miércoles, 31 de mayo de 2017

El fin del MP3 y de otras 4 tecnologías

Dentro de poco, hablar de un MP3 sonará tan extraño como hoy suena hablar de una cinta de video VHS. Y es que el desarrollador del MP3, el formato de compresión de música digital que revolucionó la industria desde la década de 1990, anunció que dio fin a su programa de licencias de patentes, señala un reportaje publicado por la BBC Mundo.

"Hay códecs de audio más eficientes con funciones avanzadas disponibles hoy en día", reconoció el Instituto Fraunhofer de Circuitos Integrados (IIS) la semana pasada.

No se trata de la muerte del MP3, al menos no por el momento, pues sigue siendo uno de los formatos más usados para la música y funciona en casi todos los reproductores de la actualidad. Pero sí es el paso hacia otros formatos, como el propio Instituto reconoció.

Junto al MP3, formatos como el CD, el Minidisc, el DVD y el Blu-ray han visto pasar sus días de gloria, agrega la publicación.

El DVD sigue siendo una opción, pero las crecientes opciones de reproducción en línea están llevando a estos discos ópticos a una suerte similar a la del CD o MP3.

Lo que sigue al MP3

"Damos las gracias a todos nuestros licenciatarios por su gran apoyo al tomar el códec de audio MP3 durante las últimas dos décadas", decía el IIS en el comunicado que daba fin a su programa de licencias.

El invento, desarrollado durante la década de 1980 pero que no fue bautizado como MP3 hasta 1995, transformó la forma en que los amantes de la música disfrutan hasta hoy en día de sus canciones.

Un MP3 ocupa sólo el 10 por ciento del espacio que requiere una canción en formato de disco compacto, lo que además de ahorrar espacio, hizo que los usuarios se liberaran de los voluptuosos reproductores de CD.

La aparición del MP3 llevó al desarrollo de cientos de dispositivos de reproducción que lo usaron como base, entre ellos los lectores de CD convencionales, pero también el iPod de Apple, el Sony Walkman MP3, el Microsoft Zune y el Samsung Galaxy Player.

Sin embargo, varios de estos dispositivos están en desuso o han migrado a otros formatos, como el caso del iPod, que usa principalmente el Advanced Audio Coding (ACC), que es considerado el sucesor del MP3.

"Los únicos que decidirán sobre la 'muerte' del MP3 serán los usuarios, que podrían cambiar a formatos de audio más modernos en algún momento, como el AAC, que se incluye en casi todos los teléfonos inteligentes de hoy", explicaba Gerhäuser sobre el futuro del MP3.

Disco Compacto (CD) Y Minidisk

Otro invento revolucionario para la música fue el disco compacto (CD), el cual tuvo su aparición a principios de la década de 1980 y se popularizó en los 90. Datos de la Asociación Estadounidense de la Industria de Grabación (RIAA, por sus siglas en inglés), muestran cómo la venta de CDs cayeron desde los casi 960 millones en 2000 a 170 millones para 2013.

Al mismo tiempo, las descargas por Internet, gracias al MP3, crecieron de manera constante hasta casi alcanzar los 1.600 millones.

Aunque esas cifras reflejan lo que pasa en grandes mercados como el de EEUU, los CDs como las descargas MP3 desde entonces y hasta ahora tienen un gran mercado negro incalculable.

Menos conocido, aunque en un momento prometió cambiar la forma en que se almacenaba información, el Minidisc fue un dispositivo lanzado por la japonesa Sony en 1992.

Este formato podía almacenar hasta 80 minutos de música e incluso tenía la innovadora capacidad de reescritura, lo que prometía darle una dura competencia al CD y más adelante al DVD.

Fuente: Los Tiempos

jueves, 25 de mayo de 2017

Época tecnológica demanda empleados que renueven sus capacidades aceleradamente

En un momento de cambios tecnológicos, el mercado laboral requerirá de personas adaptables a esa realidad: demanda acelerada de nuevas capacidades y obsolescencia acelerada de las capacidades existentes.

Sin embargo los cambios tecnológicos no están separados de otros factores que pueden perfilar el futuro de la economía y del trabajo humano. Así lo planteó la representante de la OIT, Gerardina González-Marroquín, en el marco del Congreso Trabajo y Trabajadores realizado entre el 2 y 6 de mayo en la ciudad de La Paz.

Para la OIT el futuro del trabajo está influido por cinco factores de cambio: los actores demográficos y de población, los factores tecnológicos, los factores de desarrollo productivo, los modelos empresariales o de emprendedurismo y las formas de contratación, y los factores políticos.

Cinco factores

En los factores demográficos se prevé que para el año 2050 haya 776 millones de habitantes en el planeta, con 20% de adultos mayores entre ellos; para 2100 la proporción de adultos mayores se incrementará a 30%. González-Marroquín dice que esto presionará cada vez más a los mercados laborales y al sistema de protección social, y presionará a la nueva generación joven.

En los factores tecnológicos, América Latina tiene un pequeño rezago en el uso de Internet pero esa brecha es más grande a nivel de la robótica. La OIT considera que, en la próxima etapa de revolución industrial en innovación de productos y servicio, las calificaciones y las habilidades de los individuos serán la clave.

En un momento de dominio de la tecnología, la ocupación laboral de los individuos depende de dos rasgos: demanda acelerada de nuevas calificaciones y obsolescencia también acelerada de las habilidades existentes. Todo esto requiere cambios a nivel de los sistemas educativos. Se calcula que un niño de la actualidad atravesará por siete trabajos en su vida laboral, y cinco de ellos todavía no existen como tales.

