La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, una de las mayores bibliotecas del mundo, ha adquirido el Códice Quetzalecatzin, uno de los pocos manuscritos mesoamericanos que se conservan desde el siglo XVI. El códice, fechado en 1593 y conocido también como el Mapa de Ecatepec-Huitziltepec, es uno de los más importantes manuscritos indígenas de la historia temprana de América (término empleado desde comienzos del siglo XVI) disponibles en el último siglo: la Biblioteca del Congreso lo ha adquirido de las colecciones de Charles Ratton y Guy Ladrière (Francia), pero antes perteneció a coleccionistas como el magnate de la prensa William Randolph Hearst. El Códice Quetzalecatzin ha sido digitalizado para garantizar su conservación y puede ser consultado online.
El códice muestra a una comunidad local de México y en la iconografía utilizada queda patente la influencia española. "El códice refleja la extensión de la propiedad territorial y otras posesiones del linaje familiar de los 'de Leon' y muchos de sus miembros aparecen retratados en el manuscrito. Con unas imágenes estilizadas aztecas, el mapa ilustra la genealogía familiar y los descendientes de Quetzalecatzin, quien en 1480 fue el principal líder político de la región. También aparecen iglesias, algunos nombres de lugares españoles e imágenes que muestran a una comunidad adaptándose a las leyes españolas", explica John Hessler, conservador de la Colección Jay I. Kislak en la Biblioteca del Congreso. Ciertas características indican una autoría indígena (estilística prehispánica como símbolos para ríos y caminos, y escritura jeroglífica), pero llama la atención el uso del alfabeto latino y los nombres de algunos indígenas de la élite: don Alonso o don Matheo. "El códice muestra gráficamente el tipo de interacciones culturales que hubo en un momento importante de la historia de América", destaca Hessler.
Fuente: www.nationalgeographic.com.es
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miércoles, 20 de diciembre de 2017
Bienvenidos a la criptomanía
Las sociedades han ido afinando sus mercados monetarios siempre en base al concepto del trueque entre bienes o con un tipo de moneda. Primero fue la “commodity money” y después el concepto de papel moneda que ha sufrido fases en su evolución.
Primero existió el intercambio de bienes por un papel moneda respaldado por una “commodity” como el oro y la plata incluso, cómo en la época de los fisiócratas, por el producto del campo.
Después, llegó la llamada moneda fiduciaria (fiat money) declarada de curso legal por el gobierno que también le otorga el valor mercantil. La fiat money es usada en todas las economías dinámicas como forma de pago, mientras que las economías en quiebra recurren al trueque de bienes.
El respaldo de las monedas fiduciarias viene dado por el valor obtenido en el juego de la oferta y la demanda en el mercado de divisas que es el más líquido del mundo. Este valor está respaldado por la confianza social en las instituciones políticas, el tejido empresarial, los recursos económicos, y la fuerza militar del país. Estos intangibles son analizados y valorados por el libre mercado.
La moneda fiduciaria levanta una controversia que viene de lejos y que es objeto de planteamientos ideológicos radicales. Sin embargo, la generación de riqueza debe tener una contrapartida con la creación de medios de cambio que no estén sujetos a sí se descubre el oro necesario para expandir la masa monetaria.
En el siglo XXI se ha empezado a operar con dinero electrónico como las criptomonedas que carecen de valor intrínseco y fiduciario. Estas dependen de la confiabilidad del internet para soportar las transacciones algorítmicas de una red de ordenadores que calcula el precio.
Las criptomonedas tienen un planteamiento económico y monetario antisistema. Quieren eliminar la dependencia a los bancos centrales y sus manipulaciones monetarias, a los bancos nacionales con sus comisiones y pagos de intereses, y a los banqueros y sus posibles corruptelas. Las criptomonedas quieren prescindir de la figura del prestamista de último recurso, pero esta iniciativa no es novedosa.
La creación del Fondo Monetario Internacional y de los Derechos Especiales de Giro ya apuntó a la creación de una moneda global por un grupo intergubernamental que terminaría actuando como el “lender of last resort”.
