lunes, 12 de enero de 2026

Inmigrantes digitales: banca móvil y adultos mayores, entre ventajas y riesgos


Alfredo Orellana, de 66 años, tiene una fotocopiadora, ofrece servicio de anillados y tiene un pequeño estudio fotográfico en Temporal, zona norte de la ciudad de Cochabamba. Mientras verifica su saldo en la aplicación móvil de su banco, sostiene en sus manos las fotocopias que sacó para un estudiante. “Ya está”, dice, satisfecho con la transacción móvil y, entonces, entrega las hojas. Él utiliza la banca móvil desde hace más de un año. Tiene expuesto en su mesón el QR que su banco le facilitó para sus transacciones; vuelve cada año a la entidad financiera para actualizarlo.

Los adultos mayores se mueven como inmigrantes en el terreno de la tecnología financiera. Avanzan entre oportunidades y desafíos, pero también expuestos a riesgos en el uso de la banca móvil. La brecha digital sigue siendo una limitante; sin embargo, la inclusión financiera y el uso de teléfonos inteligentes les abren nuevas puertas. 

En el mundo, el 79 % de los adultos posee una cuenta en un banco u otra institución financiera, una cuenta a través de un proveedor de dinero móvil, o ambas cosas; en 2021, eran 74%, conforme con Global Findex 2025. Entretanto, el 56.8% de los adultos en Bolivia tenía una cuenta en 2024, un crecimiento significativo frente al 28% de 2011.

De acuerdo con la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban), en 2018, en el caso de adultos, solo el 16% hacía uso de sus celulares para realizar transacciones financieras. “Hoy, este número presenta un crecimiento interesante. Hasta 2024, el 43.6% de los adultos ha hecho o ha recibido pagos digitales”.

El experto en Transformación Digital y Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC), Enrique Revollo, hace referencia a la alfabetización digital relacionada con los adultos mayores. “Tenemos que reconocer que este segmento son inmigrantes digitales. ¿Qué significa eso? Que no han nacido con esa tecnología y, por lo mismo, a la mayoría, por no decir casi todos, se les hace muy difícil el manejo del celular, de las aplicaciones, el tema de biometría, registros (…). Entonces, muchos de los adultos mayores están en completa desventaja; sin mencionar que es una generación, desde los Baby Boomers (nacidos 1946-1964) hasta de repente Generación X (1965-1980), los seniors (generaciones mayores), que siempre ha sido de palpar, de tenerlo al frente, o sea, son del papel, del sello, de tenerlo ahí en la mano”.

Alfredo ya contaba con la aplicación de su banco en su celular. Pero, por su negocio, se vio obligado a también utilizar el código QR.

“Me preguntaban ‘¿tiene QR?’; y no tenía. Entonces, he ido al banco y me han explicado”.

Aunque cada cliente puede, desde su app, habilitar QR con plazos distintos, Alfredo prefiere retornar cada año al banco a que le ayuden y, además, le entreguen el código impreso para facilitar la actividad en su fotocopiadora.

“Ahora, ya sé que puedo entrar a mi aplicación para que se actualice mi saldo”. Alfredo es cauto. Siempre verifica los depósitos cuando recibe pagos por QR.

En el sistema bancario boliviano, hay 16 millones de cuentas, según los datos de Asoban. A septiembre de 2025, hubo 600 millones de transacciones interbancarias por QR y 93 millones de transacciones interbancarias.

Jorge Muñoz, de 73 años, es economista. Suele estar con el celular en la mano para revisar redes sociales y distraerse con una diversidad de contenidos. Pero, también administra desde el mismo dispositivo dos cuentas de banco a través de sus aplicaciones.

“Pago impuestos, pago todo desde mi celular, con QR. Al principio era medio chambón (poco hábil), pero luego le pedí asesoramiento a mi sobrina y listo. Ahora, casi todo pago con QR”, describe mientras ingresa a su banca móvil.

Los reportes de Asoban exponen que un 90% de las transacciones con QR fue por menos de 500 bolivianos.

Francisco Sarmiento, de 64 años, es plomero. En su teléfono inteligente, suelen entrar a YouTube, WhatsApp y a su banca móvil.

Él cambió las visitas de sus trabajadores en su casa para el pago en efectivo por la rapidez de depósitos con el uso de QR. Lo hace desde hace un par de años.

Tuvo contratos en Oruro, el Trópico de Cochabamba y otros lugares, con instalaciones en edificios, escuelas y más. Antes, utilizó por un tiempo la cuenta de su hijo. Después, aprendió a utilizar la banca móvil. Llevaba registros en un cuaderno. Sus trabajadores recibían pago en efectivo los días sábados.