El desarrollo productivo es otro factor condicionante para definir los rasgos del trabajo. González-Marroquín explica que los hechos se definirán a partir de saber a qué lado se inclina la balanza: se avanza hacia la diversificación productiva o se perpetúa en la concentración, genera igualdad o profundiza en la desigualdad, es sostenible o no. La idea es generar más crecimiento (incrementar el ingreso per cápita) con la expectativa de que a su vez esto mejore el nivel de vida.

“Diremos que un futuro de trabajo mejor depende de que se apliquen políticas para el desarrollo productivo, así como de talento humano para promover desarrollo inclusivo con más y mejores empleos”, dijo.

Las nuevas tecnologías permiten pequeños negocios y formas de contratación, es decir “innovaciones” en los modelos de negocios, y esto a su vez relaciones laborales con base en encargos, trabajo a pedido, economía colaborativa, terciarización, trabajo autónomo por cuenta propia, trabajo temporario y trabajo a tiempo parcial. Esto implica una mayor parte de los trabajadores con bajos ingresos, ausencia de seguro de salud, sin pensión, precariedad e inseguridad, disolución de las relaciones de trabajo, asimetría entre empleadores y trabajadores, reducir las posibilidades de sindicalizarse.

Factores políticos

Finalmente están los factores políticos, entre ellos el principal está fisurado pues es evidente que el diálogo social está débil, las visiones políticas y estratégicas de las partes (empleadores, empleados, gobierno) están muy encontradas.

Desde su nacimiento en 1919, la OIT se propuso responder a problemas que aún tienen plena actualidad: duración de la jornada de trabajo, contratación de mano de obra, lucha contra el desempleo, garantía de un salario mínimo vital, protección contra enfermedades y accidentes laborales, necesidad de un sistema de pensiones, protección de niños y jóvenes.

El Congreso Trabajo y Trabajadores realizó la mesa La OIT en América Latina: pasado, presente y futuro, en la que junto a González-Marroquín participaron otros investigadores.

Fuente: Pieb

Imagen: Los Andes

viernes, 19 de mayo de 2017

La cultura, elemento central de los ODS

El programa internacional de desarrollo se refiere por primera vez a la cultura en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) adoptados en septiembre de 2015 por las Naciones Unidas. La UNESCO ha encomiado este avance, calificándolo de “un reconocimiento sin precedentes”.

La salvaguardia y la promoción de la cultura son dos fines de por sí y, al mismo tiempo, otros tantos medios para contribuir directamente a la consecución de muchos ODS: lograr ciudades seguras y sostenibles, fomentar el crecimiento económico y el trabajo decente, reducir la desigualdad, detener la degradación del medio ambiente, lograr la igualdad de género y promover sociedades pacíficas e inclusivas. Los beneficios indirectos generados por la cultura tienen un efecto acumulativo, gracias a las actividades eficaces con base cultural encaminadas al logro de los ODS.

Los ODS consagran el cambio experimentado por el concepto de desarrollo, que ya ha trascendido la mera noción de crecimiento económico para idear un futuro prometedor basado en la equidad, la inclusión, la paz y la sostenibilidad del medio ambiente. Esta visión audaz exige respuestas creativas que superen los enfoques lineales y sectoriales habitualmente adoptados por la mayoría de los países desde decenios atrás.

Si agrupamos los ODS en torno a los tres pilares fundamentales del desarrollo sostenible –el económico, el social y el medioambiental– nos percatamos de que la cultura y la creatividad desempeñan un papel transversal en todos ellos. A su vez, los aspectos económicos, sociales y medioambientales del desarrollo sostenible contribuyen a salvaguardar el patrimonio cultural y nutrir la creatividad.

El patrimonio cultural –tanto el material como el inmaterial– y la creatividad son recursos que se deben gestionar y proteger cuidadosamente. Los dos pueden ser elementos impulsores y facilitadores de la consecución de los ODS, cuando las soluciones con un enfoque cultural garantizan el éxito de las actividades realizadas para alcanzarlos.

Ciudades inclusivas

La cultura desempeña un papel esencial en el logro del ODS 11, cuya finalidad es “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”. La cuarta meta de este ODS exige “redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural del mundo”.

Antes de que ese ODS se incorporara oficialmente en 2015 a la Agenda para el Desarrollo Sostenible, la UNESCO ya se esforzaba por alcanzarlo. En mayo de 2013, la Organización convocó un congreso internacional en Hangzou (China) titulado “Situar la cultura en el centro de las políticas de desarrollo sostenible”. Desde la Declaración de ese congreso hasta las Conclusiones de Hangzhou adoptadas en 2015, siempre se hizo firmemente hincapié en el imperativo de lograr ciudades centradas en las necesidades de la población, y esto se tuvo luego en cuenta a la hora de elaborar la Nueva Agenda Urbana de las Naciones Unidas.

Adoptada oficialmente por todos los países participantes en la Conferencia Hábitat III celebrada en Quito (Ecuador) en octubre de 2016, la Nueva Agenda traza la hoja de ruta para orientar el desarrollo urbano sostenible y transformar las ciudades del mundo en los 20 próximos años. La UNESCO presentó en este evento el informe “Cultura: Futuro Urbano”, que ofrece una panorámica global de la salvaguardia, conservación y gestión del patrimonio urbano, así como de la promoción de las industrias culturales y creativas.

Un ejemplo de esto fue la reconversión de edificios dañados y abandonados en Nablús (Palestina) en beneficio de las comunidades locales. El antiguo caravasar Jan Al-Wakala se transformó en un centro público polivalente para actividades culturales diversas. Este tipo de iniciativas aumenta el bienestar de los habitantes y fortalece la economía local. Además, al involucrar a personas y grupos diferentes en la elaboración de los proyectos urbanos se fomenta la cohesión social, contribuyendo así a la consecución del ODS 17, que aboga por la creación de alianzas entre múltiples partes interesadas para lograr las metas del desarrollo sostenible.

