miércoles, 15 de noviembre de 2017

Personas que atendemos personas

Así reza un gran letrero colgado sobre la entrada del Ministerio de Salud de Lima, Perú: “Personas que atendemos Personas”. Me gusta esta expresión pues recoge la esencia del trabajo de quienes brindan atención a las familias y a los niños, no solo en el sector de la salud, sino también en una gran variedad de servicios sociales como:

– Educación

– Desarrollo infantil

– Prevención de comportamientos de riesgo

– Cuidado a la población en situación de dependencia

– Combate a la pobreza, y más.

Sin duda, América Latina y el Caribe han avanzado de manera importante durante las dos últimas décadas hacia la ampliación de la cobertura de sus programas sociales en las áreas mencionadas. No obstante, el desafío de producir servicios de calidad permanece como una constante en la agenda. Es, sin lugar a dudas, un área en la cual la región ha avanzado menos. A medida que las economías de la región crecen, se vuelve cada vez más difícil de explicar el que se haya logrado tan poco para producir servicios sociales de calidad comparable a los de otros países de fuera de la región con ingresos similares.

Las personas que atienden personas, el recurso humano primordial

¿Qué se necesita para que los diferentes programas sociales sean de buena calidad? No hay una sola lista, pero sí hay unos puntos que están presentes en todos los programas. Entre ellos, destacan los recursos humanos.

Hoy quiero enfocarme en un tipo de personal que es muy frecuente encontrar en los programas sociales. Me refiero al personal que atiende directamente a las familias y a los niños, a las personas que atienden personas. Específicamente, estoy pensando en las madres cuidadoras de los jardines infantiles, en las facilitadoras que trabajan con las familias para mejorar sus prácticas de crianza en el hogar, en los promotores comunitarios de salud que tienen a su cargo varias de las actividades de la salud materno-infantil, en los cuidadores de personas en situación de dependencia, en las vocales de los programas de transferencias monetarias condicionadas que transmiten mensajes de empoderamiento y promueven la inversión en la salud y la educación de la familia, o en los mentores que trabajan con jóvenes en situación de riesgo.

Me atrevo a decir -aún sin datos duros- que la calidad de los programas sociales de la región se apoya, en gran medida, sobre estas personas. Sin embargo, en muchos de los países de América Latina y el Caribe, enfrentan grandes desafíos en su labor, por ejemplo:

– En su mayoría, llegan a su función con bajos niveles educativos o incluso sin haber completado la secundaria.

– Con frecuencia, asumen estas funciones bajo modalidades contractuales de voluntariado. Es decir, reciben un pago simbólico por sus servicios, muy por debajo del salario mínimo vital. Tampoco acceden a las prestaciones sociales a las que tienen derecho otros trabajadores.

– Muchas veces operan bajo contratos de muy corto plazo y con incertidumbre sobre su renovación.

– Las oportunidades de capacitación previa que les ofrecen son – en el mejor de los casos – escasas.

– No existen sistemas de acompañamiento que proporcionen retroalimentación con base en su desempeño en el trabajo.

– Los programas sociales no les ofrecen mayores oportunidades de desarrollo profesional.

– Como resultado, en poco tiempo se convierten en trabajadores poco motivados y, ante la primera oportunidad, abandonan el sector. Esto resulta en altas tasas de rotación de personal.

Además, cabe destacar que el sector social en la región está principalmente compuesto por una fuerza laboral femenina. En otras palabras, en algunos países los programas sociales de alguna manera terminan por precarizar el empleo de muchas mujeres.

Sin un cambio de enfoque en materia de recursos humanos, es imposible pensar en producir servicios sociales de calidad. Si las personas que atienden personas en los programas sociales no cuentan con la capacitación, las herramientas, el apoyo, los incentivos y la motivación adecuadas, esa atención no va a ser la mejor. Cualquier esquema de mejora de la calidad depende de ciertos parámetros de continuidad. Los retornos de inversiones como la formación y capacitación del personal no pueden agotarse cada tres o seis meses. La rendición de cuentas y la mejora del desempeño deben venir acompañadas de incentivos que induzcan a los trabajadores a esforzarse y mejorar.

