mientras participaban en un juego de apuestas. Los jugadores tenían que decidir cuánto pagar para descubrir las probabilidades en una serie de loterías, antes de elegir si participar en ellas o no.

En otras palabras, se les pedía que valoraran la información. En algunos casos, si las probabilidades en la lotería resultaban ser bajas, esa información era útil. Sin embargo, en general, los voluntarios tendieron a sobrevalorar los detalles adicionales que podían obtener mediante pago.

Las loterías con apuestas más altas hicieron que las personas sintieran más curiosidad sobre lo que podían descubrir y estuvieran más dispuestas a pagar para obtener las probabilidades, incluso si esa información adicional no tenía impacto en su decisión de jugar una lotería en particular o no.

Como dice Hsu: «Nuestro estudio intentó responder dos preguntas. Primero, ¿podemos conciliar los puntos de vista económico y psicológico de la curiosidad, o por qué las personas buscan información? Segundo, ¿cómo se ve la curiosidad dentro del cerebro?»

La visión económica de la curiosidad es que es una herramienta que utilizamos para obtener información útil. La visión psicológica es que la curiosidad es innata, una motivación en sí misma, independientemente de lo que consigamos con ella en términos de utilidad. Parece que en el experimento de los investigadores ambas visiones entraban en juego.

En el experimento, el tipo de sobrevaloración de la información coincide con la forma en que podríamos verificar las probabilidades en un partido deportivo en el que no tenemos intención de apostar, por ejemplo, o cómo podríamos querer saber si tenemos una oferta de trabajo, incluso si no vamos a aceptarla.

Aunque se debe tener en cuenta que el tamaño de muestra del estudio es muy pequeño, los escáneres cerebrales otorgaron información clave. Obtener información sobre las probabilidades de una lotería mostró una mayor activación en partes del cerebro involucradas en la valoración: el cuerpo estriado y la corteza prefrontal ventromedial (VMPFC).

A través de un análisis de aprendizaje automático, los investigadores también mostraron que el mismo ‘código neuronal’ que usamos para evaluar la recompensa monetaria también se usó para evaluar las probabilidades de lotería, por lo que podemos convertir la información en un valor concreto, en otras palabras.

Algo interesante es que esta investigación también se vincula con estudios previos en animales, que muestran que la información puede ser una recompensa en sí misma, incluso si no vamos a obtener ningún otro beneficio tangible de ella.

Con más y más información al alcance de la mano cada día, comprender cómo respondemos a este recurso podría ayudarnos a discernir mejor cómo eso afecta nuestra relación con la tecnología de la información en general, como por qué consideramos que las llamadas telefónicas y las alertas por correo electrónico son tan irresistibles.

«Pudimos demostrar por primera vez la existencia de un código neuronal común para la información y el dinero, que abre la puerta a una serie de preguntas interesantes sobre cómo las personas consumen información y cómo en ocasiones lo hacen en exceso», dice Hsu.

Fuente: Pressenza

sábado, 17 de agosto de 2019

Sócrates: ironía contra posverdad

Estamos en la era del imperio de la posverdad, las fake news, las ideologías y las políticas de odio. Uno puede llegarse a sentir desvalido ante esa realidad. El mejor antídoto ante ese escenario tan pesimista es rescatar lo mejor que poseamos en la tradición del pensamiento para enfrentar las amenazas del inmoralismo y las tiranías. Nuestro modelo inspirador debería ser Sócrates.

Sócrates, para muchos, incluyendo a Hegel, habría sido el padre de la ética. En la imaginación popular, Sócrates es el paradigma del maestro, uno que se distingue por su forma de enseñar a través del diálogo. Cuando se va más allá de esa imagen, se encuentra que la cuestión es un acertijo más complejo de lo que aparece a primera vista. Pues Sócrates no es un maestro que enseñe, como se acostumbra, por medio de la transmisión de contenidos, sino por medio de un comportamiento paradójico.