El turismo es un sector económico en rápido crecimiento a nivel nacional, regional e internacional. El turismo cultural representa un 40% de los ingresos turísticos mundiales. Esto repercute positiva y directamente en el conjunto de los ODS y especialmente en el ODS 8, cuya finalidad es promover el crecimiento económico y el trabajo decente. Una buena administración del patrimonio cultural atrae inversiones turísticas duraderas y sostenibles, hace participar a las comunidades locales y preserva los sitios culturales de la degradación.

La cultura, factor de diversidad

Las industrias creativas y las infraestructuras culturales constituyen un recurso inestimable para generar medios de subsistencia. Esto es especialmente cierto en el caso de países en desarrollo que poseen abundantes industrias creativas. Además, cabe señalar que las mujeres representan un porcentaje considerable de los empleados en el sector cultural, lo cual contribuye a la realización del ODS 5 relativo a la igualdad de género.

Incentivar el comercio de bienes y servicios culturales impulsa el desarrollo de los mercados locales y nacionales, propiciando la producción local y la creación de empleos decentes que son, respectivamente, las metas tercera y quinta del ODS 8. Las políticas culturales que otorgan preferencia a los bienes producidos localmente contribuyen a reducir las desigualdades en y entre los países, que es la finalidad del ODS 10.

Un ejemplo de esto es el proyecto realizado en el Teatro Argentino de La Plata, en la provincia de Buenos Aires. Gracias a una financiación del Fondo Internacional para la Diversidad Cultural (FIDC), se ofrecieron a 610 jóvenes y adultos desempleados formaciones para dirección de escena y otras profesiones de las artes del espectáculo. Gracias a las competencias adquiridas, muchas de esas personas encontraron empleo y crearon sus propias empresas.

Las zonas urbanas con bienes culturales abundantes y un sector creativo pujante resultan más atractivas para las empresas. Fomentar un crecimiento económico inclusivo y sostenible, creando empleos en el sector cultural y creativo, impulsa el trabajo decente. Las economías de algunas ciudades están muy basadas en elementos de su patrimonio inmaterial –artesanía, música, danza, teatro, artes visuales y gastronomía tradicional– que a menudo son parte integrante del paisaje de sus barrios históricos.

Una ciudad musical

Miembro de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO, la segunda metrópoli colombiana, Medellín, es un ejemplo de cómo la música puede imprimir un nuevo dinamismo a una ciudad recurriendo a la cultura, la educación y la innovación. Además de fortalecer la cultura cívica, la equidad social y la paz, especialmente entre los jóvenes, Medellín atrae a miles de turistas y genera ingresos y empleos gracias a toda una serie de eventos musicales y a un mercado de la música muy popular.

Las acciones en pro del desarrollo humano realizadas en los ámbitos de la salud y el bienestar (ODS 3) y de la educación de calidad (ODS 4) son más eficaces cuando tienen en cuenta el contexto cultural y las particularidades de las comunidades o lugares de que se trate. La cultura se menciona específicamente en la meta séptima del ODS 4, en la se aboga por una educación que valore la diversidad cultural y promueva una cultura de paz y no violencia, así como por una contribución de la cultura al desarrollo sostenible.

Promover el respeto de la diversidad cultural en el marco de un enfoque basado en los derechos humanos propicia el entendimiento cultural y la paz, metas del ODS 16, que reclama sociedades pacíficas y justas e instituciones eficaces. La promoción de ese respeto también previene los conflictos y protege los derechos de los grupos marginados. Algunos eventos recientes han puesto de relieve la importancia que tiene proteger la cultura, la diversidad cultural y la cohesión social en los conflictos armados.

La cultura guarda una relación evidente con la acción por el clima (ODS 13). Diferentes oficios y artesanías tradicionales se basan en conocimientos locales en materia de gestión de ecosistemas, extracción de recursos naturales y utilización de materiales locales. Como muchos de ellos no requieren altos niveles de tecnología, consumo de energía e inversiones, coadyuvan a la creación de medios de subsistencia sostenibles y al fomento de economías verdes.

Sistemas de conocimiento

Un proyecto de salvaguardia realizado en Uganda impartió a artesanos –jóvenes en su mayoría– una formación en la técnica ancestral de fabricación de tejidos con cortezas de árboles. También fomentó la explotación sostenible de la mutuba –una abundante especie autóctona de higuera– que se había descuidado debido a las guerras civiles en la región. Estas actividades permitieron avanzar en la consecución de objetivos medioambientales, generar ingresos y salvaguardar un elemento del patrimonio inmaterial: el arte de tejer con cortezas.

Los sistemas de conocimiento y las prácticas de gestión del medio ambiente de los pueblos indígenas y las comunidades locales proporcionan ideas que permiten gestionar mejor los problemas ecológicos, poner fin a la pérdida de diversidad biológica, detener e invertir la degradación de las tierras y atenuar el cambio climático y sus efectos. La cultura y los conocimientos tradicionales contribuyen también a alcanzar la primera meta del ODS 13: fortalecer la resiliencia de las poblaciones y su capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con los desastres naturales.

Con todo, a pesar de todas sus referencias a la cultura, la Agenda 2030 no ha reconocido cabalmente su importante contribución al alcance de los ODS. De ahí que el papel y el impacto concretos de la cultura en el desarrollo sostenible se deban estudiar, medir y hacer operativos sistemáticamente. A medida que se vaya avanzando hacia la consecución de los ODS, será necesario trabajar más para constituir una base de datos empíricos y mensurables que evidencien cada una de las aportaciones de la cultura al desarrollo sostenible.