El bitcoin es la criptomoneda más conocida que tendrá su graduación cuando el CME Group ofrezca contratos de futuros sobre el bitcoin. El bitcoin dejará entonces de estar bajo el control de algoritmos informáticos y se enfrentará a la temible ley de la oferta y demanda del mercado.
Hoy en día, el precio de las criptomonedas es una curva abierta en ascenso que representa las esperanzas y expectativas de los que en ellas están depositando sus ahorros.
Cuando el bitcoin entre a ser parte del mercado de futuros (Futures Market) se empezará a saber exactamente cuál es el valor real de la criptomoneda. Los precios de los contratos de futuros irán dictando el precio futuro esperado y cerrando el precio en base al valor real dictado por la libre competencia entre la oferta y demanda.
En mitad de la euforia del bitcoin, Venezuela, el país con la mayor hiperinflación del mundo, donde el bolívar debería ser considerado “moneda basura”, ha decidido introducir una criptomoneda, el Petro. El objetivo es usar el petro para remediar la crisis económica, social, y humanitaria que sufren los abnegados venezolanos.
Esta moneda estará respaldada por la reserva de riqueza de Venezuela en oro, petróleo, gas y diamantes. Sin embargo, estos recursos deben ser encontrados primero y, además, cada uno de ellos tiene una cotización en el mercado internacional de commodities.
Por lo tanto, el petro correrá la suerte de convertirse simplemente en una moneda índice de los precios de estos cuatro recursos naturales. El petro parece ser otra ocurrencia para entusiasmar a una sociedad sumida en la miseria económica que está volviendo al trueque de bienes para subsistir.
Pero el petro puede ser una moneda de poco recorrido ya que, si Venezuela está coqueteando con el “default (cesación de pagos) de Petróleos de Venezuela (PDVSA), que maneja los recursos petroleros reales del país, ¿qué futuro tendrá una moneda basada en el valor de recursos por descubrir?
Sin embargo, este invento puede ayudar a la posible evasión de capital ya que las criptomonedas están siendo analizadas cuidadosamente porque parece que algunas se han convertido en rutas para el lavado de dinero y fraude.
De hecho, los bancos y los gestores de activos tradicionales se mantienen alejados de ellas a pesar de estar obteniendo valores récords en poco tiempo.
Para todos los conocedores de la historia de los ciclos económicos, estas criptomonedas deben recordarles la locura y el peligro de la “Tulip mania” que puso de rodillas en horas a todo el sistema económico mundial.
Imagen: steemit.com
Fuente: Ips
Primero existió el intercambio de bienes por un papel moneda respaldado por una “commodity” como el oro y la plata incluso, cómo en la época de los fisiócratas, por el producto del campo.
Después, llegó la llamada moneda fiduciaria (fiat money) declarada de curso legal por el gobierno que también le otorga el valor mercantil. La fiat money es usada en todas las economías dinámicas como forma de pago, mientras que las economías en quiebra recurren al trueque de bienes.
El respaldo de las monedas fiduciarias viene dado por el valor obtenido en el juego de la oferta y la demanda en el mercado de divisas que es el más líquido del mundo. Este valor está respaldado por la confianza social en las instituciones políticas, el tejido empresarial, los recursos económicos, y la fuerza militar del país. Estos intangibles son analizados y valorados por el libre mercado.
La moneda fiduciaria levanta una controversia que viene de lejos y que es objeto de planteamientos ideológicos radicales. Sin embargo, la generación de riqueza debe tener una contrapartida con la creación de medios de cambio que no estén sujetos a sí se descubre el oro necesario para expandir la masa monetaria.
En el siglo XXI se ha empezado a operar con dinero electrónico como las criptomonedas que carecen de valor intrínseco y fiduciario. Estas dependen de la confiabilidad del internet para soportar las transacciones algorítmicas de una red de ordenadores que calcula el precio.