“Los jóvenes dejaron de ir a mi casa, y había sido porque mi papá aprendió a utilizar QR, y ahora les hace el depósito más rápido y sin necesidad de que vayan a mi casa”, describe su hija Verónica Sarmiento.

Tarjetas y contraseñas

Cecilia Fernández, extrabajadora de banco, expresa que las personas adultas mayores acuden a las entidades financieras porque muchas olvidan sus contraseñas.

Jorge comenta que olvidó la contraseña de su tarjeta de débito, pero ya no buscó recuperarla porque utiliza solo QR.

Fernández describe que identificó que los adultos mayores que utilizan QR, tienen como su otra opción el uso del dinero efectivo, y que no utilizan tarjeta.

“Usan QR, y si necesitan efectivo, prefieren hacer fila en el banco; pero, no utilizan tarjeta. Tienen miedo a que el cajero se la trague”.

Jorge también utiliza tarjetas de crédito.

“Yo le pago al banco, como quien dice, una comisión; entonces, me controlo (…). Las facturitas las guardo para revisar”, describe, reconociendo que aún realiza un control manual, aunque prevé en poco mantener el control solo desde las aplicaciones bancarias.

Miedos y riesgos

En un sondeo realizado por Opinión a personas adultas mayores que no utilizan banca móvil, expresaron temores.

“Pienso que se gasta sin control y que me pueden engañar más fácil. Aunque también pienso que hay ventaja porque no manejas dinero; que te salva de apuros, es verdad”, dijo una de ellas.

El experto en Transformación Digital y NTIC, Revollo, asevera que las aplicaciones de los bancos, al menos los más conocidos, cuentan con estándares altos de seguridad digital. Sin embargo, el eslabón más débil ante los cibercriminales son los usuarios, sobre todo los más jóvenes y los adultos mayores.

Advierte sobre el phishing (impostores que se hacen pasar por entidades legítimas para engañar y robar información confidencial como contraseñas o datos bancarios), quishing (un ataque de phishing que utiliza códigos QR para engañar), el cuento del tío digital.

"Se hacen pasar fácilmente por el banco, por entidades; les roban datos sensibles, les piden hasta sus claves”.

Recomienda que los familiares o el entorno cercano esté atento para ayudar, como en la orientación del uso del bloqueo del teléfono, desbloqueo con huella digital o rostro.

Asoban remarca que “la banca boliviana aplica tecnologías avanzadas como biometría, doble factor de autenticación y monitoreo en tiempo real, que ayuda a detectar movimientos sospechosos y proteger a los clientes”.

También existen otros aspectos a considerar. Francisco tiene algunos problemas con la vista, y no consigue leer con facilidad todo en la app.

Revollo expresa que la experiencia de usuario está más destinada a adultos jóvenes o adolescentes.

“La letra es pequeña, los botones son pequeños, carecen mucho de lo que es inclusividad, o sea, no está pensado también para las otras personas que tienen una pérdida notable de la visión, entonces no están orientados a estos targets (público objetivo). Para los adultos mayores, el hecho de poder manejar de forma más intuitiva es muy complicado".

Sugiere que la banca digital oriente la interfaz más a estos segmentos. Acota lo relacionado con temas técnicos, desde el lenguaje; hablar de token y otros, acrónimos o términos en inglés pueden.

“El Estado debería garantizar que los desarrolladores, los que están a cargo justamente de la planificación, difusión de estas tecnologías, sean más empáticas, más intuitivas”.

Agrega que se deberían generar espacios para la educación digital. En el entorno familiar, añade, compete, con paciencia, tener el mismo rol de capacitación.

Así, con la evolución de la tecnología, el manejo del dinero fue avanzando de la cuenta bancaria, a la banca digital y, en la actualidad, a billeteras vinculadas a cuentas bancarias utilizadas en teléfonos inteligentes.

Existen avances en la inclusión financiera digital, impulsada también por la necesidad práctica de los adultos mayores, ante las exigencias de su entorno. Persiste una brecha digital, ya que, al ser inmigrantes digitales, enfrentan mayores dificultades en el uso de aplicaciones y gestión de contraseñas. Aún hay miedos y limitaciones. El entorno como guía es importante.

Alfredo volverá en unos meses al banco para ‘actualizar’ su letrero con el QR para su negocio. Jorge prevé dejar los apuntes manuales, porque aumenta su confianza en la banca móvil y digital. Francisco sigue organizando a su equipo vía teléfono celular y con pagos más rápidos. Otros adultos mayores analizan las ventajas y luchan contra sus temores en torno a la tecnología para recorrer el campo digital financiero.

Fuente: Opinion

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