Es hora de que nos pongamos a pensar en serio en el tema de los recursos humanos, en quienes depende la calidad de los programas sociales. ¿Cómo fortalecemos este recurso esencial? ¿Qué experiencias exitosas conoces en tu país? Cuéntanos en la sección de comentarios.

Fuente: Blog Primeros Pasos - BID

martes, 14 de noviembre de 2017

¿Cómo lograr una tecnología sin estereotipos?

Reducir las desigualdades entre hombres y mujeres en la producción y el uso de la tecnología es una necesidad para el desarrollo económico y social de los países. ¿Por qué? Por ejemplo, el acceso a la información y al conocimiento por parte de todos los miembros de una comunidad permite tomar mejores decisiones e incluso desarrollar soluciones para los problemas que aquejan a las personas. Imagine cómo la oferta de servicios financieros en línea puede ayudar a sortear dificultades como el gasto de tiempo y dinero que en zonas rurales apartadas implica llegar a una oficina bancaria. Para eso, por supuesto, es necesario primero que haya acceso a internet, para lo cual el Gobierno y el sector privado tienen la mayor responsabilidad.

¿Cómo aportar al objetivo? De cara a las consumidoras, es fundamental enseñar o mostrar los beneficios de la digitalización como los del ejemplo anterior. De cara a las productoras de tecnología, como las ingenieras, parte de la clave está en buscar ambientes laborales amigables y flexibles para aquellas que son madres, de manera que su maternidad no riña con la posibilidad de aportar su talento. Así lo cree Rachel Samrén, vicepresidenta de relaciones exteriores y miembro del comité ejecutivo de Millicom, una de las empresas de telecomunicaciones más grandes del mundo y cuya presencia está enfocada en mercados emergentes, como África y América Latina.

Samrén estuvo de visita en el país, para formar parte del Mobile 360, un encuentro organizado por el gremio global de empresas de comunicaciones móviles, la GSMA. Luego del evento habló sobre el tema en el que se ha especializado: la participación de las mujeres en el sector de la tecnología.

- ¿Cómo se manifiesta la brecha de género tanto en la producción como en el consumo de la tecnología?

Primero, creo que es claro para todos que hay una brecha. No creo que eso siga siendo un asunto de debate. En un panel durante el Mobile 360, la moderadora preguntó a la audiencia si creía que hay una brecha entre los hombres y mujeres que trabajan en tecnología y diría que el 99 % del salón levantó la mano. Se puede ver en las compañías, en las posiciones gerenciales, así como en la cantidad de mujeres que son empresarias.

Esto no es una cuestión exclusiva de Colombia, sino que ocurre alrededor del mundo. En Estados Unidos, STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés) es el campo más dominado por los hombres. Menos del 15 % de la fuerza laboral en ingeniería es femenina. También es claro que tratar de cerrar esa brecha trae enormes beneficios no sólo para las compañías, sino para la sociedad en general. No hay duda de que las compañías que tienen recursos humanos diversos, no sólo en cuanto a género sino en general, tienen mejores resultados, algo que ha sido probado en muchas investigaciones.

De otro lado, en Millicom, 50 % de nuestra base de clientes potenciales son mujeres, y estudios muestran que ellas son quienes toman la mayoría de las decisiones del hogar, por ejemplo, cuándo los niños deberían obtener su primer celular, o cuándo la familia debería tener TV por cable, etc. Las mujeres toman mejores decisiones cuando están tecnológica y financieramente incluidas, y eso beneficia a la familia, la economía y al desarrollo social como un todo.

- ¿Por qué cree que existe la brecha en la producción de tecnología?

Es algo que empieza desde la educación. Menos mujeres históricamente han aplicado a programas (académicos) relacionados, han sido menos motivadas a hacerlo y, por lo tanto, también hay menos modelos femeninos para seguir. También tiene que ver con los estereotipos, influenciados por percepciones o por la mentalidad cultural. Esto es: de las mujeres se ha esperado que, claro, tengan una carrera, pero también que cuiden de la familia, y la ingeniería puede demandar mucho tiempo. En eso, el empleador tiene que crear un ambiente en el que, una vez las mujeres hayan cursado la carrera y aplicado a la compañía, encuentren suficiente flexibilidad para que puedan tener control sobre lo que esperan como profesionales, pero también en la esfera privada.