Las criptomonedas tienen un planteamiento económico y monetario antisistema. Quieren eliminar la dependencia a los bancos centrales y sus manipulaciones monetarias, a los bancos nacionales con sus comisiones y pagos de intereses, y a los banqueros y sus posibles corruptelas. Las criptomonedas quieren prescindir de la figura del prestamista de último recurso, pero esta iniciativa no es novedosa.
La creación del Fondo Monetario Internacional y de los Derechos Especiales de Giro ya apuntó a la creación de una moneda global por un grupo intergubernamental que terminaría actuando como el “lender of last resort”.
El bitcoin es la criptomoneda más conocida que tendrá su graduación cuando el CME Group ofrezca contratos de futuros sobre el bitcoin. El bitcoin dejará entonces de estar bajo el control de algoritmos informáticos y se enfrentará a la temible ley de la oferta y demanda del mercado.
Hoy en día, el precio de las criptomonedas es una curva abierta en ascenso que representa las esperanzas y expectativas de los que en ellas están depositando sus ahorros.
Cuando el bitcoin entre a ser parte del mercado de futuros (Futures Market) se empezará a saber exactamente cuál es el valor real de la criptomoneda. Los precios de los contratos de futuros irán dictando el precio futuro esperado y cerrando el precio en base al valor real dictado por la libre competencia entre la oferta y demanda.
En mitad de la euforia del bitcoin, Venezuela, el país con la mayor hiperinflación del mundo, donde el bolívar debería ser considerado “moneda basura”, ha decidido introducir una criptomoneda, el Petro. El objetivo es usar el petro para remediar la crisis económica, social, y humanitaria que sufren los abnegados venezolanos.
Esta moneda estará respaldada por la reserva de riqueza de Venezuela en oro, petróleo, gas y diamantes. Sin embargo, estos recursos deben ser encontrados primero y, además, cada uno de ellos tiene una cotización en el mercado internacional de commodities.
Por lo tanto, el petro correrá la suerte de convertirse simplemente en una moneda índice de los precios de estos cuatro recursos naturales. El petro parece ser otra ocurrencia para entusiasmar a una sociedad sumida en la miseria económica que está volviendo al trueque de bienes para subsistir.
Pero el petro puede ser una moneda de poco recorrido ya que, si Venezuela está coqueteando con el “default (cesación de pagos) de Petróleos de Venezuela (PDVSA), que maneja los recursos petroleros reales del país, ¿qué futuro tendrá una moneda basada en el valor de recursos por descubrir?
Sin embargo, este invento puede ayudar a la posible evasión de capital ya que las criptomonedas están siendo analizadas cuidadosamente porque parece que algunas se han convertido en rutas para el lavado de dinero y fraude.
De hecho, los bancos y los gestores de activos tradicionales se mantienen alejados de ellas a pesar de estar obteniendo valores récords en poco tiempo.
Para todos los conocedores de la historia de los ciclos económicos, estas criptomonedas deben recordarles la locura y el peligro de la “Tulip mania” que puso de rodillas en horas a todo el sistema económico mundial.
Imagen: steemit.com
Fuente: Ips
lunes, 18 de diciembre de 2017
Intercambio de datos: un nuevo paradigma en investigación clínica
Por lo general cuando se habla de Big Data, se piensa en Silicon Valley y Google, o en tecnologías sumamente caras de desarrollar. Pocas veces se piensa en esta tendencia como una solución a nuestros problemas cotidianos. Sin embargo, la tecnología en sí para recabar este tipo de datos no tiene nada de inaccesible, todo lo contrario.
La principal problemática para el uso del Big Data es el acceso a los datos. Por ello, abrir datos de calidad amplia el potencial de análisis valiosos. Por esto es muy importante recolectar y compartir data estandarizada para hacer investigación.