Fuente: almendron.com

martes, 16 de mayo de 2017

Cuáles son los idiomas que están en peligro de extinción por culpa de los smartphones

El lingüista y matemático húngaro András Kornai lleva años investigando este fenómeno, que define como la "muerte digital de los idiomas". Internet tiene sus claras favoritas. Son las lenguas que dominan el escenario virtual y que Kornai llama "hiperconectadas".

Hay una docena de ellas, como el inglés, el español, el japonés, el árabe y el portugués. Y, sobre todo, el chino mandarín -con sus mil millones de hablantes-, cuyo uso en el mundo digital superará al del inglés.

Extinción digital

El universo online, con sus más de mil millones de páginas web, está creando toda una revolución idiomática potenciada por el uso de nuevas tecnologías en nuestra vida diaria, como el GPS o el uso de comandos de voz en el celular.

Ha llegado incluso a imponer un nuevo lenguaje plagado de tecnicismos informáticos y anglicismos y el desarrollo de nuevos dispositivos y tecnologías que no reconocen todos los idiomas agudiza el problema.

"Muchos de los idiomas que se hablan en el mundo no sobrevivirán a la sociedad de la información digital globalizada", explica la Alianza Tecnológica Multilingüe de Europa (META, por sus siglas en inglés) en su informe "Europe's Languages in the Digital Age" (lenguajes europeos en la era digital), de su serie de investigaciones "Libros Blancos", en la que trabajaron 200 expertos.

"Se calcula que al menos 2.000 idiomas se enfrentan a la extinción en las próximas décadas", dicen los analistas. "La brecha entre las lenguas 'grandes' y las 'pequeñas' es cada vez mayor".

Solamente en Europa encontraron "más de 20 lenguas en riesgo de extinción digital". Entre ellas, el croata, el gaélico irlandés, el letón, el maltés o el lituano. También el euskera, el catalán, el rumano, el búlgaro y el islandés, entre otras.

El caso del islandés

Si eres una de las apenas 350.000 personas en el mundo que hablan islandés sabrás que se trata de una lengua compleja (tiene tres formas verbales diferentes y adjetivos para géneros y números). Por eso muchos smartphones ni siquiera la hablan. Además, el aumento del turismo ha fomentado el uso del inglés en el país, en detrimento del idioma oficial.

El uso del islandés en tecnología del lenguaje se volvió prácticamente inexistente en 1999. Todo lo que había era un corrector ortográfico y un sintetizador del lenguaje. Pero la situación apenas ha mejorado con los años.

Los navegadores GPS de los automóviles no detectan los nombres de calles y las autopistas islandesas, y asistentes digitales como Siri (de Apple) o Alexa (de Amazon) no comprenden el idioma, según explicó META en su informe.

Ásgeir Jónsson, profesor de economía en la Universidad de Islandia dice que la nación nórdica está experimentando una fuga de cerebros y que muchos sistemas informáticos están diseñados para reconocer el inglés, pero no el islandés. El lingüista islandés Eiríkur Rögnvaldsson dice que muchos niños en el país ya no lo aprenden.

"A mucha gente le preocupa el futuro de esta lengua debido a cambios radicales sociológicos y tecnológicos", le cuenta Rögnvaldsson a BBC Mundo.

El especialista dice que la influencia del inglés es "enorme" debido a la explosión turismo, el aumento de trabajadores extranjeros y la influencia de smartphones, canales de YouTube y juegos online interactivos.

"El islandés está amenazado por la tecnología de la información", afirma el lingüista. "Todos los equipos y aplicaciones en el futuro serán comandados por tecnologías de voz. No poder usar islandés en este tipo de dispositivos significará que perdemos una parte importante del día a día a favor del inglés". "Eso será probablemente el principio del fin para el islandés", afirma el experto. "Y, si eso ocurre, perderemos una conexión importante con nuestro pasado".

Quechua y otras lenguas latinoamericanas

La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) creó un "Atlas de lenguas del mundo en peligro" en el que señala la "necesidad de salvaguardar la diversidad lingüística del mundo". Su lista incluye 2.465 lenguas de todos los continentes.

Uno de ellos es el quechua, a pesar de que lo hablan unos ocho millones de personas en Perú, Ecuador, Bolivia, Colombia, Argentina y Chile.

Solamente en Brasil hay 190 lenguas en peligro (¿te suenan el kamá, dení o el javaé?), otras 143 en México(por ejemplo, el zacatepeco o el mazateco), 68 en Colombia (como el guayabero y el guajiro), 62 en Perú(el aymara es una de las más conocidas), 39 en Bolivia (bauré, chimané, acahuara...) y 7 en Chile (como el rapa nui, que solamente se habla en la Isla de Pascua).

Las posibles soluciones

Sin embargo, la tecnología también puede servir para "rescatar" los idiomas.

Georg Rehm, investigador de las lenguas en el mundo tecnológico, le dijo a BBC Mundo que es importante "hacer inversiones estratégicas en nuestras lenguas, sobre todo en tecnologías multimedia como máquinas de traducción".

Wikipedia tiene un programa para el rescate de dialectos y Google lanzó en 2012 su proyecto "Idiomas en peligro de extinción", que ha ido ampliando con los años.

"Necesitamos concientizar sobre la amenazas de las lenguas y hacer que la gente se dé cuenta de que es importante usar el idioma en todas las esferas de nuestra vida diaria", dice Rögnvaldsson. También tenemos que invertir en el desarrollo de tecnologías de voz o traducción automática", añade el experto.

"Los idiomas con pocos hablantes (como el islandés) que se hablan en sociedades modernas y dependen mucho de la tecnología de la información y de internet son muy vulnerables", dice el islandés.

Pero Kornai tiene una visión algo más esperanzadora: "Si un idioma no está en web, no existe. Pero una lengua no muere del todo hasta que muere su último hablante".

