miércoles, 10 de noviembre de 2021

Los gobiernos, culpables de que la tecnología no mejore el mundo


Quizás el tecno-optimismo (dominante a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, que luego empezó a desaparecer y se convirtió en pesimismo durante la última década) nunca se ha ido del todo. De hecho, está resurgiendo. El tecno-pesimismo sobre el impacto de las apps y de las redes sociales en el mundo se ha convertido en una esperanza infinita (al menos entre la élite tecnológica y los inversores de capital de riesgo) de que las nuevas tecnologías van a resolver nuestros problemas.

El libro The Exponential Age, del inversor tecnológico y escritor Azeem Azhar, es la última celebración del impacto transformador de las tecnologías computacionales (incluida la inteligencia artificial –IA- y las redes sociales), la biotecnología y las energías renovables. Azhar lo argumenta de manera meticulosa e inteligente, describiendo el crecimiento de lo que él llama tecnologías exponenciales, las que mejoran rápida y constantemente en precio y rendimiento durante varias décadas. Azhar escribe: "Las nuevas tecnologías se están inventando y ampliando a un ritmo cada vez más acelerado, mientras que su precio disminuye rápidamente".

Cabe destacar que también señala debidamente los problemas que surgen de las rápidas transformaciones provocadas por estas tecnologías, sobre todo lo que él llama la "brecha exponencial". Las grandes corporaciones tecnológicas como Amazon y Google están obteniendo una gran riqueza y poder gracias a las tecnologías. Pero otras empresas, instituciones y comunidades "solo pueden adaptarse a un ritmo incremental, y se quedan atrás rápidamente", escribe.

No obstante, su entusiasmo sigue siendo evidente.

Su historia comienza en 1979, cuando tenía siete años, vivía en Zambia y un vecino trajo a casa un equipo de ordenador hecho casi a mano. Luego cuenta la conocida (y todavía apasionante) historia de cómo esos primeros productos iniciaron la revolución del PC (una interesante nota al margen es su descripción de su primer ordenador Sinclair ZX81, comprado por 69 libras -80 euros-, después de que su familia se mudara a una pequeña ciudad en las afueras de Londres -Reino Unido-). Ya conocemos el resto. La explosión del PC (el joven Azeem y su familia pronto pasaron a un Acorn BBC Master, el popular ordenador personal de Reino Unido) dio lugar a la World Wide Web, y en la actualidad nuestras vidas están siendo transformadas por la inteligencia artificial.

Resulta difícil refutar el argumento de que las tecnologías informáticas han crecido exponencialmente. La ley de Moore ha definido ese crecimiento durante varias generaciones de tecnólogos. Como señala Azhar, por eso en 2014 el precio de un transistor era solo unas mil millonésimas de euro, frente a los cerca de siete euros de la década de 1960. Eso lo ha cambiado todo, impulsando el rápido crecimiento de internet, los teléfonos inteligentes y la inteligencia artificial.

Sin embargo, para la afirmación de Azhar sobre el inicio de una nueva era resulta esencial un conjunto mucho más amplio de tecnologías que muestra este crecimiento exponencial. Los economistas se refieren a los avances fundamentales con amplios efectos económicos como "tecnologías de propósito general"; la máquina de vapor, la electricidad e internet. Azhar supone que la energía solar barata, las técnicas de bioingeniería como la biología sintética y la impresión 3D podrían ser precisamente ese tipo de tecnología.

Reconoce que algunas de estas tecnologías, especialmente la impresión 3D, siguen siendo relativamente inmaduras, pero sostiene que a medida que bajen los precios, la demanda crecerá rápidamente y las tecnologías evolucionarán y encontrarán sus mercados. Y concluye: "En resumen, estamos entrando en una nueva era de abundancia. El primer período de la historia de la humanidad en el que la producción de energía, alimentos, computación y muchos recursos será trivialmente barata. Podríamos satisfacer las actuales necesidades de la humanidad muchas veces, a un precio en constante disminución".

Tal vez tenga razón. Pero, francamente, ese súper optimismo requiere un gran acto de fe, tanto en el futuro poder de las tecnologías como en nuestra capacidad para usarlas de manera efectiva.