Investigación clínica hoy
La industria farmacéutica invierte 2.5 mil millones de USD y tarda aproximadamente 13 años en la investigación y desarrollo de una nueva molécula. Para desarrollar un fármaco seguro, efectivo y de alto valor clínico se requieren siete millones de horas de trabajo. Esto es, en parte, porque las entidades regulatorias solicitan evidencia clínica de calidad, que hasta hace poco era (casi) únicamente producida por un tipo de estudio denominado Ensayo Clínico Randomizado (ECR). Así la molécula investigada va probándose en voluntarios sanos y potenciales pacientes, pasando sucesivamente por una serie de fases conforme se va probando su eficacia, eficiencia y seguridad.
¿Puede la tecnología ayudar a abaratar costos y, consiguientemente, democratizar el acceso a los medicamentos?
La ciencia de datos nos está permitiendo acelerar exponencialmente los tiempos de investigación, de ejecución, de recabamiento de información clínica “de calidad”. En agosto de este año, la FDA reconoció la riqueza de un tipo de evidencia digital recolectada de manera rutinaria durante el tratamiento de un paciente “real”.
Antes de explicar esta nueva tendencia, vale la pena ahondar en algunas definiciones:
Entre las fuentes de RWD se incluyen estudios observacionales de registro, datos provenientes de historias clínicas electrónicas, encuestas de salud, herramientas de monitoreo remoto de pacientes, “wearables”, registros de reclamos, facturación, entre muchos otros.
RWE brinda información sobre el cumplimiento, adherencia al tratamiento y costos en un ambiente real que no se puede obtener de otra forma. También permite analizar datos sobre una población de pacientes mucho más amplia (cientos de miles/millones) evaluando la eficacia y seguridad real de la droga considerando interacciones medicamentosas, alimenticias, de comportamientos, hábitos y costumbres de los pacientes, imposibles de modelar en un Ensayo Clínico tradicional.
Por ejemplo, un grupo de investigadores ingleses analizó una base de datos de historias clínicas de más de 700 mil hombres para evaluar la asociación biológica entre drogas como el Viagra y el Melanoma y no pudo probar causalidad, a pesar de varios reconocidos estudios -de otros tipo- así lo sugerían.
La recolección, análisis y publicación de este tipo de datos, nos está permitiendo tomar decisiones regulatorias y de políticas públicas en base a evidencia más “orgánica” y real que la creada en en contexto estéril de un ensayo clínico randomizado.
Casos de aplicación del nuevo paradigma en investigación clínica a través del intercambio de datos
ANMAT – Programa de Acceso Expandido a los Medicamentos (Argentina) es un programa destinado a grupos de pacientes con alto riesgo de muerte o de severo deterioro de la calidad de vida, que requieran ser tratados con medicamentos aún no comercializados en el país. Los PAE podrán ser importados o producidos por laboratorios locales siempre que se encuentre autorizada o en curso la solicitud de comercialización en un país de alta vigilancia sanitaria.
Es imposible conmensurar cuánto se agilizarán los procesos y cuánto tiempo nos ahorraríamos médicos, investigadores y pacientes a la hora de pedir la aprobación de ciertos fármacos tan solo presentando evidencia digital.
RWE es una forma innovadora de abordar el desarrollo clínico-farmacológico. Esta nueva modalidad, por ejemplo, nos permite tener un rol más activo en el seguimiento de nuestra propia salud o en el manejo de enfermedades crónicas. A través del registro de datos e interoperabilidad se puede hacer monitoreo remoto de pacientes crónicos y medicina preventiva “à la carte”.
Así, dentro de este nuevo paradigma en investigación clínica, impulsado por el análisis y el intercambio de datos, podremos participar no sólo como consumidores del sistema de salud sino como productores del mismo.
Fuente: Abierto al Publico
La principal problemática para el uso del Big Data es el acceso a los datos. Por ello, abrir datos de calidad amplia el potencial de análisis valiosos. Por esto es muy importante recolectar y compartir data estandarizada para hacer investigación.
