miércoles, 14 de julio de 2021

Tres factores sugieren que la productividad está a punto de explotar


Los últimos 15 años han sido difíciles para muchos, pero hay señales alentadoras de un cambio de rumbo, al menos en EE. UU. Desde 2006, el crecimiento de la productividad del país, un factor clave para un mejor nivel de vida, mantenía una media de sólo el 1,3%, menos de la mitad de la tasa de la década anterior. Pero el 3 de junio, la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU. informó de que la productividad laboral de EE. UU. aumentó un 5,4% en el primer trimestre de 2021.

Y lo que es mejor, hay razones para creer que no se trata de una mejora aislada, sino más bien un presagio de que vienen tiempos mejores: un incremento de la productividad que igualará o, incluso, superará el bum de la década de 1990.

Nuestro optimismo se basa en nuestra investigación, que indica que la mayoría de los países de la OCDE están pasando el punto más bajo de la curva en forma J de la productividad. Gracias a los avances en las tecnologías digitales, como la inteligencia artificial (IA), el desarrollo de la productividad actualmente está subiendo.

La curva de la productividad en forma de J describe el ritmo histórico del crecimiento inicialmente lento tras la introducción de una tecnología innovadora, seguida años más tarde por un despegue bastante fuerte. Nuestra investigación y la de otros han descubierto que la tecnología por sí sola rara vez es suficiente para generar beneficios significativos. En cambio, las inversiones en tecnología deben combinarse con inversiones aún mayores en los nuevos procesos comerciales, habilidades y otros tipos de capital intangible antes de que los avances tan diversos como la máquina de vapor y los ordenadores finalmente aumenten la productividad.

Por ejemplo, después de que se introdujera la electricidad en las fábricas estadounidenses, la productividad estuvo estancada durante más de dos décadas. La productividad solo aumentó después de que los gerentes reinventaran sus líneas de producción utilizando maquinaria distribuida, la técnica hecha posible gracias a la electricidad.

Hay tres razones por las que esta vez la curva en J de la productividad será más grande y rápida que en el pasado.

La primera es la tecnológica: la última década ha generado una asombrosa serie de avances tecnológicos. Los más importantes tienen que ver con la inteligencia artificial: el desarrollo de los algoritmos de aprendizaje automático combinado con una gran disminución en los precios del almacenamiento de datos y las mejoras en la potencia informática ha permitido a las empresas abordar varios desafíos, desde la visión y el lenguaje hasta la predicción y el diagnóstico. El mercado de rápido crecimiento de la computación en la nube ha hecho que estas innovaciones sean accesibles para las empresas más pequeñas.

También se han producido importantes innovaciones en las ciencias biomédicas y la energía. En el descubrimiento y desarrollo de medicamentos, las nuevas tecnologías han permitido a los investigadores optimizar el diseño de nuevos fármacos y predecir las estructuras 3D de las proteínas. Al mismo tiempo, la tecnología innovadora de vacunas que utiliza ARN mensajero ha introducido un enfoque revolucionario que podría conducir a tratamientos efectivos para muchas otras enfermedades.

Además, otras importantes innovaciones han provocado una fuerte caída del precio de la energía solar y gran aumento de su tasa de eficiencia de conversión de energía con serias consecuencias para el futuro del sector energético y para el medio ambiente.

Los costes del coronavirus (COVID-19) han sido trágicos, pero la pandemia también ha comprimido en menos de un año el valor de una década de innovación digital en áreas como el teletrabajo. Es más, la evidencia sugiere que incluso después de la pandemia, una gran parte del trabajo se realizará de forma remota, mientras está surgiendo una nueva clase de trabajadores de servicios altamente capacitados, los nómadas digitales.

Como resultado, el mayor impacto de la pandemia en la productividad se realizará a largo plazo. Incluso los escépticos de la tecnología como Robert Gordon ahora son más optimistas. La digitalización y la reorganización del trabajo nos han llevado a un punto de inflexión en la curva en J de la productividad.

La tercera razón para ser optimistas en torno a la productividad tiene que ver con la agresiva política fiscal y monetaria que se está implementando en Estados Unidos. Es probable que el reciente paquete de ayuda para la COVID-19 reduzca la tasa de desempleo del 5,8% (en mayo de 2021) a los niveles históricamente bajos del período previo a la COVID-19, que rondaba el 4%. Activar la economía con pleno empleo podría acelerar la llegada del bum de la productividad. Los bajos niveles de desempleo generan salarios más altos, lo que significa que las empresas tienen más incentivos para aprovechar los posibles beneficios de la tecnología para mejorar aún más la productividad.

Estos tres factores juntos (la abundancia de los avances tecnológicos, el plan de la reestructuración comprimida debido a la COVID-19 y la economía que por fin funciona a plena capacidad) son los ingredientes para el bum de la productividad. Esto no solo mejorará directamente el nivel de vida, sino que también liberará recursos para una agenda política más ambiciosa.

Fuente: MIT

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