Crecimiento lento

Nuestra mejor medida del progreso económico es el crecimiento de la productividad. Específicamente, la productividad total de los factores (PTF) mide el papel de la innovación, incluidas las prácticas de gestión y las nuevas tecnologías. No es una forma perfecta de medirlo. Pero, por ahora, es la mejor métrica que tenemos para estimar el impacto de las tecnologías en la riqueza y en el nivel de vida de un país.

Desde mediados de la década de 2000, el crecimiento de la PTF se ralentizó en muchos otros países avanzados (de forma especialmente pronunciada en Reino Unido), a pesar de la aparición de estas nuevas y brillantes tecnologías. Esa desaceleración se produjo tras un crecimiento acelerado de varios años a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, cuando los ordenadores e internet impulsaron la productividad.

Nadie está seguro de qué está provocando este estancamiento. Quizás nuestras tecnologías no cambian el mundo tanto como pensamos, al menos en comparación con otras innovaciones previas. A mediados de la década de 2010, el padre del tecno-pesimismo, el economista de la Universidad Northwestern (EE. UU.) Robert Gordon, mostró a su audiencia imágenes de un teléfono inteligente y un inodoro. ¿Cuál preferirían tener? O a lo mejor no capturamos con precisión los beneficios económicos de las redes sociales y los servicios gratuitos online. Pero la respuesta más probable es simplemente que muchas empresas e instituciones no están adoptando las nuevas tecnologías, especialmente en sectores como la atención sanitaria, la fabricación y la educación.

Esta no es una razón para el pesimismo necesariamente. Quizá solo sea una cuestión de tiempo. El economista de la Universidad de Stanford (EE. UU.) y destacado experto en las tecnologías digitales Erik Brynjolfsson predice que estamos en el inicio de un "inminente auge de la productividad" y argumenta que la mayoría de las economías avanzadas del mundo están cerca del punto más bajo de la  curva en forma J de la productividad. Muchas empresas todavía están luchando con las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, pero a medida que aprendan a aprovechar los avances, el crecimiento de la productividad general subirá.

Se trata de una postura optimista. Pero también sugiere que la trayectoria de muchas nuevas tecnologías no es sencilla. La demanda es importante y los mercados son inconstantes. Hay que analizar por qué las personas y las empresas quieren la innovación.

Por ejemplo, en el caso de la biología sintética. La idea es tan simple como convincente: reescribir el código genético de los microorganismos, ya sean bacterias, levaduras o algas, para que produzcan los productos químicos o materiales deseados. Ese sueño no es exactamente nuevo, pero a principios de la década de 2000, sus defensores, incluido el científico informático del MIT (EE. UU.) reconvertido en biólogo Tom Knight, ayudaron a popularizarlo, especialmente entre los inversores. ¿Por qué no tratar la biología como un simple desafío de ingeniería?

Con enormes cubas de fermentación para estos microbios programados, se podrían producir plásticos, productos químicos e incluso combustibles. No habría necesidad de petróleo. Si simplemente se alimenten con azúcar extraído de, por ejemplo, caña de azúcar, se podrá producir en masa lo que haga falta.

A finales de la década de 2000, varias start-ups, incluidas Amyris Biotechnologies y LS9, diseñaron la genética de los microbios para producir combustibles de hidrocarburos destinados a sustituir la gasolina y el diésel. La biología sintética, al parecer, estaba a punto de revolucionar el transporte. Pero pocos años después ese sueño estaba casi muerto. Ahora Amyris se centra en la fabricación de ingredientes para cremas y otros productos de belleza. LS9 vendió sus acciones en 2014.

Los problemas del mercado de la biología sintética continúan hasta el día de hoy. A principios de este año, una de las empresas líderes del campo, Zymergen, sufrió un revés financiero cuando su producto, un plástico hecho para ser usado en los teléfonos inteligentes plegables, no logró ganar tracción. Sus clientes, según la compañía, tenían "problemas técnicos" al integrar el plástico en sus procesos de fabricación.