Investigación clínica hoy
La industria farmacéutica invierte 2.5 mil millones de USD y tarda aproximadamente 13 años en la investigación y desarrollo de una nueva molécula. Para desarrollar un fármaco seguro, efectivo y de alto valor clínico se requieren siete millones de horas de trabajo. Esto es, en parte, porque las entidades regulatorias solicitan evidencia clínica de calidad, que hasta hace poco era (casi) únicamente producida por un tipo de estudio denominado Ensayo Clínico Randomizado (ECR). Así la molécula investigada va probándose en voluntarios sanos y potenciales pacientes, pasando sucesivamente por una serie de fases conforme se va probando su eficacia, eficiencia y seguridad.
¿Puede la tecnología ayudar a abaratar costos y, consiguientemente, democratizar el acceso a los medicamentos?
La ciencia de datos nos está permitiendo acelerar exponencialmente los tiempos de investigación, de ejecución, de recabamiento de información clínica “de calidad”. En agosto de este año, la FDA reconoció la riqueza de un tipo de evidencia digital recolectada de manera rutinaria durante el tratamiento de un paciente “real”.
Antes de explicar esta nueva tendencia, vale la pena ahondar en algunas definiciones:
- RWD (“Real World Data”): Los datos que se recogen fuera de las restricciones controladas de los ensayos clínicos aleatorizados convencionales, con el fin de poder evaluar lo que realmente está sucediendo en la práctica clínica normal (“vida real”).
- RWE (“Real World Evidence”): RWD que pasó un “filtro de calidad” y está estandarizada de modo que puede ser utilizada como evidencia científica válida.
Entre las fuentes de RWD se incluyen estudios observacionales de registro, datos provenientes de historias clínicas electrónicas, encuestas de salud, herramientas de monitoreo remoto de pacientes, “wearables”, registros de reclamos, facturación, entre muchos otros.
RWE brinda información sobre el cumplimiento, adherencia al tratamiento y costos en un ambiente real que no se puede obtener de otra forma. También permite analizar datos sobre una población de pacientes mucho más amplia (cientos de miles/millones) evaluando la eficacia y seguridad real de la droga considerando interacciones medicamentosas, alimenticias, de comportamientos, hábitos y costumbres de los pacientes, imposibles de modelar en un Ensayo Clínico tradicional.
Por ejemplo, un grupo de investigadores ingleses analizó una base de datos de historias clínicas de más de 700 mil hombres para evaluar la asociación biológica entre drogas como el Viagra y el Melanoma y no pudo probar causalidad, a pesar de varios reconocidos estudios -de otros tipo- así lo sugerían.
La recolección, análisis y publicación de este tipo de datos, nos está permitiendo tomar decisiones regulatorias y de políticas públicas en base a evidencia más “orgánica” y real que la creada en en contexto estéril de un ensayo clínico randomizado.
Casos de aplicación del nuevo paradigma en investigación clínica a través del intercambio de datos
ANMAT – Programa de Acceso Expandido a los Medicamentos (Argentina) es un programa destinado a grupos de pacientes con alto riesgo de muerte o de severo deterioro de la calidad de vida, que requieran ser tratados con medicamentos aún no comercializados en el país. Los PAE podrán ser importados o producidos por laboratorios locales siempre que se encuentre autorizada o en curso la solicitud de comercialización en un país de alta vigilancia sanitaria.
Es imposible conmensurar cuánto se agilizarán los procesos y cuánto tiempo nos ahorraríamos médicos, investigadores y pacientes a la hora de pedir la aprobación de ciertos fármacos tan solo presentando evidencia digital.
RWE es una forma innovadora de abordar el desarrollo clínico-farmacológico. Esta nueva modalidad, por ejemplo, nos permite tener un rol más activo en el seguimiento de nuestra propia salud o en el manejo de enfermedades crónicas. A través del registro de datos e interoperabilidad se puede hacer monitoreo remoto de pacientes crónicos y medicina preventiva “à la carte”.
Así, dentro de este nuevo paradigma en investigación clínica, impulsado por el análisis y el intercambio de datos, podremos participar no sólo como consumidores del sistema de salud sino como productores del mismo.
Fuente: Abierto al Publico
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