Fuente: BBC

viernes, 12 de mayo de 2017

Que las ‘vidas perfectas’ de Facebook no te depriman

Ya es oficial. Algunos académicos analizaron la información y confirmaron lo que presentíamos. Las redes sociales nos están deprimiendo.

Todos sabemos que los demás no pueden ser tan exitosos, ricos, atractivos, relajados, intelectuales o dichosos como parecen serlo en Facebook. Sin embargo, no podemos evitar comparar nuestra vida interior con las vidas maquilladas de nuestros amigos.

¿Qué tan distinto es el mundo real del mundo de las redes sociales?

La búsqueda del estado en línea toma algunos giros peculiares. Facebook trabaja con una empresa externa para reunir datos sobre los autos que las personas en verdad tienen. Facebook también tiene datos acerca de los autos con los que las personas se asocian al hacer publicaciones sobre ellos o al darles “me gusta”.

Los propietarios de autos lujosos como BMW y Mercedes son dos veces y media más propensos a anunciar sus pertenencias en Facebook que quienes tienen modelos y marcas ordinarias.

Sin embargo, otras personas en lugares distintos pueden tener ideas diferentes de lo que está de moda y lo que es vergonzoso. Está el gusto musical, por ejemplo. Según datos de 2014 de Spotify sobre lo que escucha la gente, los hombres y las mujeres tienen gustos similares; 29 de los 40 artistas que las mujeres escucharon con más frecuencia son los mismos que los hombres oyeron más.

Pero en Facebook los hombres parecen ocultar su interés en artistas considerados más femeninos. En Spotify, por ejemplo, Katy Perry fue la décima artista que los hombres escucharon con más frecuencia, por lo que superó a Bob Marley, Kanye West, Kendrick Lamar y Wiz Khalifa. Sin embargo, esos otros artistas tienen más “me gusta” de hombres en Facebook.

La presión por lucir de determinada manera en las redes sociales puede hacer mucho más que deformar nuestra imagen de los músicos que escuchamos.

Personas con distintas enfermedades están usando las redes sociales cada vez más para comunicarse con otros y crear conciencia en torno a sus padecimientos. Sin embargo, si una afección se considera vergonzosa, es menos probable que las personas se asocien con ella de manera pública.

El síndrome de colon irritable y las migrañas son prevalentes de manera similar. Sin embargo, quienes sufren migraña han creado grupos de conciencia y apoyo en Facebook dos veces y media más grandes que los de quienes experimentan SCI.

Ninguno de estos comportamientos es realmente nuevo, aunque la forma que adoptan sí lo es. Los amigos siempre han presumido con otros amigos. La gente siempre ha luchado por recordar que otras personas no la tienen tan fácil como dicen.

Pensemos en el aforismo que citan los miembros de Alcohólicos Anónimos: “No compares tus entrañas con el exterior de otras personas”. Desde luego, es difícil hacerle caso a ese consejo. Jamás vemos las entrañas de los demás.

De hecho he pasado los últimos cinco años viendo las entrañas de la gente. He estado estudiando los datos agregados de las búsquedas de Google. Frente a la pantalla y de manera anónima, la gente tiende a decirle a Google cosas que no revela en las redes sociales; incluso dice cosas que no le dice a nadie más. Google ofrece una poción digital de la verdad. Las palabras que tecleamos son más honestas que las imágenes que presentamos en Facebook o Instagram.

A veces el contraste entre distintas fuentes de datos es entretenido. Pensemos, por ejemplo, en la manera en que las esposas hablan de sus maridos.

En las redes sociales, las palabras más usadas para completar la frase “Mi esposo es…” son “el mejor”, “mi mejor amigo”, “asombroso”, “el más genial” y “tan lindo”. En Google, una de las cinco principales maneras de completar esa frase también es “asombroso”. Así que ahí hay coherencia. Las otras cuatro son “un imbécil”, “molesto”, “gay” y “cruel”.

Aunque pasar cinco años viendo en una computadora los pensamientos más extraños y oscuros de los seres humanos podría no parecerle una buena actividad a la mayoría de la gente, los datos honestos me han resultado sorprendentemente reconfortantes. Siempre me siento menos solo en cuanto a mis inseguridades, ansiedades, dificultades y deseos.

Una vez que revisas suficientes datos agregados de búsquedas, es difícil tomarse muy en serio las vidas maquilladas que ves en las redes sociales o, como me gusta resumir lo que me han enseñado los datos de Google: todos somos un desastre.

Ahora, puede que no seas un científico de datos. Pero puedes aprovechar los grandes datos y la poción digital de la verdad para ponerle fin a la envidia… o por lo menos no dejar que te afecte tanto.

Cuando te deprima tu vida después de ver Facebook visita Google y busca cosas en el recuadro de búsqueda. La función de autocompletar de Google te dirá las búsquedas que otras personas están haciendo.

Escribe la frase “Yo siempre…” y puede que veas una sugerencia basada en las búsquedas de otras personas: “Siempre me siento cansado” o “Siempre tengo diarrea”. Esto puede ofrecer un contraste drástico con las redes sociales donde todos “siempre” parecen estar de vacaciones en el Caribe.

Conforme nuestras vidas se trasladan cada vez más al internet, propongo un nuevo mantra de autoayuda para el siglo XXI, cortesía de datos relevantes: no compares tus búsquedas de Google con las publicaciones de otras personas en Facebook.

Fuente: NYT

viernes, 5 de mayo de 2017

Posverdad: la ciencia y sus demonios

Hay palabras que iluminan porque nos permiten nombrar cosas que vemos a diario pero que no sabíamos cómo designar. Para el Diccionario de Oxford, este neologismo describe la situación en la cual, al crear y modelar a la opinión pública, “los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales”. En 2016 fue la palabra del año: el uso de la expresión creció un 2.000% en comparación con 2015. Sobran las situaciones cotidianas en las que este concepto podría aplicarse perfectamente. Pero nos interesa saber si también ha colonizado el pensamiento médico.