Los fracasos no son una condena para la biología sintética. Ya empiezan a aparecer algunos productos. A pesar de los errores comerciales, el futuro del campo es innegablemente brillante. A medida que la tecnología mejore, con la ayuda de los avances en automatización, aprendizaje automático y computación, los costes de crear productos personalizados y en masa seguramente disminuirán.

Pero la biología sintética sigue estando lejos de transformar la industria química o los combustibles para el transporte. Su progreso en las últimas dos décadas se parece menos al crecimiento exponencial y más a los asombrosos primeros pasos de un niño.

Las lecciones de la historia

Le pregunté a la científica social Carlota Pérez, que ha escrito mucho sobre las revoluciones tecnológicas y a quien Azhar menciona en su libro como "instrumental", qué pensaba sobre la relación entre la tecnología y la economía y cómo podemos lograr avances impresionantes, pero sin ver más crecimiento de la productividad.

Su respuesta es simple: "Todas las revoluciones tecnológicas han pasado por dos períodos diferentes: el primero en el que se observa un crecimiento de la productividad en la nueva parte de la economía, y el segundo, cuando las nuevas tecnologías se extienden por toda la economía, generando sinergias y aumentando la productividad en general".

Cee que estamos en el período en el que las diferentes industrias están actuando de manera muy distinta y añade: "La pregunta es cómo llegar al punto en el que la productividad de toda la economía crece de manera sinérgica".

Pérez es otro tipo de tecno-optimista muy diferente de los del libre mercado que a menudo se escuchan en Silicon Valley (EE. UU.). Para ella, es esencial que los gobiernos creen los incentivos adecuados para fomentar la adopción de las nuevas tecnologías, incluidas aquellas más limpias para el medio ambiente, utilizando herramientas como impuestos y regulación.

Y detalla: "Todo depende del gobierno. Las empresas no van en la dirección verde porque no tienen que hacerlo. Están ganando dinero con lo que hacen, ¿por qué deberían cambiar? Solo cuando ya no pueden ser rentables haciendo lo que hacen, empezarán a usar las nuevas tecnologías para invertir e innovar en nuevas direcciones".

Pero destaca que "la cantidad de innovación en estaba de gestación es casi increíble". Según ella, las revoluciones tecnológicas pueden ocurrir rápidamente si se impulsan por políticas y apoyos adecuados del gobierno.

Sin embargo, nada de esto sucede sí o sí. No hay garantías de que los gobiernos actúen. Una preocupación es la actual falta de apoyo a la investigación. Nuestras asombrosas nuevas tecnologías pueden estar listas para cambiar la economía, pero su crecimiento y expansión deben ser reforzados por más ideas nuevas y continuos avances tecnológicos. Al fin y al cabo, los orígenes de las tecnologías que ahora nos impresionan tanto, como la biología sintética y la impresión 3D, se remontan a décadas. La cadena necesita actualizaciones constantes.

El economista de la Escuela Económica de Londres (Reino Unido) y del MIT John Van Reenen y sus colaboradores han demostrado que la productividad de la investigación en sí se está desacelerando porque "las nuevas ideas se vuelven más difíciles de encontrar". Al mismo tiempo, muchos gobiernos occidentales han reducido su apoyo a la I+D durante las últimas décadas. A mediados de la década de 1960, la financiación federal de I+D de EE. UU. en relación con el PIB era tres veces mayor que en la actualidad. Estados Unidos no tiene que volver a niveles tan altos, opina el experto, "pero detenerse tampoco es una opción". Eso, según Van Reenen, provocaría que el crecimiento de la PTF y el progreso económico se estancaran.

Hay algunas señales de que Estados Unidos se está moviendo en la dirección correcta. El presidente, Joe Biden, centró parte de su campaña en promesas de aumentar el apoyo federal a la I+D en cientos de miles de millones de euros durante su primer mandato. Pero lograr que el Congreso de EE. UU. lo acepte está siendo un desafío. Van Reenen subraya: "Es una elección a la que nos enfrentamos. Todo vuelve a depender de la política. ¿Estamos preparados para hacer inversiones serias?"