Es necesario tener una conversación sobre cómo trazar un camino que permita esa flexibilidad. Tenemos (las compañías) que saber sus problemas o necesidades que les dificulta la decisión de quedarse en la empresa, porque no son las mismas en todas las compañías. Tenemos muchas mujeres aplicando y entrando a trabajar, pero las perdemos cuando llegan a un nivel sénior y deciden empezar sus familias. La pregunta es cuáles son esas pequeñas cosas que pueden hacer una diferencia: por ejemplo, salas de lactancia en las oficinas para que las mujeres puedan volver al trabajo y también cuidar de sus hijos de la forma que desean.

Tener flexibilidad en términos de horarios: no poner reuniones a las 7 de la noche, porque no funciona y no es necesario. Nosotros (Millicom) aún tenemos mucho por hacer, pues no tenemos un 50 % y 50 % en las posiciones sénior en América Latina, pero hemos logrado avanzar del 24 % al 31 %.

- ¿Y las brechas como consumidoras de tecnologías responden a las mismas razones?

Es una combinación de todo: estereotipos, falta de conocimiento… Si hay algo que nunca has visto en tu vida y no sabes para qué te sirve, no lo vas a usar. Por eso pasamos mucho tiempo tratando de educar en la utilidad de la conectividad, qué puede hacer por las mujeres, por ejemplo, permitir la educación en línea o crear billeteras digitales que ayuden en la inclusión financiera, estimular el emprendimiento.

Hay muchos tipos de barreras, desde el lenguaje cuando aún hay población que no sabe leer o escribir. También es necesario conectar las escuelas y entrenar a los educadores, que muchas veces se están conectando al tiempo que los niños. En los adultos hay mucha inseguridad porque no conocen, ven riesgos. Por eso también ayudamos a entrenarlos para que sepan enseñar a los niños a navegar de forma segura. Lo último que queremos es que las mujeres no quieran que sus hijos aprendan a usar internet porque le tienen miedo o no saben qué significa para sus hijos.

- El gremio de operadores móviles en Colombia hizo una encuesta que revela que la gente relaciona la navegación más con la vida social que con lo que le puede aportar a su productividad o a los pagos y los trámites en línea. ¿Qué papel pueden tener los gobiernos, la academia y las empresas para que los ciudadanos aprovechen el potencial de la conectividad?

Las redes sociales son populares en cualquier parte del mundo. Los gobiernos, los privados y las ONG pueden desempeñar un papel muy importante mostrando los beneficios para el desarrollo social y económico. Nadie puede hacer eso solo. También es una cuestión de qué tanto el gobierno pone sus servicios en línea. Conforme vaya poniendo su oferta en internet, mayor demanda empezará a llegar. El gobierno direcciona la digitalización de un país, de la economía y los privados deben soportar eso.

- Usted hablaba del beneficio de tener diversidad en las compañías. ¿Por qué es beneficioso?

La diversidad es una forma de incluir diferentes perspectivas en la toma de decisiones, lo cual al final del día se traducirá en mejores decisiones y, por tanto, en mejores resultados. Nosotros hacemos productos para todo el mundo, no exclusivos para un género o un color de piel. La idea es reflejar (en la fuerza laboral) quiénes son nuestros clientes. Si la gente en el trabajo se siente como en casa, donde no importa quiénes son, y como parte de un equipo que hace algo con un significado, se sentirán más felices de estar ahí y eso se refleja en los resultados de la compañía.

Fuente: americaeconomia.com

lunes, 13 de noviembre de 2017

Actualizan inventario de especies de plantas de la Amazonía

La Amazonía cuenta con 6.727 especies de árboles nativos, una cifra considerablemente menor a las 16.200 especies estimadas en estudios previos. Sin embargo, ello no significa que sus bosques tropicales húmedos sean menos diversos de lo que se suponía.