Es frecuente que admitamos explicaciones que nos producen lo que se ha llamado “satisfacción intelectual” pero que no son ni científicas, ni verdaderas. Nos permiten mantenernos en nuestra zona de confort y nos evitan el esfuerzo de impugnar nuestras propias creencias convertidas en sentido común clínico. Las personas necesitan aferrarse a un conjunto de creencias compartidas si han de enfrentar un ambiente hostil, inquieto y desconocido. Cambiar lo que creemos demanda un esfuerzo y el coraje de admitir que hemos estado equivocados. La ciencia exige esa honestidad, incluso a costa nuestra autoestima. No se investiga para sostenernos en la comodidad de lo ya conocido. Que un hecho resulte contraintuitivo nada dice de su valor de verdad si se llega a él por métodos científicos rigurosos. Muchas veces a lo largo de la historia los nuevos conocimientos han creado incertidumbre y generado rechazo o controversia. Pero la contraintuitividad (o «asombro» epistémico) es la marca distintiva de la originalidad en ciencia y no debería asustar a nadie.

El demonio de la inercia

Lamentablemente es hoy muy frecuente que lo que aparenta ser verdad importe más que la verdad misma. Es una reacción emocional de autodefensa o pura pereza intelectual. En esos casos reacciona nuestra sensibilidad por encima de nuestra razón. Ya no importa que lo que se afirma no se corresponda con los hechos, lo aceptamos sin someterlo a crítica. Ese pecado cognoscitivo es inmune al fracaso de su implementación. Lo aplicamos, pero no se producen los resultados esperados. Entonces reformulamos lo sucedido para sostener la teoría y refutar los hechos que la contradicen. Los psicólogos cognitivos llaman a esta reacción: “preferencia adaptativa”. Trucos mentales, desvíos de la retórica argumentativa, estrategias para poner a salvo una creencia desmentida por los hechos. Posverdad: falsa, absurda, anticientífica; pero frecuente y poderosa para huir de la VERDAD con mayúsculas.

¿Cómo reaccionamos ante la evidencia contraria a nuestras creencias?
  • Ignorar los datos
  • Negar los datos
  • Excluir los datos
  • Suspender el juicio
  • Reinterpretar los datos
  • Aceptar los datos y hacer cambios periféricos en la teoría
  • Aceptar los datos y cambiar las teorías
El demonio de la conjetura

Por lo general, pensamos de una manera lógicamente desorganizada, sin distinguir una suposición de una deducción. Al proceder de esta manera intuitiva o heurística podemos avanzar rápidamente, pero también introducimos inadvertidamente suposiciones polémicas o incluso falsas que ponen en peligro toda la construcción del conocimiento. Una ficción puede ser tanto una historia falsa inventada para engañar como una especulación (hipótesis) que debe ser probada mediante la constrastación empírica. A veces un hecho es demasiado simplificado al ser comunicado hasta el punto de propiciar una interpretación errónea. En ciencia, una teoría es una explicación de los fenómenos naturales capaz de predecir observaciones futuras y de sobrevivir a múltiples esfuerzos lógicos para refutarla. La confusión ocurre cuando se usa la palabra "teoría" como sinónimo de hipótesis, conjetura, opinión o especulación. Tal falta de rigor promueve la confusión entre hechos y ficciones sin sustento en la realidad o hipótesis que son el punto de partida de la investigación.

El término "teoría" no debería aplicarse a las explicaciones que no son lo suficientemente específicas como para someterse a la contrastación empírica y a la posibilidad de ser refutadas. El intucionismo es producto de la pereza intelectual, de la ignorancia y de la confusión entre la evidencia psicológica (subjetiva) y la certidumbre gnoseológica (lógica, argumentativa). Es la única filosofía que se autojustifica, que no requiere pruebas ni argumentos. Según el epistemólogo Mario Bunge: “el intuicionismo arrogante y dogmático, linda con el mesianismo, parece más un desorden psiquiátrico que una actitud filosófica”. Existen disciplinas enteras basadas en ese error y, lo que es más grave aún, asisten a pacientes a diario.

Hemos creído durante décadas que el síndrome de fatiga crónica era un trastorno psicológico y, en consecuencia, hemos enviado a los enfermos al gimnasio y al psicólogo con resultados desastrosos. Cada vez que fracasábamos lo atribuíamos a la falta de adherencia del paciente y redoblábamos nuestra indicación.

Se denomina "preferencia adaptativa" a la estrategia cognitiva que consiste en reinterpretar los hechos que refutan una creencia con el propósito de sostenerla. El mayor esfuerzo de razonamiento cotidiano no se emplea para conocer la verdad de los hechos sino para adaptarlos a nuestras creencias.

Hoy sabemos que el síndrome de fatiga crónica es la expresión clínica de una encefalomieitis miálgica con grave hipometabolismo energético; una nueva teoría que explica, al mismo tiempo, los hechos de la clínica y las razones de nuestro fracaso.

El demonio de la correlación

Se emplea con frecuencia uno de dos eventos asociados para predecir la aparición del otro (como el canto del gallo y el amanecer). Aunque estas predicciones pueden tener éxito algunas veces, no se debería usar la correlación como prueba de causalidad. Una causa demostrada tendría mediadores conectando a la causa con su efecto de manera que pueda demostrarse la validez de la inferencia mediante pruebas lógicas consistentes. Hacer una teoría a partir de la hipótesis de que el gallo "provoca" (causa) el amanecer requiere de una secuencia comprobable de mediadores mediante los cuales uno causa al otro. También se podría considerar al canto del gallo como un marcador sustituto (factor de riesgo) para la probabilidad de que amanezca pero sin denominarlo "causa". La predecibilidad por medio de leyes de sucesión no es un criterio de conexión causal. Que algo anteceda a otra cosa no implica que lo cause: Post hoc ergo propter hoc. La ciencia busca mecanismos detrás de los hechos antes que la búsqueda automática de datos y de correlaciones estadísticas entre ellos. En general una asociación estadística no explica nada, es, precisamente, lo que exige modelos explicativos.