Ahí es donde convergen los optimistas reacios como Van Reenen y los súper optimistas como Azhar. Le pregunté a este cuán seguro que estaba de la predicción de su libro de "una nueva era de abundancia". Su respuesta fue: "Soy optimista sobre el progreso de la tecnología, pero soy mucho más realista, casi pesimista, sobre la gobernanza de la tecnología. Esa es la parte más importante de la lucha".

Imagen: El Universo

Fuente: MIT

El nacimiento de una nueva educación hibrida


El cierre prolongado de las escuelas durante el COVID-19 ha sido un desafío para los alumnos, docentes y padres. Hoy muchos países están planificando la reapertura de las escuelas de América Latina y el Caribe (ALC), y las medidas de distanciamiento social hacen muy probable que el aprendizaje a distancia siga siendo parte de nuestro cotidiano, por lo menos de forma parcial. Las fuertes restricciones de distanciamiento necesarias para la reapertura, junto con la necesidad de reducir en aproximadamente un 30% el número de alumnos por aula, hacen de los modelos de “educación híbrida” una posible solución. Pero ¿qué es la educación híbrida? ¿Cómo puede ayudar a resolver este desafío? ¿Y cómo hacerla realidad?

¿Qué es? La educación híbrida combina la educación presencial y remota a través de distintos medios como plataformas de aprendizaje en línea, televisión o radio. Sin embargo, los expertos señalan que se requiere más que solamente distribuir tareas entre una modalidad y la otra. Se requiere repensar la educación y desarrollar modelos de enseñanza y aprendizaje que capturen la atención y el interés de los estudiantes por aprender de maneras diferentes en cada una de estas modalidades. Las distintas tecnologías deberán usarse como una herramienta para acelerar los aprendizajes más que como un simple canal para transmitir contenido. Con menos tiempo en las escuelas, es primordial que se priorice el desarrollo de las habilidades de colaboración entre los estudiantes, tanto en el componente presencial como en el remoto.

¿Es algo nuevo? El modelo en sí no lo es. En educación superior se ofrecen desde hace tiempo grados semipresenciales, generalmente estructurados con una primera parte del programa en línea y una segunda parte en persona, o viceversa. Más recientemente se identifican modelos educativos donde alternan las dos modalidades en periodos de tiempo cortos. En educación técnico-vocacional, un ejemplo es Nucamp, que ofrece bootcamps de coding donde los estudiantes completan asignaciones en línea a su propio ritmo durante los días de semana y asisten a un taller presencial con un instructor experto los sábados para revisar las asignaciones.

¿Cómo puede ayudar a promover el aprendizaje? Las experiencias de educación híbrida evaluadas hasta ahora son modelos que incorporan componentes de educación en línea dentro del aula, como por medio del uso de aplicaciones y portales educativos. En comparación con modalidades 100% presenciales, se han observado  efectos positivos en el vínculo, los resultados y la percepción positiva del aprendizaje. Este modelo también puede aumentar la capacidad de los estudiantes de aprender a su propio ritmo y de aprendizaje autodirigido, habilidades clave a desarrollar para estimular los aprendizajes y, además, evitar la sobrecarga de los padres. La personalización del aprendizaje que ofrece la educación híbrida es uno de los medios más efectivos para acelerar el desarrollo académico y cognitivo. En la región hay experiencias exitosas como el caso de CEIBAL en Uruguay, en el cual se ha usado clases en línea dentro del aula para la instrucción del inglés y pensamiento computacional desde el 2014 y 2018, respectivamente, con el apoyo de docentes desde otros países. Los resultados han sido positivos: se universalizó la enseñanza de inglés entre 4º y 6º grado y se alcanzaron los resultados de aprendizaje esperados para el 80% de los estudiantes participantes. En ese caso, esa política también permitió cubrir la brecha de cobertura en asignaturas donde no había suficientes docentes locales.