"Por el contrario, las diferencias entre las estimaciones anteriores y las cifras presentadas en este nuevo estudio sólo resaltan la enorme laguna en el conocimiento taxonómico que aún necesitamos llenar”, explicó Domingos Cardoso, del Instituto de Biología de la Universidad Federal de Bahía, y coordinador del estudio internacional cuyos resultados fueron publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

“La Amazonía posee una extraordinaria riqueza de plantas y el número de especies arbóreas encontradas refleja lo que conocemos hasta ahora sobre una parte de la biodiversidad en la mayor selva tropical húmeda del mundo", señaló el especialista a la agencia FAPESP.

El inventario de especies de plantas fue realizado por científicos de las ocho naciones amazónicas, además de investigadores de Estados Unidos y de Europa y arrojó que en las regiones del bosque amazónico de Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, las dos Guayanas y Surinam existen en total 14.003 especies de plantas con semillas siendo las leguminosas las mayoritarias, con cerca de 1.380 especies.

Tras una minuciosa verificación de las bases de datos existentes de las especies de la región, ubicadas entre 0 y mil metros de altitud, comprobaron que el 40% (3.794 especies) listadas en dos estudios previos (2009 y 2016) tenían algún tipo de error.

Las incorrecciones iban desde incluir una misma planta con diferentes nombres o catalogar como amazónicas a plantas nativas de otras regiones de Brasil y del mundo, hasta listar como árboles a plantas que no lo eran.

"Dos especies de árboles de la familia de la guayaba (Myrtaceae) fueron citadas erróneamente más de 20 veces", ejemplificó Cardoso, cuya especialidad es la taxonomía y la filogenia molecular de las plantas, es decir, la catalogación, clasificación y entendimiento de la historia evolutiva de las especies.

Fue precisamente su especialización lo que le hizo darse cuenta de los errores: al revisar la compilación realizada en 2016, se percató de que por lo menos 400 nombres de especies que solo prosperan en la región de la Caatinga, habían sido consideradas erróneamente como amazónicas. La Caatinga es una ecorregión de bosque seco exclusiva de Brasil.

Junto con sus colegas Tiina Särkinen, del Jardín Botánico Real de Edimburgo, Escocia, y Luciano Paganucci de Queiroz, de la Universidad Estatal de Feira de Santana, convocaron a 44 científicos internacionales para revisar las listas y detectar eventuales errores.

Para producir el nuevo catálogo, usaron informaciones taxonómicas actualizadas, verificadas por cientos de especialistas de todo el mundo durante la producción de catálogos de especies de plantas nacionales, como la contenida en la Flora de Brasil 2020.

Esta forma de trabajo marcó la diferencia respecto de inventarios anteriores. El de 2016 por ejemplo recogía información de 200 museos, universidades, herbarios y jardines botánicos reunidos en dos grandes bases de datos: Global Biodiversity Information Facility y SpeciesLink, pero ninguno contaba con validación taxonómica.

Según Cardoso y Särkinen, la plataforma digital representa la acumulación de cientos de años de trabajos de campo en la Amazonia y el esfuerzo de cientos de taxonomistas.

Ambos aseguran que los catálogos validados taxonómicamente proporcionan bases sólidas para comprender la evolución y la ecología del bosque amazónico frente al cambio climático y otros cambios ambientales.

"Conocer la cantidad precisa de especies de árboles nativos de la Amazonia es de gran importancia para guiar la formulación de iniciativas de conservación. Sin esa base científica podemos estar poniendo en riesgo nuestra biodiversidad, patrimonio único e insustituible, simplemente por falta de un conocimiento realmente calificado ", afirma Cardoso.

Según los investigadores, todavía hay una enorme necesidad de hacer inventarios en la Amazonia. "Hay vacíos gigantescos de recolección. Algunas zonas donde nunca se recogió una planta son más grandes que las áreas de algunos estados brasileños. Ciertamente, hay muchas nuevas especies esperando ser conocidas por la ciencia", señala Tiina Särkinen.

Fuente: SciDev.Net