El demonio de los biomarcadores subrogantes

Los marcadores sustitutos o subrogantes son una preocupación clínica permanente y, al mismo tiempo, una fuente de equívocos constantes. Ciertos biomarcadores se utilizan como puntos finales convenientes en lugar de los puntos finales clínicos primarios de vidas salvadas o muertes postergadas o enfermedades ocurridas. Es muy superior la eficacia de prevenir la causa inicial (causa raíz) de una enfermedad en lugar de simplemente tratar los signos o síntomas asociados o sus marcadores sin modificar su causa primaria. Un riguroso examen lógico permite reconocer qué biomarcadores son mediadores causales en lugar de simplemente marcadores asociados (no causales).

La epidemiología describe frecuencias, no probabilidades. Señala la frecuencia con la que un biomarcador se encuentra asociado con un estado clínico, y a menudo nos alerta del riesgo de que se produzca ese evento. Sin embargo, es cotidiano observar que ese vínculo entre el factor de riesgo (biomarcador) con el punto final es interpretado como que el factor está “causando” el evento y no que es un dato asociado con él pero de manera no causal. Es necesario emplear un lenguaje preciso y claro para defendernos de este peligroso malentendido.

El demonio de lo establecido (aferrarse a lo establecido)

Dondequiera que veamos encontramos hombres y mujeres que hacen esfuerzos extraordinarios para evitar cambiar sus mentes. No importa lo que ocurra se tiene a continuar con los esquemas establecidos, con un modo de ver la realidad. Cambiarlo implica un aceptación del error y un esfuerzo personal; hoy pocos parecen estar dispuestos a afrontar el desafío.

En ciencia y en medicina, el fracaso de un resultado experimental para ajustarse a la predicción de un paradigma maduro es a menudo considerado como un error del investigador en lugar de una refutación de la hipótesis. Sin embargo, cuando se acumula suficiente evidencia no confirmatoria, la creencia en el viejo paradigma llega a una crisis que promueve la aceptación de nuevas teorías. La evidencia empírica permanece, pero las interpretaciones cambian. Thomas Kuhn denominó a esta transición abrupta “cambio de paradigma'. Esta situación se traslada al ámbito de la implementación en la práctica clínica. Una teoría que “explica” los hechos de un modo que produce cierta serenidad intelectual suele ser sostenida durante mucho tiempo, incluso cuando sus predicciones no se cumplen y los hechos la refutan a diario.

El demonio en la nutrición

De acuerdo a un estudio publicado en The American Journal of Public Health que analizó datos de una cohorte de más de 150.000 personas obesas durante 10 años (2004/2014): la probabilidad anual de que un obeso recupere su peso normal es de 1 en 214 y la de un obeso mórbido es de 1 en 1290. Sin embargo las razones que se invocan para ese tremendo fracaso de salud pública siempre se orientan a la falta de adherencia de los pacientes, a la influencia del medio sobre la voluntad, al tipo de asistencia a la que se tiene acceso; pero jamás a las recomendaciones médicas que reciben. Ese consejo está sustentado en una teoría que “explica” (y tranquiliza) el fenómeno de la obesidad como un mero disbalance entre el ingreso calórico y asigna a la voluntad el control de ambas variables. Sobran pruebas, no solo de su fracaso en la implementación sino de la inconsistencia y debilidad de sus fundamentos. Sin embargo, por ahora, la teoría se defiende, se aplica y se fracasa en un loop recursivo dramático que ocasiona un costo altísimo en salud y vidas humanas. La fuerza de la ciencia no consiste en ser siempre perfecta, sino en corregir errores, falacias y conceptos erróneos afirma John P. A. Ioannidis en reciente artículo en publicado en JAMA.

Es corriente que se atribuya la conducta ingestiva a un acto voluntario producto del libre albedrío. Esta es una prueba irrefutable de que se ignoran por igual tanto las características de la conducta alimentaria en situaciones de enfermedad metabólica como los recientes desarrollos de la neurociencia experimental acerca del libre albedrío. Desde esta creencia nacen nuestras indicaciones en obesidad orientadas a la fuerza de voluntad y el siempre inconveniente juicio moral que tácitamente las acompaña: glotonería y pereza.

Fracasamos desde hace casi un siglo, pero hemos encontrado decenas de formas de desplazar ese fracaso hacia la víctima para preservar nuestra teoría orientadora. Hoy se conocen los determinantes neurohormonales de la conducta ingestiva y los circuitos cerebrales que la determinan así como su poderosa acción sobre la conducta, en general independiente de la voluntad (hiperreactividad a señales de comida y déficit de los circuitos inhibitorios). Sin embargo persiste la idea de que la obesidad es una claudicación de la voluntad e insistimos en estrategias con una larga historia de fracaso. Preservar nuestras creencias es más poderoso que admitir que son refutadas a diario por los hechos.

El demonio en la psiquiatría

En el área de las enfermedades psiquiátricas el tema es todavía más complejo. Aún conviven perspectivas con marcos teóricos contrapuestos: las puramente conjeturales, que desconfían y descalifican a la ciencia; hasta las neurociencias que articulan disciplinas diversas buscando fundamentos para una práctica racional y sustentada en pruebas. Unas y otras asisten a enfermos como si ello no representara un tema que merece ser discutido en profundidad para que los pacientes no se encuentren a merced de propuestas que no solo no resuelven sus patologías sino que, en muchos casos, consideran que esa denominación es falsa y que tal cosa –las enfermedades psiquiátricas- no existe y es una mera etiqueta social. En países como Argentina es todavía hegemónica la idea de que se puede asistir a enfermos mentales ignorando a la biología y desconociendo por completo la intervención del cerebro en esos cuadros. Es absurdo, pero cotidiano.