¿Cómo hacerla realidad? Hemos identificado cuatro ingredientes clave para lograr una educación híbrida exitosa:
  • Nuevas habilidades y perfil docente. La dualidad de la educación híbrida es una oportunidad para optimizar qué hacer en el tiempo presencial y qué hacer en el tiempo remoto. Las tecnologías deberán aprovecharse para hacer la experiencia de los estudiantes más atractiva y capturar su interés por aprender, y estar enmarcados en el trabajo de aprendizaje profundo y significativo. En el centro de la propuesta se encuentra el estudiante y el desarrollo de competencias transversales claves para la vida y para el nuevo modelo pedagógico: autonomía en el aprendizaje y en el uso del tiempo. Esto pone a los docentes frente a un nuevo modelo educativo centrado en competencias y en la adopción y uso de las nuevas tecnologías. La clave es garantizar una transición fluida y encontrar modelos efectivos para que los docentes puedan desarrollar estas competencias.
  • Contenidos y plataformas. Durante el cierre de las escuelas, los padres de familia e incluso a veces los mismos estudiantes se han sentido abrumados por la cantidad de contenido. En el modelo de educación híbrida se debe priorizar y flexibilizar el currículo, focalizando los esfuerzos en matemática y lectura/escritura, así como en las habilidades del siglo XXI. Existe una amplia oferta de plataformas, software y contenidos que son necesarios y que cumplen distintos roles dentro de un modelo de educación híbrida con distintos niveles de efectividad. La oferta de contenido debe integrar otras estrategias que no sean necesariamente digitales y adecuarse a las condiciones de acceso a conectividad y dispositivos en particular para estudiantes más vulnerables (Rieble-Aubourg & Viteri, 2020). Como en la educación a distancia, los padres juegan un nuevo rol más protagónico; sistemas de apoyo y materiales especializados deben ser también desarrollados para ellos.
  • Información y seguimiento de estudiantes. Es importante que los gobiernos tomen decisiones informadas, y monitoreen y evalúen los aprendizajes de los estudiantes para poder mejorar o/y adaptar la oferta de contenidos. Los Sistemas de Información y Gestión Educativa (SIGED) son la plataforma central que permite identificar de manera única a los estudiantes a través de todo el sistema educativo. La transición a un modelo de educación híbrida requiere contar con una visión integral del SIGED y de cómo los distintos aplicativos deberían operar para garantizar una gestión eficiente de los sistemas educativos. Sistemas eficientes de gestión de estudiantes y contenidos digitales permiten monitorear los aprendizajes y proteger las trayectorias de cada uno de los estudiantes a lo largo del ciclo estudiantil.
  • Equipamiento, infraestructura y conectividad. Las brechas de acceso a conectividad y dispositivos siguen siendo un reto en ALC, tanto en las escuelas como en los hogares. Los gobiernos han hecho importantes esfuerzos por ampliar el acceso a internet, como abaratar los costos a través de acuerdos para que los estudiantes y docentes puedan acceder a contenido educativo sin consumo de datos. Más que medidas transitorias, los países tendrán que garantizar su continuidad y complementar con otras formas innovadoras para cerrar las brechas digitales. Para ampliar el acceso a dispositivos, una opción a considerar son las bibliotecas de dispositivos en las escuelas con contenido educativo precargado, donde los estudiantes puedan tomar dispositivos móviles prestados para llevar a sus casas.
La innovación educativa requiere de una gobernanza que lidere el cambio de marco normativo, que estructure la transformación digital de la educación y que garantice, además de estos cuatro elementos, consideraciones sobre la ética y privacidad de los datos y arreglos de ciberseguridad. Los países que reabrieron las escuelas van transitando ya hacia un modelo educativo híbrido. La implementación de este modelo debe ir más allá del contexto de la pandemia. La educación híbrida debería estar enmarcada dentro una estrategia más amplia de transformación del sector educativo para lograr que sea efectiva, equitativa y sostenible, para los estudiantes, los docentes y también los padres de familia.

¿Cómo crees que funcionará la educación híbrida en tu país? Cuéntanos en la sección de comentarios.

Imagen: Asocoldep

Fuente: Web del Maestro

martes, 9 de noviembre de 2021

Oppenheimer: ¿Está preparada América Latina para el Metaverso?


