Hace días que quiero hablar de la escritura en la era de la IA. Como casi todos los oficios creativos, escribir también está en su proceso de duelo por un pasado que no volverá. Los programadores ya están en la última etapa (aceptación) pero los que nos dedicamos a escribir estamos aún en la tercera: la negociación. Ya pasamos la negación y la ira y nos queda aún la depresión.
Aunque no todos los duelos son iguales, este artículo de principios de marzo titulado “La capacidad humana con la que no puede la IA” es un caso claro de negación: la IA nunca sabrá escribir, al menos no profesionalmente. Este es básicamente su argumento en dos párrafos:
Lo que aprendí es que los modelos de lenguaje están construidos de forma que van en contra de la buena escritura; están diseñados para ser unos "pelotas del profesor" que siempre tienen la respuesta correcta en la punta de la lengua. En muchos sentidos han avanzado un montón desde el GPT-2, pero por el camino perdieron algo que los hacía más sueltos e interesantes.*La investigación en IA es una ciencia empírica: la gente puede comprobar cuándo algo funciona y ajustar cuando no. Pero el arte se resiste a reglas y números. No existe ninguna medición objetiva que demuestre si Pablo Neruda es mejor que Gabriela Mistral. Los escritores novatos aprenden de las convenciones; los grandes las inventan. Un modelo entrenado para imitar el gusto solo puede llegar hasta cierto punto.
Esto es ciertamente importante y lo he dicho aquí varias veces: al usar la IA, programar o dibujar son distintos de escribir. El código debe solo funcionar y, como el dibujo, es algo que solo unos pocos sabían hacer bien. Tenías que ser profesional para programar o dibujar y ganarte la vida. Pero escribir es algo que todos sabemos hacer desde que tenemos 10 años. Pero ganarte la vida escribiendo requiere otros trucos. Es más como la fotografía: todos sabemos hacer una foto, incluso alguna vez de casualidad podemos hacer una buena foto. Pero no sabemos hacer siempre fotos profesionales. Hay situaciones que un fotógrafo amateur no sabrá resolver. Ahora la IA puede ayudar al fotógrafo y al escritor no profesional, pero sigue habiendo un límite. El problema es cuál.
Ese artículo viene a decir que el olfato y estilo de un buen escritor es especial y un modelo de lenguaje que tiende a unificar no podrá dominarlo. Pero no es tan fácil. Por al menos tres motivos:
a/ la escritura está hecha de muchas palabras y frases. Hace unos días en "La cena de los idiotés", de la cadena Ser, el escritor y compañero de EL PAÍS Manuel Jabois hizo esta confesión. Es un poco largo pero merece la pena para detectar su tono. (Por algún motivo para Jabois la IA es femenina):
Hay un momento en el que tú estás preguntándole cosas [a ChatGPT], documentándote, pidiéndole por favor que contraste porque se le va mucho la olla y que te mande los links de donde lo saca, y luego ella siempre te está preguntando, ¿quieres que te arme un párrafo?¿Quieres que te elabore una pregunta? Y la cosa es decir que no.En mi última novela hablé con ella y te va diciendo ‘ah, esto no se entiende, esto tal y cual’ Y siempre acaba con esa pregunta. Y una vez para una escena en que había que limpiar una mancha que no salía, le pedí productos químicos, ese tipo de cosas que consultas: ¿qué qué qué tipo de armamento de higiene hay para poder quitar una mancha?" Y te da una lista y dice, ‘¿quieres que te lo ponga yo en un párrafo?’
Y Jabois cedió y dijo que sí. Al final del párrafo ChatGPT escribió una frase tipo "ahora vas a hablar". A Jabois le encantó y lo metió en su novela: “Llamé a mi editor y le dije: ‘No vuelvo a preguntarle nada porque escribe mejor que yo’. O sea, hay momentos en los que se le ocurren cosas mejores de las que se me ocurren a mí”.
“Confesión” es la palabra justa para todo esto. Jabois estaba incómodo. Tenía que admitir que su asistente tenía buenas ocurrencias. Era algo delicado para su orgullo. Para evitar saber sus límites humanos, su opción era no preguntarle más.
Es claramente una opción muy humana. Pero es solo temporal. Es una fase del duelo. Los textos de Jabois seguirán siendo de él aunque escoja una frase escrita por la IA. La escritura no es solo dar con una frase, que es una buena combinación de un puñado de palabras. Eso es muy importante. Pero luego hay que seguir escribiendo algo con sentido. La IA juntará muchas de esas palabras tan bien o mejor que muchos humanos. Pero la petición inicial y la decisión posterior será aún del humano. El problema es, claro, dónde ponemos el límite. Una vez le damos las riendas de nuestras frases todo es bajada y le podemos dar voz en TODAS nuestras frases. Es un peligro también muy humano.
b/ escribir no siempre es ganar el Nobel. Los periodistas y los escritores creemos que nuestros textos son únicos, irrepetibles. Quizá algún día suelto. Pero la inmensa mayoría no. La obra completa es única. Pero no un párrafo. Habrá muchas veces donde la IA puede realmente ayudar.
En el artículo que he citado antes un experto dice a la periodista: "Las primeras buenas historias de casi todo el mundo son autobiográficas. A lo mejor necesitas un modelo que viva de verdad, que pueda casi palmarla”. No todos los escritores tienen una docena de grandes historias dentro. Por ahora el uso de IA en medios se castiga cuando se acerca al plagio: esta semana el NY Times "terminó su colaboración con un periodista autónomo por su uso de IA en la reseña de un libro". Casi cada semana podría traer un caso igual ya.
Será interesante ver cómo lidiamos con qué aceptamos que es IA y qué no. Por ahora la IA debe solo rozar el texto final. Veremos si se mantiene esa línea roja.
c/ la escritura tiene varias fases. Este es mi problema principal al usar la IA para mi trabajo. Aquí en la newsletter escribo más para pensar y los artículos del periódico son para contar algo nuevo o lo que otra gente dice o hace. Uso la IA para transcribir, traducir, buscar gente que sepa de algo o aclarar algún concepto nuevo. Pero no para escribir: aún no he sabido crear prompts que sean más breves que el párrafo que debo escribir.
Esta newsletter por ejemplo sale mientras la escribo. Sé vagamente el tema, pero no sabía que iba a tener estos tres puntos hasta que llegué justo al párrafo anterior donde los empecé. Claro que podría haber hablado con Claude o ChatGPT sobre qué decir de la escritura. Pero su punto de partida habría sido distinto y afinarlo me habría llevado más horas que las que me lleva escribir.
Con los artículos es algo parecido. Aparte de lo que va saliendo, tengo que escribir estos días sobre Telegram, la Kings League o los coches autónomos. Podría pedirle algún resumen o dato pero no me aportaría tanto. También podría darle acceso a las transcripciones de mis entrevistas y decirle que monte algo con tal enfoque. Aquí es donde entra la duda moral. Mi problema no es tanto que fuera mejor que yo (que también), sino que acabaría cambiando menos de lo que debería porque ya estaría escrito. O no. No lo sé. Es probable que vaya evolucionando conforme avance en mis fases del duelo.
Imagen: Amit Chaudhuri
Fuente: El Pais