Platón hizo el retrato de Sócrates como uno de los hombres más enigmáticos de la historia. Sócrates era un tábano para la ciudad de Atenas, quien poseía la misión divina de despertar a sus conciudadanos del saber dogmático a través de una constante interrogación, mostrándoles así que no sabían lo que creían saber. Era convicción de Sócrates que una vida sin examen no vale la pena, y, en consecuencia, conducía a sus interlocutores a realizar un examen sobre sí mismos. Otra convicción socrática es que es peor hacer el mal que recibirlo. Tal vez la más peculiar de sus convicciones es su intelectualismo moral: nadie hace el mal con conocimiento, es decir, todo mal proviene de la ignorancia.

Muchos son los testimonios que afirman que Sócrates fue una persona justa, alguien que poseyó la virtud a lo largo de toda su vida. A pesar de eso, este mismo hombre declararía, en muchas ocasiones, ser un ignorante. De ser ese el caso, esa ignorancia entraría en contradicción con su identificación de virtud y ciencia. ¿Cómo es posible que el ciudadano que había sido declarado el más sabio por el Oráculo de Delfos, y quien poseía la misión de examinar la calidad del saber de sus conciudadanos, fuese un ignorante?

La ignorancia como sabiduría

Para responder a esa cuestión, es necesario comprender cuál es la función de la ironía en la filosofía socrática. Primero, debemos recordar en qué consiste la ironía en general. Es una forma del humor, y de la retórica, que se caracteriza por la evidente contradicción entre el lenguaje y su contenido. Tiene lugar un ejemplo de ironía cuando le digo a una persona desaliñada que está bien vestida, con la intención no de engañarla sino de hacerle notar su desarreglo de forma velada.

La filosofía socrática comienza con la búsqueda de la consistencia del saber. Esto está representado por la famosa frase “conócete a ti mismo”, cuyo significado es el desarrollo de la autoconciencia. Sócrates conoció esa frase en el templo de Delfos, donde tenía una connotación religiosa. Le recuerda a los humanos que son seres limitados y que no deben cometer el pecado de la soberbia, es decir, ofender a los dioses. La idea de Sócrates es darle un sentido filosófico a esta sentencia. No cometer el pecado de la soberbia a nivel epistemológico. Dicho pecado es sostener prejuicios e ideologías nacidas de las pasiones políticas.

La consecuencia de esa exigencia de autoconciencia da un resultado crítico: “solo sé que no sé”, es decir, Sócrates declara que es consciente de la problematicidad del conocimiento. Sócrates no se declara ignorante a secas, sino que exige que se le reconozca un saber, un saber paradójico: el saber del no saber, esto es la conciencia del límite del propio conocimiento. Esto es lo que la tradición ha denominado Docta ignorancia, una expresión empleada por san Agustín, san Buenaventura y principalmente por Nicolás de Cusa para significar la actitud prudente del sabio ante la magnitud de los problemas del Universo y la limitación de las facultades naturales del conocimiento.

A partir de la Docta ignorancia tiene lugar la primera forma de ironía socrática: la devaluación que Sócrates hace de sí mismo en relación con los adversarios con quienes discute. Cuando Sócrates declara en la discusión acerca de la justicia:

«Yo considero que la investigación está fuera de nuestras posibilidades y que vosotros que sois hábiles en vez de enojaros deberíais tener piedad de nosotros.» (Rep., I, 336 e- 337 a).

Aristóteles (Ét. Nic., IV, 7) clasifica esta falsa modestia socrática como uno de los extremos en la actitud frente a la verdad. El que dice la verdad sobre sí mismo está en el justo medio, mientras quien exagera la verdad es el jactancioso y quien, en cambio, intenta disminuirla es el irónico. La ironía, dice Aristóteles, es simulación bajo este aspecto.

La ironía como método

Cicerón nos explica la estrategia que motiva a ese comportamiento:

«Sócrates en la disputa a menudo se rebajaba a sí mismo y elevaba a los que quería refutar y así, hablando en forma diferente a la pensada adoptaba voluntariamente la simulación que los griegos denominaban ironía.» (Acad, IV, 5, 15).


Hasta ahora, Sócrates ha trabajado en la purificación de su propio conocimiento. Resulta que las demás personas también sufren de un conocimiento no purificado. Así tiene lugar la transición de lo introspectivo a lo extrospectivo.