Cuando el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, anunció recientemente que cambió el nombre de su empresa a Meta, porque operará en el Metaverso, muchos medios no se percataron de la parte más importante de la historia: el hecho de que la nueva compañía será parte de una nueva tendencia tecnológica que cambiará el mundo.

El Metaverso, o meta-mundo, o X-verso, o como se termine llamando, es el nuevo mundo de realidad virtual y realidad aumentada que reemplazará al Iternet tal como lo conocemos. Según me dicen varios gurús de la tecnología, el Internet multidimensional cambiará - para bien y para mal - nuestras vidas, nuestros trabajos y la economía mundial.

En primer lugar, hay muchas compañías de Internet además de Meta, incluidas Microsoft, Sony, Google y Apple que están trabajando a toda velocidad para crear universos digitales multidimensionales. No habrá un solo Metaverso, sino tantos millones de metaversos como ahora existen sitios de Internet.

Podrás crear tu propio meta-universo e invitarme a sentarme virtualmente en tu oficina, y podremos caminar juntos digitalmente desde allí a cualquier otro lugar.

Todo esto lo haremos con las anteojos de realidad virtual que hoy en día son grandes y pesados - como eran los primeros celulares - pero que pronto se parecerán a gafas comunes, y quizás más tarde serán reemplazados por chips en nuestras cabezas. Sí, ya sé, suena aterrador, y probablemente es.

En segundo lugar, la transición a un mundo digital multo-dimensional probablemente comenzará con la industria de la música y el deporte, y después pasará a la producción de bienes digitales. Podremos ver conciertos o conferencias con realidad virtual o realidad aumentada, en lugar de verlos en una pantalla plana. Y más tarde, podremos fabricar productos digitales.

Un ingeniero en Alemania podrá teletransportarse a una fábrica en México y mostrarle a sus trabajadores cómo reparar una máquina rota, o viceversa.

En segundo lugar, el metauniverso llevara a la producción de cada vez más bienes virtuales, incluida la ropa digital. A medida que la economía se mueve cada vez más del mundo físico al mundo virtual, participaremos en reuniones de trabajo virtuales o iremos a una cena de gala virtual estando en nuestras casas en pijama, pero vestidos con ropa digital. Algunas empresas de ropa de lujo ya están vendiendo vestidos y accesorios digitales.

En tercer lugar, es probable que la producción de bienes digitales multidimensionales amplíe la brecha tecnológica entre los países ricos y pobres.

Vivek Wadhwa, un futurólogo de Silicon Valley que ha escrito varios libros sobre las próximas tecnologías, me dijo que el hecho de que el Metauniverso permitirá que las personas trabajen desde cualquier lugar del mundo podría ser una gran oportunidad para que América Latina reemplace a China como la fábrica del mundo.

Pero agregó que así como América Latina se perdió la oportunidad de convertirse la oficina de soporte administrativo del mundo cuando apareció el Internet, puede perder la oportunidad de convertirse en la fábrica del mundo con el Metaverso.

“El problema no es la tecnología”, dijo Wadhwa. “El problema es la falta de visión y capacidad de América Latina para aprovechar las oportunidades”.

Cuando le pregunté a Rony Abovitz, el fundador de la empresa de realidad aumentada Magic Leap qué le recomendaría a los presidentes latinoamericanos, me dijo que les aconsejaría que construyeran una buena infraestructura de Internet rápida, enseñen a los niños de sus países a codificar, y ayuden a que sus empresas encuentren un lugar en las nuevas cadenas de suministro de productos digitales. Si no se suben a esta ola ahora, “empezarán a parecerse cada vez más a Afganistán”, agregó.

Eso puede sonar demasiado dramático, pero tiene algo de cierto. Nos guste o no, la transición al mundo digital multidimensional va a suceder. Las empresas que están invirtiendo miles de millones de dólares en el Metaverso no se van a detener, así como no se detuvieron con la construcción del Internet en la década de 1990.

El metaverso probablemente tardará entre diez y quince años en convertirse en una realidad cotidiana. Pero sucederá, y los países que no se preparen desde ahora se van a quedar atrás.

Imagen: Heraldo de Aragon

Fuente: El Nuevo Herald