Las críticas al abordaje médico de estos trastornos afirman que la psiquiatría es puro reduccionismo biológico y que el padecimiento de las personas es un fenómeno subjetivo producto de sus historias de vida y de su entorno social y que estas circunstancias lo explican por completo. La participación del ambiente en le génesis de enfermedad es algo que la medicina sabe desde hace 2.000 años y que considera no solo para la esquizofrenia o la depresión sino para la obesidad, la diabetes, la celiaquía o la tuberculosis multirresistente. El abordaje individualizado del sufrimiento humano ha sido el objeto del trabajo médico mucho antes de que se lo atribuyan como patrimonio exclusivo quienes reclaman a la medicina lo que siempre ha tenido. Lo que no ha hecho la medicina es restringir de manera arbitraria el abordaje de la enfermedad a sus determinantes sociales y subjetivos sino articularlos con el necesario componente biológico que permite la expresión del fenotipo anormal. Los mecanismos que producen la conducta no pueden no ser biológicos aunque sus causas no lo sean. Sin cuerpo NO hay conducta.

El entorno influye pero no crea, no hay red sin nodo, todo proceso es una asociación de estados. Es el ambiente operando sobre la estructura vulnerable de un sujeto lo que propicia la enfermedad. Es precisamente la ciencia, y no las disciplinas conjeturales, la que ofrece una perspectiva integradora y racional del padecimiento humano. Claro que no alcanza con los datos incipientes de las neurociencias, se necesita más información y más hipótesis basadas en datos pero, muy especialmente, se hace imperativo terminar con la impostura intelectual que sigue, imprudentemente, ocupándose de la salud mental de tantos enfermos.

El discurso conspirativo se basa en dos falsas premisas: la identificación entre ciencia y tecnología y entre ciencia (o tecnología) e ideología del capitalismo tardío. Ni la ciencia es técnica, ni la ciencia consiste en lo que un sistema social injusto hace con ella. Esa falsa identificación “justifica” la ridícula postura anticientífica mediante otra falsa conclusión: oponerse a la ciencia es un acto de justicia social. Pedantería, ignorancia y desprecio por las pruebas son una peligrosa combinación, incluso si existe el consenso cultural en una sociedad como para aceptarlo. Una jerga florida oculta la imprecisión de sus conceptos. El subjetivismo extremo no reconoce las diferencias entre los hechos y los datos, las leyes y las reglas, los modelos y los retratos; confunde el mapa con el territorio. Que una idea sea aceptada por una comunidad no es un criterio de verdad, ni de rigor metodológico. Que logre aceptación social en determinado momento de una cultura, ni la hace verdadera, ni justa, ni deseable. Posverdad: psicomacaneo, verborragia enfática, retórica oscura y vacía.

El demonio de la incomunicación

El conocimiento suele agruparse en lo que algunos autores denominan 'silos de información', compartimientos aislados, burbujas epistémicas donde siempre se conversa entre pares que comparten idénticos marcos conceptuales. Los intercambios son verticales, confinados al encierro disciplinar, ciegos a otras fuentes de saber. Esos “silos” son cada vez más pequeños, más encerrados bore sí mismos, cada vez más endogámicos. Los expertos que los habitan deciden qué clase de investigación financiar, cuál publicar, cuál aceptar y cuál rechazar. En su interior, encerrados fronteras adentro, solo se recolectan datos que apoyen sus principios. Lo determinante son las preguntas que se formulan más que las respuestas que se obtienen. La mentalidad en “silo” se expande como una plaga entre sus miembros. La incredulidad respecto de sus fundamentos queda suspendida. Nadie discute sus principios básicos.

Es el antiguo instinto coalicional de la especie humana. La horda primordial con fachada posmoderna. Es un antiguo recurso social cuyo objetivo es ampliar el poder, no el saber. El grupo se aísla, se coordina cognitivamente, comparte y refuerza sus creencias sin discutirlas. Sus fundamentos de moralizan y adquieren un valor independiente de su grado de verdad. El conflicto nace cuando una nueva información reclama la revisión de sus principios. La contradicción es un veneno para el que desarrollan una inmunidad agresiva y eficaz. Las voces disonantes son silenciadas. El saber se congela. Las coaliciones en el ámbito de la ciencia son desastrosas, contrarrestan el impulso hacia la búsqueda del conocimiento. Son una forma tribal y primitiva de agrupamiento. Su estrategia autodefensa enarbola espúreamente la razón, pero es impiadosa y salvaje. Posverdad: ganan las creencias, pierde el conocimiento, se degrada la ciencia, la gente no recibe lo que necesita.

Coda

Que una afirmación resulte creíble en un momento histórico y en el interior de una comunidad no garantiza su valor de verdad como correspondencia con los hechos. La credibilidad es un fenómeno psicológico, no un criterio científico. La “evidencia” subjetiva se relaciona con la aceptación y con el reconocimiento de algo como cierto, pero no con su demostración. La posverdad es un signo de los tiempos pero la ciencia tiene los anticuerpos necesarios como para defenderse de ella. No hacerlo nos convierte en objetos pasivos propicios para la manipulación anulando nuestra autonomía como sujetos para pensar críticamente, en particular acerca de nuestras propias creencias. No deberíamos perimitrlo. Estamos a tiempo de defendernos de esa calamidad.

Fuente: IntraMed