Contra la ignorancia, en la mente de los interlocutores, tiene que desarrollarse la refutación, parte ini­cial del método socrático. La refutación tiene la misión de suscitar en los otros la Docta ignorancia, es decir, de encaminarlos hacia una purificación espi­ritual de sus errores y faltas. Por lo tanto, no llega ni debe llegar a una conclusión positiva sino a un resultado negativo. Dicho resultado, en tanto conciencia de un vacío interior intolerable, es preparación y estímulo para una investigación reconstructiva. En tal sentido, es un precedente de la duda metódica de Descartes.

«Trasímaco: He aquí, por Heracles, la ironía habitual de Sócrates. Yo sabía, y se lo dije antes a esta gente, que tú no querías contestar y que emplearías la iro­nía y harías cualquier cosa antes que con­testar, si alguien te interrogara. Ésa es tu costumbre: no contestar nunca sino, cuando otro contesta, tomar su discurso y refutarlo… He aquí la sabiduría de Sócrates» La república (I,337 y sigs).

Al igual que todos los sofistas, Trasímaco no comprende el significado espiritual que la refutación tenía para Sócrates: la purificación y la liberación de la mente es preparatorio para acceder a la investigación.

Así se pasa de la forma negativa de la ironía a una forma positiva. En Sócrates tomará la investigación la forma de mayéutica, que consistirá en el aspecto constructivo del método. La mayéutica, arte de la partera heredado de su madre Fenáreta, la cual Sócrates convierte en un arte para ayudar a nacer las ideas. Consiste en orientar al interlocutor, por una serie de preguntas, a que descubra la verdad dentro de sí mismo.

De esta forma, tiene lugar otra forma de la ironía. El maestro que declaraba no poseer ningún conocimiento es quien puede orientar hacia el conocimiento verdadero.

La enseñanza de la ironía

¿Cuáles son las lecciones que podemos extraer del magisterio de Sócrates para nuestro presente?

En primer lugar, debemos ser lo suficientemente valientes para someter a examen nuestras propias creencias. De esta forma, purificarnos de todo prejuicio y de toda ideología. Hasta alcanzar la Docta ignorancia, la humilde conciencia que nuestro conocimiento es problemático y limitado.

El segundo lugar, utilizar el pensamiento crítico para ayudar a las otras personas a salir del sueño ideológico. Para eso, Sócrates desarrolla la refutación, que no es más que la transmisión de la Docta Ignorancia a los demás.

En tercer lugar, Sócrates nos invita a aplicar la mayéutica, que es la etapa positiva del método socrático. Como ya sabemos, la mayéutica es un sistema de preguntas que ayuda a sacar la verdad que descansa en el fondo de nuestro espíritu.

La grandeza de Sócrates reside en no llenar a la mente de los interlocutores con un credo ni una fe ciega. Su intención es enseñar a las personas a pensar por sí mismas. Hay que aclarar que Sócrates no quiere que las personas exhiban un pensamiento excéntrico. El propósito es que las personas puedan hacer un examen de su concepción de la realidad y determinen cuales son los prejuicios o ideologías que afectan sus creencias.

Al bajar el volumen a las ideologías, podremos oír la voz de la conciencia. El mismo Sócrates, muchas veces, afirma obedecer a su Daimón. Ese Daimón encarna a los principios éticos.

La clave de la ironía socrática no es simplemente lo que Sócrates dice, hay que poner toda la atención sobre lo que hace, cómo practica el arte de vivir. Sócrates es un paradigma, pero no para copiar de forma mecánica. Más bien es una figura que nos debe inspirar para que construyamos una mejor versión de nosotros mismos.

El retrato que hace Platón del Sócrates irónico nos invita a tomar las riendas de nuestra propia vida. Esto implica introducir en nuestra vida el auto-examen despiadado de nuestras creencias acríticas. Así, dejar de ser víctimas de las ideologías de moda. Luego se nos revelarán los principios éticos. Sócrates no invita a practicar el difícil arte de vivir, el cual se identifica con el cuidar a nuestra alma.

Fuente: Prodavinci